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Los problemas de Chomsky

Roberto Hernández Montoya

El Nacional, domingo 3 de marzo de 1991
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Con sus hijos Hannah y Herman en Coro,
Venezuela, agosto de 2000.

Este texto forma parte de la serie sobre lenguaje presentada en
Gramática imaginaria

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    Noam
    Noam Chomsky
    Noam Chomsky, El conocimiento del lenguaje, Madrid, Alianza, 1989. Edición original: Knowledge of Language: Its Nature, Origins and Use, Nueva York, Praeger, 1985.

Noam Chomsky, Language and Problems of Knowledge. The Managua Lectures, Cambridge (Massachusetts), The MIT Press, 1988.

¿Cómo, teniendo una experiencia tan limitada, entendemos tanto? ¿Cómo, teniendo tanta información, entendemos tan poco? Son, respectivamente, el problema de Platón y el problema de Orwell, vistos por Noam Chomsky. Ellos presentan para la reflexión contemporánea dos asuntos decisivos, tanto para la ciencia como para la política.

Pareciera ser un asunto demasiado humano: en primer lugar, según Chomsky, tenemos estructurada la mente según leyes análogas a las leyes de la física y la química. Ello no debiera extrañarnos ya, pues muchos autores desde hace varios años están aproximándose a una vinculación entre los procesos naturales y los específicamente humanos (Bateson, Chomsky, Mandelbrot, Morin, etc.), pues, según Per Bak y Kan Chen, los terremotos, las avalanchas, los efectos dominó, el titilar de las estrellas, el vaivén del tránsito automotor en las autopistas, los torbellinos, el fluir de los ríos, las fluctuaciones de las bolsas de valores, la transmisión de información en el cerebro, el crecimiento urbano y tal vez las guerras y las explosiones sociales, están regidas por el mismo principio: la «criticalidad auto-organizada» (Scientific American, enero de 1991, p. 26). Es un fenómeno que cubre dos hechos: uno espacial —los fractales—, otro temporal —el ruido de fluctuación (como el titilar de las estrellas y la circulación por oleadas en las autopistas). Según Chomsky, la gramática universal, que ahora vemos mejor delineada y metodológicamente menos ingenua que en sus primeros textos, está regida por mecanismos lógicos universales de una complejidad insospechada. Y, además, nacemos con ese dispositivo lógico, interconstruido en nuestro aparato síquico. En sus conferencias de Managua Chomsky se preguntaba cómo sabe el niño, que apenas acaba de aprender la lengua española, que la frase «¿Está el hombre, que contento, está en la casa?» es una frase incorrecta. ¿Cómo sabe que no basta con anteponer a la frase la primera ocurrencia del verbo? ¿Cómo sabe que es la segunda ocurrencia? ¿Cómo sabe, pues, que la frase correcta es «¿está el hombre, que está contento, en la casa?»? ¿Cómo sabe que es el verbo de la cláusula principal («¿está el hombre en la casa?») el que debe anteponerse? ¿Cómo sabe cuál es la cláusula principal? ¿Por qué elige la fórmula más compleja y por qué se le hace más fácil que la más simple?

Se trata de dispositivos innatos, responde Chomsky. Y añade: ¿qué consecuencias epistemológicas tiene esto con respecto a los otros sistemas simbólicos y con respecto al pensamiento mismo? Es, pues, el problema de Platón. O la vieja formulación de Chomsky: cómo con reglas finitas podemos formular frases infinitas.

Pero Platón está contrapesado por Orwell:

Como a otros muchos intelectuales del siglo XX, a Orwell le impresionó la capacidad de los estados totalitarios para imbuir creencias firmemente sostenidas y ampliamente aceptadas, aunque carentes por completo de fundamento y a menudo en flagrante contradicción con hechos obvios del mundo circundante. El problema es mucho más amplio, como prueba suficientemente la historia de los dogmas religiosos. Para resolver el problema de Orwell hemos de descubrir los factores institucionales, y de otras clases, que bloquean la captación y la comprensión en ámbitos cruciales de nuestras vidas y preguntarnos por qué funcionan (1985:11).

Chomsky examina varios casos, particularmente el avión coreano derribado por la Unión Soviética. Chomsky se pregunta por qué no se armó el mismo escándalo con otros casos similares, pero realizados por occidentales, incluyendo el sabotaje del avión cubano que partió de Venezuela. ¿Qué mecanismos provocan el bloqueo total de la mente ante la información patente? Y habría que preguntarse, además, si con información abundante no somos siempre capaces de razonar con claridad, ¿qué pasará cuando la información sufre un bloqueo casi total como en el caso de la Guerra del Golfo?

Y podríamos añadir: visto que el proceso orwelliano no es exclusivo de la modernidad, puesto que lo hemos visto como rémora de la ciencia, ¿no será que esos factores institucionales pertenecen a un estrato más fundamental de nuestra naturaleza humana como tal? Tal vez no sea un problema insoluble, pero sí radical.


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De Roberto Hernández Montoya:
La gramática imaginaria
El estado del golpe
El stalinismo, efecto perverso del capitalismo

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