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Análisis urgente de las elecciones de 1998

Breve teoría de la catástrofe

Roberto Hernández Montoya

    Casca: Un esclavo público —que conoces bien de vista— levantó su mano izquierda, que se encendió y ardió como veinte antorchas juntas, sin que se chamuscara ni sintiera dolor. Además —desde entonces no envaino mi espada—, camino al Capitolio me encontré un león que me miró con ojos encendidos y se alejó de mala manera sin hacerme daño. Un corro de cien mujeres, transformadas de pavor, juraba haber visto correr calle arriba y calle abajo a hombres envueltos en llamas. El pájaro de la noche se posó a mediodía en el mercado, graznando y chillando. Cuando estos prodigios se juntan no podemos decir: «Son razonables, son naturales», pues, en mi opinión, son portentos propios del clima que denotan.

    Cicerón: Cierto que este es un tiempo de extraña disposición, pero los hombres forjan cosas a su guisa, alejadas del propósito de ellas mismas. ¿Acudirá mañana César al Capitolio?

Shakespeare, Julio César, I, iii.

Chavez
Hugo Chávez
Los cambios históricos son, entre otras cosas, oportunidad de aprender. Generan, por ejemplo, avalanchas de terrores, como los del epígrafe, ante el inminente asesinato de César. Aquí en Venezuela se nos multiplicaron rumores apocalípticos en las elecciones del 6 de diciembre. No es ingenuidad colectiva, sino metáfora del vértigo, en este caso, de anochecer sin la férula del Pacto de Punto Fijo. Catástrofe, según los físicos, es una discontinuidad en un proceso continuo. En español: el copo de nieve que desata la avalancha, el dominó que derriba los demás, la pequeña quiebra que derrumba la bolsa de valores, el aumento del pasaje que desata el 27 de Febrero. Eso volvió a pasar el 6 de diciembre, pero con orden. Por ahora.

Se confirma otra enseñanza: en elecciones dos y dos no suman cuatro. Los que no la aprendieron a tiempo se desplomaron en el abismo que va de haber sido gobierno en dos ocasiones hasta estrecharse al 2,15%: Copei. O AD: dos de cada tres personas que la escogieron el 8 de noviembre votaron por Hugo Chávez. La idea de que sumarían la totalidad de los votos de esos dos partidos a la intención de votos por Salas Römer era por igual ingenua y perversa. El apoyo de Copei fue el beso de la muerte para Irene Sáez. El de Copei y AD lo fue para Salas. Ese respaldo desdibujó a Irene y a Salas, como se desdibujó la Causa R entre tantos vaivenes políticos y éticos. No hallo otra razón para que la Causa R obtuviera solo el 0,11%. Debe haber más evangélicos que el 0,12% que votó por Alfaro Ucero a través de ORA. Deberán aprender que son una fuerza religiosa, no política.

Hay lecciones para todos, especialmente para los vencedores. El Pacto de Punto Fijo nació de la idea minimalista de dar a los pobres lo mínimo indispensable para desmovilizarlos y seducir a ricos y a inversionistas extranjeros. Terminaron haciéndose insoportables hasta para ricos e inversionistas. Se entiende que quisieran diferenciarse de la experiencia cubana, esa convulsión dramática y difícil de tasar, como todo drama. Pero no se entiende que no hicieran ni el mínimo: acabaron con escuelas, hospitales, ciudades, y ya se aprestaban a devastar las universidades. Lo dejaron todo a la brutalidad cotidiana de la corrupción. Fue tan incalculable esa malquerencia que dilapidaron no sé cuántas veces el Plan Marshall y encima nos endeudaron. Con indiferencia embrutecida. No solo se corrompieron a sí mismos, sino que envilecieron a militares, empresarios, trabajadores, periodistas, curas, docentes. No sé si hubo en la historia humana dirigencia tan irresponsable.

Son esas, y muchas que estoy seguro se me escapan ni caben en esta nota, las lecciones que deberán aprender los vencedores. Para no repetir la historia como farsa. Y porque no hace falta repetirla.


WillieCasca
A common slave—you know him well by sight —
Held up his left hand, which did flame and burn
Like twenty torches join’d, and yet his hand,
Not sensible of fire, remain’d unscorch’d.
Besides—I ha’ not since put up my sword—
Against the Capitol I met a lion,
Who glared upon me, and went surly by,
Without annoying me: and there were drawn
Upon a heap a hundred ghastly women,
Transformed with their fear; who swore they saw
Men all in fire walk up and down the streets.
And yesterday the bird of night did sit
Even at noon-day upon the market-place,
Hooting and shrieking. When these prodigies
Do so conjointly meet, let not men say
‘These are their reasons; they are natural;’
For, I believe, they are portentous things
Unto the climate that they point upon.

Cicero
Indeed, it is a strange-disposèd time:
But men may construe things after their fashion,
Clean from the purpose of the things themselves.
Come Caesar to the Capitol to-morrow?

Shakespeare, Julius Caesar, I, iii.


El 27 de Febrero en La BitBlioteca
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