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Con nombre propio
23/09/1999 Cayetano pensó que podría conseguir fácilmente una dirección electrónica con su propio nombre. ¿Cuántos Cayetanos puede haber en yahoo.com o en hotmail.com? Pero se llevó una gran sorpresa. Intentó con Cayetano1, Cayetano2, Cayetano3 ¡y nada! Todos ya estaban ocupados. Tuvo que dar un ingenioso rodeo y colocar tras su nombre una combinación secreta, con su fecha de nacimiento. El futuro ha llegado para desordenarlo todo dijo la abuela. No le falta razón. Ha llegado para renombrarnos, para rebautizarnos y para darle nuevos sentidos e implicaciones al nombre propio. Todo el mundo tiene, por más pobre que sea, un nombre propio. Más bien lo lleva. El nombre le acompaña para arriba y para abajo, desde que nace hasta que se muere. ¡Claro!, sabemos de algunos maracuchos que, en el camino, se han cambiado el nombre, y que hay un montón de gente que lleva apodos, que es una manera de ocultar el nombre o de resaltar algunos rasgos fisonómicos, como el Turpial, la Toti, Kiko, la Pelusa, Catire, Bebeto, Pelopincho Pero lo normal es que, en general, la gente no participe en la selección de su propio nombre. Esa es una función que se le deja a los otros, a quienes nos van a llamar, a los padres, a algún pariente entrometido, a los amigos, e incluso a los enemigos. En la selección de este nombre pesan, por ahora, unos factores tradicionales. Algunos padres acuden al santoral cristiano y piensan que le serán transferidos a la criatura los valores del beato o de la beata. Pero la mayoría, muy orgullosa y con tendencia a la inmortalidad, le clava al hijo los nombres de los padres y de las madres, para que cuando estén grandes se arme un enredo. Otros acuden al árbol genealógico, rescatan el nombre de algún prócer de la familia, de algún poeta olvidado o de un primer hidalgo que llegó a América. Los más democráticos, o indecisos, construyen nombres originales a partir de combinaciones de las sílabas con las que comienzan los nombres de las tías y hermanas, como Luidiasol por ejemplo, inspirado por las tías Luisa, Diana y Soledad. El nombre de tu destino Estos nombres tienden a tener consecuencias irremediables en los destinos de sus usuarios. Ya lo sabían los egipcios y, en general, las culturas antiguas, los ocultistas y los esotéricos. Los símbolos de las letras, los valores fonéticos, las reminiscencias etimológicas y los orígenes mitológicos que encierra un simple nombre propio parecen influir de manera determinante, según ellos, en el tipo de vida, de carrera, de carácter y, en fin, en el destino que lleva su portador. Como somos muchos, y muy larga es la historia del hombre, es difícil explicar cómo es que no todas las que se llaman María son vírgenes, ni todos los que se llaman Argenis son plateros. Habría que entrar en profundidades, sutilezas e investigaciones impropias de un domingo. Pero con los apellidos que no son otra cosa que el resultado de la evolución de nombres originarios pueden verse, cada cierto tiempo, asociaciones inquietantes, como muy documentado tiene el escritor venezolano Antonio Manuel Calcaño, el tío Toño: ¿a quien le sorprende por ejemplo que un ciudadano que se apellida Rigores no termine siendo un General de la Guardia o un indomable protector del consumidor? O que un pariente de Denise Reale sea contador de un banco. O que el señor Madera construya ataúdes en Caripe. O que a los Pabón les de por pescar en los ríos de Guayana. Que un señor de apellido Caracas sea el custodio se la casa donde nació Bolívar. Que al veterinario de Caricuao lo llamen Sr. León. Que nuestro poeta místico sea Cadenas. O que sea Domingo el monaguillo de nuestra parroquia. Los nombres en el 2000 Hay que tener cuidado con los nombres de nuestros hijos si pensamos en el futuro. Hay que agregar nuevas consideraciones antes de lanzarlos al bautismo. La originalidad por ejemplo es un factor que habrá que tener en cuenta si queremos que los muchachos tengan un correo electrónico con su propio nombre. En las décadas que vienen la gente se llamará igual que su dirección electrónica, probablemente. También al Dios del mercado habrá que tenerlo en cuenta no vaya a ser que se impongan las supersticiones sobre las virtudes fatales e inefables del neoliberalismo. Por lo pronto ya vimos cómo el "mercadeo electoral" llevó a la Constituyente a un montón de personajes cuyos nombres empiezan por A: Aristóbulo, Allan, Angela, Alfredo, Alberto (3), Adán, Atala, Antonio (5), Américo, Alejandro, Alexis, Antonia Si en el futuro las elecciones, los sistemas de mercadeo y los browsers electrónicos siguen organizando sus catálogos de ofertas en órden alfabético, si las grandes tiendas y supermercados de libros y discos siguen el ejemplo de los diccionarios, los nombres que empiezan por Z no tendrán vida. Los compradores de discos y libros se dirigen a la caja, y a la puerta de salida, cuando apenas han llegado a la F y ya han comprado quinientos dólares de mercancía. Uno de nuestros más famosos editores, conocido como el Rey del la CD Manía, piensa que es posible que los discos más vendidos y la popularidad de Albéniz sea hoy mayor que la de Wagner exclusivamente por razones de mercadotecnia. Que en una estantería ordenada alfabéticamente, los músicos cuyos nombres comienzan por las primeras letras como Bartók, Bach o Beethoven estarían destinados a vender más discos que Vivaldi, Strauss, o Stravinsky, gracias a las leyes hipnóticas del nuevo Olimpo (el mercado). Antes, cuando una mamá quería que su hijo fuese un artista de renombre le ponía el nombre de Leonardo. Hoy tiene, por lo menos, que pensarlo. |
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