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La pregunta por la técnica

Pensar la técnica en México

María Eugenia Esté

El Nacional, martes 7 de noviembre de 2000

Prometí a mis escasísimos lectores escribir sobre el proyecto del genoma humano. El propósito era no sólo subrayar la importancia de esta magna investigación de cara al futuro, y que para algunos representa un parte aguas comparable a la presencia de Jesucristo en la tierra, sino también desmitificar algunas de sus consecuencias, efectos y aplicaciones. Por el camino he cambiado de idea, estoy en deuda.

En estos más de 30 días muchas otras cosas han sucedido que podrían dar lugar a lo que hemos denominado la reflexión sobre la técnica: en el ámbito internacional, por ejemplo, dos empresas de biotecnología lograron clonar embriones humanos usando óvulos de cerdo con el objeto de obtener células plurivalentes para producir tejidos especializados y órganos de reemplazo, desatando de nuevo la polémica alrededor del siempre controversial tema de la clonación humana. La oficina norteamericana de Administración de Drogas y Alimentos (FDA) aprobó la píldora del aborto, colocando otra vez en la palestra massmediática el debate entre proabortistas y sus contrarios, aderezado ahora con el hecho de que la gragea introduce elementos de inmediatez y privacidad que dificultarían las posibilidades de sanción pública, sea ésta jurídica o moral. En el ámbito nacional o local, está pendiente un verdadero y serio debate público sobre el tendido eléctrico del Amazonas, respecto al cual los sociólogos y antropólogos de las universidades y centros de investigación permanecen ausentes y en silencio. Y no me refiero a artículos de prensa suscritos por personalidades del mundo académico, sino más bien, a la opinión concienzuda y razonada que se desprende del estudio y la investigación y que debería escuchar los argumentos de todas las partes involucradas: Gobierno, inversionistas, comunidades, ecologistas, etcétera.

No obstante la lista anterior y mi pequeña deuda con los lectores, voy a detener mi atención en el recientemente celebrado Congreso Iberoamericano de Filosofía de la Ciencia y la Tecnología, donde tuve el gusto de participar con una ponencia en torno del concepto de cultura técnica a propósito de la obra del pensador francés Gilbert Simondon.

Filósofos, sociólogos, politólogos y economistas de toda América Latina y España se reunieron en la ciudad colonial de Morelia (México) para dar cuenta del problema del conocimiento y el desarrollo en el siglo XXI, a partir de los alcances y las limitaciones que caracterizan su particular experiencia investigativa en estos campos. Es imposible resumir bajo un solo criterio de clasificación la variopinta cantidad de ponencias que se presentaron en 28 mesas de trabajo. El espectro de la discusión se desplazó desde la ya clásica polémica de demarcación entre conocimiento científico y no científico, o entre racionalidad teórica y racionalidad práctica, hasta el más reciente tema, de visos futurológicos, acerca de la autonomía del clon humano; sin olvidar, además, la exposición de los retos que la inteligencia artificial o la robótica le plantean no sólo a la producción misma de saber, sino a las relaciones cotidianas del hombre común en la calle, su trabajo, su vida familiar, etcétera.

Salvo por las vacas sagradas de siempre, como el profesor Mario Bunge o el filósofo Jesús Mosterín, quienes no muestran un ápice de duda o perplejidad en su discursos y catecismos, el tono general de las presentaciones puso en evidencia la ausencia de respuestas absolutas, de verdades definitivas, y más bien la presencia de una superabundancia de preguntas y problemas por resolver. Tanto las viejas polémicas sobre el conocimiento científico y la racionalidad, renovadas con el menaje de las disciplinas cognitivas y las metáforas de los "mundos artificiales"; así como los jóvenes debates sobre tecnociencia, bioética, culturas de usuarios, innovación tecnológica, entre otros, revolviendo los viejos baúles conceptuales para ver si se encuentran allí herramientas más compresivas, unos y otros tiraron puentes entre el pasado y el presente, frente a un futuro que tal y como parece superará lo que hoy podemos imaginarnos.


María Eugenia Esté en La BitBlioteca



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