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Sección: Bitblioteca
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La cultura entre el azar y la necesidad Caracas, jueves 26 de setiembre de 2002 A vuelta de pocos meses solo habrá tiendas de celulares y agencias de lotería. Revisa tu espacio habitual y verás cómo hormiguean. No es, pues, por apresuramiento que he llegado a la conclusión de que los venezolanos apenas si necesitamos comer, vestirnos, ir al teatro o leer. Nos basta con hablar por celulares y ganarnos la lotería. Confieso públicamente el feo vicio de no jugar a la lotería, lo que me ha hecho perder inmensas fortunas. Estoy atendiéndome esa manía con una junta de siquiatras. Aliviada mi mala conciencia, continúo: Esas tiendas invaden otras hasta devorarlas. Comienza una tímida taquilla que vende lotería y en poco tiempo invade todo el espacio vital del establecimiento original. Pronto, supongo, habrá centros comerciales completos, unos de celulares y al lado otros de agencias de lotería. No exagero, sobre todo si juzgamos por la proliferación de casinos. Las loterías ha tiempo que han invadido bancos y otras tipologías empresariales, para no hablar de restaurantes que son mamparas de remates de caballos o rifan botellas de lo que sea. La Lotería de Babilonia dejó de ser ficción. La apuesta se nos volvió respiración. ¿Cuánto apuestas a que es como te lo estoy diciendo? Veo un negocio que cierra definitivamente. La crisis, me digo. Al día siguiente hay obreros refaccionando el local. La recuperación, me digo. Días después la recuperación se vuelve lotería o celular. Fernando Rodríguez se ha quejado de que el teatro Colón de Buenos Aires ha decidido montar espectáculos ligeros; la Bienal de Venecia acepta ahora películas de Hollywood y una reina de belleza confesó, ¡por fin!, que no le gustan los libros. Concluye Rodríguez: «Como algunos señalaron hace ya tiempo, la cultura mediática no sólo se expande deshaciendo la cultura popular secular sino que su voracidad va horadando los niveles más exigentes de cultura». «No entontecernos demasiado es un nuevo desafío» (TalCual, 18/9/02). Observa cualquier barrio, pobre o rico, no importa. ¿Qué hay allí? Lotería, celulares y televisión, en donde también se anuncian loterías y celulares, entre una violencia ruin y otra. En pueblos más al fondo del país hay al menos fiestas patronales y producción autónoma de corridos, Delikatessen y chipolas. Pero aquí cerca la producción simbólica está en manos de la gente que hace la programación de televisión de los fines de semana. No te asustes: todavía estamos vivos. Aunque comiendo chucherías industriales, alimentando el espíritu con basura simbólica, ganándonos premios fortuitos, hablando por celulares. No tengo nada contra los celulares, pues son, además de todo, igual que Internet, una garantía democrática que nos convierte en potenciales reporteros de la vida. Lo que me sorprende es que la oferta empresarial parece no saber que no solo de celular vive el hombre. El Estado venezolano cuenta con una infraestructura y con planes de cultura como nunca se habían elaborado en la América Latina. No hay otro modo de combatir el deterioro cultural de que habla Fernando Rodríguez. Pero ¿es maltratando el presupuesto cultural como se gana la batalla mediática?
El debate cultural en La BitBlioteca
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