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La resistencia y los días de represión en Venezuela

Por Jesús Abreu Mena

Por momentos los aplausos, las consignas y los gritos de quienes marchaban en la avenida Libertador se confundían con las detonaciones de los armamentos que lanzaban las bombas lacrimógenas y los perdigones hacia la protesta.

Por momentos los gases, lo amargo, lo ácido y el ahogo, las lágrimas y las narices que moqueaban se confundían con los pitos, las quejas, los insultos y algunos cacerolazos que provenían de las viviendas adyacentes a la avenida Libertador este sábado 8 de abril.

Por momentos y con una panorámica que mostraba una nube roja de gas en plena libertador, el miedo se apoderaba de quienes marcharon desde la avenida Francisco de Miranda, a la altura de Chacao, y que pretendían —sí, no como un derecho, sino como una pretensión— llegar, una vez más, hasta la sede de la Defensoría del Pueblo, por tercer día en una misma semana.

Por momentos quienes no lo habían vivido y quienes no se habían dado cuenta, se enfrentaban a una práctica dictatorial: la represión.

Por momentos las personas que marchaban, sobre el asfalto de una de las principales vía de Caracas, encaraban lo que el sacerdote jesuita y agudo analista político, el padre Luis Ugalde, no duda en catalogar como una dictadura.

Luego de dos días de enfrentamientos entre manifestantes de oposición y fuerzas de orden público: Policía Nacional Bolivariana (PNB) y Guardia Nacional Bolivariana (GNB), cuyo saldo terrible se resume en decenas de heridos y una víctima fatal, el fin de semana iniciaba con otra protesta que, sin embargo, no poseía una tónica temeraria. Sin embargo, la cambiante dinámica política se encargó de demostrar lo contrario.

No más discursos

El día viernes se pudo conocer que el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, pasaba a formar parte de la lista de políticos inhabilitados para aspirar a la presidencia de la República o a cualquier cargo de elección popular. Justamente cuando el Gobierno y las instituciones encargadas como el Consejo Nacional Electoral (CNE) se niegan a hablar de elecciones, bien sea de gobernadores, de alcaldes y mucho menos presidenciales, en 2017.

Capriles acudió a una atestada avenida Francisco de Miranda y la gente que también asistió, al menos medio millón de personas había en Chacao pasadas las 11:00 de la mañana, quería saber qué haría el excontendiente del fallecido expresidente Chávez y quien sin duda es una de los líderes de la oposición.

Quienes estaban en Chacao no querían escuchar al diputado a la Asamblea Nacional Simón Calzadilla ni a María Corina Machado, tal vez tampoco al diputado Freddy Guevara. Quienes estaban allí querían saber qué diría Capriles, quien llegó al punto en donde estaba ubicada la tarima, cerca de la sede del Ministerio de Trasporte y de la estación del Metro de Chacao, con un inocultable enfado.

-“No más discurso, queremos marchar”. Esa fue la consigna que recibió a Capriles Radonski cuando tomó el micrófono y enunció la frase esperada: «Vamos a la sede de la Defensoría del Pueblo».

De nuevo, la avenida Libertador

Antes de que Capriles anunciara la ruta de la marcha sabatina, quienes acudieron al llamado de la oposición previo a la Semana Mayor sabían y habían visto cómo el poder desplegaba todos los obstáculos para hacer inviable y sin sentido una movilización, otra más, hasta la sede de la Defensoría: más de 12 estaciones de Metro de Caracas cerradas; piquetes de la PNB dispuestos en todo el Municipio Libertador y helicópteros policiales que sobrevolaban la ciudad, todo eso sin contar los infiltrados en la marcha y la siempre indeseable presencia de los colectivos.

Sin embargo, pudo más la euforia, las ganas, el cálculo político en caliente y, tal como señalaban los manifestantes, la indignación en torno a unas medidas gubernamentales que, tras las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que anulaban al Parlamento, burlan cada vez más los derechos ciudadanos.

Todo eso transformó de nuevo a la avenida Libertador en el escenario en el que la PNB desplegara todo el arsenal disponible y no permitido para replegar y reprimir a la movilización.

“Le estamos pidiendo a la organización y a la institución que defiende los derechos de nosotros como pueblo, como ciudadanos, y esta es la respuesta: bombas lacrimógenas, represión, perdigones. Así responden los que quieren hacer una dictadura en nuestro país. Esto es resistencia, sin violencia, pero en las calles, pacíficamente”, explicó el diputado Miguel Pizarro en medio de medio de detonaciones y empujones en las calles de la avenida Libertador.

Al menos dos horas duró el enfrentamiento entre manifestantes y la PNB. Bombas, cuyas fechas de vigencia ya había pasado, iban y venían, lo que las hacía más letales para los manifestantes. La PNB, en una acción desesperada, uso sustancias toxicas para dispersar la manifestación y por eso por momentos una nube de gas color rojizo se sumó a los gases lacrimógenos y al agua de la ballena, lo que constituye una violación a la Constitución.

Personas desmayadas, manifestantes que se defendían con palos, piedras y botellas; todo, poco a poco fue bajando de intensidad en la Libertador por la arremetida de la PNB, que logró replegar a la manifestación hasta el principio de la avenida Francisco de Miranda.

Ahí, y para tratar de quitarse de la boca, del paladar, la amargura de los gases lacrimógenos y de una nueva frustración, un centenar de personas intentó llegar a la autopista Francisco Fajardo sin éxito por la actuación de contingente, esta vez de la GNB, que replegó de nuevo hacia la parte superior de la Francisco de Miranda a la manifestación.

En ese punto, el origen de la convocatoria de la oposición este sábado 8 de abril —un mes signado en la historia de país por multitudinarias protestas— quedó flotando una pregunta que hizo uno de los líderes del partido Voluntad Popular, Freddy Guevara, minutos antes de que Capriles tomara la palabra en la tarima. “¿Ustedes están dispuestos a mantener la protestas, por nuestro país, por nuestros derechos y por nuestra soberanía en Semana Santa?”, preguntó el parlamentario a una abarrotada avenida Francisco de Miranda que afirmó de forma escandalosa: “Pues nosotros estamos dispuestos a eso”.

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