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Influencia de la tercera norma en el español de Venezuela
María Josefina Tejera Caracas, julio de 2001 Durante los siglos XIX y XX, el español de América siguió simultáneamente dos normas lingüísticas: una, la norma de España, que conocen y han conocido las personas cultas y que se ha usado lo más cerca posible en la lengua escrita; y otra norma, la que pertenece al país, a la ciudad o a la comarca americana, que se ha usado en la lengua hablada. La norma de España se ha conocido con cierta nostalgia y con alguna inseguridad en América aunque es la norma que se ha enseñado en la escuela a través de gramáticas y diccionarios. Mientras que la norma americana se aprende en la comunicación con los otros hablantes y representa la lengua viva a la cual se le siente como propia porque se le puede transgredir con adiciones y creaciones originales. Las dos normas son paralelas y se tocan en ciertos puntos. Sobre todo se identifican cuando se trata del sistema de la lengua. Entonces hay una gran coincidencia y por eso se afirma que el español es homogéneo y que se trata de una sola lengua. Además, como el español de América carece de diccionario y de gramática (sólo hubo el intento de Bello de hacer la gramática del español americano), las dudas de los usos americanos se solucionan según la norma de España. Al hablar de estas dos normas en América, hay que hacer una diferencia entre la lengua hablada y la escrita. En la lengua hablada se encuentran las diferencias diatópicas porque en la expresión espontánea se expresa la afectividad, lo que da lugar a una serie de formaciones nacidas del momento y la ocasión. Igualmente el acontecer histórico tiñe la lengua de términos particulares que no son compartidos por otros lugares. Por lo tanto, ese hablar es único de cada sitio y es considerado prestigioso allí donde se le habla. Esa es la razón por la que los lingüistas defienden la diversidad y consideran que la lengua hablada en cada región tiene igual mérito. Así se entiende la actitud de L.M. Lope Blanch cuando defiende la existencia de la pluralidad de normas todas «igualmente válidas». («El español de América y la norma lingüística hispánica», Nuevos estudios de lingüística hispánica. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1993, p. 127-165). Otra cosa sucede con la lengua escrita que en todas partes sigue la misma norma con contadas excepciones. La divergencia entre España y América en la lengua escrita se limita a ciertos usos morfosintácticos, como son: la preferencia por el pronombre ustedes en América y vosotros en España; la distinción etimológica del pronombre lo para el complemento directo y le para el complemento indirecto en América y el uso del le en España; y la diferencia entre el pretérito simple (canté) y el pretérito compuesto (he cantado) entre América y España. Actualmente se continúan los estudios de estos fenómenos y de otros quizás menos evidentes para establecer las diferencias entre España y América. Pero donde se producen más divergencias es, desde luego, en el léxico, pues objetos, actitudes y acciones se nombran de manera diferente a ambos lados del océano. Sin embargo, hoy se detecta un deseo de igualar los usos en la lengua escrita y de aceptar los ya establecidos en otros lugares en búsqueda de una mejor comprensión por parte de las otras comunidades hispanohablantes. Por ejemplo: a pesar de la resistencia de muchos lectores, la prensa caraqueña ha impuesto a jueza como femenino de juez. En las obras literarias los escritores incorporan los usos locales que prestan su color y su expresividad, pero muchas veces los hacen imprimir con letras cursivas o entre comillas con lo cual se indica que es voz particular, local y de algún modo especial y los ponen en boca de sus personajes. Los poetas, en cambio, mantienen los términos generales y rara vez hacen uso de los términos locales. Actualmente estamos asistiendo a la aparición de una tercera norma que es el instrumento de expresión de los medios internacionales de comunicación de masas. El modelo de esta norma se encuentra en las emisiones del canal CNN de Atlanta, pero sus características también aparecen en canales comerciales de Miami, por lo que la llamaremos norma exógena, puesto que se ha creado fuera del ámbito natural de la lengua. Esta norma influye en