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El gavilán 13/02/2000 La población de neuróticos es tan amplia y variada como la biodiversidad del Amazonas. Se clasifican en una cantidad más o menos grande de especies. Cada escuela siquiátrica tiene su propio número de etiquetas y realiza un cierto esfuerzo por su preservación. Se preguntaba en estos días una estudiante, a qué especie pertenecerán los que padecen de "paloma-fobia". ¿Que tipo de neuróticos son los que odian a las palomas? Se refería, en su candidez, a las palomas emplumadas, a las que vuelan en bandadas, no a las freudianas, al vocablo simbólico que hace referencia a las partes pudendas del varón. Pájaro es pájaro, le respondió la profesora de sicología. Ya lo había dicho Freud. Con la idea de cigüeña se intenta calmar la curiosidad infantil sobre el origen de los niños, los antiguos pintaban falos alados, los alemanes usan las palabra Vögeln (de Vogel, pájaro) para referirse a la actividad sexual, mientras que en italiano se usa el sustantivo uccello (pájaro) para llamar al miembro viril, y en español, paloma; todo el mundo sabe dónde queda la paloma. Pero no nos pongamos escatológicos. La estudiante se refería al animalito con el que se simboliza a una de las figuras de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo. A la paloma que envió Noé varias veces para tratar de saber si había una tierra liberada de las aguas del Diluvio. Al mensajero de la Paz que pintó Picasso con una ramita en el pico. ¿O es que no se puede hablar aquí de palomas del reino animal? Aviso clasificado La preocupación de Sonia, la estudiante, le sobrevino después de leer un aviso clasificado, gran enciclopedia de la neurosis nacional, en el que se solicitaba un gavilán disecado, un poco de vísceras o sangre de gavilán embotellada. Este aviso destacaba por su frecuencia, su tamaño y su insólita solicitud. La curiosidad, y quien sabe que otro deseo disfrazado, impulsaron a la estudiante a marcar el teléfono del anuncio. Al otro lado de la línea le respondió la voz ronca de un hombre desesperado. ¿Ud. tiene un gavilán disecado? ¿Cuánto pide, le doy lo que sea? ¿Tiene sangre del gavilán? Con insistencia, algunas mentiras y varias llamadas sucesivas, la joven se enteró de la grave enfermedad que aquejaba a este pobre caraqueño. Quería fabricar un espantapájaros, quería colgar un tótem que espantará la abrumadora población de palomas que cada día azotaba las ventanas y balcones de su apartamento en La Castellana. Palomas ruidosas y sucias que con su oscuro gorgoriteo le despiertan a las 4:30 de la mañana. Raúl Felipe, el neura, se ha mudado tres veces sin suerte. Donde va, le sigue una veintena de palomas con sus respectivos palomos de plumas apizarradas que siembran sus ventanas de lava verdiblanca. Con su canto atrofiado, sin ritmo, sin cadencia, no le dejan dormir, no le dejan leer, no lo dejan comer ni trabajar. Ha contratado técnicos que le han embadurnado el apartamento de sustancias inverosímiles: kreolina, kerosene, ácidos diversos, pinturas repelentes, alpistes con cianuro, cápsulas de plutonio radioactivo. Ha comprado gatos: unos indiferentes y otros inútiles suicidas, que ha recogido ocho pisos más abajo con los pelos erizados. Ha interrogado a los biólogos, a los veterinarios, a científicos de toda laya: ha usado triquitraques y escopetas, ha comprado discos con voces de animales feroces, ha gritado como un loco en las madrugadas, sólo para que las palomas alcen vuelo y regresen como un boomerang implacable. Pobre Raúl Felipe, ahora intenta huir al Amazonas o construir un inmenso espanta pájaros que huela a Gavilán.
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