Roberto Hernández Montoya, Director
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No pasa nada
Domingo 13 de octubre de 2002
Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela
No sé por qué le puede extrañar a Manuel Caballero que Chávez diga eso con respecto a la marcha del jueves 10. No pasa nada, que no sea reconocer el gesto de los marchistas. Su buena voluntad . Su disposición. Su poca malicia ante la maniobra y más nada. Nada, por cuanto al final eso fue lo que produjo en la vida nacional: nada. Te invitan a una marcha para que Chávez renuncie, vamos a la marcha y no pasa nada. Hugo sigue en el poder. Convocan a una marcha con diversos objetivos: renuncia, referendo revocatorio o consultivo, acortar el periodo constitucional, elecciones en diciembre, sanción judicial, medida legislativa, acusación ante tribunales internacionales, insania mental, y termina la marcha y no logran nada. Reúnen e impulsan vía medios incluida televisión a la gente para que vaya a la calle. La gente camina y padece durante cuatro horas. Llega a su final y los coordinadores del asunto presentan como plato único: oradores. Estos son: un señor cuyos antecedentes morales, asunto que nos consta, son dudosísismos, oferta: paro o amenaza. Con resultados iguales a nada. Pues no conoce ni fecha ni hora posible de una ni otra. Termina el sindicalero amigo de Carmona su prédica. Le sigue una señora cuyo nivel académico o intelectual es digno de primeros auxilios académicos. Nadie sabe cómo inició o terminó su cháchara o sea, nada.
Los jóvenes alumnos con quienes comparto clases en la universidad y que asistieron a la marcha, se sienten desmoralizados, se ven utilizados por hábiles políticos: adecos and others. Sufren sus caducos estilos. Se ofenden. Se deprimen ante su impotencia y novatería. Presencian la viveza de los veteranos. Padecen sus burdas trampas al hacer aparecer pancartas y banderas de sus partidos en lugares privilegiados. Se ven utilizados. Dicen que no ganaron con esta experiencia: nada. En el único lugar donde vieron que sí paso algo fue en la tarima, donde Santana le dio a Ledezma. Ledezma le dio a Borges. Borges le dio a Marin, Marin le pegó a Velázquez y este le pegó a Bernabé y este le hinchan el pié. Allí sí hubo. Sí pasó. Sí se dieron. Se atacaron y no pudieron acordar un orden para hablar. Como lo vieron, me lo contaron y en ellos sí pasó algo trascendente: más nunca vuelven a caer en esa trampa. O sea, que algo pasa en Venezuela, pero no por el lado donde apunta el periodista.
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