En Crans-près-Céligny,
una de las más bellas regiones de la Suiza francesa, en los bordes
del Lago Leman, está situada la Academia de Altos Estudios de Música
Habib Kayaleh. No se encuentra ni muy lejos de Ginebra, ni muy lejos de
Lausanne, por lo que ofrece un acceso fácil a los estudiantes de
ambas ciudades quienes, al recibir sus lecciones en esta prestigiosa Academia,
cuentan con un inspirador ambiente , donde, a través de su música,
pueden dialogar con la hermosa naturaleza que les rodea.
Fundada por el prestigioso Maestro Violinista Habib Kayaleh, su Academia
es reconocida internacionalmente y acoge estudiantes llegados de cualquier
rincón del mundo. Actualmente siguen cursos intensivos de violín
virtuosos y músicos venidos de España, Corea, Alemania, Estados
Unidos, Japón, Bulgaria, Hungría, Rusia y Suiza, Clasificada
esta Academia como una de las pocas en el mundo en la enseñanza
del violín, desarrolla en los jóvenes violinistas, mediante
pasantías hasta de un año, tal destreza en la interpretación,
que muchos de ellos han sido los premiados de primer orden en importantes
competencias internacionales. También ha formado músicos
que luego se han integrado a orquestas de cámara.
No sólo se enseña el violín, el piano constituye
otro de los instrumentos de enseñanza de alto nivel en la Academia.
También en los concursos internacionales de piano, estudiantes de
la Academia Kayaleh se han hecho merecedores de los primeros premios.
Para asegurar el desarrollo y superior rendimiento de esta Academia,
su fundador, Habib Kayaleh y su esposa, la pianista Ingrid Hoogendorp,
crearon en el año 1988 una Fundación denominada "La
Fundación Kayaleh", que se encarga de sostener a la academia
moral y financieramente, de hacer accesible el otorgamiento de becas de
estudio, de favorecer los intercambios culturales, planificar cursos musicales,
cursos de vacaciones, seminarios de interpretación y de perfeccionamiento,
de otorgar premios y organizar conciertos, grabaciones y presentaciones
musicales de cualquier índole.
Dentro de las labores más importantes que ha cumplido la Fundación
está la oportunidad que les ha brindado a jóvenes artistas
de ofrecer conciertos en público sin tener que soportar las molestias
inherentes a la organización de un recital y de hacer conocer los
talentosos jóvenes portadores de grandes esperanzas en el mundo
de la música, La Fundación organiza igualmente cursos intensivos
de violín durante el verano, dirigidos a músicos jóvenes
de alto nivel quienes se beneficias durante toda las sesiones de las clases
personales del Maestro Kayaleh.
La Fundación cuenta con una orquesta de cámara que responde
a varios objetivos: la promoción de artistas jóvenes con
talento excepcional, la posibilidad de acompañar solistas de renombre,
invitados, sin olvidar, naturalmente, al propio Kayaleh. La orquesta cuenta
hoy con diez y ocho músicos de diez nacionalidades diferentes. Se
ha presentado en centros importantes y sus compromisos ya la han llevado
a presentaciones en algunas ciudades europeas.
Desde 1989, la Fundación ha otorgado becas de estudios a una
veintena de estudiantes, cuyas familias se encuentran en situación
económica difícil; con ello se les permite desarrollar sus
aptitudes musicales.
Una actividad bastante original que desarrolla la Fundación Kayaleh
está constituida por las Lecciones Magistrales. Una vez al mes,
se selecciona a algunos estudiantes, quienes durante la Lección
interpretan una pieza completa de su repertorio, la cual es comentada al
final, siendo estudiada laboriosamente y analizada técnica y artísticamente
por el Maestro Kayaleh. He tenido la oportunidad de asistir a varias de
estas Lecciones Magistrales: cuando el alumno seleccionado terminaba de
interpretar su pieza, los asistentes aplaudíamos; luego, una vez
que el Maestro empezaba a decirle a su alumno: "muy bien tu interpretación,
pero creo que Mozart -o Paganini, o Ravel, o el autor que fuera- quería
decir esto en un pasaje de su música . . ." y él lo
interpretaba. El público podía captar entonces lo que era
el privilegio de contar con tal Maestro como profesor. Y el alumno repetía
y repetía hasta que su Maestro le indicaba el pasaje siguiente para
volver a analizarlo. Es una experiencia única, que dura hasta cuatro
o cinco horas, que pasan sin que el público se de cuenta, por lo
intenso e interesante del diálogo musical entre el virtuoso y el
Maestro.
La Orquesta de la Fundación Kayaleh ha ofrecido conciertos, además
de en Suiza, en Rusia, en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú,
en Ucrania, Hungría, Corea, Italia, Alemania y, recientemente, a
principios de diciembre de 1997, en los Estados Unidos.
Desde el mes de noviembre de 1987, un venezolano, Reinaldo Figueredo
Planchart, Ex-Ministro de Relaciones Exteriores y residenciado en Suiza,
preside la Fundación Kayaleh.
"Las cosas se hacen naturalmente. Muy temprano me di cuenta de
que iba a consagrar mi vida a la música".
Laurence Kayaleh nunca imaginó su vida de otro modo que no fuera
en compañía de su violín. Desde que era pequeña
y descubrió que la música era uno de los componentes esenciales
de su familia y, viendo de reojo las teclas negras y blancas del piano
de su madre, pensó que tenía ganas de aprender a tocar ese
instrumento; las notas estaban allí, bien distintas, pero su madre
no deseaba particularmente darle clases, Tuvo que aparecer un día
una guitarra plástica, colocada sobre su hombro, como si fuera un
violín, para que su padre --insigne violinista y maestro de virtuosos--
comprendiera de una vez por todas y le diera su primera lección
de violín. Lo que siguió parece más bien un cuento
de hadas: a los 11 años ofrece su primer concierto, emisiones de
televisión, giras por las cuatro esquinas del planeta y el trabajo
constante del violín como un verdadero "deportista". Dice
Laurence: "si se deja de tocar algunos días, se siente rápidamente".
Pero ella siempre contemporiza el placer de tocar con el trabajo de
la técnica: "las cosas se hacen naturalmente", recuerda
Laurence "a pesar de yo he aprendido todo lo que se, al lado de mi
padre, él nunca me ha impuesto nada como nunca le ha impuesto nada
a ninguno de los alumnos de su Academia. El es un guía". Respetuosa
de una tradición musical familiar, ella estima que debe interpretar
lo que los compositores escribieron "aunque nunca sabré como
Brahms o Mozart querían que les tocaran sus obras". Cuando
está en la escena, la joven violinista busca antes que nada hacer
pasar la emoción y la sensibilidad de las notas que está
expresando; " cada vez que me encuentro delante de un público,
siento que tengo algo muy importante que darle". Así lo fue
en Moscú, en abril de 1994, cuando interpretó junto con la
Orquesta Nacional de Rusia, un concierto del cual guarda un recuerdo muy
particular: "Los rusos comprenden el arte y la música, ellos
tienen una cualidad de escuchar impresionante". Para Laurence Kayaleh
estar en escena representa también un estímulo sumamente
importante: "las luces, la sala, el público, todo contribuye
a que una obra suene cada vez diferentemente".
Y además está el violín, con el cual la artista
mantiene una relación muy especial "como una continuación
de si misma". Ella misma empezó su carrera con un instrumento
moderno que le permitió desarrollar su propia sonoridad "después
de que a ese violín lo sentí limitado, la Fundación
Stradivarius me prestó un instrumento con el cual di muchísimos
conciertos