| "La
medicina es el arte de curar". Esta
expresión no es un simple resumen universalista, sino el resultado preciso de la
colisión entre la filosofía y la medicina a partir de la segunda mitad del siglo V a.C.
dentro de la cristalización de la cultura griega bajo la denominación de Paideia. La
Paideia griega, es una síntesis genial de una cultura que tiene como centro al
hombre como persona, es decir, en tanto a ser diferente de las cosas.
Werner Jaeger, nos resume los dos aspectos de la Paideia.
Al describirnos que este ideal está destinado al hombre libre, excluye por tanto a
esclavos y a bárbaros, y los fundamentos de su enseñanza reposan, desde el punto de
vista práctico, por una parte en la Gimnasia, y por otra, en la Medicina, integrándose
ambas en lo que veinticuatro siglos más tarde vamos a considerar como uno de los más
preciados ideales de la OMS (Organización Mundial de la Salud): la Higiene y la
Prevención, que forman parte esencial de la preocupación por la salud pública de las
naciones. La diferencia estriba, a mi modo de ver, en que la Gimnasia y la Medicina
griegas, son individuales y están íntimamente conectadas con la manera de estar el
hombre en el mundo; mientras que la Higiene y la Salud Pública actual son el envés
forzado por el haz de la hoja histórica de los abusos ecológicos, dietéticos y sociales
del hombre occidental.
Retornando al principio, podemos determinar con
facilidad que el pensamiento jónico (Notal) convierte a la medicina griega en un
"Arte consciente y metódico bajo la acción de la filosofía jónica de la
naturaleza, y la consciencia de este hecho no debe en modo alguno oscurecerse por la
actitud marcadamente antifilosófica de la escuela de Hipócrates, en cuyas obras
encontramos plasmada por vez primera la medicina griega. La medicina jamás habría
llegado a convertirse en una ciencia sin las indagaciones de los primeros filósofos
jónicos de la naturaleza, que buscaban una explicación natural de todos los fenómenos,
sin su tendencia a reducir todo efecto a una causa y a descubrir en la relación
causa-efecto la existencia de un orden general y necesario; sin su fe inquebrantable en
llegar a encontrar la clave de todos los misterios del mundo mediante la observación
imparcial de las cosas y la fuerza del conocimiento racional".
Si a esto añadimos el concepto de "Isomoiria",
o sea, la idea de la proporcionalidad de los elementos fundamentales del organismo y
la naturaleza como el estado sano y normal, comprenderemos que de esta colisión se
enriquece tanto la filosofía como la medicina y produce, entonces, los efectos que se
traducer no sólo en la observación empírica de los hechos que ocurren en la enfermedad
como desequilibrio, sino que el concepto de physis como naturaleza tiende a
complementarse de manera obligatoria con el concepto de psyke que era, hasta ese
instante, el terreno privado del filósofo.
El médico en su intención de curar se convierte en
un observador empírico de los hechos que emergen de la desarmonía; y se interesa con
igual diligencia por analizar las regiones, las aguas, los vientos, así como las
variaciones individuales que acompañan a los cambios etáreos y dietéticos, comunicando
entonces al gimnasta los más claros límites para el aprovechamiento del movimiento, para
recobrar el equilibrio perdido o mantener su isomoiria entre la naturaleza del
hombre y la physis que le entorna.
Claramente surge aquí la complementariedad
mente-cuerpo, con todos los problemas de la evidente presencia de lo psíquico como
diferente a lo físico, pero ambos enactados en la vida del hombre. El abordaje racional
de ambas cosas, siguiendo esta filosofía de la naturaleza, va a comenzar a resolverse,
tanto desde el punto de vista teórico como del práctico, con la idea del Estímulo.
El empirismo del siglo XVIII no es sino una anémica
resurrección de estos descubrimientos médicos basados en la filosofía jónica de la
Naturaleza.
Lo natural, como queda expresado en los Diálogos
Platónicos, tiene su virtud, "arete" y "las naturalezas de las
cosas no han tenido ningún maestro" (opus cit.p. 813), de donde "el arte del
médico es eliminar lo que causa dolor y en sanar al hombre alejando lo que le hace
sufrir. La Naturaleza puede lograr esto por sí misma. Si se sufre de estar sentado, no
hay más que levantarse, si se sufre de moverse, basta con echarse a descansar. Como en
estos casos, la Naturaleza lleva en sí misma muchas otras cosas del arte médico"
(opus cit. p. 812). Y como obviamente la "arete" (virtud), es la
precisión en la simetría de las partes o de las fuerzas, se constituye para los médicos
en la norma: el estado ideal.
La racionalidad médica va a seguir hasta nuestros
días los principios del razonamiento que asimilamos a categorías o leyes del pensamiento
que podemos definir como:
1. Principio de Identidad:
A es a
2. Principio de Contradicción:
a es a
a no es a, mejor dicho: a no es (no a), es decir uno sólo es
verdadero.
3. Principio del tercero excluido:
a es b ó a no es b
dos juicios contradictorios no pueden ser falsos simultaneamente.
4. Principio de la Razón suficiente:
Leibnitz no diferenció entre Principio y Causa, por eso
Schopenhauer explicó que la causa es la cosa en nexo con la cosa en sucesión temporal y
planteó un problema absurdo: ¿Por qué razón todo tiene su razón?.
Como vimos más arriba, para el griego, la razón de
la naturaleza está en la misma naturaleza y por tanto, lo inconsciente es a la naturaleza
lo que la razón es a la naturaleza del hombre. No en vano los descubrimientos de Freud se
inclinan respetuosos ante la importancia del inconsciente dinámico como la uútima ratio
regis de la cultura humana. Pero para el médico, cuya intención precisa es curar, el
concepto de categoría (que es todo cuanto puede afirmarse de una cosa) sigue siendo
crucial.
Las categorías aristotélicas son dos:
1. Substancia: lo que existe en sí y por sí.
2. Accidente: el atributo o predicado.
Así podemos decir, que la substancia retiene su
misterio en sí misma, y el accidente, o la forma de esa substancia, varía en 9
categorías observables para el médico empírico y racional.
1. Cantidad
2. Relación
3. Cualidad
4. Acción
5. Pasión
6. Tiempo
7. Lugar
8. Situación
9. Hábito
Todas ellas, mezcla de physis y psyke con una
teleología común a la intención de la Naturaleza y un azar que interviene, en el curso
de la expresión, tanto de lo individual como de lo colectivo.
Si el médico precisa su acción en la techné (técnica),
como el hacer las cosas bien y almacenar sus observaciones en eidos o tipos que
permitan hacer uso fácil de su experiencia clínica, termina por obligarse a un lenguaje
propio y el lenguaje médico tiene como esencia indiscutible el concepto de adecuación.
El movimiento, la dicta y la prescripción tienen
que adecuarse para reconstituir la isomoiria, el equilibrio individual armónico
con el equilibrio de la Naturaleza que rodea al sujeto.
No en vano vemos que, en el transcurso de la
historia, el médico con verdadera intención de curar, ejercita una influencia cultural
al educar a la familia y a la sociedad en la comprensión de los principios inviolables de
la Naturaleza.
En el caso de la homeopatía, lo que yace bajo el
concepto de Fuerza Vital, es la antigua sabiduria de la physis, es la areté (virtud)
de la armonía como consecuencia de la simetría de las dinamias correlacionantes de la
vida misma.
El verdadero homeópata ayuda discretamente a la
Naturaleza cuando descubre, aplica y respeta la Ley de la Semejanza que está descrita en
el Corpus Hipocraticum; pero no por eso ignora o desdeña el principio opuesto de Contraria
Contraribus Curentur, porque este principio también funciona en la dialéctica de la
Naturaleza.
El verdadero homeópata asume, como un empírico
asclepíade del siglo V a.C., que el estímulo tiene tanto de respuesta psicológica como
de respuesta física, lo cual es obvio dentro de cualquier campo de la medicina. Pero
también reconoce que el estímulo puede provenir de lo psíquico con tanta fuerza como el
estímulo que proviene de lo físico.
El buen diagnóstico no consiste en discutir
hipótesis más o menos especulativas sobre abstracciones de las cosas, sino en precisar
en las categorías de los atributos y las formas, una estructura identificable con un
proceso terapéutico específico, el cual tiene que comprender tanto los datos del
fenómeno, que se descubren mediante el abordaje experimental, incluyendo lo que hoy
llamamos exámenes complementarios, como las sutiles expresiones del sufrimiento, que
sólo se ponen de manifiesto en la reflexión sobre el diálogo directo con el paciente.
Hablar de psiquiatría y homeopatía es una
generalización que tiende a perdernos en especulaciones teóricas, que si bien son
atractivas y apasionantes, no por eso son menos imprácticas y distrayentes.
Creo que es mejor, reviviendo el espíritu jónico,
hablar de los hechos de la relación médico-paciente que enfaticen la intención de
curar.
Ya hemos visto cómo al hablar de la naturaleza,
tanto los elementos sintácticos como semánticos del lenguaje necesari amente se
cristalizan , con harta frecuencia, en metáforas que usan elementos de la physis para
describir la psyké y viceversa. A1 decir, por ejemplo, que pensar es para el
hombre el paseo del alma; o por el contrario, al representar los hechos mentales como un
artilugio mecánico: el corazón es una bomba aspirante-impelenta que alimenta al cerebro,
clave de los sueños, lo que hacemos es fabricar una urdimbre explicativa con fenómenos
substancialmente diferentes. Tenemos, entonces, que mantener como médicos nuestra
intención curativa por encima de la condición curiosa del investigador filosófico.
La craxis, o mezcla de los elementos
observables, si se guía por la praxis clínica, nos permite darle la espalda a la
filosofía, como lo hizo Hipócrates, y conservar la idea central de lo inconsciente como
la esencia de la Naturaleza y lo racional como la expresión más particular de la
consciencia del hombre.
Es obvio concluir, entonces, que la aplicación
terapéutica más racional es la que considera a la acción médica como una ayuda a la
acción de la Naturaleza.
Seamos todavía más prácticos y analicemos el
concepto de Psiquiatría y sus lenguajes en función de un análisis doxográfico.
Entendemos por Doxografía, una elucubración
metodológica que se base en concretar los límites precisos de un concepto paradigmático
en un sistema y analizar quien lo expresó, con que intención lo describió, en que
lenguaje lo enunció, en que entorno geo-político se cristalizó, con que otros conceptos
se conecta tanto en su formulación como en sus resultados inmediatos y que influencia
ejerce sobre conceptos posteriores.
Siguiendo esta metodología doxográfica no nos
podemos distraer aseverando, por ejemplo, que Demócrito representa al materialismo,
Platón al idealismo y Aristóteles al realismo. Porque si bien estos postulados nos
sirven para emendear muchos desarrollos posteriores, nos pueden apartar indebidamente del
concepto jónico crucial para el desenvolvimiento del arte de curar. Es decir, el estudio
de la Naturaleza como un todo teleológico, dentro de cuyo conjunto el hombre es otro
conjunto complejo que sigue las mismas leyes. Ni siquiera el descubrimiento genial de
Freud sobre el inconsciente dinámico en la mente del hombre, se aparta de la armonía
finalista de lo natural, sino que constituye otra vía de reafirmación del arte de curar.
