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Palabras en acto de Clase Media en Positivo Reinaldo Quijada El Poliedro, Caracas, miércoles 18 de diciembre de 2002 Buenas noches. He sido escogido por Clase Media en Positivo para dar lectura a este documento, que es la expresión de un colectivo, la expresión de Clase Media en Positivo. Este mensaje no solo va dirigido a la clase media que hoy está aquí presente sino va dirigido también, y fundamentalmente, a aquella clase media que adversa al Gobierno Nacional y a la cual le pedimos respetuosamente su atención. Nuestro país se encuentra inmerso en una profunda crisis moral que solo puede tener como salida válida y efectiva una respuesta moral. La oposición señala que el presidente Chávez ha dividido a la sociedad venezolana, que la ha fracturado, que ha generado violencia y ha sembrado el odio. Le critican su lenguaje directo y beligerante. Otros, más moderados, reclaman que le ha faltado mano izquierda y que ha abierto demasiados frentes de confrontación. Este documento lo queremos ver como un diálogo con esa clase media que hace estas afirmaciones. Un primer análisis pareciera decirnos que todo esto es cierto. La realidad, un análisis más profundo, nos indica que no lo es. Venezuela, insistimos, atraviesa una espantosa crisis moral que el presidente Chávez y su gobierno reciben como herencia. Se trata de una crisis de varias caras. Una cara visible, evidente, se expresa en un modelo político que se agotó después de 40 años. Un hecho que, posiblemente, todos los venezolanos reconocemos sin dificultad. Y una cara menos visible, menos «pública», más «privada» y «personal», quizás más difícil de reconocer, se manifiesta en la laxitud o complacencia moral en la que todos los venezolanos fuimos cayendo. Así, pues, por ejemplo, en una reunión social estrecharle la mano y compartir la misma mesa con un político o un empresario corrupto dejó de ser un problema, algo que hubiera sido inaceptable para la dignidad de muchos venezolanos de principios de siglo. La entereza moral le hacían imposible a esa persona permanecer en ese lugar. Se levantaba entonces y se marchaba. Poco a poco, nosotros, todos nosotros, fuimos aceptando esa nueva realidad. Los valores y los principios fueron cediendo su lugar a las mentiras colectivas. Casi sin que nos diéramos cuenta, la mentira, que es la forma más perversa y dañina de violencia que el hombre sea capaz de generar, no solo se había adueñado de la vida pública sino también de nuestras vidas privadas. Pero eso no es todo. Nosotros, la clase media, adquirimos conocimientos, tuvimos el mérito de formarnos bien, profesionalmente, pero olvidamos nuestros deberes ciudadanos y políticos. No hay «meritocracia» posible si no hay proyección en el otro, en los demás seres humanos, de esos conocimientos o de esa cultura adquirida. Esto, lamentablemente, no lo entiende la Nómina Mayor en rebeldía de PDVSA. El escritor Julio Cortázar señalaba al describir a uno de sus personajes: «Si algo había elegido desde joven [se refiere al personaje Horacio Oliveira de su novela Rayuela] era no defenderse mediante la rápida y ansiosa acumulación de una cultura, truco por excelencia de la clase media [...] para hurtar el cuerpo a la realidad nacional [...] y creerse a salvo del vacío que la rodeaba». Esta acumulación de cultura, o de conocimientos, si no la proyectamos fuera de nosotros mismos solo dejan vacío y confusión. Esta crisis moral, ya lo dijimos, solo puede tener como respuesta, una respuesta moral y esa respuesta solo puede seguir un camino: «Decir la verdad» y confrontarnos con ella. Esto es lo que ha hecho el presidente Chávez. Las confrontaciones eran entonces inevitables. No había otro camino. La verdad no puede ser dicha «por partes», «por etapas», no puede ser dicha «a medias» porque deja de ser «verdad». No se podían abrir los «frentes de confrontación» uno por uno, y esperar por los otros. Estos «frentes» se abrieron para enfrentar la mentira de la hipocresía, de los privilegios y de los intereses creados. Queremos concluir con una frase hermosa de un antiguo historiador griego: «Colocamos la real desgracia de la miseria no en el hecho de tenerla, como en declinar luchar contra ella». La miseria siempre existirá como parte de la vida misma, como existen el bien y el mal, pero nuestro deber es luchar contra ella, con todas nuestras fuerzas, como si fuese posible acabar con ella totalmente. Hoy, y siempre, queremos colocarnos al lado de ese noble y valiente pueblo mayoritario de las clases bajas que en los días del 12 y 13 de abril, salió a las calles a protestar y a defender sus derechos, y le dio al país y al mundo, y a nosotros, la clase media, una lección moral inolvidable de dignidad, de grandeza ante la adversidad, de inteligencia y de humildad, cuando nosotros, en nuestras casas, no sabíamos cómo actuar. Esta acción no ha sido aún valorada en su inmenso significado. El «paro cívico» de la oposición no es fruto de una disidencia sana y legítima, el «paro cívico» es hijo de la crisis moral y de la mentira. ¡Por Dios, abramos los ojos! Todos nosotros, sin excepción alguna, somos responsables de esta espantosa crisis moral, todos nosotros debemos unirnos y luchar contra ella. Clase Media en Positivo hace votos para que el espíritu fraterno de la Navidad sirva para reflexionar, acercarnos y unirnos. Muchas gracias.
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