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Quiero
presentar mis más sinceras excusas a los amigos
de surfeando y asegurarles que solo por razones
totalmente fuera de mi control no se pudo
publicar la columna del mes pasado.
El sexo había sido muy
extraño. Placentero, si, pero de una agresividad
inusitada por parte de ella, que me hizo pensar
en que debía haber pasado largo tiempo desde su
última vez. Además, en mi interior corrían
toda clase de pensamientos y sentimientos
inexplicables para el momento. La verdad es que
no sabía si sentirme enamorado o sentir una
repulsión absoluta por aquella diminuta belleza
que yacía a mi lado durmiendo placenteramente.
Lo que sí sabía era que yo no podía conciliar
el sueño para nada estando boca arriba, por lo
que apagué mi cigarrillo en un vaso de cerveza
Budwaiser y me voltee boca abajo. En aquel
preciso momento, Mariel se trepó sobre mi
espalda y se acomodó para continuar con su
sueño, pero ahora totalmente encima de mí. Yo
me quedé muy quieto para no despertarla ya que
para ese momento mi cabeza estaba en ebullición
y estoy seguro que no hubiera tenido nada
placentero que compartir con ella. De repente, la
voz con olor a flores susurró en mi oído
no penséis tan fuerte, que se oye hasta aquí
afuera- y sin más continuó si no me
queréis, podéis iros cuando os plazca, pero, si
no os vais, tendréis que oír mi triste historia
interplanetaria en aquel momento recordé
que mis amigos me habían comentado que esta era
una niña que no consumía drogas por lo que
descarté una intoxicación. Además, por la
ventana resplandecían los enjambres de nieve que
golpeaban los faroles con furia decembrina, por
lo que decidí quedarme en el cuarto con aquel
cuerpo tibio sobre mi espalda.
Como ya conoceréis
dijo, - yo soy diferente a cualquiera de las
mujeres con que hayas estado en el pasado-
continuó. A lo que antipáticamente contesté
eso dicen todas, ja, ja - . Sin embargo,
la voz con olor a flores se hizo más fría y
enfatizó tonto, es que yo no soy de la
tierra sino del lejano planeta Moniguer, queréis
oír mi historia o yo misma me marcho
inmediatamente ¡-. La verdad es que se me había
pasado el ánimo de confrontación por lo que le
pedí que continuara con su poco razonable
historia. Moniguer- continuó está
situado en un sistema planetario de la estrella
Alfa Centaury, muy similar este sistema solar.
Moniguer, es el cuarto planeta de once en órbita
y cuenta con un clima y una bio diversidad muy
similar a la tierra de hace unos doscientos mil
años. Las capas polares llegan hasta los
trópicos y la mayoría de los animales son de
gruesa piel cubierta de amplias pelambres que
sirven como abrigos. En los mares y ríos, los
peces son anfibios y respiran tanto en el aire
como en el agua y son muy agresivos. No hay
continentes sino una gran masa de tierra que
ocupa ¾ partes del planeta en donde se
intercalan grandisimos lagos de poca profundidad
llamados lagoons y caudalosos ríos de agua
salada que corren por profundos cañones de
piedra negra casi como esculpidos por rayos de
fuego caídos del cielo.
En este mundo singular viven
mil millones de habitantes con una historia
acumulada de diez mil años de desarrollo
sostenido entre la guerra y la paz. Su aspecto es
muy similar al humano, aunque por el ambiente las
personas tienden a ser de pequeña estatura y
contextura gruesa y una tez moreno/aceituna con
ojos claros que se asemeja a las tribus bere-bere
de la tierra. Debido a la intensa actividad
volcánica del planeta, los terremotos acabaron
con todas las ciudades que se construyeron en la
historia. No hubo, metal, mineral, vegetal ni
híbrido que aguantara temblores con fortalezas
equivalentes a 20 grados en la escala de Richter.
