|
|
|
|
![]() Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela Home Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca
Buscador
|
|
Los muertos se pagan El Nacional, viernes 23 de octubre de 1998, p. A-4 Un aire fresco le da la vuelta al mundo. Cuando nadie lo esperaba, y ya nos habíamos acostumbrado a ver cómo el militar golpista y dictador Pinochet recibía los más rendidos honores, al juez español Baltazar Garzón le sonó la flauta. La visita médica a Londres del chileno se convirtió en la danza de los fantasmas. Cuentan que apenas despertaba, medio turulato aún por el efecto de la anestesia, cuando se enteró de la noticia: desde España llegaba una larga factura. Asesinatos, torturas y demás cosillas a las que se ven compelidos los militares cuando se meten a redentores de las patrias. El caso está lleno de ironías. Jamás pensó el dictador que su destino sería el de detenido hospitalario. Jamás sospechó semejante desenlace cuando tramaba en los años de transición el porvenir después de su largo mandato. El paso hacia la libertad fue una negociación de filigrana: el futuro sería la democracia, pero sobre la base del olvido del pasado. Ignoraba, entonces, el ingenuo golpista chileno que el pasado siempre vuelve con sus deudas. Allí está a las puertas del hospital londinense el libelo del valiente juez Garzón, toda una joven leyenda española, preguntando: ¿Quién paga nuestros muertos? Pregunta que recibe la indignada coartada de la soberanía. ¡Como si la muerte supiera de circunscripciones y fronteras! Lo cierto es que hace 25 años se desató la más cruenta represión en Chile, justo después de que el entonces cincuentón militar Pinochet diera al traste con un Gobierno electo por el pueblo. De ninguna manera los cuantiosos errores que cometía, y prometía seguir cometiendo Salvador Allende, servían de sustento para aquel golpe que recibió el apoyo de la CIA. La democracia es la democracia, y si jugamos en serio, como creo que es la única forma de jugar, no hay justificación posible a ninguna salida de fuerza para un gobierno democráticamente electo. Por supuesto, sólo es aceptable la conspiración contra los gobiernos que no son frutos de la voluntad popular. En el caso venezolano, los demócratas no podemos ni siquiera imaginar una salida de fuerza antes o después de la elección de nadie, ni siquiera de alguien que no crea en la democracia y haya atentado con sangre y violencia contra ella. No sé si me explico. Si la defensa de la democracia no es un dogma, los venezolanos podemos pasarnos la vida tumbando gobiernos sobre la base de cualquier argumento. Eso sí: la alternatividad en el poder es un principio sagrado de los países libres. El drama de Cuba es impensable para nosotros: una nación postrada ante las botas militares de un dictador casi autista, que ha hecho del culto a la personalidad, el monólogo y la sordera, las prácticas que millones de cubanos deben soportar junto a sus ingentes calamidades. No sé si me explico. Ni la dictadura de uno ni la de otro. Cualquiera que quiera permanecer en el poder más allá de los límites del mandato es un dictador y ya, sin más miriñaques. Así como tampoco hay manera, en el mundo civilizado hacia el que espero vamos avanzando, de escapar de nuestros actos. Los muertos sí salen. Por más que la dictadura chilena en su segunda parte haya adelantado políticas económicas acertadas, ello no le devuelve el elán vital a los torturados y posteriormente desaparecidos. Y sobre la vida no hay justificación posible, vamos. Entiendo que abunde gente que manifieste aprobación por los éxitos de la economía chilena, pero de allí a pensar que Pinochet es una figura de los altares, ni hablar. No quiero pronunciar la palabra con que se designa al hombre que ordena la muerte del otro, en un estadio, sin juicio de por medio, cobardemente, como un perro. La globalización es total: para lo bueno y lo malo. Pero éste es un capítulo feliz. El antecedente que instaura es maravilloso: el que comete un genocidio, o cualquier otra tropelía bárbara, no encontrará refugio en ninguna parte. Va a ser difícil que algún otro militar de cualquier parte del mundo se anime a poner orden a su manera o que pretenda quedarse en el mando por la fuerza, más allá del tiempo de juego fijado. A Fujimori le están sonando las campanas. Váyase, comienza a decirle la historia, no tenga la tentación de quedarse más allá de lo tolerable, insiste en susurrarle la musa de los buenos consejos. Casualmente, junto con esta noticia hubo otra que casi logró su final feliz. Los países del Pacto Andino estaban de acuerdo en firmar un pacto que busca aislar a la nación firmante que ceda ante la tentación totalitaria. En pocas palabras: si algún iluminado da un golpe militar, los países vecinos aíslan al gobierno ilegítimo y buscan extender la solidaridad hacia otras repúblicas. ¿Qué pasó frente a esta proposición? Pues que los peruanos representantes del Gobierno del chino se levantaron de la mesa y se fueron sin firmar. ¿El argumento? Pues la soberanía, mal entendida, la misma coartada con que quieren protegerse los tiranos. No hay manera de condenar que el mundo avance hacia el castigo de los delitos que no admiten discusión: asesinar, torturar, no son faltas que pueden pasarse por alto. ¡Otro punto para Baltazar Garzón!
Ver Auto de detención de Augusto Pinochet |
|||||||||||||||||||||||||
|
||
|
Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas. |
|
|