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¡Reconócelos, pueblo!

Roberto Hernández Montoya

Letras Online

Letras, 1º de octubre de 1998

Roberto con su hija Hannah en los jardines del
Centro de Arte La Estancia, Caracas, Venezuela.

¿Qué es el pueblo? Desocupémonos primero de su etimología, que no dice más que la versión actual. En otras lenguas no hay ese término o existe con otro sentido. En inglés people tiene la misma raíz que en español y se usa parecido, nueve veces en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, por ejemplo. Pero significa también ‘gente’, que no es lo mismo.

Antes de buscarle el sentido busquémosle la función. Pueblo es en nombre de quien todo el mundo habla. Especialmente los que no figuran como pueblo. El pueblo es de quien se habla y a quien se habla.

Cosa rara en una entidad tan masivamente humana: el pueblo nunca habla. Al menos como hablamos tú y yo, conversando. Se expresa a través del voto, dicen los demócratas, o como Fuenteovejuna, cuando el 27 de Febrero. Pero nunca toma la palabra y diserta: tengo sed, mira el cielo, qué calor hace, qué bonito amaneció el Ávila, e = mc2. El pueblo dice solo cosas que hay gente que dice que el pueblo dice. El pueblo está arrecho, decía un letrero del Poder Joven o sus inmediaciones. Otro insistía: Pueblo: arréchate. O bien Organízate y ármate, sin instrucciones ulteriores. El pueblo es a quien se tutea.

La soberanía reside en el pueblo, dice la Constitución que quieren sustituir por otra, al parecer para que ese principio entre en vigor, o sea, según me han asegurado los que hablan en su nombre, el pueblo quiere otra constitución. El problema es que como el pueblo está en todas partes y en ninguna, pues hay que buscar mañas para que se manifieste. Para resolver el problema práctico de que no hay local donde quepa entidad tan grande, se eligen representantes, que sí caben en diversos aposentos. Pueblo es quien elige. Ambrose Bierce decía que elector es quien goza del privilegio de votar por un hombre escogido por otro. Para saber del pueblo hay que preguntar por otro.

Es como Dios: está en todas partes y nadie lo ve. Todo el mundo habla en su nombre y se le habla, se le tutea incluso. Pero nunca habla, salvo a través de sus representantes. Por eso los romanos decían vox populi, vox Dei, ‘voz del pueblo, voz de Dios’. Es lo mismo. Para saber qué dice Dios hay que oír hablar a otro. Y confiar, porque para creer en Dios hay que creer más en sus representantes que en Dios mismo. No es fácil porque hay mucho pícaro.

Sin embargo, el pueblo no está en todas partes. En Fedecámaras, por ejemplo. Pueblo es el que es pobre. A menos que sea suizo, pero ya lo dijo nuestro gran teórico: No somos suizos. Pueblo es el que no gana lo suficiente para llenar planilla del Impuesto sobre la Renta. Pueblo es el que da lástima. Si no es patético no es pueblo.

Así, pues, no teniendo quien los cuide, pueblo y Dios están allí, el primero que los agarre es de él, y perdona el solecismo, lo importante es que me entiendas. O sea, que cuando oigas hablar a alguien en nombre del pueblo o hablándole al pueblo, cosa que forma parte de la tecnología del pícaro, debes ponerte en guardia y gritar a todo pulmón urbi et orbi:

¡RECONÓCELO, PUEBLO!


También:
27 de Febrero en La BitBlioteca
Juan Nuño, El pueblo

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