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La búsqueda del centro político

Rafael Arráiz Lucca

El Nacional, viernes 17 de mayo de 2002

Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela

Es urgente y necesario alentar todos los esfuerzos que se hagan, vengan de donde vengan, por encontrar el centro. La radicalización de las posturas políticas extremas puede conducirnos a un enfrentamiento violento o, en el peor de los casos, a ese escalofrío que llaman una guerra civil. Los sucesos del 11 de abril son la campanada de alerta, y tenemos el tiempo contado para hallar una salida pacífica, de lo contrario, vamos directo a un choque de trenes. Y todo esto lo afirmo sin ánimo catastrófico, ni acentuando el dramatismo del momento al que hemos sido conducidos. No estamos en un extrainning, naturalmente sin límite de tiempo, estamos consumiendo los escasos minutos de sobretiempo en un juego de fútbol. A ver qué hacemos.

Me asiste la certeza, desde que apareció por televisión el 4 de febrero de 1992, de que Hugo Chávez no es la persona indicada para gobernar el país. Esta certeza, después de tres años de Gobierno, también habita en la mayoría de los venezolanos, y creo que la única salida del laberinto en el que nos encontramos está en el abandono del cargo por parte del Presidente de la República, cosa que cerca de un millón de personas solicitó el 11 de abril, protagonizando la manifestación pública de rechazo a un presidente en funciones más grande de toda nuestra historia republicana. Si el Presidente y sus seguidores no entienden el mensaje es porque no les da la gana de entenderlo, y por ello se escapan por la tangente de culpabilizar a los medios de comunicación, que son los portadores de estas pésimas noticias para el Gobierno.

Pero, si bien es cierto lo que afirmo en el párrafo anterior, es indispensable que el sector que adversa a Chávez conserve la racionalidad y no pretenda desconocer al chavismo, con todas las implicaciones que este tiene como fenómeno social. Si bien la salida del poder de Chávez por vía constitucional es indispensable para alcanzar la distensión, no por ello es menos cierto que el chavismo debe estar incluido en la solución que se busque: no puede desconocerse. Es imperativo comprender que el error fatal que viene cometiendo Chávez estriba en gobernar de manera excluyente, humillando a vastos sectores de la sociedad, y sería una estupidez trabajar por la unidad nacional prescindiendo del sector al que Chávez se dirige de manera prioritaria. Los errores de Chávez, y la cantidad de idioteces que cometieron Carmona Estanga y sus compañeros de viaje (militares y civiles) en pocas horas, tienen que ser ejemplo para cualquier proyecto que busque la convivencia pacífica de 24 millones de venezolanos, ya al borde de un ataque de nervios.

Es sumamente difícil que se halle la salida del laberinto de manera inmediata si se quiere una salida pacífica. Dicho de otro modo, si se quiere una salida civil y sin violencia hay que alentar el trabajo de los operadores políticos que estén buscando el centro político, sobre la base de la salida de Chávez, y de la sobrevivencia del chavismo sin Chávez, y ello no ocurre de la noche a la mañana. No es necesario que recuerde que adverso lo que el chavismo significa como síntoma de la sociedad convaleciente en que vivimos desde hace años, mis lectores conocen la posición que sostengo, pero no dejo de señalar que no hay manera de desconocer ni los síntomas, ni la dolencia, y cualquier cosa que se haga debe incorporar una terapia intensiva, sobre la base del diagnóstico que todos conocemos.

La salida constitucional de Chávez debe traer como consecuencia inmediata la relegitimación por vía electoral del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, y las autoridades del poder público que nombra la Asamblea Nacional deben ser escogidas mediante el método legal que espera por ser sancionado, pero de ninguna manera como se escogieron a los actuales, que desde un principio han volado con plomo en el ala de la legitimidad.

Los venezolanos desde hace ya muchos años hemos venido abrazando la democracia como un valor unánime, y toda práctica que la vulnere desde distintos grados de autoritarismo es enfrentada por la mayoría. Y esto ha quedado fehacientemente demostrado por los activos integrantes de la sociedad civil (movilizada sin retorno) y por los partidos políticos, que han sobrevivido al vendaval de años de desprestigio sistemático e inclemente.

La búsqueda del centro político en estos días recientes comienza a enfocarse en una enmienda constitucional que recorte el período presidencial y articule el referéndum revocatorio en un lapso perentorio. Es por ello que me permito proponer desde este espacio solitario, que se aproveche la enmienda para volver a los períodos presidenciales quinquenales, pero con la variante de la imposibilidad de la reelección absoluta. Más claro aún: que nadie pueda ser reelecto Presidente de la República una vez que lo haya sido, ni de inmediato ni nunca. ¡Qué cantidad de calamidades nos habríamos ahorrado! También, sugiero que se instituya el mecanismo de la segunda vuelta electoral para alcanzar la Presidencia. En próximos artículos argumentaré por qué ambas proposiciones.


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