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 Caracas, Viernes, 10 de febrero de 2012
 

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Para comprender la telenovela de una vez por todas

Escritos. Cuadernos de la Escuela de Artes , Caracas: Universidad Central de Venezuela, Nº 3, marzo de 1990

Con sus hijos Hannah y Herman en Coro,
Venezuela, agosto de 2000.

Índice

María Teresa y Danilo
son ellos dos personajes,
él siembre viste de traje,
ella se viste de hilo [bis].

Tienen dinero a montón,
tienen chofer y criadas.
Viven en una mansión
como en un cuento de hadas
Tienen dos hijas preciosas,
la pequeña y la mayor;
la grande ya tiene novio
y pronto hará la invitación,
será la boda del año,
de eso no hay discusión.
Hay mucha paz y armonía,
perfecta la situación.

María Teresa y Danilo
son ellos dos personajes,
él siembre viste de traje,
ella se viste de hilo [bis].

Cuando la niña llevó
a su novio por su casa,
cuando Danilo lo vio, dijo:
«¡Caballero aquí algo pasa!»
Se fue corriendo a su hija
y le dijo en baja voz:
«La boda está cancelada

y es por el bien de los dos.

Ese hombre que tú amas,
ese es tu hermano mayor.
No le digas a tu madre
pa no causarle dolor».

María Teresa y Danilo
son ellos dos personajes,
él siembre viste de traje,
ella se viste de hilo [bis].

Y así pasaban los días,
la niña triste lloraba,
por no poderse casar
con ese hombre que ella amaba.
Se fue corriendo a su madre
para contarle su dilema.
La madre dijo: «Hija mía,
aquí no hay ningún problema.
Cásate con ese hombre.
Voy a decirte la verdad:
Ese a quien tú llamas padre,
ese señor no es tu papá.
¡Ja, ja, ja!

Cásate con confianza,
que él no es tu hermano na.
Cásate que Danilo
tampoco es tu papá» [bis].


Hansel y Raúl, María Teresa y Danilo... [continuará] (RCA 10201976, Caracas, 1986).

La canción María Teresa y Danilo de Hansel y Raúl se constituye como parodia impecable de la telenovela porque, para construir la pareja primordial —episodio ahormante del género telenovela—, se burla sistemática y minuciosamente de las cinco reglas siguientes:

1 . De la tortura del parentesco al parentesco eidético

La telenovela es un dispositivo narrativo que organiza el parentesco de manera eidética: al final, la familia restablece su equilibrio, luego de purificarse de sus miserias, por expiación: el sufrir de los héroes, el doncel y la doncella, i. e., los Predestinados a fundar la Familia Primordial, ahormante, ejemplar, modélica, arquetípica: eidética. Estos deben para ello padecer una secuencia de avatares, de desencuentros, i. e. de desgarramientos, que toman la forma de descarríos, olvidos, actos fallidos, somatizaciones (los protagonistas suelen quedar ciegos, desfigurados, paralíticos o en coma, condiciones de que siempre al final se restablecen totalmente, como Amfortas en Parsifal). Los seres humanos, pues, son seres del tormento mientras recuperan la plenitud de su parentesco, figura «bien-formada», como la llamaría Noam Chomsky. Cual teorema, en fin, elegante. Una vez lograda esta condición, purificado el espacio narrativo (los villanos son castigados-expulsados: prisión, locura, muerte), se construye una utopía a escala familiar: « ... y vivieron muy felices» en un mundo en donde tout le monde il est bien, tout le monde il est gentil.

En María Teresa y Danilo, en cambio, la pareja eidética se constituye a expensas de la desconstrucción de por lo menos otras tres: la de María Teresa y Danilo, así como de las dos parejas adúlteras que cada uno de ellos forjó para dar vida a los novios.

