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Me alquilo para fracasar

Roberto Malaver
romal@facilnet.com

El Nacional, viernes 24 de noviembre de 2000

FracasarAtanacio Sánchez nació para fracasar. Lo supo desde el mismo día en que lo rasparon en primer grado A, en la escuela nacional Arturo Castro. Y un buen día, cuando tenía 25 años y estaba soltero, triste, y solo en el mundo, confirmó que su vida estaba destinada a una sola cosa: fracasar.

Y así lo asumió. Todo el mundo buscaba el éxito a como diera lugar. Y Atanacio quiso ser diferente. Asumió el fracaso como meta. En todas las cosas donde se metía ya sabía que estaba destinado a fracasar. Pero lo hacía con placer. Porque además, un día descubrió que mucha gente también fracasaba y sin embargo no lo asumían. Los políticos fracasaban estrepitosamente y siempre estaban en el poder. Y vivían bien. Y sus hijos estudiaban en el extranjero. Y nadie les reclamaba por sus fracasos. No tenían ni una idea, ni habían puesto en práctica ninguna solución. Pero ahí estaban.

Otros que fracasaban eran los periodistas. Había algunos que fracasaban en todos los medios: prensa, radio y televisión. Y sin embargo seguían allí. No tenían sentido del periodismo y lo que preguntaban cuando hacían entrevistas eran tonterías, y pretendían ser irreverentes, pero lo único que hacían era el ridículo.

También fracasaban los deportistas. Cada vez que viajaban a competir nunca traían una medalla. Sencillamente viajaban a fracasar pero no lo decían. Querían viajar únicamente. Y cuando salían, los periodistas los apoyaban y le hacían creer a los lectores que ahora sí podemos traernos una medalla porque nuestra delegación está muy bien entrenada. Y después, todo era lamento, desilusión, y fracaso.

Fue así como un día Atanacio decidió asumir sus fracasos y puso un aviso en la prensa: «Me alquilo para fracasar». Puso su número de teléfono y de donde primero lo llamaron fue de un canal de televisión. Hasta allá se fue Atanacio a las 6:00 de la mañana y allí empezó a vivir exitosamente de su fracaso.

El periodista empezó preguntando:

—¿Por qué quiere usted fracasar?

—Yo quiero fracasar porque en un país donde todo el mundo quiere tener éxito, es lógico que exista alguien que quiera fracasar para que haya un equilibrio. Yo asumo ese lugar del fracaso. Todos los venezolanos quieren tener fama y éxito, en cambio yo sé que no voy a tener éxito en nada, y por eso lo mejor que puedo hacer es asumir con toda sinceridad este rol de fracasado.

—¿Cree usted que alguien lo llame?

—Estoy seguro de que alguien me va a llamar. Hay gente que sabe que va a fracasar en alguna tarea que se proponga o que le propongan, y allí es donde entro yo. Yo asumo ese fracaso que esta persona no quiere asumir. Eso sí, con un pago respectivo, porque los fracasos no son gratuitos.

El periodista dio los números a los televidentes para que llamaran y dieran sus opiniones, y los teléfonos casi estallan ante tanta llamada. Gente que llamaba para felicitar a Atanacio porque era el único venezolano que había asumido el fracaso, y eso era digno de alabarlo y tenerlo en cuenta.

—La verdad es que estamos presenciando algo nunca visto —dijo el periodista— gente que está llamando para felicitar a Atanacio, e incluso, algunos, como esta señora que tenemos en la línea, le piden que se lance de candidato a la Presidencia de la República, pero es mejor que la escuchemos a ella:

—Sí, yo le pido a Atanacio que asuma su candidatura a la Presidencia de la República porque eso es lo queremos, un hombre que fracase pero que lo diga, que sea sincero, que eso no lo hemos tenido, y a lo mejor nos va bien.

Hubo políticos y gente de empresas que llamaron. Jóvenes ejecutivos, asesores comunicacionales, corredores de bolsas, escritores de columnas en la prensa, periodistas de televisión, prensa y radio, todos querían alquilar a Atanacio por un rato para que asumiera sus fracasos.

Y cada vez que Atanacio Sánchez salía por allí, la gente lo apuntaba con el dedo y decía:

—Allí va Atanacio, el fracasado.

La verdad es que no le ha ido nada mal con sus fracasos, vive cómodo en una quinta de una importante urbanización, sus hijos están estudiando en el extranjero, y ahora lo están llamando de otros países del área andina para que por favor, por lo que más quiera, venga y asuma aquí unos cuantos fracasos.

PS: Pablo Luis Benezra, si estás allí, da otro golpe.


Roberto Malaver en La BitBlioteca



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