EN BUSCA DEL VENEZOLANO
¿QUE SOMOS?
En los últimos años
Venezuela ha estado sometida a un proceso de cambio
intenso, ilimitado en ciertos aspectos, caótico en
muchos de ellos y de una extensión y rapidez
verdaderamente excepcionales. Este proceso ha
afectado a todas las formas de vida nacional. los
venezolanos de hoy, tenemos un poco la sensación de
estar viviendo una realidad que se nos escapa, una
transición que no tiene término. Las cosas están
cambiando de fisinomía y de aspecto y nuestras
relaciones normales con los objetos, co los seres,
están sujetas a una alteración que no se detiene y
que nos produce una sensación de inestabilidad, de
extrañeza, de desacomodo y hasta de angustia.
Este cambio abarca todas las
formas de nuestra vida colectiva.Este es un cambio
que se percibe desde los detalles más nimios e
inmediatos de la vida cotidiana hasta las cosas más
importantes. Que afecta desde el traje hasta el
lenguaje, desde las costumbres y los usos hasta la
alimentación.

Que afecta desde el trato de
las gentes hasta los valores que invocan como cosas
apreciables y deseables en su vida. Y que no ocurre
de una manera pareja y paralela en todo el país, ni
en todas las clases, ni en todos los sectores. Esto
provoca que existan, una especie de islotes donde
predominan ciertos aspectos y otros donde predominan
otros, y por lo tanto el contraste se hace más rico
y se hace muchas veces más dramático por la
sensación de que se está incomunicación, una
incomprensión entre estas diversas maneras de ser o
de actuar que son las que caracterizan nuestra vida
colectiva actual.
Ante ese panorama cambiante y ante
esa velocidad creciente del cambio que es todavía
más digno de ser tomado en cuenta y observado, la
reacción del hombre común y corriente y mucho más
que del joven, del hombre ya maduro, del viejo, es
que está asistiendo a una especie de fin de mundo,
que las cosas que había conocido, con las cuales se
había identificado se le está escapando y están
cambiando a una velocidad extraordinaria, que se
está encontrando cada día más en un mundo extraño
que el no comprende, con el que se relaciona
difícilmente.
Y su reacción inmediata es,
desde luego una sensación de temor, a veces de
angustia incontrolable porque se pregunta: ¿qué
somos? ¿Es que estamos dejando de ser lo que
"éramos"? ¿Es que estamos sometidos a un
proceso de cambio como va a terminar, ni a dónde
vamos.

La ciudad está cambiando
Probablemente el mejor
reflejo de esta situación está en las ciudades. En
los últi-mos años nuestras ciudades han crecido con
una velocidad y con una dimensión desconocidas y
casi incomparables.
Hay que pensar que en el
último medio siglo Caracas ha crecido casi 26 veces,
lo que no tiene parangon en el mundo. Y de que en ese
crecimiento el aspecto de la ciudad ha cambiado, las
relaciones entre las gentes se hen modificado, el
panorama urbano es distinto, la sensación del marco
que nos rodea es la de que se ha alterado a fondo y
de que ya en gran parte no lo reconocemos. De modo
que esa extrañeza que se refleja en la ciudad se
refleja en la variedad del panorama urbano.
Caracas es un mosaico de
panoramas distintos, en donde pasamos del rascacielos
moderno, de la torre de vidrio y de acero, al rancho
primitivo que revela formas de vida elementales y
estas conviven pare la confusión y la angustia
nueva.
¿Con qué nos identificamos
dentro de este cuadro? ¿En qué sentido esto nos
pertenece o no nos pertenece?

El panorama humano
El crecimiento caótico y
violento de las ciudades, ese fenómeno de urbanismo
incontrolable y violento, tiene como consecuencia
modificar el panorama humano del país.
No era lo mismo un país
predominantemente rural de campesinos a un país
donde la mayoría de la población vive en núcleos
urbanos. iPero esa población que vive en núcleos
urbanos es una población urbana en el sentido
correcto de la palábra? ¿O son campesinos
desplazados que se han venido a un contorno urbano
sin renunciar a lo que han sido, con su mentalidad
campesina, con sus usos, con sus costumbres, con sus
desadaptaciones?.
Si uno mira el panorama
urbano, y en cierto sentido es el panorama del país,
encuentra que conviven variedades inmensas de oficios
y actividades que corresponden culturalmente a
situaciones distintas y casi inasimilables. Unas a
formas muy primitivas de actividad social, otras a
unas sumamente avanzadas tenológicamente y
cientificamente. Conviven así en el mismo espacio
pero desde luego representan tiempo, mentalidades,
épocas y situaciones muy poco asimilables las unas a
las otras, lo cual confirma esta impresión de que
estamos ante un horizonte humano desarticulado.
Nos encontramos a los oficinistas que
trabajan con los equipos más modernos y llevan un
ritmo de vida que se parece al de las más grandes
ciudades del mundo y junto a eso están oficios tan
antiguos como el del alfarero, como el del
talabartero, el amolador, el pequeño artesano que no
ha cambiado su manera de ser en siglos. Conviven, y
están presentes, el supermercado que presenta las
formas de mercadeo y actividad comercial más
avanzadas junto al buhonero que representa las formas
más antiguas que el hombre conoció de ofrecer
bienes y mercancias.
