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Por Carlos
Becerra y Germán Otero
En
estos tiempos está de moda hablar sobre la globalización en todos los aspectos, en la
economía, en la información y ¿porqué no? la alimentación. Como todos los procesos
que implican cambios profundos en la vida humana, las opiniones sobre las bondades o
defectos del proceso varían substancialmente, entre dos extremos: Los partidarios de la
leyenda dorada consideran que la globalización, donde las barreras comerciales y de
movilización se desmoronan y la comunicación permite un conocimiento instantáneo de la
situación en todo el mundo, es una panacea que permitirá la solución de los problemas
socioeconómicos que agobian a la humanidad. Los partidarios de esta posición provienen
generalmente de los sectores económicos y financieros. Un ejemplo de esta posición está
plasmada en el libro El Fin de la Historia y el Ultimo Hombre de Francis Fukuyama.

Por otro lado, tenemos a los detractores de la
globalización quienes consideran que los efectos de la misma son nefastos para la
diversidad de intereses y costumbres que existen y que puede convertir a la humanidad en
una masa homogénea y amorfa. Esta opinión es generalizada en los medios artístico
culturales, un ejemplo lo constituyen las recientes declaraciones del Director General de
la UNESCO Federico Mayor.
En la realidad, los eventos que afectan la humanidad
no siempre alcanzan efectos extremos sino que resultan en un reacomodo gradual con
vaivenes espasmódicos.
En el caso de la alimentación vamos a recorrer la
evolución de nuestros hábitos hasta el presente y cuáles son las perspectivas para el
futuro cercano.
Los primeros humanos se alimentaban de lo que
conseguían en su medio inmediato. En el transcurso del tiempo, el hombre comenzó con la
agricultura y la domesticación de animales. Si bien esta situación permitió el
asentamiento en los primeros poblados, disminuyendo el requerimiento de movilización con
objeto de obtener comida para la supervivencia, la inquietud por alcanzar nuevos
horizontes se consolidó. En sus migraciones, los hombres llevaban sus semillas y sus
animales, diseminándolos así por el mundo conocido. Por ejemplo en el tercer siglo antes
de Cristo, la cebada se cultivaba desde China hasta Africa meridional Algo similar
sucedía con el pollo que si bien tuvo su origen en Malasia, se comía en la corte de los
faraones.
Posteriormente, en los últimos siglos antes de
Cristo, cuando ya se encontraban civilizaciones desarrolladas en Asia (China e India),
Europa (Grecia y Roma), y Africa (Egipto), encontramos un activo comercio entre ellos,
tanto por vía terrestre como marítima. Dentro de ese comercio se destacan los productos
alimenticios, primordialmente las especies. Así en la mesa romana durante el imperio, se
encontraban manjares traídos de los confines del mundo conocido: pétalos de rosa y trigo
de Egipto, especias como jengibre, nuez moscada, canela y pimienta entre otras, del lejano
oriente; vinos de Grecia, garum de España, frutos y aves exóticas como el banano y loros
de Africa. Adicionalmente, las legiones marchaban por toda Europa llevando no solamente la
Lex Romana consigo sino también sus alimentos, ya que querían comer lo que disfrutaban
en casa. Así muchos de los cultivos de la región mediterránea fueron llevados hasta
Inglaterra. Aunque no todos se adaptaron, el resultado es que aún en la actualidad pueden
observarse pequeñas zonas donde se produce vino en Lancashire. De esta manera observamos
que en el apogeo del Imperio Romano, existe un intercambio dentro del mundo conocido donde
se puede obtener la mas grande variedad de productos en el centro y una difusión de ellos
en su área de influencia . Con la declinación y caída del imperio, esta variedad
alimenticia desaparece en Europa y se traslada a los diversos imperios musulmanes ya sea
Granada, Bagdad o Tashkent.
En los comienzos del Renacimiento y la era de los
descubrimientos, se reinicia la globalización de la alimentación, esta vez con la
adición de los nuevos productos de América y la obtención directa de los del Lejano
Oriente. La integración se realiza rápidamente, Los Capsicum (pimientos) se convierten
en la comida típica de la India y los productos asiáticos (café, azúcar y bananos)
representan la base económica del Caribe y América del Sur. Las especies crean fortunas
inmensas para los portugueses, holandeses e ingleses.
En Europa, donde las alianzas estratégicas
incluían frecuentemente a matrimonios entre las casas reales, uno de los ingredientes
claves de la dote eran los cocineros que acompañaban a las infantas en su viaje de bodas.
Así Catalina de Medicis contribuyó a la refinación de la cocina francesa ( en mayor o
menor grado dependiendo del analista), la salsa española deriva su nombre de los
cocineros de Isabel quienes añadieron tomate a los jugos de los asados y ¿qué sería de
la cocina francesa sin la salsa española?, nadie lo sabe, pero no sería lo mismo.
Como hemos visto someramente, los productos
alimenticios tienen un don de ubicuidad estando presentes en todos los sitios donde las
condiciones han sido propicias para el disfrute de la buena mesa. Por esta razón
consideramos que la globalización de la alimentación es una condición natural del
hombre en su condición de curiosidad insaciable.
Desde finales del siglo pasado, la tecnología ha
realizado una serie de avances en los métodos de conseración de alimentos, básicamente
enlatados y congelación, los cuales reemplazan a los tradicionales de secado, ahumado y
salado. Estas tecnologías han permitido aumentar la disponibilidad de productos en
diferentes épocas del año y en ámbitos más amplio.

