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Primera Epístola - Tercer Libro de Epístolas. A Calvisius C. Plinio Celio Segundo Traducido del latín por Herman Roo y Carlos Armando Figueredo Planchart. Email: cfiguere@analitica.com A Calvisius Recordarás sobre el hombre: el anciano es dos veces niño. No sé si haya pasado algún rato más agradable que el que tuve hace poco en casa de Espurina; hasta tal punto, que sin duda (si me es dado envejecer) a nadie más en la vejez quisiera emular; en efecto nada es distinto en aquel tipo de vida: a mí, por otro lado, me deleita, como el curso cierto de los astros, la vida organizada de los hombres, sobretodo de los viejos. En efecto, hasta ahora no desdice de los jóvenes que realicen algunas acciones confusas y agitadas: los viejos gustan de todas las cosas plácidas y ordenadas, y consideran que el ajetreo nocturno no es conveniente. Espurina observa esta regla con suma constancia; también estas pequeñas acciones (pequeñas acciones si no ocurriesen todos los días) las realiza en cierto orden, así como el mundo da vueltas. En la mañana se queda en el lecho: después se calza: camina tres mil pasos; no ejercita el espíritu menos que el cuerpo. Cuando vienen los amigos se desarrollan conversaciones interesantísimas; si no, lee un libro; también lo hace a veces estando ellos presentes, con tal que no se molesten. Luego se sienta y vuelve al libro, o bien conversa más de lo que lee: en seguida sube al carruaje: toma consigo a la esposa, de ejemplaridad singular, o a alguno de los amigos, como lo hizo conmigo hace poco. Cuán hermoso es aquello, ¡qué dulce intimidad!, cuántos hechos ilustres, de qué personajes se oye hablar, ¡de cuántos preceptos se empapa uno!, aunque él impone moderación a su modestia para no parecer un preceptor. Después de recorrer siete mil pasos en carruaje, de nuevo camina mil, descansa, se sienta de nuevo, o simplemente vuelve a su cuarto y a su actividad de escribir. Y, por cierto, en verdad escribe poesías líricas muy hábilmente en una u otra lengua. Hay un encanto admirable en aquellos versos, una admirable dulzura y alegría: cuya gracia eleva la respetabilidad de quien los escribe. Cuando es anunciada la hora del baño(que, por otra parte, es a lo hora nona en invierno y a la octava en verano), si hay sol y no hay viento, se pasea desnudo. Luego y durante largo tiempo, todavía de día, se mueve enérgicamente jugando a la pelota: con este tipo de ejercicio también lucha contra la vejez. Una vez bañado se sienta a la mesa y durante poco tiempo no acomete la comida: mientras tanto, de un lector oye algo más bien calmado y agradable. Durante todo este tiempo hay libertad para los amigos de hacer lo mismo o aquellas cosas que prefieran. La comida es servida de una manera no menos elegante que sobria, en plata pura y antigua. Se usan también jarras de bronce de Corinto, con las cuales se deleita sin mostrar afectación. Las cenas se realzan frecuentemente con representaciones para que los placeres también estén aderezados con instrucción. Para nadie esto resulta largo: tanta es la cordialidad con que se desarrolla el banquete. Es por esto que pasados los setentisiete años conserva intacto el vigor de los oídos y los ojos; de allí que con un cuerpo ágil y vigoroso, lo único que tiene de viejo es la prudencia. Yo ansiosamente anticipo, por deseo y pensamiento, que voy a ingresar en ese tipo de vida apenas la razón de la edad me permita tocar retirada. Entretanto me la paso con mil actividades, de las cuales también es un ejemplo el mismo Espurina. En efecto, también él, hasta que fue apropiado hacerlo, alcanzó y desempeñó cargos de magistrado público, gobernó provincias, y por mucho haber trabajado mereció este descanso. Por lo tanto establezco para mí la misma carrera, la misma meta; y ahora, en este momento, eso firmo en tu presencia, de modo que si vieras que me dejo llevar más allá, me recuerdes esta carta y me ordenes descansar cuando huyere de la falta de pasividad. Traducido del latín por Herman Roo y Carlos Armando Figueredo Planchart. Email: cfiguere@analitica.com |
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