Y conviven igualmente el
obrero petrolero que está en una actividad sumamente
tecnificada -el hombre que maneja las
computadoras-junto al peón agrícola o el peón
ganadero que siguen trabajando como hace dos siglos.
Esto significa distintas épocas,distintas técnicas,
distintas mentalidades conviviendo juntas y habría
que preguntarnos entonces en que se parecen las unas
a las otras. ¿Qué tienen en común las unas y las
otras? Y sobre todo cada uno de nosotros desde su
posición, ¿con cuáles de ellas se siente
identificado? ¿Frente a cuáles de ellas se siente
ajeno y extraño? ¿Qué es lo que, en el fondo, y
después de todo, podría hacer que todos nosotros
nos sintiéramos que estamos perteneciendo a un mismo
fondo cultural? ¿Que con los matices y los cambios
no se altera alguna raíz o alguna veta que es la que
nos identifica a todos? Porque, desde luego, ¿somos
una nación o no somos una nación?.
Si somos una nación,
debemos tener una base cultural común marcada y
reconocible.
Las herencias
Todo ese pasado vario y a
ratos confuso que está frente a nosotros en ese
proceso de cambio contínuo representa un cúmulo de
herencias que arrancan de pasados distintos y que
confluyen, convergen y se mezclan. . bien o mal, de
una manera total o incompleta, ante nuestros
ojos.Esas herencias son las adaptaciones que a lo
largo deuna historia, ya cercana a los cin-co siglos,
han tenido los persona-jes que han hecho la historia
en Venezuela. Las herencias cultura-les que nos
fueron aportadas o que estuvieron aquí.
Es decir, los grandes
personajes de nuestro devenir histórico, lo que el
indio representaba como cultura o como variedades
culturales en nuestro territorio. Mucho de lo cual ha
quedado y está vivo aún en formas que ni siquiera
sospechamos, en palabras, en usos, en alimentos. Lo
que los españoles aportaron y que luego, porque va
desde la religión hasta la mayoría de las formas
sociales. Y lo que trajeron los africanos que
vinieron que vinieron a Venezuela desde muy temprano
y que trajeron a su vez todo su haber cultural. Todo
esto estuvo presente en la tierra venezolana entre
estos actores. Determinó influencias mutuas,
determinó ecos y reflejos, modificaciones y
adaptaciones y hubo un proceso que es lo más
importante de todo, que es el del mestizaje: el de la
mezcla de estas influencias y estas culturas en la
creación de un hecho cultural y social nuevo,
distinto de que originalmente representaba el indio,
oel que representaba el español o el africano. Ese
hecho nuevo, con sus variantes, sus adaptabilidades,
sus modificaciones, es el hecho venezolano. Es de esa
mezcla que se empieza a ver una cosa distinta, que es
la que llamamos y hemos legado a llamar venezolana.

Los pasados vivientes
Pero esos pasados están
vivos en muchos aspectos, en muchos aspectos se
asocian de manera diferente según los lugares y
según la presencia mayor o menor de una herencia o
de otra, y a ella se han unido otras influencias,
continuamente venidas de fuera y han estado presentes
en la vida y el desarrollo de esta nación a todo lo
largo de su historia. Lo vemos en los usos más
comunes, en las cosas más inmediatas. Está presente
en la alimentación diaria, podemos comer arepas, y
podemos comer casabe que son alimentos indigenas de
la más remota antiguedad, y simultaneamente estamos
comiendo hamburguesas y perros calientes en un
"quick-lunch", en el cual hay una mezcla
cultural inevitable y visible, que a ratos parece
violenta pero que sin embargo no nos choca porque
terminamos por asimilar todas estas cosas juntas.
Como tampoco nos sorprende toparnos, a poco de entrar
en una zona agrícola, con el conuco en su forma más
primitiva junto a la explotación agrícola m´ás
mecanizada y moderna.
¿Con qué nos identificamos?
Cuál de estas dos cosas nos
representa? ¿ Hasta qué punto una de estas cosas
está implícita en la otra? ¿Cómo encontramos la
huella de lo uno y de lo otro en algo que finalmente
pudiera ser "lo venezolano"? Esta es la
cuestión que se plantea. ¿Es que estamos
identificados con el mito de "Tío Tigre" y
"Tío Conejo"? ¿Es que nosotros sentimos
fundamentalmente que ese diálogo astuto y a ratos
malévolo que celebra el Tío Tigre de La Conseja con
Tío Conejo, y en que generalmente Tío Conejo, que
es el vivo y engaña a Tío Tigre vence, es el que
predomina en nosotros? ¿O es que estamos también, y
sin duda ocurre en muchos sectores especialmente
juveniles, bajo la influencia de otros personajes
nuevos que han aparecido? Bajo la influencia de
Mandrake, o bajo la de Superman, o bajo la de los
héroes de las tiras cómicas, que también tienen
una influencia extraordinaria en nosotros. ¿O es
que, separadamente, ellos influyen o es que está
ocurriendo ya una mezcla de ambos que va a ser la
marca, o la huella de los venezolanos nuevos en la
era que comienza?.
