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¿Hubo o hubieron muchos invitados a la fiesta?

Lógica y gramática

Roberto Hernández Montoya
roberto@analitica.com

El Nacional, domingo 23 de octubre de 1994 p.  A/5
Versión 1,1, 4 de mayo de 2001


Con sus hijos Hannah y Herman en Coro,
Venezuela, agosto de 2000.

Este texto forma parte de la serie sobre lenguaje presentada en
Gramática imaginaria

En 1970 Germán Espinosa publicó Los cortejos del diablo (balada de tiempos de brujas). Cien años de soledad gozaba aún de una frescura afectuosa que alcanzó a este nuevo colombiano como el augurio de una vasta renovación literaria y tal vez el de una nueva utopía. Además, el lenguaje figuraba entre sus protagonistas, lo que, Boom literario mediante, nos recomendaba a Espinosa sin fisuras. Releyendo ahora la novela, debemos volver a recomendarla, y con mayor vigor. Es un modo de recrear y saborear lo que nos es dable imaginar del clima virreinal, nuestra Edad Media, fastuosa y aterradora a la vez.

Espinosa ha diversificado sus vocaciones hasta alcanzar la lingüística y, lamentablemente, en ello no podemos recomendarlo. Acaba de publicar La aventura del lenguaje (Bogotá: Planeta, 1992), una introducción a la lingüística, que no podemos promover, a pesar de sus numerosos aciertos y de la calidad de su estilo ameno, claro y cordial, porque comete errores pomposos y primordiales: afirma la superioridad de unas lenguas sobre otras (naturalmente que la de Espinosa, el español, está entre las superiores); existen lenguas incapaces de expresar la filosofía; el origen del lenguaje está en las onomatopeyas; el latín perdió las declinaciones como efecto de la descomposición del Imperio. Son ideas que en cualquier curso de lingüística elemental se desechan en tres trazos: no hay principios que permitan fundar superioridad o inferioridad de lengua alguna y menos en el grado de civilización de quienes la hablan, entre otras cosas porque la idea misma de ‘grado de civilización’ ha sido recusada por la ciencia. No hay contenidos inexpresables en lengua alguna. La descomposición sintáctica no tiene nada que ver con la descomposición social. Las onomatopeyas no son origen del lenguaje, porque mientras los gallos españoles dicen kiririkí, los franceses dicen cocorico y quién sabe cómo cantan los gallos chinos o árabes. Lo cierto es que la imitación de los sonidos no es anterior al lenguaje, sino posterior, pues está tamizada por la fonética de cada lengua. Otra confusión estruendosa es la que tiene Espinosa entre gramática y lógica, que aprovecharemos como pretexto para comentar algunos fenómenos que emancipan al lenguaje como provincia o como metrópoli de la lógica general.

Cuando Espinosa sabe de algo, sabe mucho, pero sabe desigualmente. Y la lingüística, como cualquier disciplina, requiere de un dominio cabal de sus principios elementales. Son los peligros del autodidactismo. Comentemos a continuación algunos corolarios posibles de la asimilación de lógica con gramática. Espinosa no comete los errores que referiremos a continuación, pero les da un respaldo estratégico.

Muchos puristas nos advierten que no se dice un vaso de agua sino un vaso con agua, porque «el vaso no está hecho de agua, sino que contiene agua», etc. Esos mismos puristas no nos podrán explicar por qué no andamos a burro si montamos a caballo. Tampoco por qué no transitamos a carro si caminamos a pie. O por qué viajamos por avión, pero nos trasladamos en carro. Que, de paso, si pedimos un vaso con agua tal vez nos den un vaso y también agua, pero no dentro del vaso...

Los lingüistas —más precavidos— han preferido estudiar el lenguaje tal como lo usa la gente, y no andar reprendiendo a cada coma, amonestando a cada tilde. En primer lugar para conocer mejor el lenguaje, y, en segundo lugar, para evitarse chascos.

Los puristas son como esos ingenieros que planifican computadoras que lo obligan a uno a hacer un doctorado en cibernética para sumar dos y dos. Pretenden que uno tiene que estudiarse una biblioteca de gordos tratados de gramática para llegar a la tesonera redacción de «un vaso con agua». Lo curioso es que la gente, que nunca estudió gramática, entiende claramente cuando alguien le pide un vaso de agua y no se confunde como el purista, que interpreta que el vaso está hecho de agua. Tan tonto.

