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Sección: Bitblioteca
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La clase media y el síndrome Bejarano Jesús Rodríguez Síndrome: Síntoma característico de una enfermedad (de acuerdo al diccionario). Con el objeto de que se comprenda como está siendo afectada parte de la clase media venezolana y rica de Venezuela por este síndrome, comenzaremos dando algunos ejemplos de síndromes muy famosos a fin de que sea entendido plenamente el significado de esta otra enfermedad poco conocida:
Uno podría preguntarse si parte de la población no está sufriendo actualmente este síndrome Estocolmo, ya que se encuentran prisioneros de los medios de comunicación y actúan así en consecuencia: simpatizando con su atormentador. Pero este no es el tema de esta comunicación. Síndrome BejaranoCausa mucha irritación cuando vemos las opiniones de muchas gentes de la clase media y rica durante las manifestaciones que organizan, en declaraciones o en programas de opinión a los medios radiales y escritos, o en las simples conversaciones que se sostienen a diario con ellas, el trato despectivo, sin ningún tipo de piedad o caridad, conque se manifiestan hacia esa otra clase desfavorecida y la cual no forma parte de su entorno: marginales, chusma, pata en el suelo, plebe, turba, gentuza, gavilla, vulgares, villanos, tarados, ignorantes, lumpen (tal como apareció en el editorial de un diario), bandas del terror, asesinos, malandros, criminales, irresponsables y otra serie de epítetos y cognomentos, el cual uno más ofensivo que el otro, al contrario de lo que son ellos una sociedad civil educada, seria, responsable y organizada. Estas expresiones son típicas del Síndrome Bejarano que padece esa parte de la sociedad. Veamos porqué, en primer lugar debemos notar que dicha sociedad está conformada por personas que han logrado, bien sea por su esfuerzo, constancia y trabajo (lo cual es muy loable), salir y prosperar desde estratos humildes de la sociedad; otras por las artimañas efectuadas a lo largo de muchos años, ayudados por un clan corrompido y cómplice con lo cual lograron salir del sitio de la sociedad en que se encontraban y han logrado una cierta riqueza, status o bienestar. Véase el caso de muchos políticos, dirigentes sindicales, burócratas, actores y otras personas actuales que pasaron a vivir de un sitio pobre a lujosas viviendas, vistiendo además costosísimas prendas y renegando de su anterior medio de vida. Igualmente pasa con parte de aquellas personas inmigrantes y sus descendientes; que llegaron al país (como alguna vez dijera alguien con una mano detrás y otra adelante) desde naciones lejanas (España, Italia, Portugal, Europa Central, países árabes, desde la misma Latinoamérica, etc.) y aquí encontraron su oportunidad, para salir del estado de pobreza con el cual llegaron. No ponemos en duda la legitimidad de las riquezas o el status de ninguna de ellas, ya que este no es el problema, a lo que nos referimos es cuando califican a sus semejantes, a aquellos que por razones harto conocidas aún se desenvuelven dentro de la miseria, marginalidad y sin acceso al disfrute de un medio de vida decente o de los medios de riquezas del país (ya que esta última es disfrutada y apropiada por unos pocos) y que luchan por hacerse reconocer sus derechos a una vida mejor. Este tipo de clase media y rica y arrogante ha olvidado de quienes descienden ellos; casi sin excepción, ninguna de ellas resiste una investigación de tres a cuatro o quizás menos generaciones atrás, todas en su momento formaron parte de un medio pobre, campesino y quizás marginal igualmente. No nos queda ninguna duda que muchos de sus ascendientes pasaron hambre y miseria en algunos momentos de su existencia. Ninguna de ellas, por más apellidos que tengan pueden jactarse que son nobles o descendientes de nobles (incluyendo a los inmigrantes llegados); nadie puede exhibir aquí que sus ascendientes vienen de los Borbones, de los Saboya, Cavour, Tudor, Habsburgo, Hohenzollern, Romanov, de la casa Sajonia-Coburgo-Braganza, Hachemita, etc., y sin embargo son presumidos, pretenciosos, altaneros, vanidosos, petulantes, fatuos, orgullosos y jactanciosos de su status o riquezas y se creen hasta nobles. El Síndrome Bejarano está actuando en ellos, ya que este se manifiesta (a lo largo de varios años), al contrario del Estocolmo (de 3 a 4 días), a medida que el individuo comienza a escalar posiciones en la sociedad en la cual vive, bien sea sobre la base de sus riquezas o status, su psique se va alterando hasta llegar a los extremos de profundo desprecio, muchas veces odio, recelo y negación hacia aquellos que no son sus iguales, les avergüenza mirar a los amigos que no están a su nivel, incluso llegan a renegar de su propia familia que no tienen su mismo status o riquezas, y no les simpatiza nada que les recuerde sus orígenes. Este síndrome es independiente del tipo de raza, lo cual resulta muy curioso. También hemos de aclarar que no toda la clase media o rica padece de ello y hay muchas excepciones, y son todos aquellos que poseen claramente una profunda sensibilidad social. Hemos hablado del Síndrome pero sin decir de donde viene su nombre. Al igual que el de Estocolmo proviene de un hecho histórico. Este acaeció en Venezuela durante la época colonial, precisamente en el siglo 18. Vivían en Caracas tres hermanas de apellido Bejarano (Magdalena, Eduvigis y Belén), sin embargo dichas personas eran negras (aunque manumisas, es decir no eran esclavas) y como tales estaban obligadas a ocupar en cualquier ocasión el sitio correspondiente a su raza; sobre todo en las misas, se sentaban en la parte reservada a los negros. Pero esta negras con su tesón, trabajo y entusiasmo elaboraban una torta que tuvo un gran éxito económico, la famosa torta bejarana y la cual persiste hasta nuestros días (en cualquier libro de gastronomía venezolana aparece su receta). Debido a esto lograron acumular una fortuna lo cual les permitió muchos beneficios, sin embargo al ir a la misa necesariamente tenían que sentarse en la parte reservada a los negros, lo cual les avergonzaba mucho. En 1793 el Rey Carlos IV por Real Cédula llamada «Cédula de Gracias al Sacar», permitió a los negros, previo pago de una fuerte suma de dinero (lo cual significa que el Rey no era tan tonto como comerciante), gozar de una serie de privilegios reservados exclusivamente a los blancos. En vista de tal hecho las negras Bejaranos se apresuraron a solicitar dicha gracia al rey, la cual les fue concedida por real cédula y desde ese momento «Ordeno y mando que las tales negras Bejaranos sean tenidas como blancas». De allí en adelante las Bejaranos tuvieron el privilegio, al ir a la misa, de sentarse en la última fila del espacio reservado a los blancos pero con los blancos, por lo cual podían desde ese instante diferenciarse de sus hermanos negros, aún cuando el color de piel era el mismo. Moraleja: en Venezuela y sin excepción esa clase media y rica, que padece de este síndrome, deben reconocer su procedencia humilde y adoptar una actitud de profunda sensibilidad social y poner esa inteligencia y esfuerzos para que los más desfavorecidos puedan elevar su nivel de vida, y en consecuencia ellos mismos aumentarán su progreso. Aclaración: el síndrome Bejarano no existe en la literatura médica, ni psiquiátrica, ni psicológica. Este es un invento surgido de la imaginación del autor de estas líneas, pero ¿ no creen Uds. que no estamos muy lejos de la realidad? Jesús Rodríguez
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