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El Delta en su literatura 5 de marzo de 2000 El imponderable caudal de riquezas naturales que ostenta el Delta del Orinoco le distingue como una singular región sólo parangonable con muy pocas zonas geográficas de nuestro planeta. Los miles de matices de verde que lucen sus vírgenes espacios no intervenidos por la mano del hombre así lo atestiguan. La cuenca del Orinoco es una prodigiosa porción impregnada de maravillosas luminiscencias capaces de dejar sin aliento a quien sabe apreciar la belleza en su íntima dimensión. Muy pocos deltas del mundo poseen el sui géneris encanto natural que exhibe el Delta del Orinoco. He allí, en el Delta profundo conquistado por las primeras Misiones Capuchinas, donde subyace la insospechada cantera de magias y maravillas que subyugaron a hombres y mujeres que tuvieron la osadía de internarse «Delta adentro» venciendo obstáculos y vicisitudes de toda índole en aras de propagar el mensaje cristiano de la fe y llevar a los más recónditos lugares de nuestra geografía orinoquense los signos, símbolos, grafías y letras de Occidente con toda su carga liberadora que ello implicaba para finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. El Delta del Orinoco figura en los Diarios del Almirante Cristóbal Colón como el «paraíso terrenal» según consta en documentos para el estudio de nuestra historia colonial. Así mismo, el Barón Alexander Von Humboldt, en su inmortal obra titulada «Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente» describe en estremecedoras crónicas la importancia geo-histórica y etnográfica del Delta del Orinoco y de sus milenarios habitantes, la etnia Gaurao. Por esta «terra incógnita» pasó el gran dandy guerrero y visionario Sir Walter Raleigh fraguando su prosa poética de indudable alcance universal. ¿Quién puede negar los aportes universales y el carácter ecuménico del magno Diccionario Guarao-español escrito por el noble Misionero Capuchino Basilio de Barral?. En los más prestigiosos centros académicos y de investigación del mundo científico anglosajón esta magnífica obra literaria es estudiada y apreciada en todo su esplendor. Es más que expresivo ese solo dato. Durante el siglo veinte el Delta del Orinoco ha sido testigo excepcional del surgimiento y expansión de una pequeña elite de escritores que han sabido enaltecer el espíritu deltaico y han puesto muy en alto la deltanidad como identidad y como gentilicio regional. Por ejemplo, toda la rica bibliografía que nos dejó nuestro querido amigo Adolfo Salazar Quijada, fallecido cuando estaba en su más elevada condición intelectual es motivo de orgullo para todo aquel que sepa valorar la esencia de la cultura en toda la multidimensionalidad sociocultural. La obra científica histórica y antropológica que nos legó este deltano universal es estudiada con pasión y rigor académico en América latina y Europa. Me consta que en muy pocos hogares de mi Delta existan los libros de nuestro extinto estudioso de la toponimia venezolana. Adolfo, según me confesó en cierta ocasión, se «enterró» en alma, vida, cuerpo y corazón, en los Archivos Históricos de Sevilla y el de Cartagena de Indias a hurgar en los datos, informaciones y conocimientos historiográficos y antropológicos para entregar a los lectores del siglo pasado un saber más actualizado con el devenir de la vida y sus corolarios. Toda persona que quiera conocer las etimologías y los orígenes toponímicos de los ríos, caños y lugares que conforman la abigarrada y alucinante geografía deltana, debe adentrarse con fruición en el maravilloso mundo de los libros de Salazar Quijada. Leer la obra escrita de este deltano es una grata y placentera aventura intelectual que nadie que se sepa de aquí puede prescindir. Francisco Alcides Jaimes, es un escritor nativo del Delta que ha ido forjando una segura escritura desde el Centro del país pero con sus raíces hincadas en el corazón de las fluviales ancestralidades de la cuenca del Orinoco. A mis manos a llegado un hermoso libro de crónicas testimoniales titulado algo así como «Un árbol, un río». Este escritor deltano ha publicado todos sus libros en el