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 Caracas, Viernes, 10 de febrero de 2012
 

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Conversación con Arturo Úslar Pietri

No somos serios

ImagenUn pensador de nuestros siglos y de sus minucias, voz de alerta para conciencias pacatas, presentidor de destinos; Imagen no podía dejar de recurrir al intelectual, al hombre Arturo Úslar Pietri y preguntarle: finalmente, ¿quiénes somos los venezolanos?
Revista
Imagen, Caracas: Consejo Nacional de la Cultura (Conac) de Venezuela, setiembre-noviembre de 1998

Roberto Hernández Montoya. A propósito de la configuración cultural de Venezuela —que no creo que se diferencie demasiado de la configuración cultural de Latinoamérica— hay una pregunta para la cual todavía espero una respuesta satisfactoria: si comparamos a los Estados Unidos del siglo XVII y XVIII con las grandes capitales de América Latina (México o Lima, por ejemplo) vemos que en éstas todavía se conservan elementos que perduran desde los tiempos de la colonia y que nos hablan de su boato, de su riqueza y de su esplendor. Hoy, si uno busca en los ee.uu los grandes monumentos de la colonia inglesa, no encuentra prácticamente nada, o poca cosa. Como usted señala en uno de los ensayos de Las nubes, hacían iglesias de tablas, lo que hoy llamaríamos ranchos; lo que se consigue pertenece más bien al período colonial español, de las colonias o de los territorios de los ee.uu que fueron españoles. Sin embargo, en algún momento, entre la independencia de ellos y la nuestra, se cruzan las tendencias y nos encontramos con que ahora es al revés: me pregunto en qué momento y a qué se debe que se haya producido este viraje tan radical, que nosotros, que pasamos de ser colonia de un país como España, del que no sólo llegaron los aventureros sino también gente que fundó universidades, teatros, imprentas, etc. ¿Qué pasó después, cuando, en el caso de Venezuela por ejemplo, se pasó de una riqueza abundante en el siglo XVIII, a la situación de caos y de ruina que hubo en el siglo XIX y que tal vez todavía no nos ha abandonado a pesar de la ilusión petrolera? ¿Qué les pasó a ellos y qué nos pasó a nosotros para que se cruzaran los caminos?

UslarLas_nubesArturo Úslar Pietri. Bueno, habría una primera y evidente distinción. El proceso de presencia del europeo en la parte norte del continente fue de colonización y el proceso de presencia del europeo, en la parte sur, grosso modo, fue de conquista. Son dos cosas muy distintas. La colonización de los ee.uu no fue una empresa del Estado inglés, fue una empresa de unos aventureros muy especiales, que se iban de Inglaterra por inconformidad política y religiosa, iban por un motivo religioso a la nueva tierra para realizar un estilo de vida que en su país se les negaba: una vida más religiosa, más cristiana, una vida más pura (los puritanos). Ése fue el proceso.

El proceso de América Latina fue de conquista, no venían por estar inconformes con su vida en Europa, sino para conquistar, como señores, a esclavizar, a buscar un beneficio personal, no a establecerse con sus mujeres y sus familias y sus animales, ni ninguna de esas cosas.

RHM. Sin embargo, durante el período colonial, o durante parte de él, hubo esplendor, lo que hoy llamaríamos desarrollo, al menos en ciertas regiones, mientras que los ee.uu era un país precario, bastante austero, tal vez como expresión de la cultura puritana...

AUP. Sí, era un país atrasado, pero es eso, la diferencia entre un proceso de colonización y uno de conquista. Son dos cosas distintas, el colonizador es un hombre que se traslada a un nuevo medio para realizar un estilo de vida que no puede hacer en su tierra de origen. Y así fue el proceso en los ee.uu. No fue el Estado inglés el que concibió un plan de conquista. Por eso se crearon 13 colonias, absolutamente independientes las unas de las otras. Fue tardíamente cuando Inglaterra empezó a crear formas administrativas. Pero básicamente eran colonos, gente que venía a establecerse... y eso no pasó en la América del Sur. Hay un documento muy curioso, del siglo XVI, de unos colonos españoles, en el Río de la Plata, en el que le hablan al rey de España de las miserias y las estrecheces que están pasando en la Argentina de entonces, y dicen una frase muy reveladora: «Hemos llegado a tal extremo, que hemos tenido que trabajar con nuestras manos». Eran dos mundos, dos concepciones completamente distintas.