Claro, la finalidad es otra, por igual perversa y política. Examinemos un caso.

El verbo haber tiene una forma anómala. Cuando uno indica la existencia presente de una cosa, o de varias, no dice ha una cosa, sino hay una cosa. Y tampoco dice han cosas, sino hay cosas. Es decir, la tercera persona singular del presente de indicativo de haber tiene dos formas: ha y hay. La primera se usa como auxiliar (él ha llegado), la otra para indicar ‘existencia’.

Hay nació de la combinación de ha + y. En los textos medievales uno se encuentra con que y no era el de «esto y aquello», sino que significaba ahí —el mismo ahí tiene idéntico origen. Así, por poner ejemplos tomados al azar, podemos leer en el Calila y Dimna (¿1261?), el cuento «La rata cambiada en niña»:

Dicen que un buen hombre religioso cuya voz oía Dios, estaba un día ribera de un río, e pasó por y un milano, et levaba una rata, e cayósele delante de aquel religioso.

O en el prólogo de El caballero Cifar, el primer libro de caballerías de lengua española con fecha conocida (primera mitad del siglo XIV):

...no pudieron y llegar, tuvieron por bien que hubiesen esos perdones cumplidamente, así como aquellos que y llegaron y cumplieron su romería.

De modo que hay equivalía aproximadamente a existe ahí, tal como los franceses dicen il-y-a, con el mismo sentido y la misma formación, salvo el pronombre explícito il, que en francés se necesita siempre. Ellos dicen lo que en traducción literal sería él y ha, porque para ellos y todavía es ‘ahí’. Para nosotros y ya no es adverbio de lugar (ahí, allí), sino conjunción (Sacco y Vanzetti).

Hay como ‘existencia’ es impersonal. Cuando decimos hay una cosa no es que la cosa hay, es decir, el sujeto no es la cosa, pues se trata de un verbo como llover. Cuando uno informa que llueve, nadie pregunta quién o qué llueve. Nadie llueve. Nada llueve. Simplemente llueve. Es impersonal porque no tiene persona que asuma la autoría de lo que llueve. En francés dicen il pleut, en alemán es regnet y en inglés it rains, algo así como él llueve, pero no porque haya un «él» que llueve, cosa o persona, sino que, ya lo dijimos, en otros idiomas es obligatorio explicitar el pronombre (il, es, it). Por eso los franceses dicen él hay una cosa (il-y-a une chose). No están locos. Lo que pasa es que tienen que poner el pronombre il (‘él’), porque el verbo les queda manco sin ese elemento.

Ahora bien, especulo: en español no tenemos que explicitar el pronombre y podemos poner el verbo antes del sujeto (vuelve el pobre a su pobreza). En otros idiomas la rigidez que impone la presencia del pronombre y el orden estricto de la frase permite explicitar el sujeto. En español no, y por ello la cuestión del sujeto de hay queda indefinida. No sabemos si quien hay es la cosa o es nadie. Es problema más morfosintáctico que semántico.

Consideremos entonces el asunto en plural: hay cosas. No decimos han cosas. En presente haber sigue siendo impersonal. Pero cuando alguien que no ha estudiado estos temas dice que existieron cosas en el pasado o existirán en el futuro, suele decir hubieron cosas o habrán cosas. Ahí truena el gramático: «¡Bruto: El verbo haber es impersonal y no admite plural! Se dice hubo cosas o habrá cosas». Y la calificación de «barato y chapucero» queda implícita. El pobre se promete que desde el 1º de enero dejará el cigarrillo y el uso personal de haber. El 2 de enero se fuma el primer cigarrillo («uno solo no me va a hacer daño») y pronuncia el primer haber personal. No las puede evitar, porque ambas conductas forman parte de sistemas tan complejos que los puristas de la gramática y de la salud no entienden.