Sin embargo, unos mil años atrás, uno de los
científicos descubrió un sistema constructivo
de hule que permitía construir ciudades en las
laderas de los profundos cañones de piedra muy
similares a las de los indios pueblo de Arizona,
pero de dimensiones tales que podían albergar a
millones de personas y todos sus servicios. En el
pasado, todos los habitantes de Moniguer vivían
en armonía entre ellos y con la naturaleza
agreste, sin embargo, un sector minoritario y muy
agresivo llamado los guerreros, se negó a
aceptar la posibilidad de vivir en las inmensas
ciudades verticales y por lo tanto decidieron
habitar una amplia zona de árboles gigantescos
llamada Topsia.
Durante 500 años los
científicos dominaron Moniguer y llevaron a cabo
adelantos muy importantes en todas las ramas de
la ciencia y la tecnología además del
desarrollo del cerebro humano hasta límites
insospechados. Llegó un momento en que se dieron
cuenta que podían transmitir su alma a través
del haz de plata hasta los más recónditos
lugares del universo sin que importaran el tiempo
ni el espacio. De tal manera, se dedicaron a
buscar a las poblaciones humanas desperdigadas
por el universo. Durante los primeros años poco
fue lo que consiguieron, pero intentando durante
100 años lograron ubicar 5 planetas con vida
humana en distintos grados de avance evolutivo.
De aquellas 5, solo tres poseían sociedades que
pudieran considerarse modernas, entre ellos, la
tierra. Luego de esos primeros 100 años de
observación sin contacto, los científicos se
dieron cuenta de que algo estaba muy mal en
Moniguer.
En todas las colonias humanas,
tanto las hembras como los varones tenían una
expectativa de vida bastante similar que
calcularon en el equivalente de 75 años humanos.
Pero, tristemente se dieron cuenta, que los
varones de Moniguer solo vivían hasta el
equivalente de 40 años humanos y las hembras un
par de décadas más. Lo peor, fue encontrarse
con la vejez masculina nunca por ellos conocida.
Por alguna misteriosa razón, los varones de
Moniguer, científicos o guerreros, al cumplir 39
años empezaban a perder peso y el 90% de ellos
se consumía internamente hasta convertirse en
esqueletos andantes y morir antes de los 40. Un
pequeño porcentaje, pasaba de la fatídica
fecha, solo para sufrir aún más durante algunos
terribles meses de agonía. Hasta conocer a las
otras comunidades humanas, esto era el único
orden de vida conocido por ellos, por lo que
causaba poca o ninguna sorpresa. Por lo tanto, la
búsqueda de la extensión de la vida se
convirtió en una obsesión para los Monigueres.
Especialmente las mujeres, por ser de naturaleza
enamoradiza y monogámica, comenzaron a
contribuir con el desarrollo social del planeta y
a tomar roles de liderazgo en la comunidad nunca
antes vistos. La perspectiva de poder compartir
con su amado durante veinte años adicionales se
convirtió en la gasolina del feminismo
interespacial.
Así un día de una año
equivalente a 1899 en la tierra, una mujer
llamada Anna, que contaba con poderes
telepáticos poderosísimos, congregó a la
comunidad para que pensaran en ella a una hora
determinada y les transmitió. queridos
míos, hasta ahora la infructuosa y frustrante
búsqueda a través de la observación no nos ha
traído sino penas y problemas. Por lo tanto,
hemos de ir más allá del simple revoloteo de
nuestras almas en los planetas hermanos. Ha
llegado la hora de la acción. Yo misma he
entrado en contacto con mentes amplias en tres de
los cinco planetas identificados. Estas mentes me
aseguran que están dispuestas a ayudar a nuestro
pueblo en la búsqueda de soluciones a nuestro
problema. Inclusive en un planeta llamado Limbo
han voluntariado información acerca de algo
llamado el código genético el cual es un tema
que por cierto nunca hemos desarrollado
apropiadamente en nuestro planeta. Nuestros
interlocutores interplanetarios han voluntariado
proporcionarnos cuerpos anfitriones para nuestras
almas viajeras de manera que obtengamos presencia
física en los tres planetas identificados. De
esta manera, algunos de nuestros habitantes
podrán proyectar sus almas hasta cuerpos de
personas que a su vez proyectarán de vuelta las
suyas hasta los cuerpos inmóviles de los
monigueres.
