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Yo pienso que, ante todo, no se deba nunca, en ningún caso, temer la instrumentalización por parte del poder y de su cultura. Hay que comportarse como si esta eventualidad peligrosa no existiera. Lo que cuenta es ante todo la sinceridad y la necesidad de lo que se debe decir. No hay que traicionarla en ningún modo, y mucho menos callando diplomáticamente, por haber tomado partido.

Pero pienso también que, después, hay que saber darse cuenta de cuanto se ha sido instrumentalizado, eventualmente, por el poder integrante. Y entonces si la propia sinceridad o necesidad han sido aprovechadas y manipuladas, yo pienso se debe tener justamente el coraje de abjurar de ellas.

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Yo abjuro de la Trilogía de la vida, aunque no me arrepiento de haberla hecho. No puedo de hecho negar la sinceridad y la necesidad que me han impulsado a la representación de los cuerpos y de su símbolo culminante, el sexo.

Tal sinceridad y necesidad tienen diversas justificaciones históricas e ideológicas.

Ante todo se insertan en aquella lucha por la democratización del derecho a expresarse y por la liberación sexual, que eran dos momentos fundamentales de la tensión progresista de los Años Cincuenta y Sesenta.

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Pero, a quienes criticaban, disgustados o despreciando, la Trilogía de la vida, que no les venga a la mente el pensar que mi abjuración conduzca a sus deberes.

Mi abjuración conduce a otra cosa. Tengo el terror de decirlo y busco, antes de decirlo, como es mi verdadero deber, elementos retardantes. Que son:

  1. El intransgredible dato fáctico de que, aunque quisiera continuar haciendo obras como las de la Trilogía de la vida, no podría porque ya odio los cuerpos y los órganos sexuales. Naturalmente hablo de estos cuerpos, de estos órganos sexuales. Esto es de los cuerpos de los nuevos jóvenes y muchachos italianos. Pero se objetará: Tu realmente no representabas en la Trilogía cuerpos y órganos sexuales contemporáneos, sino aquellos del pasado. Es verdad pero por algún tiempo me ha sido posible ilusionarme. El presente degenerante era compensado ya por la objetiva supervivencia del pasado como, en consecuencia, por la posibilidad de re-evocarlo. Pero hoy la degeneración de los cuerpos y de los sexos ha tomado un valor retroactivo. Si aquellos que entonces eran así y han podido convertirse ahora en así y así, quiere decir que lo eran ya potencialmente por ello también su modo de ser entonces está, en el presente, devaluado. Los jóvens y los muchachos del proletariado romano—que son aquellos que he proyectado en la vieja y resistente Nápoles, y en los países pobres del tercer mundo—si ahora son inmundicia humana, quiere decir que también entonces potencialmente lo eran: eran por consiguiente imbéciles constreñidos a ser adorables, escuálidos criminales constreñidos a ser simpáticos, viles ineptos constreñidos a ser santamente inocentes, etc, etc. La agitación del presente implica también la agitación del pasado. La vida es un montón de insignificantes e irónicas ruinas.