RHM. Hay un episodio parecido en Santo Domingo, en los primeros tiempos, en que llegó una cantidad de hidalgos —segundones— y tuvieron que empezar a vender sus trajes, porque no querían trabajar y empezaron a morirse de hambre, algo patético. Otro de los temas que prevalece como una constante en sus textos y en sus declaraciones es el mestizaje. Aquí se presentó de un modo que en los ee.uu prácticamente no se produjo sino en sectores reducidos. El choque de culturas, la europea, la autóctona americana y la africana, no fue sencillo, porque los españoles eran bastante heterogéneos en cultura y en lengua, tal vez lo que los unificaba era la religión común...

AUP. No se olvide usted de que en esa época no existía España sino reinos y que la conquista de América la hizo un reino: Castilla...

RHM. Y también que las culturas americanas eran muy diversas, algunas de ellas ni se conocían entre sí.

AUP. En América había situaciones muy variadas. El caso de Venezuela, por ejemplo, no se parece en nada al de México, ni al de Perú ni al de Nueva Granada, o al de la Colombia moderna, que es enteramente distinto. En esos países existían regímenes y organizaciones políticas de carácter nacional, en Venezuela no existía absolutamente nada de eso. Cuando llegó Colón a la Costa de Paria no había nada en el continente que se llamara Venezuela. Esto que es Venezuela hoy en día es la unidad política que se integró más tarde en el continente latinoamericano, porque México, por ejemplo, existía con su dimensión (incluso mayor que la actual) y con su centro en la ciudad de México, y en Perú lo mismo, y en Quito, lo mismo, y en la Nueva Granada lo mismo. En Venezuela no había ningún orden que pudiéramos llamar nacional sino tribus dispersas, con distintas lenguas y religiones. De tal modo que la mayor parte del tiempo esto se llamó Tierra Firme, y Costa Firme, no se llamó Venezuela.

Porque la primera vez que Colón topó con la masa continental fue con las costas venezolanas, de modo pues que este territorio no estuvo unificado políticamente, sino a 33 años de la Independencia, a diferencia de lo que pasó en Perú, México, Argentina o de Chile...

RHM. Y también con respecto a la población africana transplantada, tampoco eran homogéneos...

AUP. Los africanos que vinieron a América no eran el producto de una raza, no era que entraban aventureros españoles y hacían prisioneros a unos cuantos y se los traían. Era un negocio que tenían los reyes negros en la costa atlántica de África. Ellos les vendían a esa gente, que era traída al Nuevo Mundo y vendida como esclavos aquí.

RHM. Produjeron una babelización voluntaria o involuntaria. Lo cierto es que esa confluencia da un cuarto producto, como se los llamó durante la colonia y todavía hay quienes los llaman así: los pardos. Tengo la impresión de que ese encuentro no nos ha permitido emulsionar una experiencia colectiva, tal vez una de las pocas experiencias colectivas fue la Independencia.

AUP. Es que no había unidad venezolana, en primer lugar, el nombre no apareció sino tardíamente y fue en el extremo occidental del país en la orilla del Golfo de Venezuela, por el hallazgo de los palafitos. México era una unidad, las Antillas eran unidades... Nueva Granada misma. Hasta la época de Humboldt, y hasta la época de Pons, ya entrado el siglo XIX, nadie hablaba de Venezuela, hablaban de la costa oriental de la tierra firme, de la costa firme, pero no de Venezuela, hasta que a Vespucci se le ocurrió comparar a los palafitos con una Venecia primitiva.

RHM. Sin embargo, a pesar de esa desintegración colectiva que hemos tenido, ha habido grandes manifestaciones culturales. Siempre me he planteado que no pudieron haber salido de la nada cinco hombres como Bolívar, Miranda, Bello, Sucre y Simón Rodríguez. Algo había en Caracas o en Venezuela...

AUP. Sí, pero fíjese usted qué curioso: en toda Venezuela no había ni una iglesia de piedra, la Catedral de Caracas es una iglesia de mampostería, un iglesión de pueblo, y en el interior no hay ni una, en ninguna parte; en cambio, México, el Perú y Colombia están constelados de fabulosas catedrales de piedra.