Aquí se establece una diferencia fundamental entre
la realidad del fisiólogo interesado en el cómo y el porqué del fenómeno y el médico,
quien amplia su horizonte con los conocimientos del fisiólogo pero que va más allá al
preguntarse el ¿para qué? del fenómeno morboso.
Específicamente, la psiquiatría del siglo XX tiene
tres raíces que conducen a tres lenguajes diferentes:
1. La psiquiatría clásica que se deriva de la psicología
clásica.
2. La psiquiatría reflexológica que se origina de la reflexología
y sus derivaciones, tales como el condicionamiento operante, el conductismo, la teoría
del aprendizaje, la teoría de la comunicación con la psicolingüística, la inteligencia
artificial con sus robots computarizados, la psicología cognitiva, así como las teorías
modificadoras del estudio estímulo-respuesta como la Gestalt con su énfasis operativo
sobre la forma.
3. La psiquiatria dinámica, que se deriva del psicoanálisis con su
énfasis en el Yo (Freud); en el Superyo (Adler); y en el Ello (Jung). Con sus distintos
desarrollos que envuelven el renacimiento existencial de la psicología humanística
(Rollo May). Y las reducciones pragmáticas como la Teoría de los Grupos (Slavson), el
Psicodrama (Levy Moreno), la Psiquiatría Familiar (Ackerman), la Psiquiatría
Comunitaria, hasta el Análisis Transaccional (Eric Berne) y las exageradas reacciones de
la Antipsiquiatría (Laing y Cooper).
La psicología clásica construye un aparato que
tiene por centro la mente dividida en tres secciones: afecto, intelecto y voluntad. En su
centro está la imaginación.
A su alrededor se encuentra la atención, dividida
en espontánea y voluntaria, y la orientación, dividida en espacio, tiempo y persona.
Hacia atrás en el tiempo, la memoria, hacia adelante en el futuro: la intuición.
Rodeando todo esto se encuentra el límite entre el
Yo, que está adentro produciendo la consciencia, y el no Yo, que está afuera de la piel
del sujeto estimulando el aparato psíquico.
Y por último, para comunicar el adentro con el
afuera, está el puente de la sensopercepción con sus siete sentidos que son: vista,
oído, olfato, gusto, tacto, cinestesia y cenestesia.
Este aparato hace que el Yo, conectado con el
adentro y con el afuera, genere la consciencia, que es como un disco tornasolado que gira
cambiando de aspecto constantemente.
La psiquiatría clásica se ocupa de estudiar las
anormalidades de cada una de esas partes; las compara, las califica, las tipifica y las
clasifica por semejanzas y diferencias con la normalidad, cuyo concepto es estadístico.
Todos estos datos constituyen el aporte
psiquiátrico a la Historia Clínica Integral del paciente, que se define así:
Es el documento, preferentemente escrito, que
contiene los datos clínicos de un paciente junto con los datos complementarios, el
diagnóstico, el pronóstico, la terapéutica y la evolución de su enfermedad, descritos
lo más objetivamente posible, para ser conocido por otro médico.
Este tipo de psicología mecanicista, permite al
psiquiatra del siglo XIX pasar de alienista especulativo, cuidador de anormalidades
sociales, a clínico de enfermos mentales con anomalías señeras e irrepetibles que
tienen que ser comparadas en formas a veces violentas, para dar cabida a la posibilidad
racional de calificar, tipificar y clasificar los signos y los síntomas en desdibujadas
categorías morbosas cuyo fundamento es más nosográfico y nosognómico que nosológico.
Nosología es la noción vulgar o conocimiento
directo. Nosografía es la descripción de la enfermedad. Nosognomía es el catálogo de
las denominaciones. Raíz y sufrimiento de los esfuerzos de la Asociación Psiquiátrica
norteamericana, plasmados en la serie alternante de los DSM I, II, III, IIIR, IV,
(Diagnostic Statistical Manual). Manuales diagnósticos basados en estadísticas
porcentuales sobre la acumulación de datos clínicos individuales con sus
correspondientes antinomias metodológicas y conceptuales. En una palabra: la doctrina
dualista mecanicista con un nuevo ropaje.
El resultado concreto es la Torre de Babel de las
clasificaciones psiquiátricas que invaden primero, a los hospitales mentales de siglo XX,
segundo, a los hospitales de veteranos de ambas guerras, para terminar injertándose, de
manera francamente incómoda, en los campos de la Cirugía y la Medicina Interna bajo el
nombre de afecciones mentales que acompañan y suceden a las terapias somáticas. Así
como incursiones extrañas en la medicina forense y hasta en la jurisprudencia de hechos
individuales con obvia repercusión social, como el derecho al aborto y las gradaciones de
responsabilidad en homicidios y felonías.
El problema radica en que el psiquiatra clásico
necesita de la división forzada entre lo normal y lo anormal en la naturaleza del hombre
y presume que la generación de generalizaciones estadísticas, base de toda
clasificación de las enfermedades, por ser una sistematización de la craxis defectuosa
de lo psíquico, puede pasarse sin considerar la idiosincrasia, es decir, la
particularidad inmiscible de la originalidad irrepetible de la naturaleza humana
individual.
Tratar de aplicar estas denominaciones exige otra
reducción al campo de lo fisiológico. Y así vemos cómo el desarrollo de la terapia
psiquiátrica en el último siglo, varia del uso de la fisioterapia, desde sus formas más
burdas, como por ejemplo la contención mecánica, las sillas giratorias para producir
vertigos, el uso del magnetismo para alterar las condiciones de la máquina, con su gran
derivada que es la hipnósis, hasta el empleo, siempre desesperado, pero muchísimas veces
necesario del shock provocado por la electricidad aplicada directamente a toda la mesa
encefálica.
Posteriormente, la quimioterapia vuelve a resucitar
con fuerza en el uso de los antiquísimos opiáceos y sedantes vegetales, progresando con
los ansiolíticos sintéticos como los barbitúricos y con el uso de hormonas naturales
como la insulina, para terminar con la instalación de los psicofármacos en la segunda
mitad del siglo XX.
Pero la aplicación de todos estos procedimientos ha
tenido que hacerse escogiendo de cada conjunto abstracto, de cada enfermedad, síntomas o
signos más simples que puedan entrar como variables operantes en la simplificación de
experimentos de laboratorio con animales o de observaciones clínicas con hombres. Así
por ejemplo, se acepta y se enseña que hay medicamentos antidepresivos, ansiolíticos,
euforizantes, depresores y antialucinatorios, que contribuyen a mejorar cualesquiera de
las estructuras de la psicología clásica, como por ejemplo la inteligencia, la memoria,
la atención, la orientación, la sensopercepción y la voluntad, ya que los mencionados
más arriba pertenecen a la estructura de la afectividad.
Todo el frenético desarrollo de la investigación
farmacológica actual, en el campo de la psiquiatría, reune estas mismas
características. Porque si bien es más complicado hablar de inhibidores de la
monoaminooxidasa (IMAO) de interceptores de los canales de calcio, o de aumento de la
dilución de serotonina en el líquido cefaloraquideo, o de alteración de la velocidad de
las conexiones sinápticas; sin embargo, sodas estas complicaciones fisicoquímicas
reposan sobre la urdimbre mecanicista de la explicación de normalidades y anormalidades
producidas por los efectos asociativos o disociativos de los segmentos del mecano.
Un homeópata no puede comenzar siquiera a pensar en
estos términos sin dejar de serlo. Porque de lo contrario caeríamos en el absurdo de
prescribir pulsatilla para la depresión con llanto, sepia para la
depresión con rabia, aurum para la depresión suicida, etc, etc. Con lo cual haríamos
estadísticas más o menos acertadas dentro de las leyes del azar y la probabilidad, y
llegaríamos a conclusiones nominalistas y erradas que substituirían nombre por nombre:
en vez de un diazepóxido inedible en microgramos que penetra la barrera
hematoencefálica, aplicaríamos un medicamento imponderable, por lo diluido, sin
comprender las diferencias esenciales de ambos procedimientos.
La segunda psiquiatría que hemos descrito como
emergente de la reflexología y sus derivaciones, se aleja también de la Filosofía de la
Naturaleza, que consideramos como la base del arte de curar. Puesto que va evolucionando
desde un primer sistema de señales que propugna la pasividad del individuo ante el medio,
(interpretación errada del realismo aristotélico), hasta concentrarse en los más
avanzados descubrimientos de la psicología cognitiva, que van más allá del énfasis
sobre el Estímulo en la reflexología, o del énfasis sobre la Respuesta en el
conductismo y la teoría del aprendizaje, para concentrarse en la Operación que
interviene entre el Estímulo (causa) y la Respuesta (efecto). Pero volvemos a lo mismo,
lo operativo es una nueva forma de encarar lo asociativo y se aparta de la consideración
teleológica de los fenómenos naturales.
El psiquiatra cognitivo se contenta con hallar
explicaciones más o menos válidas a la pregunta: ¿Cómo opera la mente? O la pregunta
¿Cómo opera la mente en el cuerpo? A veces se pregunta: ¿Por qué un estímulo actua de
manera diferente? Es decir, educe otra respuesta. Pero jamás se plantea ¿Para qué se
llevan a cabo estas operaciones?
Es como llegar casi a saber todos los fenómenos que
se suceden entre dos teléfonos y todos los pormenores de las palabras que van y vienen y
de las operaciones sintácticas, necesariamente incluidas, sin meditar sobre el contenido
de la conversación, ni de las circunstancias que la crearon, ni de la intención
semántica que las guía.
Por eso ha dicho el Dr. Jose Luis Vethencourt que
ciertos alumnos de escuelas psicoanalíticas psicolingüísticas guindan en palabras,
adjudicadas a emisores y receptores, conversaciones perfectamentes vacías. Algo así como
si la enorme dificultad que el observador tiene al estudiar la exultante enjundia de
factores envueltos en la comunicación humana, le concediera derecho a darle más
importancia a su esfuerzo analítico que a la intención subyacente de los miembros del
diálogo, abuyentando así toda posibilidad de vivencia individual. (Entendiendo por
vivencia lo que Diltey especificó con fuerza: una experiencia cargada de emoción). Y
añadimos nosotros con Franz Von Brentano, un acto psicológico sin intención personal
queda como una cascara vacía de todo sentido.
El homeópata que pretenda usar medicamentos para
aumentar la asertividad de una secretaria, o para levantarle la moral a un soldado en
campaña, o para clarificar la secuencia sintáctica de una comunicación telefónica, o
para poner orden de prioridades en la secuencia de un discurso político, tendrá que
dejar de ser homeópata.
Cuando yo veo cómo ciertos psiquiatras cognitivos
emplean la relajación de Schultz para reducir la resistencia de los cancerosos a las
coercitivas terapias que les permiten sobrevivir a veces hasta 2 6 3 años, pienso cuan
alejados estan esos terapeutas del respeto hacia lo que hasta hoy en día prevalece en la
medicina científica bajo el nombre de "Historia Natural de la Enfermedad", que
no es sino un reflejo de la vieja filosofía de la naturaleza sobre el eterno curso del
arte de curar.