2. Familia virtual vs. familia contingente

En la telenovela, a diferencia del proceso familiar contingente, «real», el parentesco se vive como experiencia fantasmática: la familia contingente se congela, física y moralmente, ante el televisor, para vivir la construcción de la familia narrativa, virtual (Hernández, 1975:45 y ss.)

2.1. La máquina de suprimir el tiempo

El mito y la música, dice Lévi-Strauss «son máquinas para suprimir el tiempo». Mientras oímos música «accedemos a una especie de inmortalidad». Lévi-Strauss se refiere al «carácter común» del mito y de la obra musical,

de ser lenguajes que trascienden, cada uno a su manera, el plano del lenguaje articulado, a tiempo que exigen, como él, una dimensión temporal para manifestarse. Pero esta relación con el tiempo es de una naturaleza bien particular: todo ocurre como si la música y la mitología no tuvieran necesidad del tiempo más que para infligirle un desmentido. La una y la otra son, en efecto, máquinas para suprimir el tiempo. Por debajo de los sones y de los ritmos, la música opera sobre un terreno bruto: el tiempo fisiológico del oyente; tiempo irremediablemente diacrónico por cuanto es irreversible, y del cual ella transmuta sin embargo el segmento consagrado a escucharla en una totalidad sincrónica cerrada sobre sí misma. La audición de la obra musical, gracias a su organización interna, ha inmovilizado el tiempo que pasa; como una capa alzada al viento, lo ha atrapado y replegado. De tal modo, escuchando la música y mientras la escuchamos, accedemos a una suerte de inmortalidad (Lévi-Strauss (1964:24).

Puede decirse lo mismo de la telenovela: ritual de saberes ya sabidos, la telenovela no informa de nada nuevo. El tiempo transcurre, en cambio, cuando se producen eventos nuevos, desconocidos. Por eso Gerineldo Márquez, el personaje de Cien años de soledad, no entendía que los días se llamaran «martes» o «miércoles», cuando que en rigor era innecesario que se llamaran de modo diferente, por cuanto eran idénticos en su rutina obsesiva. La telenovela, como tantas discursividades rituales, narrativas, políticas, religiosas, tal como las ceremonias, suspende el tiempo al garantizarnos una total ausencia de novedad. Con lo cual me asegura que la entropía de mi propia vida familiar «real», llena de novedades, sea congelada sine die en la inmortalidad que me induce el peso narrativo. Y es posible vivir permanentemente arrebatado por la contemplación de su eidos, según Platón (Fedro, § 250), sin descender de «la cima del cielo». Es mi modo de acceder a esa «realidad que verdaderamente es», desde este mundo perecedero y contingente.

Como en la teoría de la «eterna inflación caótica» de Andrei Linde, del Instituto de Física Lebedev de Moscú, hay universos que surgen constantemente, como burbujas, del seno de otros universos. Ellos, sin embargo, no superpueblan el espacio, pues tienen su propio sistema espacial, si podemos llamarlo espacio, así como sus propias leyes de la naturaleza. Así, la telenovela, como el mito, abre su propia grieta en el espacio-tiempo social y ahí vive sus propias dimensiones.

Esa hora de transmisión que paso embebido en la telenovela figura como sistema independiente del espacio-tiempo de mi propia vida. Visto desde el espacio-tiempo de mi biografía es una hora; visto desde su propio contexto espacio-temporal, la telenovela es otra vida, otro transcurrir, otro universo con otras leyes espaciotemporales, es la comedia de otra humanidad, que es más humanidad que mi humanidad.

2.2. El reparto de la vida

En el ritual familiar es muy importante mi ubicación en las coordenadas del parentesco para saber cuál es mi función: si soy padre debo «entregar» a la hija en la ceremonia nupcial, si soy madre debo «entregar» al hijo, etc. Es, pues, una estructura vivida. Ante la telenovela, en cambio, en tanto que género de la comunicación de masas, soy justamente eso: hombre masa, «uno de tantos» o «uno de tantísimos», según el término de Juan David García Bacca. Ser indiferenciado que presencia la dolorosa construcción de una dicha abstracta y que es, necesariamente, mi única apuesta a la felicidad —pues si dedico mis horas a una telenovela es porque no tengo otro acceso a la dicha que el imaginario.

