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Clientes 20/03/2000 Asdrúbal Ron Manrique asistió muy temprano a la reunión de madres. Era la única madre con corbata, bigote y panza. Le costó un poco encontrar el aula de quinto grado donde estaban las demás. Allí escuchó a la maestra, a la sicopedagoga, a la coordinadora y a la subdirectora. Y por supuesto escuchó a la veintena de profesionales de la crianza que expresaron sus inquietudes sobre el exceso de tareas, sobre el peso del morral, sobre la prohibición de traer los game-boys al colegio, sobre los preparativos de la Primera Comunión, el deporte obligatorio, la hora de llegada, la verbena y los nuevos sistemas de calificación que pide el Ministerio de Educación. Por un momento pensó que si seguían hablando no podría llegar a la otra reunión, a la de segundo grado que comenzaría a las once de la mañana. Cuando vino la elección de la madre delegada nadie lo miró. Obviamente ellas pensaban que él no reunía ninguna de las cualidades que requiere una buena madre-representante. Reeligieron a dos veteranas, una de ellas llamativamente bella, con pantalones stretch, tacones muy elevados, larga cabellera blonda y sombras violetas en torno a sus ojos claros. Le pareció razonable, así que sumó el suyo al bosque de brazos unánimes con el que culminó la reunión. Las tres semanas que siguieron, mientras la madre de sus hijas hacía el curso de mercadeo en Atlanta, desempeñó con la lengua afuera su rol de madre sustituta. Tardes de natación, de flamenco, de gimnasia rítmica, de inglés y de teatro. Asistió a una docena de cumpleaños y organizó un par de pajama parties. Hizo el mercado, fue al pediatra, visitó a las dos abuelas, a la tía Elvira, y al bautizo de Eugenio Enrique. En la oficina lo extrañaron. La batalla silenciosa de las madresDurante estas jornadas Asdrúbal conoció mucha gente, sobre todo muchas madres. Ellas se sientan en las gradas en torno a la piscina a leer sus informes, a llenar libretas o a corregir pruebas. Aplauden en el flamenco o parlotean en los pasillos, intercambian adaptógenos y recetas, hablan por el celular o se dan un salto a la oficina o al spinning. Mujeres robo-cop, profesionales, afroditas, invencibles, que habitan el maltratado mundo de nuestra clase media. Chapeau !, dijo Asdrúbal. En estas conversaciones Asdrúbal conoció a fondo la dura batalla que estas madres vienen librando desde hace tiempo para mantener en cintura a los colegios privados que tratan a sus niños como clientes. Con escaso apoyo de las autoridades y de los tribunales, las jefas familiares de la clase media han de salir con un cuchillo en la boca para obtener un cupo en los colegios. Muchas de ellas inician las gestiones cuando aún están embarazadas. Después viene la batalla por los costos de inscripción y las mensualidades, que son amenazas anualizadas de los cada vez más menguados presupuestos familiares. Luego vienen: la cantidad y costos de libros y útiles, el peso de morral, los uniformes y accesorios, los horarios, las actividades complementarias y sus tarifas, los castigos, la educación religiosa, las rifas, las verbenas, las donaciones y, finalmente, la siempre discutida calidad de la enseñanza. Ganado para estas causas, Asdrúbal Ron Manrique nos advirtió que en estos días saltó a la agenda pública uno de estos casos que normalmente se libran en silencio. Un grupo de madres de un colegio bilingüe perdió una batalla en la Corte Suprema porque el alto tribunal decidió que, entre dos derechos ciudadanos uno que garantiza el derecho de un particular a mantener un negocio educativo, y otro que garantiza los derechos de un niño a mantener su cupo en el sistema educativo era más importante el de los dueños del colegio. El colegio resolvió adelantar las inscripciones y hacerlas en mayo, no en junio como establece el Ministerio de Educación. Pero las madres dicen no haber recibido la circular de notificación. El colegio les quitó el cupo. Pero en el fondo ya había incomodidad entre los dueños de la institución con unas madres críticas que anteriormente habían hecho saber su opinión sobre el alto costo de actividades extra-curriculares obligatorias o sobre el cuidado de sus niños en el colegio. Un reportaje de Alfredo Meza en El Nacional del 12 de marzo da completa cuenta del episodio. Tras un año de batallas judiciales y de la decisión de la Corte Suprema, los niños «solo pasaron la reja del colegio para presentar los exámenes finales». La directora del colegio declaró: «Uno tiene una empresa y tiene que regirse por sus reglas. De resto sería una anarquía». Esto ya no es solo un asunto madres, reclama Asdrúbal. Se ha convertido en un asunto de padres, de niños, de bufetes influyentes, de leyes, de ética empresarial, de autoridades educativas. Es un asunto de Estado.
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