Esas son las tristes consecuencias de mantenerse
contestando los complicados retos de los ¿cómos? y los ¿por qués? sin considerar
reflexivamente los ¿para qués? que subyacen evidentes bajo las ondas de la desarmonía,
como resultado de las múltiples expresiones del sufrimiento humano, que los médicos
llamamos Enfermedades".
La tercera raíz del pensamiento psiquiátrico se
basa en los tres descubrimientos y las dos invenciones, más revolucionarias y operativas
respectivamente, de Freud.
Los tres descubrimientos fueron, en mi criterio:
I. El Inconsciente Dinámico.
II. E1 Complejo de Edipo.
III. La Transferencia.
Las dos invenciones fueron:
1. La teoría topológica: consciente, preconsciente, inconsciente.
2. La teoría estructural: Superyo, Ego, Ello.
La diferencia entre descubrir, cuyo resultado es el
descubrimiento, e inventar, cuyo resultado es la invención, consiste en que se descubre
lo que ya existe y se inventa lo que antes no existía.
I. El Inconsciente Dinámico.
Es una realidad concebida en términos energéticos
que influye en el desarrollo, uso y alteración de los fenómenos racionales de la
consciencia. Su presencia se demuestra por tres caminos reales, transitables por el
clínico y refrendables por el fisiólogo y el patólogo que son:
a) Los ensueños.
Elementos alucinatorios y simbólicos enmarcados
temporalmente dentro del REM de cada ciclo onírico y cuya interpretación establece, para
el año de 1900, el canon de la revolución científica más grande del siglo XX,
enunciada bajo el epíteto: "La interpretación de los sueños". Libro de
referencia obligatorio para todo médico, que devela parte del misterio de la naturaleza
de la mente del hombre, haciendo posible interpretar en una metáfora musical la realidad
de hechos tan incontrovertibles como complejos. Creo que el inconsciente dinámico en el
hombre es el contrapunto de la melodía universal, de las fuerzas de la vida emergiendo
dialécticamente de la entropía natural.
Esta demostrado que la interrupción de la catarsis
onírica es un factor de desequilibrio mental. E1 hombre impedido de sonar alucina en la
vigilia, lo cual hizo exclamar a un psiquiatra como Bleuler: "los equizofrénicos
hacen de día lo que los normales hacen de noche: soñar".
El verdadero médico, desde los tiempos de
Hipócrates, admite la importancia de los sueños. Al hacer dormir a los pacientes en el
templo de Cos, cercano al foso de las serpientes sagradas, símbolo de la sabiduría de la
Naturaleza, y al interrogarle sobre sus contenidos, tiene la misma intención que un buen
psicoanalista de hoy cuando escucha y ayuda a su paciente a interpretar esos contenidos,
como una guía segura en el camino de la curación.
Reducir los símbolos onírieos a signos referidos
unicamente a lo externo, es un error metodológico que se paga como una malversación de
fondos. Por eso creo que el terapeuta debe acompañar al paciente para que oiga sus
propios sueños interviniendo lo menos posible con sus propias asociaciones, para que se
de en el el Kairós, (momento en el cual la enfermedad va hacia la crisis o
hacia la lisis), una conjunción de principios arquetipales, arqué, que eduzca la areté
(virtud), del inconsciente del paciente, tamizado por el relato de sus sueños. Este
relato siempre es una reconversión consciente de las imágenes oníricas filtradas por
amnesias creadas por resistencias culturales, que es lo que Freud determinó como
represiones y negaciones.
El caudal de información que genera el uso prudente
de la simbología onírica es de tanta importancia en psicoterapia como en la diagnósis
del genio del medicamento. Un homeópata capaz de usar los dos lenguajes sin caer ni en
especulaciones filosóficas, ni en misticismos teleológicos a lo Swedenborg sino
manteniendose dentro de la praxis clínica con su interpretación real de los
hechos puede, casi simultaneamente, usar la catársis psicoterapéutica en contrapunto con
el efecto medicamentoso.
Un medicamento, correctamente prescrito, siempre
produce sueños tan recordables como significativos; y la reflexión sobre una sesión
psicoterapéutica arroja luces precisas sobre la figura del medicamento, que está en ese
instante, definiendo la vía terapéutica más util para resolver el cuadro clínico
presente, en ese momento del decurso de la desarmonía.
La instrumentación de estas cosas depende más de
la comprensión total del hombre enfermo que de las desviaciones que ocurren cuando se le
da más importancia a los factores somáticos concurrentes que a los factores simbólicos
ductores.
Es así como Hering formula sus leyes de curación.
La curación se efectúa:
- de arriba a abajo
- de dentro a afuera
- de lo actual hacia lo pasado.
Es decir, ratifica la necesidad de considerar el
síntoma mental como prioritario, porque su simbología tiende a abarcar todo el proceso
de manera vectorial y por tanto indicadora. Pero esto no se debe interpretar como un
desdeñoso desprecio a los síntomas somáticos que, en algunos casos, son los únicos
asideros de la orientación diagnóstica y que muchas veces constituyen un sistema de
alarma de la crisis, sin cuya inmediata eliminación puede sobrevenir la muerte.
Cuales quiera que sea el sistema que el homeópata
emplee para descubrir el medicamento que se identifique perfectamente con los datos de la
idiosincracia del paciente, su obligación es prescribir, pensando primero en no hacer
daño y segundo, en darle más importancia a los signos y síntomas que representen un
peligro inmediato para la vida, los cuales no pueden esperar a una prescripción como la
que está indicada en la fase crónica de la enfermedad.
Así mismo, creo que evsos ascos excesivos en el uso
de procedimientos que implican el contraria contraribus curentur deben ser
eliminados de la mente del médico tratante en beneficio de su verdadera función, que no
es dar explicaciones más o menos brillantes de lo que pasa o pudo pasar o pasará; sino
de aplicarse con energía a ayudar de cualquier manera a la fuerza vital estimándola como
el eje esencial de la cura.
b) De las alucinaciones a los estados supranormales.
Freud descubrió, también, un abanico heurístico
que va desde las manifestaciones alucinatorias delirantes e ilusas de los pacientes
mentales, pasando por las aperturas imaginativas de la invención y el descubrimiento,
hasta llegar a las regiones artísticas de la inspiración de poetas, músicos, pintores y
escultores, hasta terminar en las regiones parapsicológicas de la supraconsciencia de los
chamanes, el éxtasis de los virtuosos, el arrebato de los demoníacos, las levitaciones
de los Santos y los milagros descritos y testificados por todos los movimientos
religiosos. Todos estos fenómenos constituyen otra demostración de la palpable realidad
de los fenómenos del inconsciente dinámico. Y su aplicación depende de la paideia (cultura
médica) y su praxis clínica.
c) La Fantasía.
Es el tercer camino real para demostrar la
existencia del inconsciente dinámico de Freud. Lo constituye el caleidoscópico
movimiento de la fantasías de la vigilia en hombres y mujeres de toda edad y condición.
La palabra fantasía significa originalmente la
presentación de imágenes y la palabra fantasía significa aparición. Ambas acepciones
etimológicas se reunen alrededor de una semántica que nos señala a la fuente de la
imaginación, mencionada por la psicología clásica; pero en la concepción
psicoanalítica, la imaginación es el origen de la irrupción de imágenes y se explica
como el paso del material inconsciente a la consciencia.
La fantasía no viene de afuera sino de adentro. No
es una reproducción de objetos, sino una transformación de productos no conscientes que
afloran a la realidad psíquica del sujeto para ser apercibidas como presentación de una
realidad interior indiscutible o como apariciones fantasmagóricas de gran fuerza
disruptive.
Todo estudiante sabe que su concentración en la
lectura de un tema arduo, tedioso, árido o difícil, se ve interrumpida por las
fantasías más variadas y tiene que realizar un particular esfuerzo de voluntad para
mantener su atención enfocada en el tema, ya que se le escapa espontáneamente hacia las
fantasmagórias de la veleidosa fantasía.
Muchas veces el rector "vuelve a su
lectura" desde el campo sutil pero imperioso de la fantasía, que tiene una extraña
semejanza con el ensueño y por eso los franceses lo llaman "reverie" y los
españoles ensoñación.
Otros ejemplos más claros de la fantasía los
tenemos en los momentos que ejecutamos actividades habituales que linden con las rutinas
de la vida diaria, siendo la fantasía tan poderosa como para interrumpirlas. La
interrupción de la tarea rutinaria devela rápidamente el carácter de la fantasía y el
sujeto se da cuenta que "está pensando en otra cosa".
Muchas veces observamos a conductores de
automóviles hablando animadamente en voz alta sin ninguna compañía que les escuche. Un
sujeto se encuentra detenido en el acto de abrocharse el tercer botón de la camisa,
mientras mire al vacío de la ventana, sólo para darse cuenta después, que una secuencia
fantástica de hechos interiores se le han impuesto por largo rato.
El estudio de la fantasía permite comprender muchos
fenómenos, unos útiles y otros incómodos, pero todos sometidos al arbitrio de las
incesantes fantasías de la vigilia de sanos y de enfermos.
Los errores de la vida cotidiana, los
"lapsus calami " los "lapsus lingue", las interrupciones
momentaneas del hilo de la conversación, los gestos que revelan la ausencia temporal de
la atención al entorno, los olvidos sorpresivos y toda esa gama de fenómenos, nos hacen
reconocer: "me quedé pensando en otra cosa" o cubrir la fantasía bajo el manto
discreto de un disimulo, porque muchas fantasías pertenecen a deseos y apetencias no
siempre compartibles o exhibibles.
El gran matemático Poincaré decía que la gente
común piensa realmente hasta tres minutos cada día y los genios hasta 15 minutos en las
24 horas. Pero debo añadir que el tiempo restante se va en dormir 8 horas, comer 4 horas,
asearse 4 horas y trabajar 8 horas.
Pero el mayor tiempo de la vigilia está ocupado por
la fantasía que todo lo permea, lo interrumpe o lo altera.
El insconsciente dinámico domina a la consciencia
con la húmeda constancia de la fantasía.
El médico cultivado en estas realidades tiene en la
fantasía un instrumento que le permite penetrar con extrema facilidad y sutileza en la
esencia de la personalidad de su paciente.
Para un homeópata cuyo objetivo es establecer clara
y definitivamente la similitud entre el genio medicamentoso y la esencia de la
personalidad de su paciente, para el momento de la prescripción, la fantasía es una vía
de certeza en el hallazgo.
Mencionemos solamente el ansia inextinguible de
viajar que caracteriza a tuberculinum y las fantasías de desplazamiento que llenan
la vigilia del paciente que se beneficia con este medicamento.
El estudio sistemático de las fantasías de
nuestros pacientes, añadido al de sus alucinaciones o estados paranormales y a sus
ensueños, nos acerca con mucha seguridad al enfoque diatésico que Hahnemann enmarcó con
el nombre de "miasmas" en su genial aproximación a las enfermedades
crónicas.
La ansiedad paralizante de la psora (mancha)
la acumulación incesante de la sicosis (tumor) y la corrosiva destrucción de la sifilis
(úlcera) se retratan con fuerza en las manifestaciones incoercibles del inconsciente
dinámico de Freud.
II. El Complejo de Edipo
Con esta metáfora dramática, Freud señaló la
tensión psicológica que ejerce la masculinidad para impulsar a la fase expulsiva de la
maternidad en la formación de la individualidad.