Trabajo y riqueza
Con frecuencia decimos, o
pensamos o aceptamos que el venezolano no es
presisamente un modelo de vocación para el trabajo,
que carece de diciplina, de rendimiento, de voluntad,
de continuidad en el trabajo. Que confía más en el
azar o en algunas formas mágicas en que la riqueza
puede obtenerse.
No se puede hacer una
generalización de esta clase sin incurrir en
gravísimos errores o injusticias. Pero
indudablemente que algo de esto es cierto y habría
que buscar las raíces de ésto. Porque es cierto que
nosotros tenemos de una herencia histórica una
determinada actitud ante el trabajo ha sido
determinada por hechos que tuvieron vigencia en este
país por siglos y que están en la raíz de nuestra
sensibilidad, de nuestro subconsciente, por así
decirlo, y simultáneamente también hemos importado
y aceptado, sobre todo en los tiempos modernos, una
diciplina de trabajo que es evidente y visible en
todos los aspectos de la vida. ¿Cómo se combinan
estas dos tendencias? ¿ Y en qué consisten estas
raíces? Como, igualmenta, ¿ hasta dónde confiamos
nosotros en el esfuerzo propio y en el ahorro y hasta
dónde confiamos en el azar? Y ¿ Por qué confiamos
en el azar? y ¿ por qué confiamos en el brujo? ¿
Por qué tenemos, a pesar de que estamos en una era
de avance tecnológico y todos estamos habituados a
usar estos instrumentos que significan la tecnología
más avanzada, sin embargo seguimos pensando en la
posibilidad de enriquesernos por el azar?
Jugamos lotería, jugamos 5
y 6, creemos en augurios y en brujos. Todo esto
revela como en el alma de cada uno de nosotros estas
viejas corrientes convergen y como están presentes
en las cosas más ordinarias de la vida aunque no nos
percatemos de ella.
Por lo tanto es importante
que vayamos a buscar ese fondo. Que vayamos a urgar
en él para buscar que es lo que hay permanente, que
es lo que está de presente, que es lo que nos
identifica a todos, a pesar de las aparentes
diferencias que puede haber, en ese hombre que nos
parece un hombre entregado al azar y la magia y ese
otro hombre que nos parece un representante de la
Venezuela tecnológica y tecnocrática que domina muy
bien las más avanzadas tecnologías modernas, pero
en el fondo del cual, por una herencia cultural
evidente, tiene trazas y presencia de lo que el otro
representa.
La angustia de saber que
somos.
Hasta dónde esa presencia
de herencia mágica, de confiar en el azar, de buscar
explicaciones no racionales, está presente en
nosotros?
Esto, desde luego, plantea
cuestiones que habría que buscar para entendernos un
poco mejor y sobre todo para respondernos un poco
mejor y sobre todo para respondernos a esta pregunta
que al fin es la que nos importa. ¿ Con cuál de
ellas nos identificamos? ¿Hasta dónde somos el
venezolano del 5 y 6 cada uno de nosotros? ¿ Hasta
dónde somos el venezolano de la tecnología? ¿
Hasta dónde pertenecemos al pasado y a cuál de esos
pasados? ¿ Y hasta dónde estamos en el presente y
en sus exigencias actuales?
Si nosotros viéramos un
hecho tan simple como el de la vivienda podríamos
hacer un catálogo sorprendente de todas las formas
de vivienda que coexisten en una ciudad como Caracas,
en su crecimiento caótico.
Podríamos encontrar, desde
luego, para empezar, todavía la muestra de la vieja
casa tradiecional criolla, la casa de zaguán, de
patio y de corral. Esa casa no era un capricho, esa
casa se produjo a través de la historia venezolana
como un reflejo de condieiones de climas, de
geografía y de cultura. Y representaba, además, un
concepto de la familia, un concepto de la sociedad y
un concepto de la vida humana.
Esa casa expresaba todo eso
en su estructura y en su división. Allí estaban el
padre y la madre, las cabezas de la familia, allí
estaba el nucleo familiar, allí estaban los niños,
allí estaban los criados y estuvieron antiguamente
los esclavos y allí, en cada uno de esos ambientes
sucesivos, iba estando representada una manera de
vivir.
Y estaba la calle. Había
una relación casa-calle. La calle era del hombre, la
casa era de la mujer. Luego vino, con el adelanto, el
apartamento.
Una inmensa mayoría de los
actuales habitantes de Caracas vive en apartamentos.
Este es un estilo de vida distinto, ese núcleo
familiar extenso de allegados, de parientes, de
criados, que antes convivían en la vieja casa
tradicional ya no pueden vivir en el apartamento; el
apartamento representa una familia simplificada, una
permanencia en el hogar limitada, una vida que está
mucho más conectada con lo que se hace afuera que
con lo que se hace adentro, una relación casa-calle
que ha cambiado y que representa también cambios en
la psicología de la gente.