Premium  
 

analitica.com


 Caracas, Viernes, 10 de febrero de 2012
 

Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Suscríbete al RSS

  Sección: Bitblioteca

ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR  |  ENVIAR AL EDITOR

Animales fantásticos

El Nacional, domingo 6 de agosto de 2000

La Zoología fantástica de Borges, como toda galería mitológica, siempre nos reserva sorpresas. Personalmente, cuando tengo ganas de distraerme del ordinario orden de las cosas, suelo hojear una bonita edición, realizada por el Fondo de Cultura Económica, con ilustraciones de Francisco Toledo. Y casi siempre, aunque no lo esté buscando, tropiezo con algún animal emblemático que termina por ayudarme a comprender algo, o a alguien, que en ese momento me interesa. Es lo que me ha ocurrido con los resultados electorales al tropezarme con el aplanador.

El aplanador, cuenta Borges, es un animal que se parece muchísimo al elefante, pero tiene 10 veces su tamaño. Está provisto de una trompa algo corta, de colmillos largos y rectos, y revestido de una piel de color verde pálido. Pero lo más impresionante del plantígrado —porque en el texto se explica que se trata de un plantígrado— son sus patas, que son anchas, muy anchas y cónicas, y parecen encajadas en el cuerpo del animal a través de la punta de los conos.

El animal, que habita en el planeta Miron, presta grandes servicios a sus habitantes, fundamentalmente porque va aplanando la tierra por donde pasa, y precede, escribe Borges, a los albañiles y constructores. Lo llevan a un terreno quebrado y lo nivela con las patas, con la trompa y con los colmillos.

II

ChavezFunciones parecidas son las que aquí, en este lugar del plantea Tierra, viene oficiando política y electoralmente el presidente Chávez, el gran aplanador. Y aunque no ha sido ni el único ni el primero en ejercer tal oficio de manera contundente, sus técnicas son tan novedosas y desconcertantes que el país entero, cadenas más, cadenas menos, corre el riesgo de sentirse amenazado por el efecto implacable de su volumen.



Juan Vicente Gómez
Aplanadores, hay que recordarlo, ha habido a todo lo largo del siglo XX. Lo fueron Castro y Gómez, quienes sacaron de juego para siempre —erradicaron, sería el termino preciso— a los viejos caudillos que desde mediados del siglo XIX venían dirigiendo el país. Aplanadora fue la breve alianza entre Betancourt y los jóvenes oficiales liderizados por Pérez Jiménez y Delgado Chalbaud,
Cipriano Castro
Cipriano Castro
al darle jaque mate a la élite dirigente, de considerable nivel intelectual y experticia administrativa, que se había formado bajo la saga de los presidentes andinos. Quienes subsistieron lo hicieron más por sus vocaciones profesionales que por su prestigio político: Úslar Pietri o Briceño Iragorry, por ejemplo. Los demás desaparecieron del mapa para siempre.

Aplanador también fue, a su manera, el bipartidismo en sus casi 40 años de hegemonía. Desde el comienzo, desde los días iniciales de Punto Fijo, el bipartidismo se cuidó de sacar del juego tanto al perezjimenismo como a los comunistas y toda ideología cercana a ellos. Se cuidó también, especialmente a medida que el régimen se consolidaba, de dar solidez a dos instituciones, el partido y la CTV, y de guardarse para sí y sus más cercanos clientes los cargos, contratos y todo tipo de elección discrecional. Sólo que, ebrios de poder e hinchados de impunidad, no se tomaron en serio la tarea de renovar un régimen que daba pruebas de parálisis, ni de fijarse un mínimo de límites éticos que no hiciera tan impúdicas sus fechorías y arbitrariedades. Y entonces, como si de un ciclo despiadado se tratara, les tocó el turno de cambiar de rol y ser ellos mismos los aplanados.

ADHasta allí la historia es más o menos común. Todos, y no únicamente el comandante de hoy, fueron implacables no sólo al momento de emprender un nuevo orden, sino al erradicar los viejos rostros y modos de hacer política que les precedían. Todos, sin excepción, se dotaron de una nueva Constitución, incluyendo la del 61 bajo Acción Democrática. Y todos intentaron crear una épica basada en la derrota (y también la amenaza) del enemigo que subsistía en el pasado.