Su discipulo Jung le sugirió, con éxito, la
palabra "Complejo" que ahora forma parte del lenguaje occidental y que señala
no sólo lo embrollado de sus conexiones, sino lo obscuro y distante de explicaciones
mecanicistas o reductivas, significando una aceptación de complejidad que el observador
de estas realidades sólo puede reconocer por imágenes de relación y comprenderlas
parcialmente.
Hemos escrito en otra parte4 que, así como la
feminidad es la continencia tanto en la physis como en la psyké, la
maternidad se puede comprender bajo la luz de una alternancia de dos funciones
complementarias que son: la continencia y la expulsión en secuencias repetitivas en forma
de ciclos rítmicos.
La continencia, representada en este caso por la
mujer embarazada, da paso a la expulsión, representada por el parto. Otto Rank,
discípulo de Freud, llamó al acto de parir "trauma de nacimiento"
refiriéndose, creo yo, más al producto que a la madre.
Risquez, Fernando. "Aproximación a la
Feminidad". Monte Avila Editores. Caracas,1983.
A partir de ese momento aparece la líbido infantil
como separada de la líbido maternal (entendiendo por líbido la fuerza de lo psíquico) y
los avatares instintivos del niño o de la niña, van a seguir la continuidad natural
descrita por Freud en la secuencia oral, anal y fálica.
Durante este largo proceso de transformaciones la
madre va a oscilar entre continencia y expulsión, y la masculinidad penetrante del padre
va a reforzar la onda expulsiva a base de irrupciones desagradables pare el niño o la
niña, quien las codifica dentro de lo negativo y reacciona con rechazo hacia el padre.
Todo este juego pendular varía en intensidades
dependiendo de la complementación psicológica de los padres o de su incompatibilidad.
Pero la base fisiológica del complejo de Edipo se corresponde con su base psicológica en
el logro del objetivo común: la búsqueda final de la reproducción de la vida es la
obtención de individuos capaces de vida independiente.
Vemos entonces cómo el proceso de esta
individuación es un "continuum" que hace su epifanía con el trauma del
nacimiento, pero que llega a su momento más dramático en la etapa fálica con las
manifestaciones del Complejo de Edipo.
Comprendemos así que la ubicación del proceso más
temprano ó más tarde en la vida del niño es un problema operativo que no altera la
esencia del descubrimiento.
Tampoco dañan a este aporte freudiano las aparentes
contradicciones de usos y costumbres de pueblos remotos ó primitivos, porque lo que Freud
descubrió, no fue una costumbre occidental, sino la fenomenología que expresa la fase
expulsiva de la maternidad en su conexión insita con la masculinidad complementaria.
Desde el punto de vista clínico, el juego
psicológico individual se percibe como una progresión de complejidad que va de la
seguridad de la especie hacia la libertad de la exploración de nuevos terrenos habitables
por ella.
En el sujeto, estos vaivenes se vivencian
pendularmente entre la sensación de inhibición, que produce desde la timidez hasta miedo
en el campo conceptual de la prudencia; y la sensación de exultante curiosidad
exploratoria , que produce desde agresividad hasta hostilidad en el campo conceptual del
riesgo.
Para el psiquiatra, la aplicación práctica de la
realidad edípica le aporta ricos vislumbres que separan las manifestaciones que dependen
de rasgos temperamentales heredados, de los rasgos caracteriales adquiridos en las
dinámicas variables de las diversas soluciones al drama universal de este complejo.
Todos los hallazgos de la psicoterapia tocan
necesariamente estos tópicos tan enrevesados como determinantes.
Para el homeópata experimentado el Complejo de
Edipo y su significación dinámica bien aplicada, puede inclinar la balanza en la
búsqueda de la verdadera similitud o en la seguridad de la correcta prescripción.
III. La Transferencia
Es el tercer descubrimiento de Freud que podemos
definir como la proyección de afectos en personajes de la vida adulta de un sujeto, que
representan mímicamente y sin que el sujeto se de cuenta, a personajes parecidos de su
infancia que han tenido jurisdicción sobre sus reacciones temperamentales y sobre la
determinación de los rasgos de su carácter.
Aquí el homeópata experimentado, haciendo uso de
la transferencia, puede ver con claridad cómo la relación médico-paciente se facilita o
se dificulta, entre un médico que está pasando por un medicamento determinado y su
visión de un paciente que está pasando por una crisis del mismo medicamento, de un
medicamento afín o de un medicamento que, en la experimentación pura, anula los efectos
del medicamento que corresponde en ese momento al médico.
Esto puede corresponder al lenguaje transferencial
en psicoterapia. Así como se han escrito miles de páginas sobre la transferencia del
paciente hacia su médico y la contratransferencia del médico hacia su paciente, podrían
también los homeópatas admitir que un médico que este de phosphorus no pueda
distinguir fácilmente a un paciente que esté de causticum. O que la envidia y
dominio miasmático-sifilítico de un médico mercurial interprete la temerosa pero
bombástica defensa de un paciente Iycopodium con el destructivo desprecio y la
superioridad delirante de un medicamento como platina. La prescripción puede, a
veces, ser una colisión entre el medicamento del médico y el medicamento del paciente
con efectos iatropatogénicos evidentes.
Considero, siguiendo a mi maestro Carlos Gustavo
Jung, que una de las soluciones a este problema es hacer ver al paciente por otro médico
y realizar, en juntas médicas, reflexiones prudentes sobre estas posibilidades
omnipresentes en la práctica médica rutinaria.
Hasta aquí hemos hablado de los tres
descubrimientos de Freud, pasemos ahora a referirnos de un poco de sus dos invenciones
más famosas.
1. La teoría topológica, que considera la mente en tres planos de
acción energética: El plano consciente, el plano pre-consciente y el plano inconsciente.
2. La teoría estructural, que diagrama un aparato psíquico
compuesto por el Ego, conectado con el Super-Yo por una parte, y con el Ello por la otra.
La teoría topológica aparece en el pensamiento de
Freud como un intento de explicación de la interacción entre la consciencia y las
fuerzas del inconsciente dinámico que actuan sobre ellas, de tal manera que le era
necesario, con carácter explicativo, buscar una fórmula diagramática de esta misteriosa
percepción, tanto de lo censorial como de lo racional, afectivo o voluntario en la
vigilia del hombre, como sus reacciones ante las bien demostradas interferencias de los
impulsos inconscientes que provocaban acciones particulares que Freud llamó: mecanismos
de defensa.
Freud, Sigmund. "La interpretación de los
Sueños" (1900). VII. Sobre la psicología de los procesos oníricos B. La
regresión. pp 527-542. Obras Completas. Tomo V, Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1979.
Uno de los primeros mecanismos de defensa descritos
por Freud fue la represión, como una defensa más "normal" que, en
llegando a extremos, se convierte en otro mecanismo de aparición menos normal que es la negación.
El resultado de la represión sería la
desaparición en el campo de la consciencia de estímulos o respuestas desagradables. Pero
el hecho es que, mediante asociaciones provocadas en las catarsis emocionales de los
pacientes, Freud veía que estos mecanismos eran reversibles y por lo tanto podían
reaparecer en la consciencia percepciones o memorias que habían sido rechazadas con
anterioridad.
Por otra parte, el mecanismo de los sueños era,
obviamente pare él, un traslado de la zona inconsciente hacia la zona consciente. Pero
evidentemente este material onírico, no pasaba a la consciencia sin una especie de
filtro, ese filtro que el llamó resistencia, refiriéndose a las bien
intencionadas interpretaciones que él le daba a sus pacientes sobre fenómenos más o
menos vergonzozos sin obtener una aceptación inmediata por parte de los pacientes,
quienes se resistían, consciente o preferentemente inconscientemente, a recibirlas y a
aceptarlas. Todo lo cual le indicó que debía haber una especie de sección de la mente
que permitiera este paso hacia lo inconsciente o hacia la consciencia, según fuera la
circunstancia. A esto lo llamó preconsciente y les insistió a sus discípulos que no
usaran el termino subconsciente, precisamente para establecer diferencias entre aquello
que siempre seguirá afín a la consciencia, sumergido en las negras profundidades de lo
ilógico y aquello que podía ser objeto de intercambio entre estas obscuridades
instintivas y las claridades del hombre consciente y racional.
La explicación de las resistencias por rechazos
ante la confrotación de molestas realidades de la vida de sus pacientes le llevó
también a formular la teoría traumática como base del desarrollo de hábitos y
costumbres enfermizas.
Freud dice textualmente : "Llamamos represión
(esfuerzo de desalojo) al estado en que ellas (se refiere a los procesos anímicos o
representaciones psíquicas) se encontraban antes de que se las hiciera conscientes, y
aseveramos que en el curso del trabajo psicoanalítico sentimos como resistencia la
fuerza que produjo y mantuvo la represión. Por lo tanto es de la doctrina de la
represión de donde extraemos nuestro concepto de inconsciente. Vemos pues que tenemos dos
clases de inconsciente: lo latente, aunque susceptible de consciencia, y lo reprimido, que
en sí y sin más es insusceptible de consciencia. Esta visión muestra de la dinámica
psíquica no puede dejar de influir en materia de terminología y descripción. Llamamos preconsciente
a lo latente, que es inconsciente sólo descriptivamente, no en el sentido dinámico,
y limitamos el nombre inconsciente a lo reprimido inconsciente dinámicamente, de
modo que ahora tenemos tres términos: consciente (cc), preconsciente (prcc) e
inconsciente (icc), cuyo sentido ya no es puramente descriptivo".
Haciendo usos de metáforas de la physis como
el "trauma", que en griego significa lesión que proviene de afuera, se refiere
a psyké, sin pasar por alto, a los fenómenos igualmente lesionantes que provienen
de adentro como son muchas imágenes arquetipales que perturban con igual fuerza a los
contenidos de la consciencia, como por ejemplo, el Complejo de Edipo.
En este mismo orden de ideas concibió el termino de
fijación para explicar la génesis de ciertas repeticiones incongruentes que
alteran el curso de las manifestaciones de la 1íbido y perpetuan estadios orales, anales
o fálicos en sus formas más primitivas.
El pensamiento de Freud en estos casos es tan
mecanicista como el de Descartes al situar la "sede del alma" en la glándula
pineal, pero su valor operativo es indiscutible para manejar los hechos clínicos que lo
engendran.
Después de todo tenemos que reconocer en Freud al
neurólogo del siglo XIX con inclinación hacia el positivismo de Comte buscando datos
precisos en un mecano eléctrico que desarrolla movimientos propulsores y retropulsores en
un medio supraestimulante, pero también debemos recalcar el valor heurístico de estas
disposiciones.
Jung halló una veta impresionante en la mina del
inconsciente dinámico de Freud al adentrarse en las imágenes tan universales como
primitivas que recorren las tres zonas: consciente, preconsciente e inconsciente,
presentando y escondiendo alternativamente pedazos distinguibles de lo que denominó Arquetipos
del Inconsciente Colectivo y que, con sobrada razón, adscribió a la esencia
de las manifestaciones de la paideia como su forjadora, tan importante como
evanescente.