La televisión paraliza mi familia real, contingente, ante la familia virtual a cuya construcción asisto estupefacto, suspendido en el tiempo —lo que es uno de los nombres de la hipnosis ligera. Esa paralización me sosiega terapéuticamente y me deja una ansiedad, un vértigo, una diferencia de potencial, hasta la próxima trasmisión. De ella me sedo al final, en el happy end, pero solo para recomenzar, neuróticamente, pues hacia la coda de toda telenovela siempre se levanta la cobertura de la próxima, y basta que se esbocen los temas, que me insinúen el preludio, que me nombren sus términos, para que nuevamente se desencadene mi ansiedad narrativa, generada por incestos, violaciones y otras infracciones del código (civil y semiótico) del parentesco. Es lo que se ha llamado el sistema narrativo del «cañamazo», tal como aparece en Las mil y una noches, en donde Cherezada comienza un cuento hacia el término de otro, para mantener el suspenso del Sultán.

3. Economía política de la Sagrada Familia

La telenovela mantiene encendida la llama de la familia virtual, ideal, referencial, en este continente latinoamericano, en donde la constitución familiar plena y multitudinaria es imposible, aunque solo sea por razones financieras: en el contexto de un rancho, de la favela, de la villa miseria, es imposible la familia virtual. Esta requiere de una tipología arquitectónica «bien-formada»: la casa compartimentada, en donde cada miembro «gramatical» puede establecer sus concordancias y conectivas ordenadamente. Así, la aparición de la llave para las puertas internas de la casa de la Alta Edad Media testimonia la aparición del ego tal como lo entendemos hoy y desde entonces (Duby). A esto se juntan también las cifras de hacinamiento de sujetos adicionales a la pareja en la estancia nupcial, según estrato social: 72% en el estrato V (ingreso familiar menor a Bs 1000* mensuales), 47% en el estrato IV (Bs 1000 a 2400), 35,75% en el estrato 111 (Bs 2400 a Bs 8000) y 8,82% en los estratos I y II (Bs 8000 y más) (Méndez Castellanos). Ello parece corresponder con la alta incidencia de consumo de telenovelas en los sectores III, IV y V.

La habitación personal, pues, aísla visual y auditivamente, que es la condición primordial para aislar el sexo o aislarse de él:

  1. en ella aíslo mi sexo de los demás, si soy casado, y entonces mi sexo es virtual porque es virtud;
  2. en ella me aíslo del sexo ajeno, si soy virgen, en cuyo caso mi sexo es virtud porque es virtual (Hernández, 1975:45 y ss.).

Todo eso es imposible en el rancho, favela o villa miseria, no solo por la tipología arquitectónica, sino porque ella implica la tipología financiera, que a su vez implica la provisión cultural, alimentaria, vestimentaria y de transporte. La salud económica garantiza la salud social. Es decir, el marco económico simbólico, que no es sino un avatar más de la «economía política del signo» (Baudrillard).

3.1. Infraestructura y superestructura

Con lo que tenemos una nueva evidencia de cuánto hay de la «superestructura» en la «infraestructura», o de cómo no debiéramos admitir esta dicotomía marxiana y ser más bien consecuentemente monistas: admitir un mundo espiritual regido por el material es admitir que hay seres no materiales, por esclavos que sean del universo material entendido solo como una masa que se percibe por el tacto, que es uno de los modos menos científicos de dar cuenta de la materia. En todo caso, admitir la distinción espíritu/materia conduce a una mutilación del entendimiento, pues nos obliga a pronunciarnos en favor del espíritu o de la materia, con lo que suprimimos un campo enorme de entendimiento. La materia de los materialistas no permite entender el espíritu sino como resultado hipotético, nada comprobado, de un proceso bioquímico-electrónico. El espíritu de los espiritualistas no permite entender la materia más que como lastre. Una visión holística nos parece más conveniente, aunque eso es tema para otro trabajo.