RHM. Sin embargo, ha habido grandes individualidades: Andrés Bello hace una obra prácticamente él solo, y la hace fuera de Venezuela.

AUP. En el siglo pasado, cuando se celebraba el cuarto centenario del descubrimiento, uno de los más grandes historiadores de la cultura española, don Marcelino Menéndez y Pelayo, escribió una antología de la poesía latinoamericana y en el capítulo dedicado a Venezuela, decía —me lo sé casi de memoria—: «La antigua Capitanía General de Venezuela, tuvo el privilegio de darle a la América española, su más grande hombre de armas, Simón Bolívar, y su más grande hombre de letras, Andrés Bello. Y era verdad.

RHM. El país ha hecho, sobre todo en el siglo XX, grandes esfuerzos y ha habido grandes individuos, pero pareciera que el venezolano no se reconoce en esos grandes personajes... como si no les hicieran caso. Me imagino que usted debe sentir también esa ansiedad... Usted habla, la gente lo respeta, pero nadie le hace caso. Usted hace su informe sobre la educación y todo muy bonito, pero se engaveta... Gran parte del esfuerzo de la independencia no fue solamente combatir a los españoles, fue tratar de unificar al país porque cada caudillo regional quería hacer su independencia...

AUP. La independencia nunca fue una idea popular, el pueblo nunca fue independentista, las fuerzas realistas estaban formadas por fuerzas nacionales, gente del país. Los independentistas venían de una clase europeizante, con ideas distintas. El que estudió eso bien fue Vallenilla Lanz, él tiene un ensayo muy importante. Fue una guerra civil.

RHM. Después, durante el siglo XIX hubo todo aquel proceso de dispersión, de guerras, guerritas y demás, y el país, finalmente, vino a unificarse con Juan Vicente Gómez.

AUP. Muy tardíamente. Porque este fue un país muy incomunicado, por eso se explican muchas cosas. La Guayana, por ejemplo, no dependió de una autoridad en Caracas, sino en vísperas de la independencia. Porque ir de Caracas, en aquella época, a la actual Ciudad Bolívar, era un viaje larguísimo, por mar y por río. En cambio, de Bogotá se llegaba por río mucho más directamente al Delta y al Orinoco.

RHM. ¿Y por qué piensa que Guayana no se incorporó a Colombia?

AUP. Bolívar se dio cuenta de que el Orinoco era un foso natural muy importante, y que si lograba hacer pie allí iba a estar protegido contra las fuerzas españolas y podía crear una base, que fue lo que hizo.

RHM. Ahora, tratando de ubicarnos en la situación actual, hay descreimiento en una empresa común, nadie logra convencernos de que debemos hacer algo sin recurrir a los salvadores de turno. Ese descreimiento se ve no sólo en el pueblo, sino entre los dirigentes políticos y empresariales.

AUP. ¿Cuál era el pueblo que habitaba en este país a principios del siglo XIX? Un pueblo heterogéneo, sin unidad social ni cultural. Porque era una sociedad de castas que no correspondía para nada al concepto de la Ilustración en Europa... Este país, en vísperas de la independencia, era muy curioso... en primer lugar, no había unidad, había un centro de poder, muy reciente y muy pequeño, que era Caracas y la Capitanía General, que estaba en Caracas. Una de las grandes dificultades fue crear una idea de unidad nacional. Si al padre del mariscal Sucre le hubieran preguntado, a fines del siglo XVIII, ¿usted es venezolano? Él hubiese dicho: —No, yo soy oriental.

Esas cosas no las vemos porque la historia de Venezuela está muy mal escrita y peor enseñada. No la conocemos, que es una de las grandes fallas que tenemos para poder entender al país.

RHM. Siento que ha habido grandes realizaciones de producción intelectual o de carácter popular, que no han convocado y que el tipo de desintegración que conocemos hoy en día no es regional sino de otra naturaleza, es de orden más bien social...

AUP. Yo oí decir al general Gómez que la primera vez que ellos vieron un negro fue cuando invadieron, cuando llegaron ahí por el estado Lara. En aquella época en la región andina no había negros...

