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Discurso en el acto de instalación de Acción Democrática Hace unos seis meses, desde este mismo sitio, dijimos que aquella campaña de candidatura presidencia¡ que para entonces se desarrollaba en torno a mi persona, prestada sin interés al limpio ensayo de civismo, no tenía, no podía tener, otra finalidad verdadera, sino la de iniciar la incorporación de un sector de la ciudadanía venezolana a la actitud de las responsabilidades políticas, en ejercicio de derecho y para cumplir deber; pero también que de nada valdría aquel acto de presencia en lo accidental del momento si no venía a desembocar en la formación de un partido político, dentro del cual hallasen modo permanente aquellos ejercicios y cumplimientos. Hoy me corresponde declarar que, por nuestra parte, el propósito está realizado en Acción Democrática, que con esta reunión inicia sus actividades al abierto de la discusión pública. ¿Que por qué estoy aquí, metido a dirigente político, yo nada más que escritor de novelas? Ha de saberse que hace algunos años, cerca de treinta ya, un personaje de una novela mía le dio por fundar un partido político cuya disciplina fuese el estricto y eficaz cumplimiento del deber particular o público de sus afiliados, dondequiera se encontrasen éstos, y como aquello era creencia mía y yo he tenido la fortuna de no perder las devociones de la juventud idealista, al correr de los años, que con tantas personas estimables suelen dar al traste, convirtiéndolas en esa triste cosa que se denomina un escéptico, yo vengo aquí por lo que allá no logró mi personaje, porque aquí nos proponemos un ideal de dignidad ciudadana. Que no hemos venido a cerrar estas filas con ánimo de adiestrarnos para el asalto de posiciones ventajosas, sino estrictamente y con disposición de sacrificio, a cumplir los deberes que nos estén señalados, siendo el primero de ellos, por honor de condición humana, a la manera un poco mística tal vez, como nosotros la entendemos, ejercitar el derecho que nos asiste y sin lo cual no hay hombre que no sea criatura menguada. Dentro de la ley estamos y dentro de ella nos mantendremos, así nos pongan más y más estrecho este campo artimañas y socarronerías con que hoy guste disfrazarse la violencia rampante de ayer, porque nos anima el propósito de demostrar que sí somos merecedores los venezolanos de que nos rijan ordenamientos legales prudentes y justos y no bravuconadas autoritarias, a la manera de antes, que fue nuestra vergüenza, no por culpa de los que aquí estamos ciertamente. Dentro de la ley de hoy, mas para que ésta, por perfeccionamiento progresivo, vaya plegándose a las exigencias de un pueblo despierto en un tiempo en marcha y alcanzando formas que amparen una existencia social y política apetecible y decorosa. Dentro de una ley que nosotros mismos vayamos dándonos mediante participación integral y consciente para un mañana sin sombras ni angustias. Porque no venimos atormentados de empeños de oposición a todo trance, a la manera como se nos juzga donde se quiere desacreditarnos en nombre de la concordia nacional, sino, por lo contrario, dispuestos a prestar la colaboración que nos exija el país ' a fin de que el venturoso porvenir de éste sea también obra nuestra, desde el sitio donde nos encontremos, deber que es derecho al cual no queremos renunciar. Pero esto de la colaboración nuestra no deja de haber producido extrañeza y aun suscitado cierta inquietud en algunos sectores, en los cuales no se puede admitir de buenas a primeras que no sea allí sólo donde se condimente el guiso del banquete público, migajas nada más para los que no fueron llamados a asiento. ¿Cómo y desde dónde aspiramos a colaborar? Se han preguntado algunos. Y como apasionadamente les interesa saberlo, expliquémoselos de una vez: Desde la oposición, señores. Pierdan cuidado. Desde la oposición y para convencer, que es la más noble manera de combatir, siendo a la vez contribuir al entendimiento, cooperar. Aunque para muchos no existe sino un solo modo de colaboración; a sueldo, mejor pagado quien más aplauda siempre, y todo lo que no sea girar contra una partida de presupuesto, es vociferar, disociar y de algún tiempo a esta parte desafiar las iras del Inciso Sexto. Pero venga luego el reconocer la conveniencia de la crítica constructiva indudablemente debe de haber alguna que así puede ser llamada, sólo que uno no acierta nunca a descubrir en