Estado Aragua bajo los auspicios editoriales de la Asociación de Escritores de Venezuela, Capítulo-Maracay. Hasta nuevo aviso, no conozco ninguna iniciativa oficial que desde el Delta haya apoyado la escritura de Francisco Alcides Jaimes. Mención aparte merece el nombre de nuestro noble Cronista, Don Cruz José Marín. Este escritor, margariteño de nacimiento pero deltano de corazón, ha edificado pacientemente una imprescindible bibliografía sobre el Delta del Orinoco y acerca de temas de estricto carácter histórico que lo sitúan en un privilegiado lugar dentro del no muy poblado mapa de escritores asentados en nuestra región. Este escritor es una ineludible referencia regional para todos los que se ocupan del oficio de escribir sobre la memoria y el acervo histórico documental del Delta durante el presente siglo. Cuánto lamento la poca importancia que las distintas administraciones regionales y nacionales le han tributado a este valioso hombre de letras que posee, casi por cuenta propia, una de las bibliotecas más completas y generosas con que cuente actualmente el Oriente venezolano. Es una verdadera lástima que este hidalgo intelectual no goce de una digna atención gubernamental. Si no fuera por su infinita bondad y desprendimiento intelectual el Delta no poseyera el valioso archivo hemerográfico que con celo guarda nuestro Cronista. Con una envidiable discreción Cruz José Marín ha sabido llevar el difícil oficio de recopilar y clasificar los hechos más trascendentes protagonizados por sus más importantes habitantes. Martín Antonio Rangel es un escritor que a fuerza de sacrificio y esfuerzo personal le ha entregado a su Estado natal y por supuesto al país cultural un escrupuloso y pulcro libro de cuentos que lo colocan dentro de lo más cultivado del espíritu literario de nuestra región. La imaginación narrativa de Rangel ha sido celebrada elogiosamente por las opiniones autorizadas del Premio Nacional de Literatura José Balza. Me apena decir que la inexistencia en el Delta de una crítica literaria seria, responsable, eficaz, ha impedido reconocer los aportes narratológicos que comporta este excelente libro que dará de qué hablar cuando se conforme una crítica que esté a la altura de libros como el de Rangel. La publicación del volumen de relatos titulado Diluvio en el Delta (edición agotada) testimonia una vocación cualitativa de narrador no muy común en estos predios desolados de la Modernidad neosecular. Este libro incorpora a Martín Rangel en un destacado lugar del panorama literario del Oriente venezolano. Su prosa limpia y decantada lo hace merecedor de un sitial digno dentro del mapa de escritura fluvial. Estas apreciaciones de orden estético no persiguen hilvanar un panegírico fatuo como estilan ciertos comentaristas de libros y autores refugiados en la indulgencia y alabanza mutua que tanto abunda en este país «ficticio» llamado Venezuela. Muy por el contrario, estas breves líneas tienen el propósito de hacer justicia al escritor que escribe su narrativa al margen de subsidios y financiamiento oficiales. Rangel es un escritor que no escribe para procurar reconocimientos de nadie. Su discurso narrativo, es menester decirlo, no es legatario de las «Voces consagradas» de la literatura nacional. Si el lector, leyendo atentamente el compendio de cuentos titulado Diluvio en el Delta, encuentra zonas de coincidencia y alguna que otra similitud con propuestas narrativas como las de Gabriel Jiménez Emán, Eduardo Liendo, Israel Centeno, etc, es una señal azarística. La prosa narrativa de Martín Antonio Rangel no es tributaria de corriente literaria alguna. La nervadura sintáctica-proposicional de su universo ficcional es una cohechura de su singular destreza puesta de manifiesto en el contar historias inverosímiles absolutamente convincentes.
Rafael Rattia es historiador egresado de la Universidad de Los Andes con una tesis sobre Émile Michel Cioran. Su trabajo académico fue asesorado por el filósofo José Manuel Briceño Guerrero. Actualmente se dedica a escribir poesía y ensayos críticos de imaginación. Escribe para la Revista española CASI NADA.
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