Otras mejoras ocurridas son los avances en la
agricultura y genética lo que conlleva mayor producción , si bien no necesariamente
mejor sabor. Estos cambios han tendido a la estandarización de los productos, todos
iguales, todos del mismo tamaño, todos con suave sabor para atraer al máximo de
ocnsumidores. Si añadimos la aparición, amediados de siglo, de la comida preparada en
serie, tanto para la casa como para fuera, la situación del buen comer aparece como en
apuros. Las comidas congeladas de televisión (TV dinners), descongeladas en el horno y
que es imposible determinar que son excepto por la etiqueta y ue se mastican en el momento
de los comerciales y las cadenas de comida rápida (Fast Food) donde garantizan que sus
productos saben igual en cualquier parte del mundo ( básicamente a cartón húmedo)
pareciera ue nos fuésemos acercando al tubito de comida (tipo astronauta) que sólo dice:
contiene 100% de los requerimientos mínimos de ingesta diaria de proteinas,
carbohidratos, lípidos, vitaminas y minerales, de acuerdo a las recomendaciones del Codex
Alimantarius FAA/OMSS 1993 ¡Que Banquete!!!
.
Sin embargo, se nota una reacción de la población.
En el caso de la comida para la casa, han ido apareciendo latas y congelados Gourmet, que
si bien no son lo mismo que hechos desde un comienzo, pueden se adaptados fácilmente al
gusto propio. En cuanto a la comida de fuera, se nota la proliferación de pequeños
restorantes étnicos de buena calidad y precios módicos. Así mismo, algunas de las
cadenas han obtenido resultados poco halagadores en sus intentos de diversificación en
países con diferentes costumbres alimenticias y han planificado adaptar sus platos
únicos a los gustos locales.
Finalmente, hasta la cadena líder, Mac Donalds, ha
iciniado la conversión de todas sus tiendas a cocinas robóticas que permitan al cliente
diseñar sus variaciones sobre el mismo tema.
Como conclusión podemos decir que, por lo menos en
la comida, ninguno de los extremos realmente funciona. Ni existe una disponibilidad total
de la diversidad alimenticia total, pero tampoco nos veremos obligados a ingerir una
comida homogénea e insulsa como si fuéramos una bomba da gasolina ¡Llénalo!
Como recetas hemos escogido el Borsch, sopa que
epitomiza a la comida rusa y la cual es muy solicitada como "levanta muertos" en
fiestas . La otra receta es de langostinos y ha sido desarrollada por un primo, Johnny
Pérez Canto en donde combina técnicas y sabores orientales y occidentales.
¡Buen Provecho!.
CONSEJOS DORADOS
El Borsch se acompaña con Piroshki, que son unas
empanaditas rellenas con carne o con repollo.
Con los restos del Borsch se puede preparar un crema
fría licuando los vegetales y añadiendo crema agria.
El vino que se añade en los platos orientales no se
usa para dar sabor sino para eliminar los olores que producen los ingredientes utilizados.
RECETAS
BORSCH
PREPARACION |
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INGREDIENTES |
En una olla
grande se ponen los huesos, la carne, sal, pimienta, ajo, laurel, ajoporro, celery,
perejil, menta, eneldo y 1 cebolla, se cubren con agua y se cocina lentamente por una
hora. Se cuela el caldo y se eliminan los huesos y los condimentos. Simultaneamente se
pica el tocino en dados y se frien por 10 minutos. La cebolla y el repollo se pican en
pedazos gruesos y la zanahoria, nabo y remolacha se pican en tiras y se frien con el
tocino por 10 minutoa adicionales. Se ponen en la olla el caldo, el tocino y los vegetales
y se cocinan por 45 minutos. Se añaden las papas (picadas en cuadritos) y el puré de
tomates y se cocina 1/2 hora mas. Al estar listo, se añade una remolacha rallada y frita
por 5 minutos.
Para servir se pone una cucharada de crema agria y
un ramito de eneldo en cada tasa. |
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Huesos de Res
2 Kg de muchacho Cuadrado
1/2 Kg Tocino
1 Repollo Pequeño
3 Zanahorias
2 Cebollas
4 Remolachas
3 Papas
1 Nabo
1T Puré de Tomates
Sal yPimienta
3 Dientes de Ajo
2 Hojas de Laurel
1 Ajoporro
1 Celery
1 Ramo de Perejil
1 Ramo de Menta
2 Ramas de Eneldo
Crema Agria |
JOHNNY'S SHRIMPS
(receta de Johnny Pérez Canto)
PREPARACION |
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INGREDIENTES |
Se ralló medio Jengibre
pequeño
Sralló la corteza de una mandarina
Se le sacó el jugo a dos mandarinas
Los camarones pelados se pusieron a remojar en
limón
En una sartén se derritió mantequilla cons sal y
se pusieron a rebosar los camarones por muy poco tiempo con un chorrito de vino blanco y
se pusieron en el jugo de mandarina a reposar.
En la sartén, con su líquido, se le echaron las
cabezas de los camarones y se cocinaron con otro chorrito de vino blanco y con un mortero
se les estrujó para que soltaran todo su sabor mientras se cocinaban se sacaron las
cabezas con un colador para conservar la salsa que regresa al sartén.
A ésta se le echó ahora el jengibre y la ralladura
de mandarina y se cocinaron con otro chorrito de vino blanco hasta considerar que todo su
sabor estaba en la salsa. Se le echó todo por un colador .
A esta salsa se le echó ahora unas dos cucharaditas
de miel, se mezcló bien y se añadieron los camarones con su jugo de mandarina.
Se sirven con un poquito de su salsa y decoración |
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1
kilo de camarones (no botar las cabezas)
3 mandarinas
vino blanco,
mantequilla
sal
jengibre
jugo de limón |
BIBLIOGRAFIA
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Tannahill, Reay: Food in History. Crown Pub.
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Visser, Margaret: Much Depends on Dinner.
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Ward Susie, C. Clifton & J. Stacey: The
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