la televisión de todas partes, inclusive de España y en otra serie de actividades además de la emisión de noticias, como es en comentarios deportivos, traducciones de programas concebidos en otros idiomas como descripciones de viajes, entrevistas y espectáculos; doblaje de películas, subtítulos de películas, programas presenciales, y desde luego, artículos de la prensa, revistas, también indicaciones en Internet y juegos cibernéticos. Las actividades que siguen esta norma están dirigidas en primer lugar, a la comunidad llamada «hispana» de los EEUU y en segundo lugar, a toda Hispanoamérica. Su fuerza reside en su poder de expansión, puesto que se difunde principalmente por todas partes a través de contratos de paquetes de emisoras de TV, mientras que las emisoras de los países en forma individual no se difunden del mismo modo. Este español, construido artificialmente, es el que se usa en los productos comerciales como las emisiones de noticias y las telenovelas. Se parece mucho al español general, solo que este español no es una entelequia sino una realidad difundida por los medios a todos los lugares. Se trata de lengua culta escrita aunque en apariencia sea hablada, puesto que es leída por los locutores. Está desprovista de particularidades locales y por lo tanto, de toda afectividad y de acentos enfáticos. Su tono, de aparente imparcialidad y asepsia, le permite al periodista una actitud de lejanía y distancia con respecto a los acontecimientos que se están presentando o narrando. Sigue la Gramática española en lo que concierne a la morfología, pero se aleja de esa norma porque no usa vosotros ni diferencia la s de la z. En cuanto al léxico que utiliza, es el oficialista consagrado en el Diccionario de la Real Academia, con algunas excepciones en las que se prefiere en primer lugar, el término americano más expandido y en segundo lugar, el término mexicano. La influencia de esta norma se empieza a sentir en el español de todas partes. H. López Morales en su discurso en la Universidad de Alicante adjudica el fenómeno a la globalización y a la influencia de los medios de comunicación, dice: ... «ha empezado a producirse un proceso globalizador, muy vivo sobre todo en las ciudades, que se aprecia preferentemente en las nóminas pasivas del vocabulario colectivo.» Este pensamiento lo ejemplifica con el conocimiento pasivo que detecta en América Central de grifo, término que no forma parte del vocabulario habitual de esos informantes, pero «que entienden sin el menor problema: grifo ha entrado a formar parte de su nómina pasiva, algo impensable hace tan solo unos diez años.» En el español de Caracas también la palabra grifo pertenece al conocimiento pasivo y al mismo tiempo ciertos términos tradicionales se están sustituyendo por otros términos quizás por influencia de la norma exógena. Así, por ejemplo, en la lengua culta se ha sustituido velorio por velatorio, de modo que velorio ha quedado restringida a las personas menos cultas y a las manifestaciones populares de velorio de cruz o de angelito; el noticiero se está sustituyendo por el noticiario; a las competencias deportivas se les llama competiciones; el radio, referido al aparato, que era el término tradicional, se le llama la radio; y el paño de manos o de baño ahora es toalla de manos o de baño. En estos casos la sustitución se está cumpliendo sobre todo en la generación joven. De modo que se está pasando por un momento intermedio, en el cual el término de la norma exógena es admitido al lado del término nativo. En este proceso de adaptación se hace patente que los hablantes se resisten a abandonar un término propio y aceptar el otro. Prefieren mantener vigentes los dos términos, pero le adjudican a cada uno un referente distinto, como sucede con: bolso/cartera, grapefruit/ toronja, papaya/lechosa, y patilla/sandía. En estos casos ha sido factor principal en la introducción de los términos la intervención de los comerciantes, con su idea de ofrecer más variedad de productos, supuestamente de una calidad superior que en estos casos designan con el nuevo término. Veamos los cuatro casos por separado. El término cartera ha sido usado entre nosotros para referirse a la prenda femenina en la que se guardan objetos pequeños para llevarlos de un lado a otro. Con la introducción de bolso que es término de la norma exógena, los hablantes