Fuera del presente de indicativo, haber funciona como personal. Es un hecho: oigamos a la gente. Como solo en presente de indicativo existe una forma explícita en superficie del haber «existencial» (hay), el sujeto puede ser sentido como la cosa existente, es decir, que el «responsable» de haber es la cosa que existe. Y como haber se conjuga livianamente en todas las personas cuando es auxiliar (habrán comido), alguna gravitación y dentera causará a las barreras del singular obligatorio del haber existencial (habrá comidas). De ahí ese hubieron cosas que horroriza a los puristas. El hablante, ante la persistencia del fumar y del haber personal, se busca un siquiatra. Cuando le habla del cigarrillo, el siquiatra lo trata como un caso leve, pero cuando le plantea lo del haber personal lo hospitaliza bajo estricta observación. «Está esquizofrénico», dice el siquiatra, «tiene doble personalidad. Una dice hubieron guerras y la otra hubo guerras. Puede ser peligroso. Amárrenlo por si acaso y denle el calmante más fuerte de la farmacopea. Pobrecito».

De algún modo que, hasta donde sé, escapa a la lingüística, la gente ha personalizado el verbo haber, salvo en la forma especial hay. En los otros casos, cuando no existe marca impersonal explícita (como en hay), recurre a un haber personal: hubieron muchos saqueos. Y, sin embargo, al que usa haber personal no le extraña el impersonal y no le suena raro que un culto diga hubo muchos saqueos.

Una forma de saber que algo es complemento directo es convertir la frase de activa a pasiva: Juan mató a Pedro equivale según esto a Pedro fue matado por Juan. Ahora bien, en hubo saqueos se supone que la pasiva sería saqueos fueron habidos y no saqueos fue habido, como diría la norma según la cual ese haber es impersonal y, por tanto, unipersonal, esto es, conjugado en singular. ¿Es transitivo el verbo haber en este caso? Parece que hay verbos más transitivos que otros.

Como se ve, la sintaxis del haber existencial es muy inestable, pareciera estar comprometida con dos normas al mismo tiempo; una de ellas, la popular, como suele suceder, está fuertemente estigmatizada.

Así, la increpación contra el uso personal no es más que un caso de asimilación de la gramática a la lógica que inventó Aristóteles y complicó Carnap.

Pero la gramática —ha enseñado Chomsky— tiene su propia lógica, y hay que estudiarla tal como es. Es posible utilizar los principios generales de la lógica que inventó Aristóteles y complicó Wittgestein, pero entendiendo que se manifiestan de otro modo, que no es el general. No es posible aplicarle principios como la negación de la negación, porque entonces no entenderemos por qué razón los hispanohablantes decimos no hay nada. Y no sé por qué el purista que bebe vasos con agua no ha advertido que, según su lógica, cuando decimos no hay nada negamos la nada y afirmamos la existencia de algo. En fin... Como suele ser tonto, el purista tal vez dirá tontamente que los hispanohablantes somos menos lógicos que los ingleses, que se rehúsan a negar dos veces. Es la misma «ilógica» de la lengua francesa, que algunos inocentes todavía llaman «cartesiana». Ella también niega doble: Il-n’y a pas de chose. He aquí el galimatías que se nos arma si aplicamos la lógica a esa frase, que en español sonaría así, traducida literalmente: ‘Él no hay no cosa’, o peor todavía: ‘Él no ahí ha paso de cosa’. Por alguna razón que la lógica general no tiene por qué entender, para los franceses pas (‘paso’), point (‘punto’) y personne (‘persona’) son negaciones. Il n’y a personne es para ellos ‘no hay nadie’ (trasladado literalmente: ‘Él no ahí ha persona’). Sería un disparate tratar de deslindar eso según la lógica que inventó Aristóteles y complicó Russell. Es más, hemos hecho la traducción literal de otro idioma —prestigioso él, según la idea tonta de que hay idiomas mejores que otros— para que se vea cuán «ilógico» nos suena. Ello es así porque abusivamente hemos tratado de desplegar la lógica del francés dentro de la lógica del castellano. Las lenguas tienen lógica, sí, lo que pasa es que no es la lógica de Aristóteles, la que complicó Frege. Pero para eso hay que estudiarse a Chomsky —autor que por cierto no existe para Espinosa como para muchos lingüistas sectarios.