3.2. La Sagrada Familia place universalmente, sin interés ni concepto

Por eso la telenovela es míticamente bella: porque paraliza mi rancho, favela o villa miseria ante la virtud virtual de la Sagrada Familia, cuya dolida construcción presencio. Belleza kantiana porque «sin interés place universalmente» (Kant), y aristotélico-hegeliana (Aristóteles-Hegel) porque me purifica, al permitirme «mirarme en ese espejo», catárticamente.

La belleza es un mito narrativo.

4. El aparato enunciativo de la telenovela

La telenovela se enuncia en dos instancias: histórica, que es la narración misma; discursiva, que es el yo/tú de los actores con el público: el espectador puede intervenir en la narración, que se escribe, y todo el mundo lo sabe, durante el período de trasmisión, al menos en Venezuela. El narrador se pone en relación con la situación: «Es en primer lugar la aparición de los indicadores de persona (la relación yo-tú) que no se produce sino en y por la enunciación, mientras el término /tú/ denota al individuo que está presente en ella como alocutario» (como receptor, o televidente en este caso; Benveniste). Hay, pues, en la telenovela un proceso enunciativo de coexistencia entre enunciador y destinatario. La telenovela es un fenómeno interactivo antes de Internet.

Epílogo: el derrotismo moral de la cultura ilustrada

La actitud negativa exhibicionista y acrítica de los intelectuales amateurs ante la telenovela es el manifiesto de su malcriadez ante el parentesco vivido como cotidianidad estable y positiva. Para estos intelectuales el acto de proclamar escandalosamente su separación del parentesco condensado en el uso cotidiano equivale a distinguirse del vulgo, con lo cual no hacen sino convertirse en un trivial hecho sociológico de disimilación. Ser intelectual no amateur es escribir La divina commedia y no pasarse la vida nada más tratando en vano de distinguirse del vulgo. Es lo único que consideran importante, como si lo fuera. Distinguirse, lo que se llama distinguirse del vulgo, es descubrir las Leyes de la Termodinámica o escribir La guerra y la paz. Eso explica porqué esta tipología, mientras más proclama su distinción del vulgo más se le parece y su vida cotidiana es objetivamente más telenovelesca. Ser distinto de otro cualquiera, vulgo o no, no se debiera tener que proclamar, precisamente porque mientras más verdadero es, más ostensible es. De allí el triunfo de las telenovelas llamadas «culturales» entre estos intelectuales: en ellas se narra justamente la caída de una relación de parentesco. Estos intelectuales, en tanto realidad sociológica, son unos derrotistas morales.

Crestomatía

Aristóteles, Poética, varias ediciones.

Jean Baudrillard, Économie politique du signe, París: 1968.

Émile Benveniste, Problèmes de linguistique générale, París: Gallimard, 1966 (t. I), 1974 (t. II).

George Duby (ed.), Histoire de la vie privée, París: Seuil, 1987.

W.G.F. Hegel, Introducción a la estética, Barcelona: Península, 1973.

Roberto Hernández Montoya, La enseñanza de la literatura y otras historias, Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1975.

Immanuel Kant, Crítica del juicio, varias ediciones.

Claude Lévi-Strauss, le Crû et le cuit, París: Plon, 1964.

Hernán Méndez Castellanos, La salud en el siglo XXI, Caracas: Cuadernos LAGOVEN, 1985.

Platón, Fedro, varias ediciones.

* Cifras muy anteriores a 1984, cuando un dólar se compraba por 4,30 bolívares.


RHM, participación en «Telenovelas: ¿simplemente basura o el derecho de soñar?», BBC de Londres
Carolina Espada,
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Aníbal Nazoa, La telenovela
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