En resumen, el modelo topológico de la mente, nos
indica la posibilidad de transformación dinámica de psyké, que da límites
precisos entre sus zonas y mantiene nuestra atención más sobre la fluidez en los cambios
interiores que en la rígida delimitación de las estructuras; nos hace meditar más en el
sentido de la complejidad de Heráclito, que en la tendencia simplificante de Demócrito.
2. La teoria estructural.
Si las ideas de Freud tuvieron que padecer rechazos
puritanos al principio debido a su atrevida incursión en el campo privado de la
sexualidad decimonónica, la invención que alteró más la cultura occidental en el siglo
XX fue la creación de los conceptos de Super-Yo y de Ello actuando sobre el antiquísimo
concepto de Yo.
Ya hemos señalado que la manera de explicar Freud
las estructuras dinámicas que veía en las observaciones clínicas de pacientes
histéricos, obsesivos, melancó1icos y paranoides, era la de un científico racionalista,
mecanicista que consideraba lo psicológico como un campo de energía que llamó 1íbido
y que mantuvo siempre ligada a lo sexual. Esto fue mal interpretado como
genitalidad prematura y chocante, con los consiguientes rechazos, hasta el punto de romper
su amistad con Jung, porque este último se atrevió a considerar a la líbido como una
fuerza psíquica más abarcante que la sometida a la dicotomía sexual con sus avatares
instintivos.
Pero lo importante es mantenernos dentro del marco
de referencia fitoplástico de Freud que señala inmadurez de semilla destinada a
convertirse en madurez de fruto.
Aun así podemos aceptar que lo importante de la
invención de Freud son las aplicaciones clínicas de las transformaciones del Yo en esta
metáfora botánica de maduración.
En efecto, Freud parte del principio de la energía
psíquica (líbido), como proveniente de la sumatoria algebraica de la oxigenación
celular y las sucesivas asociaciones tisulares y orgánicas que somete en la sucesión de
controles del sistema nervioso que parecen ir de los simples comandos periféricos a las
intrincadas órdenes centrales.
Su pensamiento corre, en esas primeras instancias,
paralelo al pensamiento de Pavlov, pero luego se separa porque la reflexología se
conforma con demostrar fehacientemente los condicionamientos del primer sistema de
señales, induciendo luego de manera insegura conclusiones sobre el segundo sistema de
señales (la palabra); mientras que Freud considera que el Yo y el Ello forman un
"reservorio inicial" de libido instintiva, que gracias al paso de imágenes al
de palabras produce, no sólo la explicación de lo racional como una diferenciación
entre la 1íbido y el mundo real, sino que permite investir al Yo con la 1íbido del Ello
para aumentar su poder de control narcisístico primario y luego servir de puente entre el
Ello y el Super-Yo de tal manera que las fuerzas ciegas y ambivalentes del Ello sirvan de
investidura a las demandas socializantes y monopolares del SuperYo con el cual se
identifica como Yo-ideal.
Como explica Freud más adelante:
"El ideal del Yo es, por lo tanto, la herencia
del complejo de Edipo y, así, expresión de las más potentes mociones y los más
importantes destinos libidinales del ello. Mediante su institución, el Yo se apodera del
complejo de Edipo y simultáneamente, se somete, el mismo, al Ello. Mientras que el Yo es
esencialmente representante del mundo exterior, de la realidad, el Super-Yo se le enfrenta
como abogado del mundo interior, del Ello. Ahora estamos preparados para discernirlo:
conflictos entre el Yo y el ideal espejarán, reflejarán, en último análisis, la
oposición entre lo real y lo psíquico, el mundo exterior y el mundo interior".
Por supuesto que vemos ahora la necesidad operativa
de nuevos conceptos como: el principio del placer (psyké), versus el principio de
realidad (physic); las acumulaciones energéticas y sus descargas subsecuentes; la
autoinvestidura yoica (narcisismo); la hetero-investidura primero al Super-Yo con puente
al Ello y la hetero-investidura a los objetos (clave del contacto con la realidad y sus
deformaciones). Y por último sumas genial des cripción dicotómica de la esencia yoica
de lo psíquico: la pulsión de vida, (explicada desde el arquetipo de Eros hasta la
metáfora física del anabolismo), y la pulsión de muerte, (explicada desde el arquetipo
de Tanatos hasta la metáfora física del catabolismo).
Hay que admitir el enorme valor heurístico de esta
invención estructural sin caer en la mezquindad de llamarle determinista o de acusarle de
no explicar cosas como la asociación, el mecanismo de investidura de energía, el
misterio de la relación yo-cuerpo, en la cual se apoya etc... porque estas cosas no han
sido tampoco explicada ni por la psicología clásica, ni por la reflexología, ni por
ninguna de la estupendas escuelas de psicología y psiquiatría que las siguieron.
En resumen ese aparato ingenioso se puede diagramar
dinámicamente como el desarrollo de un Yo en la infinitud del Ello que genera por
conflictos con el Ello y con la realidad exterior un ideal que llamamos SuperYo y que si,
contagiados por los autores que nos preceden, empleamos un artificio metafórico tomado
del mundo físico podemos diagramarlo así:
La consciencia es la línea que separa el agua,
(aqua vitae), del inconsciente dinámico del aire, (pneuma), del espíritu del hombre.
Flota semisumergido un Yo en expansión con sus
mecanismos de defensa, sumergidos, en el inconsciente, oscilando en una línea de
flotación variable, que limita lo preconsciente y flotando, en contacto con el aire, la
razón vigilante y su puente de sensopercepción, comunicando al yo con el entorno de la
realidad física.
Encima de esta forma ovoide del Yo observamos el
pesado arco consciente del yugo del Super-Yo, que hunde sus extremos en el agua, en las
profundidades libidinosas del ello al cual representa como su imagen invertida en el
espejo de la moral.
El Super-Yo es la luz y el ello es la sombra. Ying
Yang del arquetipo representado en el Uroborus, el mito del eterno retorno, la
circulación incesante de vida, muerte y resurrección.
Hagamos ahora un resumen de la esencia de la
Homeopatía: Samuel Hahnemann nació en Meissen, Sajonia (Nota 2), el 10 de abril de 1755
y murió en París el 2 de julio de 1843, a los 87 años de edad (Nota 3). Publicó 21
trabajos originales, 25 traducciones y más de 200 folletos ilustrados. Su padre y su
abuelo eran pintores de porcelana en la fábrica de Meissen. Estudió medicina en Leipzig
(1775) y se doctoró en Viena (1779). Se ayudaba económicamente dando clases y haciendo
traducciones porque dominaba muchas lenguas. Criticó a sus colegas duramente a la muerte
del Kaiser Leopoldo II de Austria, por haberle efectuado cuatro sangrías el mismo día,
20 de febrero de 1790.
En 1790, mientras traducía a Cullen, quien
atribuía el efecto antifebril de la quina a su acción tonificante sobre el estómago
(solidismo), decidió experimentarla en sí mismo observando la aparición de síntomas
semejantes a los de la fiebre palúdica, circunstancia que fue la piedra fundamental de su
nuevo método de tratamiento9.
Era un hombre culto, típico médico del siglo
XVIII, artista, versado en química y adscrito al pensamiento iatroquímico por oposición
a la iatromecánica.
La posición social de un médico en el siglo
XVIII(10,11,12) dependía más de sus conexiones con la nobleza que de sus propios
méritos. Podemos decir que la sociedad europea se clasificaba por estamentos según su
importancia de la siguiente forma:
1) La realeza, los nobles de alto rango y la alta
jerarquía religiosa.
2) Barones, caballeros, propietarios de tierras y ricos.
3) Obispos, altos dignatarios del gobierno y de la justicia,
médicos eminentes, banqueros y grandes comerciantes.
4) Clérigos menores, personal del estado de menor rango, abogados,
médicos, educadores de rango elevado, propietarios de barcos, manufactureros,
constructores y artistas.
5) Propietarios de tiendas y depósitos; personas de
ocupaciones diversas con buena entrada económica.
6) Obreros, artesanos, agricultores y domésticos.
7) Pobres, vagabundos, gitanos,jornaleros y las personas que
alteraban el orden público, hasta ladrones y criminales.
Los militares se consideraban como una clase aparte
cuya jerarquía quedaba entrelazada de arriba abajo en la sociedad, dependiendo de los
avatares de las guerras y sus consecuentes éxitos o fracasos. A su vez, los médicos eran
los que prescribían y los cirujanos-barberos junto con los boticarios, ejecutaban esas
prescripciones.
Desde el punto de vista doctrinal, el siglo XVIII es
para la medicina la época de los grandes sistemáticos quienes pretendían organizar toda
la medicina alrededor de un postulado teórico. Así podemos mencionar los dos grandes
movimientos que cubren al siglo de la Ilustración en dos tendencias opuestas que son:
1) Los partidarios de la iatroquímica.
2) Los partidarios de la iatromecánica.
Resumiendo:
1) Iatroquímica
Valentín, en el siglo XV, aporta la noción de
"arké"
Paracelso, en el siglo XVI, introduce el
"arké" en el lenguaje médico junto con la alquimia.
Von Helmont, en el siglo XVII, concluye que la
química del organismo está regida por un principio vital.
Stahl, en el siglo XVIII, se declara vitalista y
asigna al alma el principio rector.
Bichat, a fines del siglo XVIII expresa que el
principio vital está compuesto por todas las funciones que se oponen a la muerte.
2) Iatromecánica
Sanctorius, en el siglo XVI, estudia el peso del
cuerpo y su relación con alimentos y excretas. Lo conecta con el sistema estabilizador de
la "perspiración insensible".
Borelli y luego Baglivi, en el siglo XVII, afirman
que la salud depende del movimiento de los músculos y de la digestión.
Hoffman, en el siglo XVIII, es un latromecánico que
considera al organismo como un sistema hidráulico que depende de la circulación.
"Sólidos versus fluidos".
Boerhaave de Leyden (1668-1738) le da mucha
importancia a la anatomía y la fisiología de la circulación en: inflamación,
obstrucción y plétora.
Gerard van Swieten (1700-1772) lleva estos
conocimientos a Viena.
Cullen, de la escuela inglesa, crea el solidismo,
reviviendo a Hoffman y establece que todo el organismo se desarrolla de acuerdo a la
circulación y que los sólidos se equilibran de acuerdo a su densidad y a la resistencia
que encuentran en las partes fluidas.
Hahneman, traduciendo a Cullen, descubre la Ley de
la Semejanza y restablece la fuerza vital estudiando rigurosamente los fenómenos sin
hacer caso de interpretaciones teóricas causalistas.
Su genio choca con sus contemporáneos porque su
método es 1ógico y porque sus reglas higienicas se basan no sólo en la bondad de su
acercamiento a los enfermos, sino en su claro sentido común que rechaza la violencia de
otros procedimientos.
Sus descubrimientos fueron tres :
1. La Ley de la Semejanza (Note 4).
26. "Este fenómeno se funda unicamente en la
ley natural de la homeopatía, ley desconocida haste el día, aunque se haya tenido alguna
vaga sospecha de ella, y aunque en todos tiempos haya sido el fundamento de toda curación
verdadera, a saber, que una afección dinámica, en el organismo viviente, se estingue
de un modo duradero por otra más fuerte, cuando está, sin ser de la misma especie que
ella, se le asemeja mucho en cuanto al modo de manifestarse ".
