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para Roberto,

porque su incapacidad de amar se encontró con la mía, y no supimos que hacer.

El amor se ha puesto a trabajar y es infatigable.

P. Eluard

 


Tu deseo respira por mis heridas, en ese golpe seco que produce el temor palpable de una pérdida. Me despido de tus complicaciones, de tus pasos hacia atrás, de esa mirada que se cruza sin tocarme. Huyo del pensamiento atroz de querer cansarme y descansar en tus fatigas. No se como enfrentar mis actos de omisión, detener el giro acostumbrado de mi cabeza cuando te siento intacto e invulnerable como una obra de arte, cuando te observo hablar con los demás, sonriendo como única manera de evadir todas las cotidianidades. Te miro desde el otro lado de la calle, aplacando la inercia absoluta de mis actos, en la mudez que es mi concepto de verdad. Siento, como Icaro, la inutilidad de mis alas, cuando se abren y te encuentro comodo ardiendo en ellas.

 


Siempre supe que no es sabio llegar a los extremos sin tener la habilidad para manejarlos. Por eso no te miro a los ojos, me cuesta voltear mi rostro hacia ti.Temo la verdad de tu mano en mi espalda, que tu olor se me quede en la ropa, sentarme a esperar y que nunca llegues. Por eso estoy siempre en el medio ocultandome de los extremos, de tu nombre común. Por eso no tomo atajos para llegarte, temo que mi prisa contenida se fisure con tu palabra precisa. Por eso la indiferencia, mi inofensivo escudo de palabras, mi tonta estrategia de discutir. Por eso no te espero y ese acto de rebelión, íntimo y extremo, me protege de todos menos de mi.

 


He amado
por lo que no se debe amar:
necesidad
desolación.

 


Amar
es no ser nadie
es cubrirse
toda
de tierra

 


"El amor es, por eso, la muerte, o el olvido, o la renuncia..."

Fernando Pessoa

Me desnudo delante de mi, dejo que la piel se amolde a los pliegues de una sábana cualquiera, abro bien mis ojos para ver lo que ya no hace falta imaginar. Sobre mí, un cuerpo sigue su instinto y no piensa: sólo entra, perdiéndome siempre. Se tumba sobre lo que me resta de piel, mientras la costumbre ataca sin compasión ni tregua.

 

 


a Roberto

Te busco para ser liberada de esa culpa que creaste, para desterrarme en tus horas de tedio. Siempre supe que tu virtud más completa era volcar tu muerte en mi tranquilidad, y que tu cuerpo escaso de respiraciones te servía para el acoso. He escuchado tus triunfos, saliendo de tu cuerpo para entrar en el mío, guardando los secretos bajo tierra (porque algún día ambos seremos inofensivos). Me pierdo en un laberinto de camas, en un cuarto sellado con aire; esperando que seas tu quien me libere de éstas, mis palabras.

 


Muda, recorro tu cuerpo acostado en mi cama y con esta lengua que en mi boca es estéril, te digo desgastadas palabras de amor que no creo. Somos sacos de piel, solitarios despojos de mar.

 


Con el rostro en la pared espero y respiro conforme. Quizás una palabra que emule un fin, que tenga olor a "no hay vuelta atrás" o adelante. Un simulacro disfrazado de discusión, no se que pienso cuando miro el reflejo blanco; no hay mancha ni pintura desconchada en la que pueda concentrarme. No existe una sola palabra tuya que me retumbe en los oídos o en los recuerdos. No sé porqué espero, porque escribo, quizás sea para ahuyentarme, para apartar de mi la sensación de pasión incontrolada, de amor eterno visto en telenovelas, o de aquellas historias verdaderas que magnifica la imaginación. Te recorro con humo, en negativo, como esas cosas que uno dice quiere olvidar, pero que en realidad es lo contrario y como para no traicionarse con el pensamiento se recorren velados, con poca luz. Mi respiración se hace entrecortada, como cuando un asombro inesperado nos visita; mis pupilas se van cansando, muriendo, mis párpados comprensivos le sirven de escudo. Y yo te amo con el silencio y en la inmovilidad de mi cuerpo, te sustituyo en la imaginación de lo que nada es cierto, te descubro inofensivo y vulnerable en ese lugar en donde es fácil la herida.

 


Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones.

Alejandra Pizarnik

Quisiera estar
en tu cuerpo
dentro de tu piel
tocarte
de adentro
hacia atuera.

 


Eje.

He decidido dejarte ir
liberarte de las palabras
que no entiendes
he decidido
voltear el puño hacia mi
seguir golpeando.

 


(R)

Eres uno de esos rompecabezas
que uno pasa toda la vida
armando
sin saber que vino
sin una pieza.

 


Una risa forzada. Una risa ridícula. Una risa tan ridícula que tuvieron que reirse de ella

Milan Kundera (El libro de la risa y el olvido)

 

Te miro
y sonrío
rio con desesperación
me duele todo de reírme.

Eres una carcajada
que puedo esconder
rapídamente
en una página
de cualquier libro.

 


Todos los libros
están rasgados en el piso
vueltos trizas
ninguna coherencia en sus palabras.

No sé donde guardé tu fotografía.

 


Trato de viajar en mi tiempo
hacer memoria
buscar el lugar
donde escondí tu fotografía.

Por mi mente pasaron cientos de títulos
alqunos autores
mis manos tentaron lo habitual
los libros más gastados
no te puedo ubicar en ningún estante
otra broma pesada de mi costumbre
libro prestado.

 


Una fotografía
con sonrisa obligada
duele
!cómo duele!

 


Cuando puedo recordarte
sólo viene
la sonrisa hecha de silencios
tu cuerpo en la esquina inferior
de la cama
pero también recuerdo
(sobre todo)
tus manos buscando
para sostener la caída.

 


Tus manos se me vienen a la cabeza
recorder la forma, el olor, el tamaño
a eso lo llamo costumbre
por lo que no se tiene.

 


Leí varios libros de anatomía
memoricé cada nombre de hueso y tendón
podia recitar (de memoria)
los manuales de quiromancia
cada línea que las cruzaba.

Intenté leerte la palma
con historias inventadas
de una vida que nunca tendrías
estudié las cicatrices de infancia
porque supe que siempre estarían allí.

Cuando no las tuve
me di cuenta
de que las mías
sólo conocen de arrogancia.
por eso me pertenecen
por eso no se donde colocarlas.

 


No me conoces
pero me intuyes
sabes de mis ojos que se cierran
cuando toco tus manos
cuando las aferro
como única manera
de atarme a tu vida.

 


Cada gesto tuyo
me asombra
es como no terminar nunca
de conocerme.

 


Este cuerpo
que has tenido

Extraño
ha vuelto
a su cauce
de esperas
aparecen las cicatrices.

 


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Claudia Noguera Penso (Caracas,1963), ex-tallerista del CELARG 88-89, ha sido colaboradora de El Papel Literario, revista Imagen, diario Crítica, revista Babilonia, Domingo Hoy, Suplemento dominical Letra G (El Globo) y revista Extracámara.

Libros publicados:

NADA QUE VER

Séptimo Sello Editorial, 1989

VOCES NUEVAS

Taller de Expresión Literaria, Mención Poesía. (CELARG, 1991).

ULTIMO INTENTO

Obtuvo mención honorífica en la Vll Bienal

Literaria Ateneo de Calabozo "Francisco Lazo Martí". (1997).

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