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¿Puede un poeta ser tonton macoute?

Tulio Hernández

El Nacional, domingo 7 de marzo de 2004

Néstor Francia, Tulio Hernández, intelectual oficial de la contrarrevolución

Un artículo, escrito y publicado esta semana por la periodista Mari Pili Hernández me reconfortó profundamente y me hizo pensar que no todo está perdido en asuntos de polarización, que existen todavía venezolanos que pueden ser fieles a sus posiciones políticas sin tener que traicionar los principios universales sobre los derechos humanos que todo demócrata responsable debe, o debería, preservar independientemente del bando al que se encuentre afiliado en una determinada confrontación.

II

Al referido texto debemos prestarle mucha atención, dado que su autora puede ser calificada como una voz autorizada del chavismo pues tuvo a su cargo, entre otras responsabilidades en el actual gobierno, la presidencia del Canal 8, la televisora oficial del Estado venezolano.

Publicado el 5 de marzo en este mismo diario, bajo el título «Carne de cañón», el texto de Mari Pili Hernández, luego de una severa crítica a la dirigencia de la oposición, especialmente a Antonio Ledezma y Julio Borges, por promover irresponsablemente y cómodamente la violencia callejera exponiendo la vida de otros y no la suya propia, hace algo poco usual en los predios del oficialismo:

reconoce, primero, que efectivamente las fuerzas del orden público han incurrido en excesos y abusos que atenta abiertamente contra el espíritu de la Constitución Bolivariana en sus apartados dedicados a los derechos humanos y, luego, que no es justo sostener que todas las personas que salen a protestar en contra del Gobierno son golpistas como no lo es tampoco aseverar que todos los guardias nacionales sean fascistas.

Es decir, la columnista de El Nacional, corriendo todos los riesgos que el gesto implica para su militancia política, ha hecho algo que hasta ahora no le habíamos visto hacer a chavista alguno públicamente: elude el cerco de declarar o escribir sólo lo que le conviene al «proceso» mintiendo abiertamente o negando sus valores personales si es necesario; asume una voz personal, habla desde el punto de vista de las convicciones individuales y del respeto a principios universales en lo que a derechos humanos se refiere; no se autoengaña ni engaña a los demás haciendo malabarismos para justificar lo injustificable; asume responsablemente los costos de los errores y los excesos cometidos en su bando, y además, lo hace sin claudicar en la defensa de las que se supone son, a su juicio, las buenas intenciones de la revolución y la Constitución Bolivariana a la que considera irrespetada con los reciente arremetidas de represión.

Es decir, Mari Pili Hernández, en un acto de honestidad consigo misma, seguramente sometida a profundas contradicciones internas, ha hecho lo que hace tiempos venimos esperando de tantos intelectuales, académicos y defensores de los derechos humanos seguidores del oficialismo, se ha atrevido a señalar las deformaciones autoritarias del proceso con la misma fuerza con la que condena las desviaciones de la oposición.

Porque hay que ser demasiado ciego, o tonto, o cínico, o fanático para no darse cuenta de lo que todos sabemos y hemos visto con horror y estupefacción: que el régimen chavista ha incurrido en abusos de la fuerza bruta similares o peores a los que durante décadas le vimos practicar a los gobiernos de AD y Copei, y que incluso ha hecho regresar el país en estos últimos días a prácticas, como la tortura y el encarcelamiento o el allanamiento sin orden judicial, que de alguna manera habíamos superado, entre otras causas, gracias a la acción de las organizaciones de defensa de los derechos humanos.

III

Pero este aire de esperanza, esta posibilidad de volver a encontrarnos, aunque estemos en bandos distintos, con los mismos amigos defendiendo los mismos puntos de vista sobre la libertad, la dignidad y los derechos civiles, fue un sentimiento que apenas duró unas horas.

Al día siguiente, como una bofetada fríamente calculada, nos encontramos en el diario El Mundo con un comunicado (que el más suave calificativo que puede aplicársele es de vergonzoso) en el que —lamentablemente con la firma de personas dignas como Luis Alberto Crespo, Ana Enriqueta Terán o mi amigo Freddy Castillo Castellanos— se omite cualquier referencia al ejercicio desmedido y desgraciado de la fuerza bruta por parte de las tropas del Gobierno y se hace en cambio una crítica feroz, casi cómica por lo desproporcionada, a la violación de los derechos humanos por parte de la oposición.

Parece casi un chiste después de todo lo que hemos visto, pero en realidad produce una profunda tristeza que personas a las que suponemos inteligentes, y que no creo puedan considerarnos tontos a todos los demás, se reúnan en las oficinas de Pdvsa para terminar redactando un documento en el que lo único que condenan de toda la tragedia que por estos días hemos experimentado es «todo acto que perturbe paz de los ciudadanos y limite su derecho a transitar libremente por la calle sin obstrucciones ni amenazas a grupos minoritarios».

No hay muertos en las calles, no hay guardias nacionales golpeando y tirando al piso a los manifestantes, no hay allanamientos, ni torturas, ni encarcelamientos a granel, ni uso de tropas militares para disolver motines públicos, ni provocaciones odiosas y perversas en el uso del lenguaje. No. Nuestros amigos intelectuales oficiales de la revolución sólo ven una única mala acción: «actos que perturban la paz ciudadana y limitan el derecho a transitar libremente».

Si no fuera perder el tiempo podríamos preguntarles, ¿no es exactamente eso lo que vienen practicando los grupos violentos que no permiten a los opositores transitar libremente por la Plaza Bolívar o por los alrededores de La Florida? ¿No es exactamente eso lo que practican en la esquina caliente escupiendo e intentando golpear a los diputados de la oposición?

Si estos firmantes son tan justos ¿por qué no denunciaron eso antes, cuando quien lo promovía era el chavismo, y lo viene a defender ahora, cuando lo promueve la oposición? ¿No fue eso lo que hicimos muchos, opositores a Chávez, que sin embargo denunciamos los horrores del golpe de Carmona? ¿Creen ustedes que los derechos humanos son un acto de relatividad?

Hace muchos años una amigo haitiano, Arnold Antonin, a propósito de aquella feroz policía del dictador Duvalier, realizó aquí en Caracas una película bajo el título ¿Puede un tonton macoute ser poeta? A mi me gustaría hoy, esta tarde, hacer una que se llame ¿Puede un poeta ser tonton macoute poeta? A mi me gustaría hoy, esta tarde, hacer una que se llame ¿Puede un poeta ser tonton macoute?


Tulio Hernández en La BitBlioteca



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