  2. Mis críticos, afligidos o despectivos, mientras todo esto sucedía, tenían cretinos deberes como decía, de continuar imponiendo eran deberes tocantes a la lucha por el progreso, a las mejoras, la liberación, la tolerancia, el colectivismo, etc, etc. No se apercibieron que la degeneración ha venido propiamente a través de una falsificación de sus valores. ¡Y ahora tienen el aire de estar satisfechos! Encontrando que la sociedad italiana ha Indudablemente mejorado, esto es, se ha hecho más democrática, más tolerante, más moderna, etc. No se percatan de la ola de delitos que sumerge a Italia: relegan este fenómeno a las crónicas y no remueven los valores. No se percatan que no hay ninguna solución de continuidad entre quienes son técnicamente criminales y quienes no lo son: y que el modelo de insolencia, deshumanidad, impiedad es idéntico para la absoluta masa de los jóvenes. No se percatan que Italia esáa justamente en el cubrefuego, que la noche está desierta y siniestra como en los más negros siglos del pasado pero esto no lo experimentan, se están en casa (seguramente gratificando de modernidad la propia conciencia con ayuda de la televisión). No se percatan que la televisión, es tal vez aún peor que la escuela obligatoria, han degradado todos los jóvenes y muchachos a ser limitados, acomplejados, racistas burgueses de segunda serie pero consideran esto una desagradable coyuntura, que ciertamente se resolverá casi como si una mutación antropológica fuera reversible. No se percatan que la liberación sexual más bien que dar felicidad y ligereza a los jóvenes y a los muchachos, les han convertido en infelices, cerrados, y por consiguiente estúpidamente presuntuosos y agresivos pero de esto no quieren ocuparse porque no les interesa nada de los jóvenes y los muchachos.

En fin, es hora de afrontar el problema ¿a que me conduce la abjuración de la Trilogía?

Me conduce a la adaptación.

Estoy escribiendo estas páginas el 15 deJunio de 1975, día de elecciones. Se que aunque "como es muy probable- hubiera una victoria de las izquierdas, otro será el valor nominal del voto, otro su valor real. El primero demostrará una unificación de la Italia modernizada en sentido positivo; el segundo demostrará que Italia—fuera naturalmente de los tradicionales comunistas es en su conjunto ya un país despolitizado, un cuerpo muerto, cuyos reflejos no son más que mecánicos. O sea, Italia no está viviendo otra cosa que un proceso de adaptación a la propia degradación, de la que busca liberarse sólo nominalmente. Tout va bien: no hay en el país masas de jóvenes criminaloides, o neuróticos , o con formistas hasta la locura y la más total intolerancia , las noches son seguras y serenas, maravillosamente mediterráneas, los raptos, los robos, las ejecuciones capitales, los millones de rapiñas y hurtos atañen a la página de la crónica de sucesos de los periódicos, etc, etc. Todos se han adaptado o a través de el no querer preocuparse de nada o a través de la más inerte desdramatización.

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Pero debo admitir que también el haberse despreocupado o el haber dramatizado no preserva de hecho de la adaptación o de la aceptación. Por tanto yo me estoy adaptando a la degradación y estoy aceptando lo inaceptable. Maniobro para reorganizar mi vida. Estoy olvidando cómo eran antes las cosas. Las queridas caras de ayer comienzan a amarillecerse. Ante mí —poco a poco sin más alternativa—el presente. Readapto mi compromiso a una mayor legibilidad (¿Saló?).

Pier Paolo Pasolini:

Poeta, ensayista, novelista, cineasta y hasta teórico del cine, Pier Paolo Pasolini es, sin lugar a dudas, una de las figuras más controversiales del cine contemporáneo. Nacido en Bologna, Italia, el 5 de marzo de 1922 y asesinado en Ostia el 1* de noviembre de 1975, desarrolló a lo largo de su carrera una obra personal y explosiva, signada por una visión crítica y despiadada de la sociedad moderna. La Trilogía de la Vida, compuesta por II Decamerone, I Racconti di Cantebury y Il fiore delle mille e una notte, es una lectura libre de los clásicos de Boccacio, Chauser y de algunos relatos de la antología árabe, respectivamente. Con una clara unidad temática, esta trilogía proclama un canto a la vida, una exaltación de los sentidos, y de la que más tarde el propio Pasolini renegaría, presagiando desde ese mismo momento su último film Saló o le giornatte di Sodoma.

Trilogia della vita, de P.P Pasolini, preparada por Giorgio Gattei, Capelli Editore, Bologna, 1975, Págs. 11 y ss En: Antonio Monclús, Pasolini Obra y Muerte, Editorial Fundamentos,Madrid, 1976.

Tomado de la revista de la Cinemateca Nacional

En internet: http://www.cinemateca.org

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