Y he aquí la clave mis
queridos, para que se mantenga el sistema
ininterrumpido, los monigueres deberán estar
totalmente inmovilizados en cuevas y sometidos a
sistemas de sostenimiento de vida por tanto
tiempo como haga falta. Si se moviera el
Moniguer, se rompería el haz de plata y ambos,
el anfitrión interplanerario y el Moniguer
morirían. Sin embargo, mientras se mantenga la
conexión, los cuerpos anfitriones con las almas
monigueres podrían recorrer los mundos visitados
libremente y hacer uso de los adelantos y
herramientas necesarias para tratar de resolver
nuestro gran dilema de la vida masculina. Ahora
mis queridos, los dejo para que piensen y quienes
deseen ser voluntarios en esta peligrosa
aventura, deberán aparecer en la plaza del
Consejo Científico mañana cuando se ponga Alfa
Centaury.
Esa noche nadie durmió y el
día siguiente nadie trabajó, y cuando se puso
el sol, millares de personas de todas las edades
y sexos se prestaron a ser voluntarios para el
gran experimento de búsqueda universal.
Solamente 24 familias tendrían la oportunidad de
llevar a cabo el viaje. Al final, una gran
ovación se emitió en saludo de los afortunados
aventureros y en ese momento una lluvia de
flechas mató como a cien mil personas. De todos
lados comenzaron a aparecer seres semihumanos con
máscaras horribles y llenas de sangre
procediendo a degollar y mancillar a una masa de
millones que histérica trataba de huir
atropellándose los unos a los otros. Los
líderes científicos inmediatamente vieron la
bandera azul y verde de los guerreros y
entendieron que si no actuaban rápido el fin
estaría muy cerca. La carnicería continuaba y
Anna guió a las familias o lo que quedaba de
ellas por unos túneles subterráneos secretos
que llegaban hasta el centro del planeta. Una
tras otra, miles de puertas de minerales
desconocidos e impenetrables se cerraban detrás
del grupo. La sangre de los muertos fluía por
las venas de Anna quien durante el trayecto
sintió cada muerte en la superficie.
Por fín, luego de largas
horas llegaron a un mundo nuevo, una luz
ancestral brillaba y un campo verde bordeado por
un pequeño río prometió ser la morada de
aquellos pocos durante muchas generaciones. La
estrategia consistió en dividirse en dos grupos.
Uno trabajaría la tierra y proveería la
subsistencia para que el otro realizara el viaje.
En total, 6 familias de 3 personas serían
colocadas en las instalaciones especiales para
transmisión de almas y los demás establecerían
una comunidad que por generaciones, si era
necesario, mantendrían a los viajeros, dado que,
Anna y los científicos habían diseñado un
método para mantenerlos vivos durante el
equivalente a doscientos años terrestres.
Desafortunadamente, este método requería la
amputación de la cabeza para colocarla en el
aparato especial que impulsaría al haz de plata
hasta su destino final. Debido a esta triste
particularidad, la sociedad científica no había
acogido este método para la solución del
problema de longevidad masculina.
Una vez colocadas las 18
cabezas en sus respectivos receptáculos
sumergidos en una solución de líquido esencial,
el viaje comenzó. En el exterior, la guerra no
hizo sino comenzar con un contraataque de los
científicos quienes rociaron defoliante en el
país de los guerreros, matando a los árboles
que les daban sustento. Al cabo de varios meses,
la situación se convirtió en un conflicto de
baja intensidad caracterizado por la anarquía
social y la guerra de guerrillas en una
situación que habría de persistir hasta el
presente. De las 6 familias viajeras, 2 se
dirigieron hacia la tierra.
Corría el año de 1899 y dos
ricas familias terrestres de confuso abolengo se
preparaban para realizar un rito no conocido en
nuestro planeta. Como la voz había indicado, las
dos familias de combinación Arabe/Judía,
deberían estar desnudas en pilas de agua hasta
el cuello durante una hora, durante la cual
deberían haber consumido importantes cantidades
de miel pura de abejas, además, deberían tener
listas unas compresas calientes para que luego
del acoplamiento de las almas monigueres pudieran
aguantar el descomunal dolor de cabeza que
seguiría. Dicho como hecho, la primera familia
de tres personas, con el distintivo apellido de
Alahjud, esperó en la pileta de su lujoso
penthouse de la quinta avenida de Nueva York, por
su parte, otra acaudalada familia de tres
personas con el poco común nombre de Mizrha,
esperaba sumergida en la fuente que Rodin les
había diseñado para su palacete de la Isla San
Luis en París.