RHM. Hoy se ha ido emulsionando más el territorio a pesar de todos los efectos que ha tenido la descentralización, pero la dispersión no es horizontal sino vertical y la gente no está creyendo en lo que hace, el empresario no cree en la producción, el trabajador tampoco cree en su trabajo y el político...

AUP. En gran parte tiene razón. Esa es una de las cosas que yo he dicho toda la vida. Tengo un viejo artículo escrito hace 50 años que se llama «La producción fingida», donde digo que toda la producción venezolana es fingida. Todo en Venezuela ha estado subsidiado por el petróleo, y usted lo ve continuamente con esas voces que dicen «hay que proteger la producción del maíz». Y yo me pregunto: ¿por qué? ¿Para que el pueblo venezolano coma la arepa más cara? ¿O sería mejor que el maíz entrara libremente en Venezuela y que la gente comiera más barato? ¿Para que se ganen los subsidios unos vivos que se dedican a cultivar el maíz en condiciones antieconómicas?

RHM. Si usted tuviera que escribir de nuevo el artículo «Sembrar el petróleo (segunda parte)», ¿qué enfoque le daría?

AUP. El mismo, agravado porque en aquella época yo estaba partiendo de suposiciones sobre lo que podía pasar. Y pasó. Pasaron dos cosas: la gran riqueza venezolana fue el petróleo, que estaba en manos del Estado. Eso creó una fatalidad muy grande: un país rico con un pueblo pobre. Eso empezó allí, se creó un estado monstruoso, y ahí está un país con las dos terceras partes en pobreza crítica. Calcule usted que entre los años setenta, cuando suben los precios del petróleo en el mercado mundial y hoy a este país le ingresó una suma, por motivo del petróleo, que debe estar alrededor de los 250 mil millones de dólares, y estamos muy lejos de ser un país desarrollado. Claro, aquí lo que habría que hablar es de la historia del fracaso de los venezolanos con la riqueza petrolera, que no supimos qué hacer con ella y la dispersamos, y en lugar de hacer una nación hicimos un Estado monstruoso.

RHM. Y encima estamos endeudados. Ahora, ¿cómo percibe usted el proceso de desarrollo de la cultura en Venezuela?

AUP. Venezuela tiene unas peculiaridades que no se han estudiado. La historia nuestra es lamentable, es algo para reescribirse. Por ejemplo, hay un hecho que los historiadores no toman en cuenta y que es fundamentalísimo. Es el hecho de que existieran, a cuatro horas de navegación en barco de vela, islas en las que estaban presentes los países que estaban haciendo la revolución mental, intelectual y económica en Europa: Holanda, Francia e Inglaterra. Curazao, por ejemplo. Teníamos un acceso a la ruptura intelectual del mundo que no lo tenían otros países de Hispanoamérica. La influencia de Curazao en Venezuela no se ha estudiado. Y ahí ocurrió una cosa muy curiosa: Curazao se convirtió en un refugio de los judíos expulsados de España, gran parte de ellos se fueron en un principio hacia Portugal y de allí muchos salieron hacia Holanda y de donde vinieron a las colonias holandesas de aquí. De modo que si usted toma en cuenta la influencia que tuvo esa inmigración sefardita que vino desde Curazao, tendría una visión muy distinta de cómo se hizo la cultura venezolana. Y eso no se enseña, falta curiosidad, investigación, para conocer el pasado del país, para entender por qué estamos como estamos... Hay un libro en inglés publicado en Curazao hace varias décadas, un estudio de los judíos en Curazao, de cómo entran a Venezuela. Es inmensa la cantidad de apellidos sefarditas que hay en Venezuela: Blanco, Rojas, Pardo, Espinosa, Santamaría... Hay una tendencia a borrar la historia y he tratado de luchar contra ella. Se tiende a reducir el estudio de la historia y hoy prácticamente ha desaparecido. Cuando fui Ministro de Educación puse un empeño muy grande en que hubiera enseñanza de la historia desde la primaria hasta la universidad. Después se volvió a abandonar. Desde la Academia de la Historia traté de crear la conciencia de que había que restablecer la enseñanza de la historia. Se logró algo, pero luego volvió otra vez... Yo no sé por qué, quién tiene interés en eso, no sé... pero es así.