No tengo por qué tomar un curso ni siquiera elemental de mecánica automotriz para ir en mi auto a comprar una aspirina, luego de leer una disquisición gramatical como esta. No me haría daño un conocimiento de mecánica, claro está. Más de un problema me resolvería. Pero estrictamente hablando no hace falta para salir a pasear en automóvil. Lo mismo debiera ocurrir con la gramática, finalmente es el uso el que decide si algo es «correcto» o no, si a correcciones vamos, como decía Ángel Rosenblat:

    ¿Qué es entonces lo bueno en materia de lengua? Lo que ha triunfado. La historia de la lengua es un poco desmoralizadora, como en general la historia (1960:I, 108).

Zocodover
Plaza Zocodover de Toledo (foto RHM, diciembre de 2000).
El romance que se comenzó a hablar en la plaza Zocodover de Toledo era incorrectísimo en su totalidad, según el latín, pero la gente lo siguió usando y hubo Poema de mío Cid
, Sancho Panza y la princesa está triste. No hace daño conocer cómo funciona el idioma, lo que hace daño es que se conozca mal.

En esto de haber, como en el famoso queísmo-dequeísmo, o la confusión l/r que, por cierto, sólo cometen argunos, hay una situación de inestabilidad, que ya los hablantes, que no han estudiado gramática, resolverán de algún modo. Así como resolvieron el problema de las cuatro sibilantes: los conquistadores no hablaban con zetas y eses, como la mayoría de los actuales peninsulares. Los conquistadores, como los de entonces, usaban cuatro sonidos que luego de muchos años de incertidumbre los de allá redujeron a dos (representados por la actual z y la actual s) y los de acá resumimos en una, s. Las lenguas parecen presentar ese tipo de anomalías críticas, de las que luego resulta una «solución», es decir, una estabilización, que suele ser el punto de partida de otras crisis. Parece hasta dialéctico. Los andaluces, extremeños, canarios, murcianos y otros usan una sola sibilante. El predominio andaluz en nuestra conquista, sostienen muchos, creo que con razón, es la causa de la simplificación americana a una sola sibilante, así como otros fenómenos que nos ponen en la vanguardia de los cambios del idioma: confusión r/l (lamdacismo y rotacismo), supresión de algunas consonantes en posición final (bailá en lugar de bailar), etc.

Para lo que sirve esta invención logicista de los puristas y algunos gramáticos es para deslindar entre la gente que estudió gramática y la que no, es decir, entre la gente ilustrada y la gente no ilustrada, para mal de esta última. Y normalmente se entiende por ilustrado el que profesa los códigos simbólicos del poder. Finalmente los miramientos de la ortografía y las admoniciones contra el haber en modo personal, no son sino instrumentos políticos para discriminar entre los que conocen las claves estratégicas del funcionamiento social (que es lo que llamamos ‘Cultura’, así con C mayúscula, ese código del poder) y los que solo conocen las claves tácticas del funcionamiento social (que es lo que llamamos ‘incultura’) y por tanto saben distinguirse del uso general y dicen satisficieron y no satisfacieron como sería lo obvio, tal como decimos bendecido y no bendicho: ¿por qué si satisfacer ha de conjugarse como hacer porque está formado de satis + facer (el actual hacer), no conjugamos bendecir como decir, si a su vez está formado de ben + decir? Que, de paso, por el hecho de decir hechura nadie dice satisfechura, sino satisfacción. Otro de los desequilibrios de que estoy tratando de hablar.

Cabe, pues, la hipótesis de que algún día el haber personal se estabilizará hasta el punto de que lo admitan las gramáticas de Estado. Sólo quedará hay como anomalía, de resto será «hubieron muchos infiltrados en la manifestación».

Y tal vez entonces los puristas logicistas estigmatizarán a los que digan «hubo muchos infiltrados». Siempre habrá puristas, pues son inmortales. Pueden tomarse su vaso con agua en su gabinete, pero cuando vayan a pedirlo en la fonda tendrán que decir un vaso de agua para no sonar afectados y bobos. Aunque eso no les importa mucho.


El lenguaje en La BitBlioteca

Este texto forma parte de la serie sobre lenguaje presentada en
Gramática imaginaria

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