Exactamente a las doce de la
noche del 31 de Diciembre de 1899, un resplandor
de luz iluminó a ambas ciudades y las dos
familias se convirtieron en monigueres
instantáneamente. Pasaron los años, mas bien
décadas y los neo terrícolas, aprovechando los
grandes recursos de las familias anfitrionas, se
lanzaron en la frenética búsqueda del remedio
de la mortalidad masculina de Moniguer. Con su
inteligencia, Louis Mizrha logró multiplicar
varias veces la fortuna con que había comenzado
el siglo. Su habilidad financiera y sexto sentido
(los monigueres mantuvieron sus habilidades
telepáticas), a pesar de su juventud le
permitieron participar exitosamente en los
mercados de capitales mundiales de manera que
para 1915 se contaba entre los hombres más ricos
del mundo sin que nadie estuviera enterado de
ello. Con ese dinero, comenzó a financiar a los
pioneros de la información celular de la época.
Sin embargo, el destino les jugaría una muy mala
pasada. Como era de esperarse, la naturaleza
siguió su curso, aunque de una manera extraña.
En 1940, a exactamente 40
años de su partida de Moniguer, todos los
varones viajeros murieron como moscas. Los 6
varones dejaron de existir así nada más, de un
día para otro, sus compactos pero fuertes
cuerpos sucumbieron y se consumieron hasta la
nada ante la horrorizada vista de sus parejas y
sus hijas que los observaban. De vuelta en
Moniguer, ya una segunda generación de familias
escogidas se aterrorizó al ver como explotaban
las cabezas de los hombres con un sonido
"crack" y luego un flujo de masa
cerebral disuelta. Anna lloraba desconsoladamente
al ver que solo había conseguido extender la
vida de sus queridos viajeros durante 20 años
adicionales ya que todos tenían como unos 20
años al partir, lo que significaba que habían
muerto de aproximadamente 60 años de vida. Sin
embargo, la fortaleza que mostraban las mujeres
le sorprendía, según los estudios realizados,
los viajeros envejecerían solo hasta una madurez
pre establecida.
Todas las familias escogidas
estaban compuestas por una pareja adulta y una
hija pequeña. Los adultos envejecerían hasta el
equivalente de unos cuarenta años y la hija
llegaría hasta la apariencia física de unos 20
años. Luego, el envejecimiento se congelaría y
permitiría a esas personas mantenerse jóvenes
por lo que se esperaba fueran 200 años. Para
ello, los viajeros fueron instruidos para crear
la apariencia de reproducción envejecimiento y
muerte de manera que las personas que los rodean
no sospecharan lo que estaba pasando. En la
tierra, solamente conocerían en hecho dos
familias de sirvientes locales quienes se habían
comprometido, a cambio de grandes sumas de
dinero, a permanecer fieles a los viajeros y
auxiliarlos en su búsqueda. Todo estaba pensado,
y ahora había que limpiar las cabezas
explotadas. A Anna no le quedó sino soltar una
solitaria lágrima y rezar para que a las mujeres
les fuera mejor.
De vuelta en la tierra,
Madeleine, la esposa de Louis y su hija Mariel
lloraron amargamente la pérdida de su amado.
Pero la fuerza de la convicción las hizo más
fuertes en su empeño de lograr el éxito y
devolver a su planeta la esperanza. Durante las
décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, la
grandeza de París las ayudó a mantener su
secreto hasta que la ineficacia de su gestión
hizo que Mariel se decidiera a confrontar a su
madre. En graves discusiones le hizo ver como no
importaba cuanto dinero la fundación Mizrha
hubiera inyectado a la investigación genética,
hasta ahora nada habían descubierto acerca de su
problema. Le contó que su vida era infeliz y que
no entendía por que ella debía permanecer como
una inocente joven mientras contaba casi con 80
años de vivencias. Su madre con mucha paciencia
le explicó que nada más de lo que se había
hecho se podía hacer y que estaba esperando unos
resultados muy interesantes de una
supercomputadora localizada en los USA.
