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Mensaje de escritores, artistas y académicos venezolanos Caracas, 25 de febrero de 2004 Venezuela vive uno de los momentos más dramáticos de su historia. Está por consumarse un gigantesco fraude para desconocer millones de firmas de venezolanos que solicitan un referendo revocatorio del mandato presidencial de Hugo Chávez. La presión, ejercida de una manera descarada y contumaz por el propio Chávez y sus más cercanos seguidores, en especial por el Vicepresidente, los ministros, los diputados y los medios de comunicación del Estado, ha tenido eco en la mayoría de los miembros del Consejo Nacional Electoral, quienes, ante la evidencia de las firmas consignadas, se han valido de argucias y formalismos para invalidar un número de ellas que haga improcedente el referendo, en obediencia a las órdenes del presidente, empeñado en impedirlo, porque sabe que, de producirse, la revocación de su mandato es inevitable. Ante la posibilidad de perder el poder, el gobierno desarrolla ahora una campaña nacional e internacional dirigida a deslegitimar la recolección de firmas para el referendo revocatorio que fue desde el primer día calificada por el propio presidente como un «megafraude». Los 3.448.747 ciudadanos que firmaron pidiendo su convocatoria lo hicieron, entre otras razones, por las siguientes: 1) La vocación inequívocamente despótica y totalitaria del presidente, demostrada por la tendencia al control absoluto de todos los poderes públicos, ya logrado en muy alto grado; 2) La militarización de la administración pública en todos sus niveles, incluyendo un alto porcentaje de ministros y de los gobernadores de los estados; 3) La violación descarada de la legislación y de la propia Constitución, tanto por el propio presidente, como por los funcionarios públicos en todas las instancias; 4) La militarización y partidización de la empresa estatal de petróleo (Pdvsa) que conduce al deterioro de la más importante fuente de ingresos del país y su progresiva desnacionalización, al entregar la explotación de la misma a compañías extranjeras; 5) El desbarajuste económico, con un ruinoso control de cambios, una elevada inflación, una altísima y creciente tasa de desempleo, un dramático crecimiento de la pobreza y una marcada escasez de productos vitales, como alimentos y medicinas; 6) La división y desmantelamiento de las Fuerzas Armadas, y su sustitución gradual por una fuerza militar paralela al servicio, no del país, sino del gobernante y sus secuaces; 7) Una política internacional errática y desequilibrada, dirigida por el jefe del Estado en función de sus conveniencias y caprichos personales, y con grave lesión de los intereses del país; 8) Un gigantesco saqueo y despilfarro de los recursos financieros; 9) Una brutal represión de muchas manifestaciones populares, con el uso de las Fuerzas Armadas y de grupos de choque, de un falso origen popular, organizados y armados por órganos del gobierno; 10) La intimidación, por diversos procedimientos, de los medios de comunicación adversos al régimen y un total desprecio de la opinión pública; 11) El abandono de los servicios públicos, especialmente los de seguridad social, educación y salud, para sustituirlos por «misiones» de claro corte populista; 12) Una absoluta indiferencia ante el crecimiento desbordado del hampa común; 13) Un exacerbado culto a la personalidad como es típico de los gobernantes dictatoriales. Chávez no entendió que su plan de gobierno, ese conjunto de ideas elementales y de promesas que entusiasmó a millones de venezolanos, requería para su aplicación de un amplio consenso, mediante una paciente labor de persuasión y convencimiento, aun cuando se supiese que siempre habría poderosos sectores refractarios a los cambios que el país reclama. En lugar de procurar la suma de voluntades, Chávez utilizó una arenga venenosa, orientada a fomentar la violencia, el odio de clases y la exclusión de inmensos sectores de clases media y alta, tildados por él de oligarcas. El lenguaje agresivo, procaz e injurioso, impropio de un verdadero jefe de estado, dirigido a descalificar los valores de las clases medias, le fueron enajenando su respaldo, y constituyen, junto a amplios sectores populares, una oposición cercana al 70%, que busca desalojarlo del poder mediante la revocación del mandato, derecho consagrado en la Constitución que el propio Chávez se dio a través de una Asamblea Constituyente que le era favorable casi en un ciento por ciento. Denunciamos ante los colegas de todo el mundo la situación aquí apenas esbozada, en especial porque el gobierno de Chávez ha venido desarrollando una insidiosa y costosísima propaganda en el exterior, pagada con dineros del pueblo venezolano, la cual ha producido no poca confusión entre agrupaciones y personas fácilmente engañables por la distancia y el desconocimiento de lo que realmente ocurre en Venezuela. Esa propaganda pretende hacer creer que Hugo Chávez lideriza una revolución, que no va más allá de su desbordada fantasía, pues sus prácticas sólo han conducido a una verdadera catástrofe, a cuya sombra el gobernante y sus secuaces de todos los niveles han practicado el enriquecimiento ilícito más escandaloso de la historia venezolana, y han ido dando los pasos para la instauración en un futuro cercano de una brutal dictadura militar, bajo la engañosa imagen de un gobierno supuestamente socialista o de izquierda, capaz de despertar los sentimientos utopistas que el pueblo venezolano, igual que todos los pueblos del mundo, abriga como solución a la pobreza y demás males de que padece, pero que en realidad sólo ha sido un gobierno personalista, autoritario y moralmente depredador. No obstante lo cual, el presidente Chávez ha sido tendenciosamente contumaz en negar el carácter democrático de la gran mayoría de quienes nos oponemos a sus prácticas autoritarias. Caracas, 25 de febrero de 2004 Álvaro Agudo |
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