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Poética de Rosales

Roberto Hernández Montoya

Caracas, sábado 4 de noviembre de 2006

Suscribirse al grupo del programa radial Como ustedes pueden ver (un programa para la gente que escucha)

roberto_rnv
El autor en la Radio Nacional de Venezuela (RNV), 2 de agosto de 2006
(foto Tulio Monsalve).

Una visión superficial evalúa a Manuel Rosales equivocadamente. Es más, confieso haberme engañado respecto a la apreciación de la competencia intelectual y cultural del candidato de la Unidad Nacional.

La poesía «traduce el silencio» para «dar un sentido más puro a las palabras de la tribu», como decía el poeta francés Stéphane Mallarmé. Se ha dicho que el primero que comparó a una mujer con una flor era un genio, pero el segundo era un imbécil. Por eso es necesario encontrar nuevos sentidos a las viejas palabras, como cuando el poeta peruano César Vallejo dice «tanto 14 en la existencia». ¿Qué tienen que ver entre sí las palabras lucha, salto, jabón y delfín? Cualquiera diría que nada, pero un poeta como Federico García Lorca nos lo dice:

En la lucha daba saltos
jabonados de delfín
(Muerte de Antonñito el Camborio,
Romancero gitano).

Entonces el nuevo sentido revela profundidades inexploradas de las cuatro palabras. La gente simple es incapaz de ver esas energías que habían estado esperando para que un poeta descubriese nuevos provechos a las palabras. Por eso una de las obligaciones del poeta es evitar las frases hechas, los lugares comunes, como un vulgar «pavoroso incendio».

Así Rosales, incapaz de decir frases fatigadas como «no se pueden pedir peras al olmo» o «cantos de sirena». No. Rosales es un innovador y dice frases saludables como «peras al horno», «cantos de ballena», el «Oráculo de Edelfos». Juega el poeta con Delfos, el lugar manoseado, pero también con inquietantes elfos escandinavos.

No otra cosa intentaban los surrealistas con combinaciones insólitas, como cadáver exquisito, en una alquimia del verbo destinada precisamente a encontrar nuevas virtudes de la palabra, que se recelaban en ella en estado, precisamente, virtual. Esto está para mí cada vez más claro y también que los resentidos quieren ver en las expresiones de Rosales no más que mentecateces. ¡Qué equivocados!

Bueno, dirá el lector, Roberto saltó la talanquera y hace esfuerzos rebuscados tratando de sacar del horno peras imposibles. No es eso. Es que estoy tratando de darme una explicación al apoyo que dan a Rosales espíritus excelsos de la intelectualidad opositora, de esa que no desciende a la calle porque vive trepada en una torre de marfil.


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