Lo que siempre fue diferente fueron los métodos de nivelar el terreno. Y entre ellos, el de Chávez carece de antecedentes. Para ejercer su operación, Chávez no ha recurrido aún ni a la argumentación implacable de las armas —como Gómez y Pérez Jiménez —, ni al sometimiento del país a través de un régimen de partidos que permee todos los intersticios de la sociedad —como lo hicieron paulatina y estratégicamente AD y Copei—. La fuerza y el apoyo, la base de sustento del aplanador del presente, esa rara avis de la política nacional, se encuentra en él mismo, y de allí su capacidad para la sorpresa.

Chávez, después de su breve pasantía por los territorios del golpismo militar, ha terminado siendo el gran elector de nuestra historia. En un doble sentido. El de tener la ascendencia y el poder suficientes, dentro de las frágiles organizaciones que lo apoyan, como para decidir quién va y quién no para las postulaciones decisivas. Y, el más notable y desconcertante, el de lograr, como un Zeus moderno, mover su dedo desde el Olimpo y hacer que la población que lo aprecia, lo sigue y lo venera se desplace a las urnas a cumplir disciplinadamente sus encargos.

Además, como para que las bases del mito se amplíen, los resultados ayudan a Chávez a configurarse como la imagen de un intocable. La lista de los muertos y heridos —políticamente hablo— que ha ido dejando en el camino, son la prueba contundente de su oficio de gran elector. Escarrá, solitario, con 3.000 votos en Carabobo. Visconti, anónimo, 1.200 en Barinas. Urdaneta, silenciado, 30.000 en Aragua. Istúriz y Medina, de modo inconcebible, fuera de la Asamblea. Laya y Joel Acosta Chirinos, a las duchas.

Lo paradójico, y el enigma a resolver para el futuro, es que, de una parte, Chávez encarna la voluntad popular de acabar con los vicios del pasado, entre los que destacan el papel de las cúpulas y los frenos a la participación política del ciudadano común. Y de la otra, por la manera como se ha ido creando y consolidando su liderazgo, él mismo se convierte en la negación de esa voluntad de participación, al erigirse en el gran elector que coloca, por encima de tradiciones y liderazgos regionales, las piezas de un ajedrez con un único jugador en uno de los lados del tablero. En su manual, Borges no explica si los albañiles que siguen al aplanador trabajan junto con éste o después de él. Ya lo sabremos.


Tulio Hernández en La BitBlioteca


Foros

¿Qué piensa usted de las imágenes difundidas de niños armados en el 23 de enero?

¿Qué opina del último debate de los candidatos de la oposición a las primarias?

¿Cuáles son sus deseos para Venezuela este año 2012 que comienza?

¿Cuál es su percepción del primer debate entre los precandidatos a las Primarias 2012?

Trailers

Trailer: Alvin y las ardillas 3 (Alvin & the Chipmunks 3: Chipwrecked)

Trailer: Misión imposible 4: Protocolo fantasma (Mission Impossible 4: Ghost Protocol)

Trailer: La chica del dragón tatuado (The Girl With the Dragon Tattoo)

Trailer: La piel que habito


 
Publicidad

Buscador Bitblioteca



Publicidad



Juegos Gratis


DragonBall Kart
  Fórmula Racer
 
       
Ben 10 Corredor
  Copa Toon
 
       
Mario Bros
  Sudoku 3D
 






Publicidad

  Mapa del Sitio

Home
Política
Economía
Internacionales
Global y Social
Medicina y Salud
Medio Ambiente
Arte
Entretenimiento
Tecnología
Noti-Tips
Curiosidades
Horoscopia
Deportes
Viajes y Turismo

Opinión
Editorial
Nuestros Columnistas

Síntesis de Noticias
Nacionales
Mundo

Servicios
Clima
Tiempo Libre
Efemérides
Guía Gastronómica

Multimedia
Videos
Audios
Galerías

Bitblioteca
Bitblioteca

Suscríbete a:
Analítica Premium
Boletín de Novedades

Síguenos por:
Twitter
Facebook
RSS
Móvil
Canal YouTube

Participa
Juegos
Foros
Analitica.com
Quiénes Somos
Contáctanos
Análitica como página de inicio
Agregar a favoritos
Ayuda

Cómo anunciar
Paute con nosotros
 
 Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996.
 Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas.