Tierra privilegiada por la naturaleza para tener un clima saludable y delicioso; para dar hombres valerosos e inteligentes, para dar claveles róseos de colores vivos, grandes frescos que llenan el ambiente de perfumes; y para dar a las mejillas de sugestivas y hermosas damas, colores vivos y sonrosados, que contribuyen a avivar el amor!... que hiere el corazón con brotes de esperanzas, ensueños e ilusiones.
Capacho está enclavado en el recodo de un ramal de la cordillera, y su posición topográfica le favorece, pues se encuentra situado en parte alta, como altas son las montañas de los Andes, y altos los pensamientos de sus hombres de letras. Tiene varios cerros en sus contornos: Alto Crespo, El Poblar, Palogordo y El Páramo. Los panoramas son muy bellos y ofrecen la policromía de su variada flora; campos cultivados que se extienden en todas direcciones y en donde se ve y aprecia la fructificación de la semilla y se goza contemplando a los robustos campesinos como labran las tierra, llenos de salud y contentos de la vida. Hacia el Oriente la vista abarca el infinito, y a lo lejos se ve El Molino, La Laguna, Peribeca, Ranchería, Toituna, Palogrande, Caneyes, cerros de El Chimborazo, a la falta de los cuales está reclinada, como una gran señora, como la reina de la región, San Cristóbal, la ciudad capital del Estado. Al Occidente, tendiendo la mirada escrutadora, se ven los cerros que dan hacia Colombia; Piedrancha, el Santuario, Agua Blanca, Las Lomas Altas y Las Lomas Bajas, Alto Viento y La Ovejera, y El Hato de la Virgen. En las mañanas el frío hace tiritar, y la luz del día irrumpe de golpe, cuando el sol tras las colinas que bordean a San Cristóbal lanza sus rayos de luz. La vacada, entonces, muge, los caballos relinchan, las mozas se aprestan placenteras a sus quehaceres cotidianos, los hombres se levantan plenos de vigor y de entusiasmo, los pajarillos gorjean saludando al astro rey, y los campos que estuvieron ocultos en los crespones de la noche, como un homenaje al día, ofrecen su verdor... Por las tardes, cuando la luz se extingue en el ocaso, al venir el matiz claroscuro, el sol muriendo en las lejanías de Colombia, ofrece un crepúsculo sugestivo... La claridad parece como si se abrazara de los cerros para despedirse, brillando entonces con tristeza, mientras en los cielos las nubes se ponen grisosas, amarillas, encarnadas, violetas, como si quisiera en su agonía el sol simular la bella coloración del arco iris.