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Esta vez entendí Praga

Oscar Hernández
Ministro Consejero de la Misión de Venezuela ante NN.UU en Ginebra. Representante Alterno ante la OMC. Las opiniones en este artículo son a título personal y no involucran a la organización a la que pertenece.

Para María Eugenia
Praga, 13 de agosto de 2000

Hay ciudades que se impregnan en el alma. Praga es una de ellas. No basta que esté allí, en el centro de Europa, posada, dejando pasar el tiempo o viendo con sus miles de ojos los espíritus que se le aproximan y miran sus paredes sin la sensibilidad para apreciar, lo que a traves de los siglos, ha sido la configuración de un espacio que adquire forma, vida y nostalgia suficiente para revivir de alguna manera a los viajeros cada una de las historias que le pertenecen. Los pobladores pasan, las tragedias ocurren, los sueños y tormentos se disipan, sin embargo, en el transcurso de los tiempos solo las paredes mutiladas, transformadas o embellecidas recuerdan los trazos de las vidas que existieron en aquel lugar.

Los violadores de formas y los indiferentes que la aproximaron sin mayor pasión, ni sensibilidad, para absorber tan maravillosos entornos creados por los tiempos y por las manos de soñadores explotados, no se percataron de que es casi imposible mutilarla porque de tiempo en tiempo resurge para postrarse ante la historia como una de las más bellas ciudades. Ni la depresión en que sucumbió el fascismo a sus habitantes, ni la indiferencia del comunismo que la plaga de arquitectura del peor gusto han podido marginarla. Praga se encuentra de nuevo en la búsqueda de su esplendor.

He tenido la suerte de volver a Praga. Entendí esta vez lo que hace veinticinco años no tuve sensibilidad de apreciar, lo hermosa que esta ciudad es. La juventud de aquel entonces y quizás exceso de admiración por la responsabilidad del estado despreciativo de los legados de la burguesía, no me permitieron admirar en su debida dimensión aquel gran espacio, hermosamente desordenado. Logro regresar después de aquel primer encuentro casual, sin motivación de mi parte, ni capacidad para entender la maravilla de ciudad que tanto atormentó a Kafka hasta convertirlos en un solo espacio y tiempo. No se equivocaba Johanes Urzidil cuando afirmaba que «Kafka era Praga y Praga era Kafka».

La ciudad pareciera hoy un remolino de vida. De nueva vida luego del abandono y el mal trato de los decadentes episodios desde los anos treinta. Guerra, genocidio, autoritarismo e indiferencia la signaron a la que fue la tercera ciudad del imperio de los Habsburgo. La ciudad vibra. No solo por las ola de visitantes que la confrontan, sino por la energía de sus pobladores. Tratan estos de otorgarle su merecido respeto, el que algún día tuvo y así retribuirle con pasión el encanto que su fisionomía permite, debidamente resguardada por el epicentro de la ciudad, el puente Carlos, escoltado por sus treinta protectores de piedra y acariciado por el navegable Vtlava . Caminado sin descanso, admirado y detenido en el tiempo para que las masas que llegan a la urbe los ubiquen como una de las maravillas creadas en lo que es la capital corazón de Europa. De toda su extensión , resaltan Mala Strana y Stare Mesto, que conjuntamente con Josefov son los barrios más apetecidos por los visitantes.

Ochenta millones, cada doce meses, de buscadores de pasiones e historias recorren como ríos humanos las angostas calles intervenida por toda suerte de astutos, olores y tragedias que solo el fuerte invierno ahuyenta para que se concentren entre sus paredes. Praga está sin duda llena de miles cuentos y cuentas por saldar. Tiene como encanto crear confusión. Puede mezclar la admiración con el temor, la belleza con lo sórdido. No hay un espacio que no nos recuerde que ha sido epicentro de luchas, injusticias y desprecio. La majestad de sus palacios, el volumen y la fuerza de sus monumentos religiosos hoy iluminados en la noche para congraciar a los viajeros. La iglesia del Tyn protegiendo la plaza mayor. El Teatro Nacional fuente de un movimiento cultural en plena efervecencia que incluye una politica cultural de rescate de los monumentos históricos, hacen que Praga definitivamente vibre. En esta ocasión la ciudad me conquisto. Esta vez la entendí.


A los colegas diplomáticos y estudiantes de Relaciones Internacionales les invito a participar en: http://www.oscarhernandez.com


Óscar Hernández en La BitBlioteca



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