Inmediatamente Mariel reaccionó y le dijo que le
faltaba la experiencia de compartir con jóvenes
de su misma edad física y que deseaba ir a
estudiar el un sitio que le permitiera despejar
la mente y compartir con personas distintas.
Mientras tanto, ella podría encargarse de hacer
seguimiento al mapeo genético por computadora y
mantendría a su madre informada todo el tiempo.
Tanto fue su insistencia, que
Madeleine no tuvo mas remedio que aceptar la
propuesta. El mapeo genético estaba siendo
realizado en un laboratorio super secreto en el
estado de New Hampshire, escondido dentro de unos
bosques de pino y maples en la frontera con
Canadá. Para estar cerca pero no demasiado,
Madeleine escogió una pequeña universidad
especializada en negocios llamada, New Hampshire
College, donde además un gran amigo de la
comunidad hebrea tenía una participación
accionaria importante.
Era ya cerca del mediodía y
Mariel apenas había concluido su historia,
muerto de hambre y sin decir nada salí del
cuarto y me encontré en medio de un metro y
medio de nieve que había caído la noche
anterior. No podía pensan en otra cosa que en la
cabeza explotando hasta que me di cuenta que las
20 cervezas de la noche anterior estaban teniendo
su secuela. Nuestra relación duró poco, no por
culpa de ella, sino por culpa mía. En ese
momento no estaba preparado para afrontar las
exigencias de una relación monogámica
tradicional que ella no exigía, pero que era
bastante obvio que ella esperaba.
Unos años después, nos
encontramos en París. Yo estaba con mi familia y
mi primo Fernando a quién yo en confidencia le
había contado la historia. Cuando hablamos, no
hubo la calidez de siempre y sin embargo nos
invitó a comer en su casa. Cual no fue nuestra
sorpresa cuando nos encontramos a las puertas de
una de las residencias más lujosa de París y
fue la diminuta Mariel quien nos abrió la puerta
acompañada de un mayordomo de avanzadísima
edad. Luego del portal, en un patio interno nos
recibió una inmensa fuente de Rodin con todo y
pensador y de repente se me pararon los pelos. No
había ni una sola fotografía de gente de la
familia. Muchos amigos y algunos supuestos primos
de Marruecos enseñaban sus caras en el papel
Kodak, pero ni de Madeleine, ni de Mariel ni de
Papá había una sola foto. De repente, sentí un
olor a flores mucho más fuerte que mi recuerdo
de New Hampshire, y como un hada entró Madeleine
Mizrha. Una belleza mediterránea sin
comparación, ataviada en cuero negro y
acompañada por un joven solo un poco mayor que
yo en aquel momento. Toda mi familia se quedó
sin hable, menos Fernando, que ya iba por el
segundo rollo de fotos de Mariel y su mamá con
la excusa de su belleza.
Lo de las fotos va porque me
había contado mi amiga que los visitantes de
Moniguer no salían en fotos por eso de alguna
interferencia electromagnética del haz de plata
y yo por supuesto no había hecho sino reír. La
velada transcurrió sin pena ni gloria con una
comida excelente y una caminata a comer helados.
Al final de la noche, ya de vuelta en la casa,
Mariel me llamó con la mano y me guió hasta el
baño de visitas. Trancó la puerta detrás de
mí, me dio un profundo beso y me dijo os
había pedido que no le contarais a nadie, tu
sabes que puedo ver vuestras mentes y ahora
siento que toda tu familia me ve como un
marciano. Esto es totalmente inaceptable y he
decidido no veros jamás - . Seguidamente salió
del baño arreglándose el vestido y luego de una
corta despedida de mi familia me dijo
Adiós-.
Por cierto las fotos de
Fernando se velaron todas ¡.
Como siempre, agradezco sus
comentarios a: agotero@usa.net
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