diferencian entre cartera con forma de sobre, y bolso de forma cilíndrica que se cierra con un cordel. La grape fruit o el grape fruit es un injerto que se produjo en Brasil a mediados del siglo XX y que se industrializó en California de donde ha sido exportado a todas partes. En España se le llama pomelo o toronja. En Venezuela se distinguía entre la vieja toronja, que no puede comerse cruda y que se caracteriza por su corteza gruesa y el grape fruit, que se come crudo, el cual se popularizó con el término inglés pronunciándolo greifrú con las grafías más pintorescas. Pues bien, cuando la industria inició la comercialización del jugo, apareció con el nombre de toronja. Actualmente, los dos términos coexisten, pero con cierta confusión. Un hablante para aclarar el problema sentenció que toronja es la fruta amarilla, mientras que greifrú es la rosada. La lechosa es una fruta autóctona y su nombre, derivado de leche, tiene su razón de ser en la savia de la planta que tiene un aspecto blancuzco. Hay testimonios datados a fines del siglo XIX tanto de lechoso, referido al árbol, como de lechosa, referido al fruto escritos tanto con s, como con z. Recientemente, se creó un injerto que da una fruta más pequeña, de color rojizo, muy dulce y a esa fruta se le ha adjudicado en Venezuela el nombre de papaya, que es el término usado en la norma exógena. Supongo que se dará entre los agricultores la paradoja de sembrar lechosos que producen papayas. En cuanto a patilla, es el nombre para designar a la sandía en Colombia, Puerto Rico, Santo Domingo y Venezuela donde está documentado desde el siglo XVIII. Dice Rosenblat (1969, II, 62) que el término patilla se originó del árabe: battija. Nombre que quizás fue traído por negros islamizados. Ahora se ha introducido en el mercado de las frutas la sandía, que es el nombre de la norma general, pero para referirse a un tipo especial que tiene la corteza jaspeada de rayas verdes, aunque para otros hablantes la sandía es la amarilla y la patilla, la roja. En estos últimos cuatro casos se detecta que subsiste el término venezolano frente al término de la norma exógena pero para hacer diferencias específicas, algo superfluas y creadas. Estos casos dan lugar a dos consideraciones: 1º el deseo de no prescindir del término autóctono y 2º la necesidad de los hablantes de justificar el nuevo término haciendo diferencias específicas. Se puede aducir que no todos los casos citados se deben a influencia directa de la norma exógena. Es posible que así sea. Sin embargo, la confrontación diaria con otra norma cambia la actitud del hablante, pues ya no considera sus usos como los únicos y los mejores. Al comprender otra norma, la posibilidad está abierta hacia la aceptación y el uso activo de los nuevos términos. Para algunas personas esta nueva norma, conduce a un proceso de igualación peligroso y empobrecedor. Opinaba Arturo Úslar Pietri: «Un mundo uniformado, con una cultura popular idéntica, en el que, de un polo al otro, tiendan a ser iguales las manifestaciones creativas de la masa, anuncia, evidentemente, un inmenso empobrecimiento de las posibilidades creativas, con enormes consecuencias no sólo para la sobrevivencia de las culturas populares locales sino, también, para las posibilidades de la creación artística y literaria superior.» («Una sola cultura de masas», El Nacional, Caracas). Para Úslar las grandes creaciones culturales, incluidas la poesía y la música, nacieron de lo particular que se elevó a formas cuidadas y sublimadas para constituir el arte de modo que una lengua homogénea, desprovista de matices afectivos no es propicia para el desahogo artístico. A esta posición de angustia se le puede responder diciendo que en la forma espontánea oral de la lengua siempre existirán las diferencias y que la norma exógena sólo llega hasta aquellos textos operativos donde la homogeneidad es también un instrumento necesario de entendimiento que no permita la ambigüedad. Es posible que a la larga, la norma exógena por ser general y tener prestigio se imponga con más fuerza entre los hablantes. Se está cumpliendo así esta nueva situación de la lengua española cada vez más universal y más homogénea. Parece que ése podría ser el futuro de un español muy poderoso hablado por muchos millones y cuyo alcance es hoy impredecible.
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