2. La extracción de nuevas propiedades a las
material sometidas a dilución aquosa y sucusión mecánica.
269. "Por un procedimiento que le es propio y
que no había sido ensayado antes de ella, la medicina homeopática desarrolla de tal modo
las virtudes medicinales dinámicas de sustancias groseras, que les dá a todas una
acción de las más penetrantes, aún a aquellas que antes de haber sido tratadas de este
modo no ejercian la menor influencia medicinal sobre el cuerpo del hombre".
La experimentación pura:
120. "Es menester pues, distinguir bien los
medicamentos unos de otros, puesto que de ellos dependen la vida y la muerte, la
enfermedad y la salud de los hombres. Para esto, es necesario hacer con cuidado
experimentos puros, teniendo por objeto el manifestar las facultades que les pertenecen y
los verdaderos efectos que producen en las personas sanas. Procediendo asi, se aprende a
conocerlos bien y a evitar toda equivocación al aplicarlos al tratamiento de las
enfermedades, porque no hay más que un remedio bien elejido que pueda dar al enfermo, de
un modo pronto y duradero, el mayor de los bienes de la tierra, la salud del cuerpo y del
alma.
121. Cuando se estudian los efectos de los
medicamentos en el hombre sano, no se debe perder de vista que basta administar las
sustancias llamadas heróicas a dosis poco elevadas, para que produzcan cambios aún en la
salud de las personas robustas. Los medicamentos de naturaleza menos fuerte, deben
administrarse a dosis más elevadas, si se quiere también experimenter su acción. En
fin, cuando se trata de conocer la de las sustancias más débiles, no se pueden elejir
para sujetarse a la esperiencia, sino personas que además de estar exentas de enfermedad,
tengan una constitución delicada, irritable y sensible.
122. En las experiencias de este género, de las que
depende la certeza del arte de curar y la conservación de todas las generaciones
venideras, solo se emplearán medicamentos que se conozcan bien, y respecto de los que se
tenga la convicción de que están puros, que no son falsificados y que poseen toda su
energía.
123. Cada uno de estos medicamentos debe tomarse
bajo una forma simple y exenta de todo artificio. Por lo que toca a las plantas
indígenas, se esprime su jugo, que se mezcla con un poco de alcohol para impedir que se
corrompa. Respecto a los vegetales exóticos, se los pulveriza, ó bien se prepara con
ellos una tintura alcohó1ica, que se mezcla con cierta cantidad de agua, antes de
administrarla. Por último, las salas y las gomas no deben disolverse en agua hasta el
momento mismo en que se van a tomar. Si no se puede proporcionar la planta más que en el
estado seco, y tiene al mismo tiempo virtudes poco energéticas, se la ensaya bajo la
forma de infusión, es decir, que después de haberla hecha pedazos menudos, se vierte
sobre ella agua hirviendo en la que se deja por algún tiempo; la infusión debe beberse
inmediatamente después de su preparación y mientras está caliente; porque todos los
jugos de plantas y todas las infusiones vegetales a las que no se añade alcohol , pasan
rápidamente a la fermentación, a la corrupción, y pierden así su virtud medicinal.
124. Cada sustancia medicinal que se somete a
ensayos de este género, debe emplearse sola y perfectamente pura. Es preciso guardarse
bien de asociar a ella ninguna sustancia extraña, y de tomar ningún medicamento, ya el
mismo día, ya menos todavía en los siguientes, si es que se quiera observar los efectos
que es capaz de producir.
125. El régimen ha de ser muy moderado mientras
aura la experiencia. Es preciso abstenerse de todo lo posible de especial, y contentarse
con alimentos simples, que solo sean nutritivos, evitando con cuidado las legumbres
verdes, las raíces, las ensaladas y las sopas de yerbas, alimentos que, a pesar de las
preparaciones culinares que han experimentado, conservan siempre algún poco de energía
medicinal, que turbaría la acción del medicamento. La bebida será la misma que se usa
diariamente, procurando tan solo que sea todo lo menos estimulante posible.
126. El que tienta la experiencia, debe evitar,
mientras ella dure, el entregarse a trabajos penosos del cuerpo y de espíritu, a excesos
y a pasiones desordenadas. Es menester que ningún negocio urgente le impida el observar
con cuidado, que por sí mismo ponga una atención escrupulosa en todo cuanto suceda en su
interior, sin que nada le distraiga, en fin, que una a la salud del cuerpo el grado de
inteligencia necesario para poder designar y describir claramente las sensaciones que
experimenta.
127. Los medicamentos deben ser experimentados tanto
en hombres como en mujeres, para evidenciar todos los cambios relativos al sexo que son
aptos a producir.
128. Las observaciones más recientes han demostrado
que las sustancias medicinales no manifiestan, ni con mucho, la totalidad de las fuerzas
ocultas, cuando se toman en estado grosero, o tales como la naturaleza nos las presenta.
No desarrollan completamente sus virtudes sino después de haber sido llevadas a un alto
grado de dilución por medio de la trituración y de la succión, modo muy sencillo de
manipular que desarrolla a un grado increible y pone en plena acción sus fuerzas ocultas
hasta entonces, y hasta cierto punto sumidas en el sueño. Esta reconocido en el día, que
el mejor modo de ensayar una sustancia, aunque sea reputada por débil, consiste en tomar
durante muchos días seguidos, cuatro ó seis glóbulos empapados en su trigésima
dilución, que se humedecen con un poco de agua y se toman en ayunas.
129. Si esta dósis produce muy débiles efectos, se
puede, para hacerlos más pronunciados y más sensibles, aumentar cada día algunos
glóbulos hasta que el cambio sea apreciable; porque un medicamento no afecta a todos los
sujetos con la misma fuerza, en cuyo punto reina una gran diversidad. Se ve algunas veces
que una persona, que parece delicada, apenas se afecta por un medicamento que se sabe es
muy enérgico, y que se le había administrado a dósis moderadas, mientras que lo es muy
fuertemente por otras sustancias mucho más débiles. Asi mismo, hay sujetos muy robustos
que experimentan síntomas morbosos considerables por parte de agentes medicinales suaves
en la apariencia, y que por el contrario sienten poco los efectos de otros medicamentos
más fuertes. Pero, como jamás se sabe de antemano cual de estos dos casos tendrá lugar,
es muy del caso que se empieze por una dósis pequeña, y que después se aumente de día
en día, si es que se juzgue necesario.
130. Si desde el principio, y por primera vez, se ha
dado una dósis demasiado fuerte, resulta una ventaja, y es que la persona que se somete a
la experiencia aprende cual es el órden con que se suceden los síntomas, y puede anotar
con exactitud el momento en que cada uno aparece, cosa muy importante para el conocimiento
del carácter de los medicamentos, porque el orden de los efectos primitivos y el de los
efectos alternantes se manifiesta del modo menos equívoco. Así también, una débil
dósis, basta muchas veces cuando el sujeto en quien se hace la experiencia esta dotado de
una gran sensibilidad, y cuando se observa con mucha atención. La duración de la acción
de un medicamento, solo se puede saber comparando entre si los resultados de muchas
experiencias.
131. Cuando para adquirir solamente algunas
nociones, se ve uno precisado a dar por espacio de muchos días seguidos dósis
progresivamente mayores del medicamento a un mismo sujeto, se aprende muy bien de este
modo a conocer los diversos estados morbosos que por lo general esta sustancia puede
producir, pero no se adquiere ningún indicio acerca de su sucesión, porque la dósis
siguiente cura muchas veces uno u otro de los síntomas provocados por la precedente, ó
produce en su lugar un estado opuesto. Los síntomas de esta naturaleza deben ser anotados
entre dos paréntesis, como equivocos, hasta que nuevas esperiencias más puras hayan
decidido sí se debe ver en ellos una reacción del organismo, ó un efecto alternante del
medicamento.
132. Más, para indagar unicamente los síntomas que
una sustancia medicinal, débil sobre todo, puede producir por sí misma, sin atender a la
sucesión de estos síntomas y a la duración de la acción del medicamento, es preferible
aumentar diariamente la dósis por muchos días seguidos. E1 efecto del medicamento
todavía desconocido, aún el más suave, se manifestara de esta manera, sobre todo si se
le ensaya en una persona sensible.
133. Cuando la persona que se somete a la
experiencia siente una incomodidad por parte del medicamento, es útil y aún necesario,
para la determinación exacta del síntoma, que tome sucesivamente diversas posiciones y
observe los cambios que de ellas resulten. Así observará si por los movimientos
comunicados a la parte afecta, andando en la habitación ó al aire libre, manteniendose
en pie, sentada ó echada, el síntoma aumenta, disminuye o se disipa, y si vuelve o no
tomando la primera posición, si cambia bebiendo o comiendo, hablando, tosiendo,
estornudando o cumpliendo cualquiera otra función del cuerpo. Debe observar igualmente a
que hora del día o de la noche se manifiesta de preferencia. Todas estas particularidades
descubren lo que hay de peculiar y característico en cada síntoma.
134. Todas las potencias posteriores, y
principalmente los medicamentos, tienen la propiedad de producir, en el estado del
organismo viviente, cambios particulares que varían para cada una de ellas. Pero los
síntomas propios de una sustancia medicinal cualquiera no se manifiestan en la misma
persona, ni simultáneamente, ni en el curso de una misma experiencia; por el contrario,
se ve a una misma persona sentir de preferencia ya este, ya aquel, en una segunda o
tercera experiencia, de manera que en la cuarta, octava, décima, &c. quizas
reapareceran muchos de los sintomas que se manifestaron ya en la segunda, sesta, novena
&c. Los síntomas tampoco se presentan a las mismas horas.
135. S6lo por medio de observaciones multiplicadas,
en un gran numero de sujetos de ambos sexos convenientemente elejidos y tomados de sodas
constituciones, es como se llega a conocer de un modo casi completo el conjunto de todos
los elementos morbosos que un medicamento tiene el poder de producing Unicamente se tiene
la certeza de ester al corriente de 10B sintomas que un ajente medicinal puede producir,
es decir, de las facultades puras que posee pare mod)ficar y alterar la salud del hombre,
cuando las personas que hacen un segundo ensayo observer pocos accidentes nuevos, y casi
siempre 10B mismo sintomas que habian observado otras antes que ellas.
136. Aunque como acaba de decirse, un medicamento
sometido a la experiencia en un hombre sano no pueda manifestar en una sola persona todas
las alteraciones de salud que es capaz de producir, y no las ponga en evidencia más que
en cierto número de sujetos diferentes los unos de los otros tanto por su constitución
física como por sus disposiciones morales, sin embargo no es menos cierto que una ley
eterna naturaleza precisa de cada síntoma, y ponerle en estado ya de añadir los nuevos
detalles que recoja, ya de hacer las rectificaciones y modificaciones necesarias.
140. Si el sujeto no sabe escribir, será menester
que cada día el médico le pregunte, para saber de él lo que ha experimentado. Pero este
exámen debe limitarse en gran parte a emendar la narración que haga de sí mismo. Se
guardará bien el médico de querer adivinar o conjeturar alguna cosa; preguntará lo
menos posible, o si lo hace, deberá ser con la misma prudencia y la misma reserva que he
encomendado más arriba (V.84,99) como precauciones indispensables, cuando se toman las
informaciones que se necesitan para formar el cuadro de las enfermedades naturales.
