Ivan Lins, Su música, su química, por Pedro Benvenuto

 

 

En Crans-près-Céligny, una de las más bellas regiones de la Suiza francesa, en los bordes del Lago Leman, está situada la Academia de Altos Estudios de Música Habib Kayaleh. No se encuentra ni muy lejos de Ginebra, ni muy lejos de Lausanne, por lo que ofrece un acceso fácil a los estudiantes de ambas ciudades quienes, al recibir sus lecciones en esta prestigiosa Academia, cuentan con un inspirador ambiente , donde, a través de su música, pueden dialogar con la hermosa naturaleza que les rodea.

Fundada por el prestigioso Maestro Violinista Habib Kayaleh, su Academia es reconocida internacionalmente y acoge estudiantes llegados de cualquier rincón del mundo. Actualmente siguen cursos intensivos de violín virtuosos y músicos venidos de España, Corea, Alemania, Estados Unidos, Japón, Bulgaria, Hungría, Rusia y Suiza, Clasificada esta Academia como una de las pocas en el mundo en la enseñanza del violín, desarrolla en los jóvenes violinistas, mediante pasantías hasta de un año, tal destreza en la interpretación, que muchos de ellos han sido los premiados de primer orden en importantes competencias internacionales. También ha formado músicos que luego se han integrado a orquestas de cámara.

No sólo se enseña el violín, el piano constituye otro de los instrumentos de enseñanza de alto nivel en la Academia. También en los concursos internacionales de piano, estudiantes de la Academia Kayaleh se han hecho merecedores de los primeros premios.

Para asegurar el desarrollo y superior rendimiento de esta Academia, su fundador, Habib Kayaleh y su esposa, la pianista Ingrid Hoogendorp, crearon en el año 1988 una Fundación denominada "La Fundación Kayaleh", que se encarga de sostener a la academia moral y financieramente, de hacer accesible el otorgamiento de becas de estudio, de favorecer los intercambios culturales, planificar cursos musicales, cursos de vacaciones, seminarios de interpretación y de perfeccionamiento, de otorgar premios y organizar conciertos, grabaciones y presentaciones musicales de cualquier índole.

Dentro de las labores más importantes que ha cumplido la Fundación está la oportunidad que les ha brindado a jóvenes artistas de ofrecer conciertos en público sin tener que soportar las molestias inherentes a la organización de un recital y de hacer conocer los talentosos jóvenes portadores de grandes esperanzas en el mundo de la música, La Fundación organiza igualmente cursos intensivos de violín durante el verano, dirigidos a músicos jóvenes de alto nivel quienes se beneficias durante toda las sesiones de las clases personales del Maestro Kayaleh.

La Fundación cuenta con una orquesta de cámara que responde a varios objetivos: la promoción de artistas jóvenes con talento excepcional, la posibilidad de acompañar solistas de renombre, invitados, sin olvidar, naturalmente, al propio Kayaleh. La orquesta cuenta hoy con diez y ocho músicos de diez nacionalidades diferentes. Se ha presentado en centros importantes y sus compromisos ya la han llevado a presentaciones en algunas ciudades europeas.

Desde 1989, la Fundación ha otorgado becas de estudios a una veintena de estudiantes, cuyas familias se encuentran en situación económica difícil; con ello se les permite desarrollar sus aptitudes musicales.

Una actividad bastante original que desarrolla la Fundación Kayaleh está constituida por las Lecciones Magistrales. Una vez al mes, se selecciona a algunos estudiantes, quienes durante la Lección interpretan una pieza completa de su repertorio, la cual es comentada al final, siendo estudiada laboriosamente y analizada técnica y artísticamente por el Maestro Kayaleh. He tenido la oportunidad de asistir a varias de estas Lecciones Magistrales: cuando el alumno seleccionado terminaba de interpretar su pieza, los asistentes aplaudíamos; luego, una vez que el Maestro empezaba a decirle a su alumno: "muy bien tu interpretación, pero creo que Mozart -o Paganini, o Ravel, o el autor que fuera- quería decir esto en un pasaje de su música . . ." y él lo interpretaba. El público podía captar entonces lo que era el privilegio de contar con tal Maestro como profesor. Y el alumno repetía y repetía hasta que su Maestro le indicaba el pasaje siguiente para volver a analizarlo. Es una experiencia única, que dura hasta cuatro o cinco horas, que pasan sin que el público se de cuenta, por lo intenso e interesante del diálogo musical entre el virtuoso y el Maestro.

La Orquesta de la Fundación Kayaleh ha ofrecido conciertos, además de en Suiza, en Rusia, en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, en Ucrania, Hungría, Corea, Italia, Alemania y, recientemente, a principios de diciembre de 1997, en los Estados Unidos.

Desde el mes de noviembre de 1987, un venezolano, Reinaldo Figueredo Planchart, Ex-Ministro de Relaciones Exteriores y residenciado en Suiza, preside la Fundación Kayaleh.

"Las cosas se hacen naturalmente. Muy temprano me di cuenta de que iba a consagrar mi vida a la música".

Laurence Kayaleh nunca imaginó su vida de otro modo que no fuera en compañía de su violín. Desde que era pequeña y descubrió que la música era uno de los componentes esenciales de su familia y, viendo de reojo las teclas negras y blancas del piano de su madre, pensó que tenía ganas de aprender a tocar ese instrumento; las notas estaban allí, bien distintas, pero su madre no deseaba particularmente darle clases, Tuvo que aparecer un día una guitarra plástica, colocada sobre su hombro, como si fuera un violín, para que su padre --insigne violinista y maestro de virtuosos-- comprendiera de una vez por todas y le diera su primera lección de violín. Lo que siguió parece más bien un cuento de hadas: a los 11 años ofrece su primer concierto, emisiones de televisión, giras por las cuatro esquinas del planeta y el trabajo constante del violín como un verdadero "deportista". Dice Laurence: "si se deja de tocar algunos días, se siente rápidamente".

Pero ella siempre contemporiza el placer de tocar con el trabajo de la técnica: "las cosas se hacen naturalmente", recuerda Laurence "a pesar de yo he aprendido todo lo que se, al lado de mi padre, él nunca me ha impuesto nada como nunca le ha impuesto nada a ninguno de los alumnos de su Academia. El es un guía". Respetuosa de una tradición musical familiar, ella estima que debe interpretar lo que los compositores escribieron "aunque nunca sabré como Brahms o Mozart querían que les tocaran sus obras". Cuando está en la escena, la joven violinista busca antes que nada hacer pasar la emoción y la sensibilidad de las notas que está expresando; " cada vez que me encuentro delante de un público, siento que tengo algo muy importante que darle". Así lo fue en Moscú, en abril de 1994, cuando interpretó junto con la Orquesta Nacional de Rusia, un concierto del cual guarda un recuerdo muy particular: "Los rusos comprenden el arte y la música, ellos tienen una cualidad de escuchar impresionante". Para Laurence Kayaleh estar en escena representa también un estímulo sumamente importante: "las luces, la sala, el público, todo contribuye a que una obra suene cada vez diferentemente".

Y además está el violín, con el cual la artista mantiene una relación muy especial "como una continuación de si misma". Ella misma empezó su carrera con un instrumento moderno que le permitió desarrollar su propia sonoridad "después de que a ese violín lo sentí limitado, la Fundación Stradivarius me prestó un instrumento con el cual di muchísimos conciertos