qué consista, porque desde que comienza a comportarse como crítica, cualquiera sea, ya anda mal la cosa. Pero confiamos en que ya andará mejor, poco a poco. Porque realmente los tiempos han cambiado y por añadidura son difíciles los que corren y aquellos celos de antes, brutal repudio de la crítica y negación de aptitudes fuera del círculo apretado de los amigos de la causa, le están cediendo sitio ahora al espíritu de comprensión, de convivencia y de preocupación gubernamental bien inspirada. Yo, particularmente, no vacilo en declararlo así, porque no me duelen prendas de mi confianza puesta en palabras cruzadas, en tono de llaneza, como el que acostumbra usar la sinceridad. Venimos a colaborar con la dedicación honesta al estudio de nuestros males y sus remedios posibles, con la voluntad decidida a mantener y ensanchar el campo de la concordia laboriosa y espiritualmente fecunda, con la determinación apasionada de ejercitar la crítica inflexible, cuando sea del caso, pero también de no escatimar la palabra de estímulo que esté merecida, ni el franco elogio caluroso que la justicia pida. Venimos a colaborar, especialmente, con nuestra actitud personal, en lo privado, como en lo público, esmerándonos en que siempre sea correcta y provechosa, a fin de que por nosotros no se repita lo que una vez, con tristeza, le oí decir a uno de nuestros más esclarecidos intelectuales: que cuando se está abajo se piensa que todos los males provienen de arriba y cuando se está arriba, se ve que todos vienen de abajo. El estaba arriba entonces y el mal de la altura apoderándose de su espíritu, que era de ilustre condición. Venimos, en síntesis, a colaborar con la buena acción gubernativa, que no es lo mismo que colaborar con el gobierno, a rajatablas. Porque seguramente no hay sobre la tierra gobierno cuya acción sea toda y siempre de óptima o siquiera de buena calidad. Es humano cometer errores y en política tremendamente humano entregarles a la pasión y al desaforado amor del beneficio propio el espíritu que siempre debería estar dedicado a la justicia y al desinterés; pero es humano también, e incluso fácilmente hacedero, frenar los apetitos codiciosos o rencorosos, superarse en el recto ejercicio y lograr, por modos de honestidad y de justicia, obra útil y honrosa. Y esto será lo que siempre les pediremos a nuestros gobernantes, que no será pedirles nada que en el fondo no sea hacerles honor de esperanza. Hoy nuestro gobierno quiere oír y ya esto es Mucho; pero hacer, siempre recta y eficazmente, no le será posible si todos los hombres de buena voluntad no estamos dispuestos a prestarle nuestra mejor cooperación. Cuéntese con la nuestra. Y nada más. Definida así nuestra orientación en el terreno de la lucha política frente a la acción gubernamental, digamos ahora cuál es nuestra posición en el campo de las aspiraciones democráticas respecto a aquellos que, aunque no todavía dentro de nuestra organización, con nosotros la compartan. Acción Democrática no ha venido a dividir este campo en el cual, dicho sea de paso, hemos sido los primeros en presentarnos legalmente organizados, ni con ánimo intransigente ni apetencias personalistas, sino que por lo contrario está abierta, de par en par como las puertas cordiales, para todos los demócratas venezolanos que quieran reforzar sus filas de buena voluntad con la mejor que les anime y con la añadidura utilísima de talento que les adorne y de la preparación que se haya conquistado. Para todos y muy especialmente para aquellos que ya han librado sus batallas por nuestra democracia, por la recta aplicación de nuestras instituciones, por el respeto debido a los derechos del ciudadano, por el honesto desempeño de la función administrativa y revestidos así del honor de sus sacrificios se han conquistado la confianza y el aprecio públicos. Aquí tienen sitio y de excelencia, pues, si hay alguien interesado en que este campo se divida y se anarquice, al más lerdo no se le escapa que ese alguien no puede estar entre nosotros de no ser como furtivo agente de provocación, ni tampoco acertará a comprender por qué no estamos ya en un mismo sitio todos los que una misma causa defendemos. Nuestro pueblo conoce a todos los hombres que por su mejor suerte se preocupan, sabe cuánto les debe ya, mantiene íntegra su confianza en cuanto de ellos puede esperar todavía y no quiere dividir sus predilecciones entre ellos aislados o repartidos, porque los necesita juntos