141. Pero todas las esperiencias puras relativas a
los cambios que los medicamentos simples producer en la salud del hombre, y a los
síntomas morbosos que pueden producir en las personas sanas, las mejores serán siempre
aquellas que un médico dotado de buena salud, exento de preocupaciones, y capaz de
analizar sus sensaciones, haga en sí mismo, con las precauciones que acaban de
prescribirse. Nunca se está más cierto de una cosa que cuando se ha experimentado en uno
mismo".
Sus mejores invenciones fueron:
1. Las dósis ífnimas útiles en el arte de curar.
277."Por la misma razón, y porque un remedio
dado a dósis bastante débil se muestra de una eficacia tanto más maravillosa cuanta
más homeopática se ha hecho la elección, un medicamento cuyos síntomas propios esten
perfectamente en armonía con los de la enfermedad, deberá ser tanto más saludable,
cuanto más se aproxime su dósis a la exigidad a que necesita reducirse para producir
suavemente la curación."
2. La división de las enfermedades en artificiales
y naturales.
47. "Nada puede enseñar al médico de un modo
más claro y más persuasivo, cual es la elección que debe hacer entre las potencies
capaces de suscitar enfermedades artificiales (los medicamentos), para curar de un modo
cierto, pronto y duradero a imitación de la naturaleza".
3. La teoría de los miasmas para explicar el origen
de las enfermedades crónicas a través de la herencia.
78. "Las verdaderas enfermedades crónicas
naturales son aquellas que deben su origen a un miasma crónico, que progresan
incesantemente cuando no se les oponen medios curativos específicos, y que, a pesar de
todas las precauciones imaginables relativamente al cuerpo y al espíritu, abruman al
hombre con padecimientos, que siempre van en aumento hasta el termino de su existencia.
Estos son los tormentos más numerosos y más grandes de la especie humana, puesto que el
vigor de la constitución, la regularidad del género de vida y la energía de la fuerza
vital nada pueden contra ellos.
79. Entre estas enfermedades miasmáticas crónicas,
que cuando no se curan, sólo se extinguen con la vida, la sífilis es la sola que se ha
conocido hasta el día. La sicosis, de la que tampoco puede triunfar la fuerza vital por
sí sola, no ha sido considerada como una enfermedad miasmática crónica interna,
formando una especie aparte, y se la creía curada después de la destrucción de las
escrecencias de la piel, sin atender a que su foco o manantial existía siempre.
80. Pero, la psora es un miasma crónico
incomparablemente más importante que estos dos. Estos, revelan la afección interna o
específica de donde provienen, el uno por medio de úlceras, y el otro por escrecencias
en forma de coliflores. Después que la psora ha infectado todo el organismo, anuncia su
miasma crónico interno por una erupción cutánea particular, a la que acompañan un
prurito voluptuoso insoportable y un olor especial. Esta psora es la sola y verdadera
causa fundamental y productora de las innumerables formas morbosas que bajo los nombres de
debilidad nerviosa, histerismo, hipocondría, manía, melancolía, demencia, furor,
epilepsia y espasmos da toda especie, reblandecimiento de los huesos ó tejidos
accidentales, gota, hemorroides, ictericia y cianosis, hidropesía, amenorrea,
gastrorragia, epistáxis, hemoptisis, hematuria, metrorragia, asma y supuración de los
pulmones, impotencia y esterilidad, hemicránea, sordera, catarata y amaurosis, mal de
piedra, parálisis, abolición de un sentido, dolores de toda especie, &c., figuran en
las patologías como otras tantas enfermedades propias, distintas e independientes unas de
otras .
En beneficio de la brevedad, digamos que hasta aquí, en la
reflexión que nos impone 1a consideración conjunta de Psiquiatría y Homeopatía, hemos
establecido ciertos conceptos básicos que dependen del primero: La medicina es el arte
de curar.
Durante el desarrollo del pensamiento occidental, el
arte médico se interrelaciona primero con la filosofía y luego con los logros de la
actividad cientéfica del hombre, ya sea dirigida a la physis o a la psyké alternativamente.
Si bien nos hemos mantenido dentro de la Relación
Médico-Paciente como una dirección vectorial del discurso, las expresiones artísticas y
los cambios sociales también influyen sobre la Medicinal.
Tomemos de la pintura, por ejemplo, los cambios del
observador más que de lo observado. Las imágenes pictóricas desde la época griega
hasta el Renacimiento, reflejan una descripción de !o religioso. En el Renacimiento, las
imágenes se refieren a la centridad del Yo en la persona humana corporal. La perspectiva
coloca al hombre como un observador de la naturaleza que lo entorna. En los siglos XVI,
XVII y XVIII, la pintura nos muestra al hombre y sus hazañas en primer piano y a la
Naturaleza casi a su servicio.
La pintura del siglo XIX oscila entre el
romanticismo del hombre ante la muerte y el realismo del hombre ante la desigualdad
social, pero su marco de referencia es, todavía, la Razón Suprema del Hombre Ilustrado.
El impresionismo establece la primera duda sobre la
capacidad de la Razón para interpretar a la Naturaleza con una predominancia sobre lo
sensible y lo emocional. El cubismo trata, en vano, de subyugar la imagen a la geometría
y al intelecto, pero la imagen del hombre, como ser aparte de lo otro, se funde
rápidamente. El dadaísmo es su más extrema expresión.
El surrealismo surge como la revolución de lo de
adentro que trastorna todas las imágenes anteriores de un afuera hasta entonces estable.
E1 abstraccionismo reacciona otra vez enarbolando postulados geométricos que le devuelven
al artista una cierta vivencia de poder sobre la Naturaleza. La pintura figurativa trata
de volver a poner al hombre en su pedestal, como centro de todo interés. Los grandes
muralistas vuelven genialmente al Medioevo con sus imágenes moralistas.
La política es una forma práctica de lo religioso.
En la segunda mitad del siglo XX, el pintor pasa de la furia automática revelada por
formas y colores lanzados sobre el lienzo, tajos, modificaciones o repeticiones del
espacio en uno o varios planos hasta caer en la perplejidad del pintor ante el color y la
forma, para terminar eistenianamente metiendo al pintor y al observador dentro de la
pintura misma.
Así ha pasado con la Relación Médico-Paciente. El
médico pasa de ser un razonador, que ayuda o substituye a lo natural y termina por
admitir que forma parte esencial del fenómeno que pretende comprender.
Las variedades de estas posiciones son numerosas y
por eso al final sólo nos quedan dos posiciones vitales:
a) discutimos con los colegas la superioridad de tal o cual método
mediante argumentos que van de lo religioso, que recuerda lo inmutable, hacia lo
científico, que ensaya predicciones de lo posible;
b) nos comunicamos con los colegas para mostrarles
lo que hacemos en el diario intercambio con nuestros pacientes.
Prefiero en este trabajo tratar de expresar lo que
hago.
La relación entre el médico y el paciente que le
busca no se establece por casualidad sino por afinidad. La anamnesis depende de la
confianza mutua entre servidor y servido.
La cristalización conceptual tanto del médico como
del paciente es siempre antropomórfica. La gerarquización de las acciones en esta
relación médico-paciente están sometidas a las necesidades del paciente y no a la
curiosidad del médico. La intención del médico debe estar nimbada de omnipotencia, pero
su acción debe mantenerse dentro de los límites de la prudencia.
El equipo médico se impone como una necesidad
práctica de ponderación en las prescripciones, sin que por eso se altere el eje de la
intimidad entre uno de los médicos del equipo y el paciente que lo escogió.
El resultado de cada acto médico debe ser médico
por el grado de alivio al sufrimiento del paciente, rápido en los casos agudos, seguro en
los casos crónicos.
Creo que el médico debe aprender a entrar en la
intimidad de su paciente para saber "lo que hay que curar en él" en todo
momento y a salir, metafóricamente, de esa identificación perentoria para poderle
mostrar otra salida a su forma de vivir.
Para entrar en la intimidad del paciente, el médico
debe tomar en cuenta lo simbólico inconsciente, ya venga de los datos clínicos o de los
exámenes complementarios, porque el cuerpo tiene un lenguaje y la mente otro.
Para salir de la identificación, el médico use el
psicodrama en la anamnesis con su colega de equipo y luego reflexiona sobre los síntomas
y los signos más relevantes para la correcta prescripción. Todos los pacientes producer
angustia en el médico, porque la angustia es el resultado de la escogencia. Sin embargo,
al escoger en equipo, la decisión final es siempre más sabia.
Mi incapacidad para resumir transparentemente lo que
hago, me obligue a invitar al rector a estudiar los ejemplos que siguen y a extraer sus
propias conclusiones.
Nota 1:
Recordemos aquí, que llamamos filosofía griega a
las doctrinas derivadas, por una parte de la poesía míticareligiosa de Hesíodo, Orfeo,
Epimenides, etc.; por otra de la filosofía gnómica o sentenciaria de los siete sabios,
quienes fueron hombres de acción, legisladores y moralistas, más que filósofos; y por
último de las literaturas orientales y egipcias.
Como nos explica el Padre Dionisio Dominguez, S.I:1
"Las primeras cuestiones filosóficas no se
plantearon en la península helénica sino en sus colonias, que debido a la invasión
doria, comenzaron a establecerse en el siglo XII a.C en el litoral mediterráneo y
siguieron multiplicándose hasta el siglo V a.C. De las numerosas colonias griegas, las
que nos interesan conocer son: las eólicas, jónicas y dóricas, establecidas
respectivamente sobre las costas de Misia, Lidia y Caria; las de Tracia (Abdera), las del
sur de Italia (Tarento, Crotona, Regio y Elea); las de Sicilia (Siracusa y Agrigento), las
de Chipre y la Cirinaica".
Los siete sabios de Grecia fueron:2
1) Tales de Mileto (624-545 a.C.), a quien se le atribuye la
sentencia
"Ne nimis " - No más que lo necesario.
1 Dominguez, Padre Dionisio S I. "Historia de
la Filosofía". Biblioteca Comillensis. Administración de Salterrae. Santander,
1949.
2 Opus cit. Ap. Kachnik, Historia de la Filosofía.
2) Solón de Salamina (c.558 a.C.): "Rescipe
finem ". -Adquiere lo que tenga sentido-.
3) Quilón Lacedemonio (c.598 a.C.):"Nosce te ipsum " -
Conócete a ti mismo-.
4) Pitaco de Mitilene (c.569 a.C.): "Nosce
tempus opportunum " - Aprovecha la oportunidad-.
5) Bias (c.570 a.C.): "Ama tamquam osurum ~ - Ama tanto
como aborrezcas-.
6) Cleóbulo de Rodas (c.560 a.C.): "Modus
optimus " (= in med io virtus)" - La virtud está en el medio de los
extremos-.
7) Periandro, tirano de Corinto, (c.553 a.C.): "Modestus
in prosperis, fortis in adversis~. - Moderado en la prosperidad, fuerte en la
adversidad-.