En primer lugar hay que hacer un estudio de lo que llamamos Época Colonial, que es la época en que se hace este país, en trescientos años. No es para despacharlo en un capitulito. Y luego la historia ya de la Venezuela independiente, que es también muy generadora porque el gran proceso de Venezuela fue integrarse. Por eso veo con tanta preocupación este juego criminal que están haciendo estos politiqueros en el país, para crearse un podercito aquí, otro allá, acabando de fragmentar un país que nunca estuvo unificado.

RHM. ¿Cómo describiría la cultura de este país a un extranjero que no sepa nada de Venezuela?

AUP. Depende de lo que entendamos por cultura. La palabra cultura es un comodín en donde uno mete lo que le da la gana. Cultura es la cocina, el rancho, el traje, cultura es todo, todo lo que no es naturaleza. Hay que precisar de qué cultura estamos hablando. Aquí siempre ha habido una cultura de clases altas y educadas que era una cultura de minorías. Ha habido también el gran problema interracial. Hoy hay unos 200 mil indígenas culturizados venezolanamente. No es el caso de México, Perú... Y a eso hay que sumarle la cultura que trajeron los negros, de procedencias muy distintas. En la colonia vinieron negros mahometanos, por ejemplo...

RHM. Hay un tema que surge de la revista y es la idea de un país sin proyecto, el país que no parece tener idea ni plan sobre lo que se va a hacer. Si uno le pregunta a un político japonés cómo ve su país en el año 2050, va a tener una visión, errónea o no, sobre el futuro.

AUP. Bueno, hay países que tienen una gran unidad cultural, Venezuela no la tiene, ha sido un país de mezcla continua, de grupos aislados, aquí no ha habido un proceso de crecimiento nacional.

RHM. ¿Cómo podríamos enderezar estas cargas?

AUP. La primera cosa heroica que habría que hacer aquí y que tendría un alcance revolucionario es reescribir la historia de Venezuela. La historia de Venezuela se reduce a una información vaga, sin contenido y sin datos básicos de los tres siglos en que se hizo este país, que son los tres siglos coloniales. Después tenemos lo que llaman la epopeya, que es una cosa trágica. Ese país paupérrimo hace la independencia de América del Sur. Es una cosa increíble. ¿De dónde salieron esos hombres? De la vecindad de esas islas, con acceso a una información que no tenían los peruanos y los mexicanos menos.

RHM. ¿Estaría de acuerdo con esa versión de que este país es una especie de campamento?

AUP. No, yo creo que eso es exagerado, esto es una nación, que también hizo grandes hazañas históricas. Fíjese, por ejemplo, en Bolivia, en el Capitolio de La Paz, en la sala del Congreso no hay sino dos retratos de dos venezolanos, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre.

RHM. Después del liderazgo político de la época de la independencia, parecería que aquello se envileció...

AUP. Venezuela tuvo la guerra de independencia más larga de América del Sur y más costosa, perdió, entre muertos y emigrados casi la tercera parte de su población que era muy pequeña, de unos setecientos mil habitantes.

RHM. Pero después de eso hubo como un juego deleznable, cada vez que hablo con un político siento que no tiene idea de lo que significa la continuidad para un país, ni de su responsabilidad. Hasta las décadas de 1960 y 1970 había dignidad en ciertas actitudes y orgullo en ciertas profesiones, y de pronto todo eso parece haberse dispersado.

AUP. Es que la explosión de la riqueza petrolera en Venezuela, en los últimos 30 ó 40 años, planteó problemas gigantescos que el país no estaba en capacidad de entender y los políticos menos.

RHM. José Ignacio Cabrujas me contaba que vio la demolición del hotel Majestic y que cuando caía la bola sobre los muros, la gente aplaudía. Aplaudía el espectáculo del derrumbe del pasado, íbamos a construir un país nuevo.

AUP. Y había una voluntad de construir también, porque la creación de El Silencio fue una obra gigantesca y con el propósito de que fuera un patrón de desarrollo para la ciudad.

RHM. Siempre he dicho que es la urbanización más lujosa de Caracas, y a pesar de que la hemos abandonado y hoy en día es casi un basurero, es una urbanización bella, hecha por Carlos Raúl Villanueva. En la Universidad Central los estudiantes pasan junto a las obras de arte y no las ven. En la zona donde están el Aula Magna y la Biblioteca Central hay una piedra con unos petroglifos que no han sido descifrados y están puestos allí como el primer libro de la biblioteca, esperando un lector y eso los muchachos no lo perciben. Como si hubiera una ceguera selectiva. Decimos que Caracas es horrible, detestable...