y en buena inteligencia, una sola esperanza para una misma inmensa necesidad. En nombre de ese pueblo que ama, sufre y espera, Acción Democrática invita a todos los demócratas venezolanos a sentarse aquí, nosotros entre ellos. Definamos a ora nuestra posición ante el orden institucional, social y político. ¿Se ignora, acaso, que fuimos sometidos a un interrogatorio inquisitorial sobre puntos cardinales de ideología social y política? Sí, señores. Se nos preguntó lo que no debía preguntársenos; pero respondimos diáfanamente. Y digo que no debieron hacérsenos tales preguntas porque nuestro programa escrito y suscrito responsablemente ya era una definición categórica, inequívoca, que debió de merecer confianza... Pero respondimos, diáfanamente, y aquí estamos ratificando nuestras definiciones ante el pueblo soberano. Somos demócratas, estricta pero también ampliamente. Y sencillamente, quiero añadir. Porque no compartimos la tendencia reinante a creer, o a predicar que suelen ser dos cosas bien diferentes, que se necesite de una mística para conducir las masas en un determinado sentido político. Mística de reconstrucciones históricas, alrededor de hombres o de épocas del pasado, que fueron gloriosos: mística de exaltaciones ululantes, de odios sembrados hasta el fondo de lo peor de la condición humana por hombres de hoy que saben lo que se buscan, pero no quieren procurárselo sino mediante arrebatos de iras apocalípticas para fanatizar a sus pueblos, nosotros no creemos en la necesidad de la una ni de la otra y como hombres normales, con los pies asentados sobre la realidad del momento, sin relampagueos ni de original ni de prestado, aspiramos a conducir al pueblo que pueda seguirnos, sencillamente: Tú debes ser demócrata y aquí está tu sitio. Porque nosotros no te traicionaremos. Es de advertirse que los caudillos del nazi-fascismo agresivo están hablando a gritos de un nuevo orden social que ellos implantarán, sin que se alarmen los que por aquí no nos permitirían tales palabras sin calificarnos de endemoniados revolucionarios. Pero nosotros sí creemos que es necesario luchar por el establecimiento de un nuevo orden social y político, al cual se llegue mediante el perfeccionamiento progresivo, pero a jornadas intensas, de las instituciones que hoy sólo a medias y socarronamente cumplen con los principios liberales a que dicen obedecer, o de ningún modo se ajustan a ellos, sino por lo contrario al mantenimiento de la iniquidad, de donde provienen esos monstruosos contrastes de miseria y de atormentada pelea cotidiana por el alimento indispensable y el abrigo de techo mínimo de espíritus cultivados, a lo ancho de la facilidad económica y de ambas sin pizca de luz, en lo más angosto del camino tortuoso, el rumbo perdido. Acción Democrática viene a trabajar, sin estridencias, sin banderías tumultuarias, sin rencores de clases ni hambres de represalias, para que en un mañana no remoto nuestras instituciones, plegándose a las exigencias de un tiempo en marcha como ya dije, amparen formas de convivencia decorosas y apetecibles, como ahora lo repito. Confiamos en la obra progresiva, resultado de compenetración con la idea adelantada, repudiamos la marcha a saltos convulsivos de los procedimientos revolucionarios y reclamamos para nosotros el calificativo de hombres de orden, siempre claro está que con esta palabra no se quiera decir otra cosa, inconfesable. Y nuestra posición, finalmente, ante el porvenir preñado de amenazas, ante la suerte del mundo que se está echando a metrallazos. Somos demócratas, creemos en las poderosas reservas de energías saludables que en todo pueblo se guardan, confiamos en el nuestro, especialmente, porque lo hemos contemplado de cerca y no ha defraudado nuestra complacencia en buen espectáculo de condición humana; repudiamos los regímenes dictatoriales de hombres, de partidos o de clases de propios o de extraños y, puesto que somos medularmente venezolanos, lucharemos por una Venezuela nuestra, totalmente nuestra, en el goce sin mengua de su riqueza, en la modalidad de su pensamiento, en la eficiencia de su acción, allanados que le sean y nosotros en la obra, hombro a hombro con los más esforzados los caminos por donde pueda llegar a sus realizaciones personales totales. Acción Democrática saluda al pueblo venezolano y cierra con él este compromiso solemne: por su bienestar, por su dignidad. |
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