Los sistemas metereológicos no se equivocaron cuando anunciaron que esa noche, y en la madrugada, llovería en Barquisimeto. Pero la garúa no impidió que unas cuatrocientas personas, entre periodistas, observadores, profesores y estudiantes de la Universidad Fermín Toro, asistieran al foro ¿Los periodistas en el banquillo? en el que participamos como ponentes Tulio Hernández, Marcelino Bisbal, Andrés Izarra y Jesús Urbina. Luego vinieron los foros del Ininco, con Provea; los reporteros gráficos y Fe y Alegría. Luego en el Rómulo Gallegos. Simultáneamente se abrieron conversaciones con instituciones internacionales, y media docena de reuniones en casa de periodistas preocupados por el estremecimiento de los medios en las últimas jornadas. La preocupación siempre fue la misma: los medios y la democracia.
He aquí algunas de las ideas recogidas en esos encuentros. Muchas de ellas son nociones que sobrepasan con creces las apreciaciones anecdóticas sobre lo que ocurrió en Venezuela: nociones que atañen al mundo entero, y que se atribuyen a los profundos cambios hacia la «mediocracia» que se van produciendo en la sociedad que conocemos.
En la democracia, la justicia la imparten los jueces y los tribunales; en la mediocracia, son los medios los que absuelven y condenan.
En la democracia, la verdad surge de los hechos y el análisis; en la mediocracia, la verdad la tiene el que muestre más videos (Teoría de las mentiras. Jean-François Revel).
En la justicia de la democracia, el acusado tiene derecho a un defensor y es inocente hasta que se pruebe lo contrario; en la mediocracia, la imagen es acusadora, prueba y verdugo, y la condena es irreparable e inapelable.
En la democracia, los líderes son construidos a punta de obras y valores, en la mediocracia son construidos por asesores de imagen.
En la democracia, los líderes van a las comunidades; en la mediocracia, van a los programas de opinión.
En la democracia, los medios dicen lo que los ciudadanos piensan; en la mediocracia, los ciudadanos dicen lo que los medios piensan.
Para la democracia, una marcha es un acto de participación; en la mediocracia, es una medida de comparación.
La democracia confía en la votación, la mediocracia prefiere sus propias encuestas.
Para la democracia, los individuos son ciudadanos; para la mediocracia, son audiencias A, B, C, D, E...
Sobre lenguajes y formatos
En la democracia se valoran los contenidos; en la mediocracia, los titulares.
La democracia valora la lucidez; la mediocracia, la hipnosis (El medio es el masaje. Mc Luhan).
En la democracia se valoran los largos debates; en la mediocracia todo tiene que ser breve y «entretenido» (Bourdieu y la banalización de la política).
En la democracia la información es una cosa, la opinión es otra, y la propaganda es otra; en la mediocracia no hay fronteras (Manipulación y controles globales.Antonio Pasquali).
Sobre valores
Para la democracia, una masacre es un hecho luctuoso; para la mediocracia, es un espectáculo iterativo, una telenovela por entregas.
La democracia auspicia principios, la mediocracia prefiere el raiting.
Sobre los periodistas
En la democracia el mejor lema de un periódico es «Nosotros reporteamos, ustedes interpretan»; en la mediocracia es «Nosotros le damos la verdad».
En las democracias litigan los abogados y los diputados; en la mediocracia litigan los entrevistadores.
En la democracia, los periodistas van tras los personajes; en la mediocracia, los personajes persiguen a los periodistas.
En la democracia, los periodistas escriben sobre las estrellas del star system; en la mediocracia los periodistas son parte del star system.
Militares
En la democracia se respeta la palabra de los militares; en la mediocracia, se graban.
En las guerras y en golpes de la democracia, los militares se disparan; en los de la mediocracia se filman y se editan. (La Guerra mediática del Golfo.Baudrillard).
En la democracia, los militares se temen; en la mediocracia, se espían, se graban y se filman entre ellos.
En la democracia, un golpe toma Miraflores; en la mediocracia, toma una señal de televisión.
En la democracia, un golpe puede ser incruento; en la mediocracia, es televisivo...
Como el debate sigue, se invita a los lectores a continuar este ejercicio de nostalgia y política comparada...