AUP. Caracas es una ciudad encantadora, cuando yo era joven Caracas tenía 140 mil habitantes, el valle estaba limpio, los cerros limpios, no había ranchos, y desde aquí hasta Petate eran haciendas de caña...

RHM. Nadie le ha dedicado un estudio a lo que es el rancho. En el siglo XVII se registra la primera referencia al tema: alguien pide permiso para fabricar un rancho. En los dibujos de Camille Pissarro, por ejemplo, los hay. Y hoy el rancho es la principal vivienda del venezolano.

AUP. Pero ése no es el rancho. El rancho tradicional venezolano era muy interesante, de bahareque, con una estructura de junco y barro, era una buena vivienda y tenía un valor cultural. Eso se acabó con la introducción del zinc acanalado, que modificó los techos y luego porque aparecieron los empresarios de ranchos, la mayoría de estos ranchos que rodean a Caracas no los levantó gente pobre sino los partidos políticos que, para crearse bases electorales, invadían los terrenos y construían 200 ó 300 ranchos. Cuando yo fui director de El Nacional, convencí a un excelente periodista, Germán Carías, de que se fuera a vivir un mes en un rancho y que como habitante escribiera un reportaje. Hizo un trabajo excelente, y es muy curioso, la mayoría de la gente que vivía allí era gente que tenía ingresos. Pero el venezolano no tiene noción de la casa, eso es secundario para él, basta con un dormidero. Ahí se descubrieron cosas increíbles, porque el metro cuadrado de rancho, sin agua, sin cloacas, sin servicios, era tres o cuatro veces mayor que el metro cuadrado en cualquier edificio de los alrededores de la Plaza de El Silencio.

RHM. Cuando veo los dibujos de Pissarro y la situación precaria en que vive la gente, tan mal, y lo que dice Zapata, que aquí no construimos sino ranchos, porque hasta cuando hacemos rascacielos a lo grande, a los quince días se echa a perder un ascensor y así se queda. Cuando veo eso me pregunto: ¿No somos un país escotero, sin arraigo, y como decía Cabrujas sobre Caracas, la hicimos sin rincones conocidos y media hora más tarde perdimos el acta en la casa del notario para que no quedara memoria de la ciudad, de quiénes y de cuándo la hicieron?

AUP. No se sabe cuándo se fundó...

RHM. Y la fecha se escogió convencionalmente, un poco como el nacimiento de Cristo.

AUP. Sí, se sacó la cuenta porque se pensó que por el hecho de haberla llamado Santiago, habría coincidido con la fecha de la celebración de Santiago, el patrón.

RHM. ¿Entonces no será que escogemos la provisionalidad porque planificar nos da miedo? ¿Cuántas veces se ha hecho la Plaza Venezuela? Desde que estoy en Caracas, desde el año 57, la Plaza Venezuela se rehace cada seis meses. También cambia el ordenamiento del tránsito y uno nunca sabe por dónde tiene que ir, es como el río de Heráclito. Igual sucede con las urbanizaciones, se han ido construyendo como refugio contra la ciudad. Si tomamos cualquier otro tema pasa lo mismo, con la educación por ejemplo... Hay que ver lo que se encuentra uno en el Ministerio de Educación... Usted que fue ministro de educación lo sabe.

AUP. Hay más de 250 sindicatos en el Ministerio de Educación, pero eso es nuevo, cuando yo fui ministro no existía eso.

RHM. Los puentes llamados «elevados», que se hicieron para construir el Metro, siguen ahí.

AUP. Sí lo provisional es lo que más dura. Aquí la ley que duró más tiempo fue la Ley de Patronato Eclesiástico, dictada por Simón Bolívar y la derogó Rómulo Betancourt. Era una ley provisional... Fíjese usted en cosas elementales: ¿cuántas policías hay en Caracas? Ocho, nueve o diez, entre las nacionales, municipales, las que dependen de las gobernaciones. En Londres hay una policía, en Nueva York hay una policía... En París hay un alcalde, en Londres hay un alcalde, aquí no. No somos serios.


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