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Ascenso y caída de José María Vargas José María Vargas Índice Discurso de José María Vargas al encargarse de la Presidencia Renuncia del presidente José María Vargas Discurso de José María Vargas al encargarse de la Presidencia[Volver al comienzo] [Volver a La BitBiblioteca] [1835] Venezolanos: La voluntad popular constitucionalmente expresada me ha llamado a dirigir vuestros destinos. Sin títulos para tal merecimiento, sin el prestigio que siempre dejan las grandes acciones y sin otra recomendación que mi amor decidido al bien de la patria, me encuentro hoy colocado en un puesto que jamás ambicioné; porque nunca, os lo juro, me he creído con la capacidad y los medios para desempeñarlo. En oportunidad hice esta manifestación de mi conciencia a los colegios electorales y al Soberano Congreso. Nada excusé para evitar un destino de alto honor sin duda, así como de grandes riesgos y de muy grave responsabilidad. Después de hecho mi nombramiento conocí que mi renuncia no tendría su efecto sino después de una resistencia obstinada que me sería de todos modos poco honrosa y nada favorable; y entonces creí un deber de gratitud, honor y patriotismo el someterme a vuestra voluntad soberana. Bien conozco los deberes que me imponéis, estoy dispuesto a hacer en las aras de la patria cuantos sacrificios exijan de mí vuestro reposo y bienestar. La ofrenda de mi vida y mi reputación está pronta para cuando el deber y el patriotismo la demanden. Si la disposición a estos sacrificios me da algún derecho para ser oído con benevolencia, yo os pido, yo os suplico en nombre de la patria, permanezcáis cordialmente unidos. Que no haya más partidos en Venezuela es el gran sentimiento nacional; que desaparezcan de una vez para siempre las denominaciones que acontecimientos pesarosos han podido sugerir. Todos ciudadanos, todos patriotas, con derechos todos a los goces social es y empeñados en mejorar nuestra condición presente, nuestro único nombre debe ser el de buenos venezolanos. Conciudadanos: la estabilidad del Gobierno depende de nuestro obedecimiento sin restricciones a la Constitución y a las leyes. Cuantas garantías podemos solicitar, otras tantas se hallan contenidas en la fiel observancia de éstas, como en su violación se compendian todos los males del país. En un gobierno popular representativo, como el que la Providencia nos ha concedido no hay descuido, error o mal en las leyes o en la administración, cuyas vías legales de corrección y reparación no sean accesibles y fáciles a todos y cada uno de vosotros. La justicia de las demandas o quejas siempre puede ser conocida y prontamente atendida por vuestros delegados, que tienen todo el poder necesario para arreglar, y el deber sagrado de proporcionaros cuanto esté a su alcance y contribuya a vuestro bien. Todo otro medio que no sea éste, el único, eficaz y establecido por la nación toda, lleva el sello de la injusticia, de las miras individuales o de partido, que solo pueden triunfar por la violencia y el crimen, con la opresión del pueblo y la subversión total de nuestras instituciones libres. Tened siempre presente que la base fundamental de éstas es la buena inteligencia y perfecta armonía entre el pueblo y sus delegados para darle leyes o administrarlas; y que desde que falta este concierto, el Gobierno pierde su poder, el Cuerpo Legislativo su rectitud imparcial y el pueblo las garantías de su bienestar. Prestadme vuestra cooperación y vuestro apoyo y estad seguros de mi agradecimiento sin límites y de mis sacrificios reserva. Vuestro conciudadano, José Vargas. Renuncia del presidente José María Vargas[Volver al comienzo] [Volver a La BitBiblioteca] [1835] Caracas, 29 de abril de 1835 A las honorables Cámaras del Senado y de Representantes reunidas en Congreso. Conciudadanos: Estando ya al terminarse vuestras sesiones debo, sin pérdida de tiempo, invocar vuestra justicia y vuestro patriotismo para que acordéis antes de separaros una medida tan justa como importante al bien de la patria; ésta es la aceptación de mi renuncia de la Presidencia del Estado. Cuando al principio de vuestras presentes sesiones acepté el en cargo de la primera magistratura del Estado, fue violentando mi convicción y mi conciencia, y dominando la repugnancia invencible de mi ánimo, sólo por obedecer a vuestro mandato soberano. Creí, además de mi deber, tributar al honor de tan alta confianza estos sacrificios, así como el de mi reposo y de mi vida misma si fuese necesario. Fundóse esta determinación en que tenía algunas esperanzas de poder dirigir con algún suceso, y el auxilio de una poderosa cooperación, los destinos de la patria y de que mis sacrificios no serían del todo estériles. Quise pulsar la empresa, y agotar todo recurso antes de llevar al cabo mi negativa a un llamamiento tan honorífico. Mas una meditación continua y profunda, el curso del tiempo y de los acontecimientos, han ratificado mi convicción de que no soy el ciudadano que debe dirigir las riendas del Estado en las presentes circunstancias, que carezco del poder y de los recursos adecuados para refrenar los partidos que puedan amagar la tranquilidad pública, conservar a raya las aspiraciones inquietas, con jurar oportunamente los males que en adelante amenacen la paz pública, o sofocar con prontitud y eficacia los ya presentes en su principio. En tal caso no puedo desoír la imperiosa voz de mi deber que me ordena no dejar comprometer intereses tan sagrados, estando como estoy convencido de mi incapacidad para conservarlos ilesos; ni dejar de evitar, si está a mi alcance, aun los pretextos para combatirlos y menoscabarlos. En medio de las mayores angustias y en el conflicto de cargar ahora, con la nota de poca resolución para arrostrar por el temor de dejar comprometer la paz pública y las bendiciones que ésta debe seguir derramando sobre Venezuela, o de sufrir más adelante los atroces remordimientos de no haber evitado, cuanto de mí dependía, la ocurrencia de tamaños males, y que se tomase por pretexto mi continuación en un destino que mi conciencia íntima, constante y firme, me está advirtiendo que no puedo desempeñar; he elegido sin titubear el primer partido, por ser el que salva el bien de la patria. He creído inútil repetir a vuestra penetración, las fuertes razones que con franqueza expuse a los colegios electorales y después a vosotros mismos, con el objeto de convenceros de la inconveniencia de mi persona para ocupar la primera magistratura. Bástame exponer la ratificación de su fuerza y de su justicia como resultado de mi propia experiencia, único testimonio que me faltaba consultar: las consecuencias de mi renuncia ahora son en sus efectos constitucionales las mismas que si la hubiera hecho el día ocho de febrero. En esta virtud, honorables senadores y representantes, yo os ruego encarecidamente aceptéis mi renuncia de la Presidencia del Estado, teniendo presente que esta súplica tiene por objeto la conservación del bien público, y por causa una conciencia decidida y firme que no puede quedar constantemente atormentada sin constituir la vida en un suplicio. Así os lo suplica vuestro humilde conciudadano, José Vargas |
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