La filosofía griega abarca tres períodos:
1. Antesocrático o físico, desde Tales hasta Sócrates (c.600-450
a.C.)
2. Socrático o 1ógico-metafísico, desde Sócrates hasta
Aristóteles (c.450-300 a.C.)
3. Postaristotélico o moral, desde la muerte de Aristóteles hasta
la
escuela neoplatónica (c.300 a.C hasta I a.C.).
Los antesocráticos suelen distinguirse en cinco
escuelas: jónica, pitagórica, eleática, que son casi contemporáneas, la nueva escuela
jónica y la sofista.
Los jónicos son:
Tales de Mileto: (c.624-545 a. C.), mercader
fenicio, quien se inspira en la Teogonía de Hesíodo, que hace a Tetis madre de dioses y
de hombres y, observando cómo el agua deja sedimentos, se evapora hacia lo alto y se
halla en los alimentos, concluye que la materia primordial de todo los seres, y el
término donde han de parar, es el agua, (la humedad).
Anaximandro: (c.610-546 a.C.), dice que el primer
principio, arké, es una mezcla caótica, mygma, ilimitada e indefinida, el
infinito, apeirón. E1 apeirón, estimulado por una fuerza vital
intrínseca, se va disgregando, ekkrynestai, y diferenciando en los cuatro
elementos: aire, (astros), agua, (seres vivos), tierra y fuego. Pero el término final es
la vuelta al fondo del apeirón.
Anaximeno, (c.548-480 a.C.), también de Mileto, fue
su discípulo. Vuelve al aire como elemento primordial y término final de todos los seres
que, enrareciéndose, produce fuego y condensándose, el viento, las nubes, el agua, la
tierra y los minerales.
Heráclito de Efeso (c.535-475 a.C.), hombre obscuro
y melancólico, adscribe la constitución y el fin de las cosas a la incesante agitación
del fuego, que forma y transforma el mundo sin permanecer un solo instante en el mismo
ser. Todo fluye debido a la coexistencia de propiedades opuestas que explican la lucha
entre las diversas partes del fuego.
La escuela Itálica o Pitagórica:
Pitágoras de Samos, nacido en Samos en el año 580
a.C. se estableció en Crotona, después de recorrer Egipto, Fenicia y Caldea; se llamó a
sí mismo filosófo y sus discípulos aplicaron el antós efé o magister dixit, como
argumento supremo: habla el maestro.
Al mundo lo llamó Kosmos, en el sentido de orden y
su principio ordenador es el número. Número par divisible indefinidamente: lo infinito.
Número impar indivisible: lo finito.
De esta bina numérica salen las binas análogas de
todas las cosas como cualidades opuestas: el reposo y el movimlento; lo simple y lo
múltiple; lo recto y lo oblicuo; la luz y las tinieblas; lo bueno y lo malo.
Como el número consta de lo infinito y lo finito,
todo cuerpo tiene extensión, (divisible en infinitas partes), y límite, (supefiicie,
línea, punto). La combinación de números y proporciones generan las figuras
geométricas y por ende la esencia de los distintos cuerpos:
1. E1 fuego (pirámide)
2. La tierra (cubo)
3. El aire (octaedro)
4. el agua (icosaedro)
5. E1 éter (dodecaedro)
E1 elemento excelente es el fuego.
La escuela Eleática.
Jenófanes de Colofón (c.575-490 a.C.), habla de la
unidad e inmutabilidad del universo, el uno o el ser, (ós enós ontós), es el
todo, (apeirón), inmutable y eterno.
Parménides de Elea (c.540 a.C.). Lo que es, no es
que no sea. Lo real es el ser, único, inmutable, eterno, verdadero, bondad pura.
Concretamente una esféra maciza e infinita, cuyo centro esta en todas partes y la
circunferencia en ninguna.
Zenón de Elea (c.520 a.C.), fue su discípulo y
defensor mediante la polémica y la dialéctica
Meliso de Samos (c.500a.C.), reafirmó la ilimitada
extensión del mundo porque su límite seria el vacio y la nada, nada limita.
La nueva escuela jónica, compuesta por la nueva
escuela Física de Empédocles y Anaxágoras y la escuela Atomista de Leucipo y
Demócrito.
Empédocles de Agrigento (495435 a.C.) erudito,
filósofo, mago, poeta, tenido por sacerdote; dicen que se precipitó al Etna para pasar
como un dios a la posteridad. En sus poemas trata de armonizar la inmutabilidad eleática
de los seres con la variabilidad de los fenómenos sensibles de Heráclito. Las raíces de
todo son cuatro: fuego, aire, ague y tierra. Se dividen en partículas que se unen y se
desunen por una causa eficiente: el intercambio entre el amor y el odio.
Anaxágoras de Clazomenos (500-428 a.C.),
matemático y astrónomo, ridiculizó a los dioses: Helio era una mesa ígnea y le salvó
Pericles de morir en manos de la plebe. Para Anaxágoras los cuatro elementos de
Empédocles están al principio divididos en partículas iguales (homeomeirias) y a
esa mole, apeirón, se aplica como motor del primer movimiento rotatorio el nous,
o sea, la mente , la inteligencia . Ese nous omnisciente y potentísimo
generador, es la substancia misma del simple, inmovible e imposible todo, (apeirón).
El atomismo de Leucipo (c. 500 a.C.) y de Demócrito
de Abdera (c. 460 a.C.) representan una continuación de los jónicos al tratar de
explicar cómo pueden ser reales los cambios y los fenómenos sensibles; respetan a los
eleatos al mantener la tesis de que nada se produce y nada perece en la Naturaleza, pero
la pulverizan en elementos diminutos invisibles e indivisibles (átomos), esencia de lo
lleno (el ser), que flotan y se continúan moviendo en el vacío (el no ser).
¿Cómo se forma el cosmos? El movimiento primigenio
y eterno de cada átomo es rectilineo, ciego y necesario, pero no casual, sino
proporcionado a la mesa atómica y con diversas velocidades según sus diferentes
especies. Esta desigual velocidad origina choques, vórtices, remolinos e impulsos de
separación y acercamiento por semejanza y des-semejanza, originando los diversos e
infinitos mundos que integran el cosmos. Los seres vivientes se componen de átomos y
vacío. El alma es una red sutilísima y brillante compuesta de átomos ígneos que mueve
y vivifica al organismo. Tal alma, ni puede ser libre, ni inmortal, pero sí feliz; no con
los placeres y riquezas, sino con la ciencia y la vida honesta. La sensación, eydala, es
un desequilibrio atómico del sensorio que lleva a un conocimiento obscuro, variable y
falaz. Más perfecta y veraz es la intelección (gnosis), manifiesta las verdaderas
realidades (átomos), pero es muy limitada. Por eso: veritas est in abysso, (la
verdad está en el abismo).
La escuela Sofista de Protágoras y Gorgias.
Protágoras de Abdera (480-411 a.C.), recorrió toda
la Grecia vendiendo sus enseñanzas y planteó su famosa tesis: "El hombre pensante o
sus facultades cognocitivas son la medida de todas las cosas".
Georgias (c.496 a.C.), natural de Leoncio, Sicilia,
nos lega una especie de escepticismo nihilista en estas tres proposiciones:
1.Nada existe.
2.Si algo existiera no podría conocerlo el hombre.
3. Dado que alguien lo conociera no podría darlo a conocer a los
demás.
Nota 2.1
Meissen es un pueblo de Sajonia situado alrededor
del Castillo de Misnia, a villas del Elba, construido en el año 920 d. C por el rey
Enrique I (llamado el cetrero o falconero), para defenderse de la invasión eslava.
1Encyclopaedia Britannica, Vol XXIV. Cambridge,
England. University Press. New York, 1911.
Su prosperidad aumentó a partir de 1485 con la
corrida del límite germano hacia el este y la fundación de Leipaig, Dresden y Friburgo.
Era una de las cinco marcas del Ducado de Sajonia bajo el comando de un Margrave. Meissen
fue siempre sitio de disputas políticas y religiosas.
Los católicos ganaron con la capitulación de
Wittenburg en 1547, cuando Carlos V derrotó a Juan Federico el Magnanimo, pero desde
1547, Mauricio fue Elector de Sajonia y en 1552 rompió su alianza con Carlos V en la
batalla de Innsbruck, obligándole a firmar la paz religiosa de Passau. Incrementó las
minas de carbón y cerró doscientas casas religiosas en beneficio de la educación. Así
florecieron las universidades de Leipzig, Wittenberg, Jena y Erfurt y, a medida que
aumentaban los libros doctos, se impuso el dialecto sajón en toda Alemania por la
traducción de Lutero.
Augusto I, sucesor de Mauricio, introdujo la
orfebrerfí en plata, la textilería en lana, el lacillo y prohibió el calvinismo. Su
hijo Cristian II (1586) fue calvinista y Cristian IV (1591) fue un príncipe débil. Su
hermano Juan Jorge I (1611) vio a Sajonia devastada por la guerra de los treinta días.
Wallenstein entró en Sajonia en 1632 y luchó del lado de los suecos. Cuando Gustavo
Adolfo de Suecia murió en Lutzen (cerca de Leipzig) en 1632, se pasó al lado del
Emperador de Alemania.
En 1648, después de la guerra de los treinta años
y con la paz de Westfalia, Sajonia vio decaer su influencia por sus alianzas católicas y
Brandenburgo tomó el liderazgo de los estados protestantes de Alemania. Los próximos
cuarenta años de Sajonia van a estar sumidos en luchas hasta con los turcos, bajo la mala
dirección de Juan Jorge I, II, III y IV.
En 1694 comienza el reinado de Federico Augusto I,
llamado Augusto I el fuerte, quien es elegido Rey de Polonia, al igual que Augusto II en
1697, y se convierte al catolicismo. Durante su reinado luchó con Carlos XII por Polonia
y cuando en 1709 ganó nuevamente la corona de Polonia, Sajonia había gastado más de
cien millones de thalens. Debido a esa pobreza desastrosa se constituyó el "Geheimes
Kabinet" o Concejo Privado, que duró en sus funciones estabilizadoras hasta 1830.
En 1710, Johann Friedrich Botgen descubrió la
manufactura de porcelana de Meissen, famosa en todo el mundo.
En 1733, Federico II sucedió a su padre en el
Electorado y después fue elegido Rey de Polonia como Augusto III. Fue un príncipe
indolente que luchó del lado de Prusia durante la primera guerra de Silesia y del lado
contrario (Austria) durante las otras dos. La tercera guerra de Silecia se llamó la
guerra de los siete años (1756-1763). Sajonia perdió noventa mil hombres y cien millones
de thalens, con lo que el pueblo quedó en miseria, desorden y pánico. El rey murió unos
meses después y con el la conexión con el reino de Polonia, cuyos desastres hemos
anotado.
Su hijo Federico Cristian, murió a los dos meses
(1763) dejando en el bono a su hijo de 13 años, Federico Augusto I. Asumió el gobierno
como el primer Rey de Sajonia en 1768 y reinó hasta 1827, haciendo alianzas o
manteniéndose neutral según las circunstancias durante el imperio de Napoleón. En el
Congreso de Viena de 1815, el príncipe de Metternich le dejó 5.790 millas cuadradas y
1.182.744 sajones. El rey Federico Augusto I se unió ese mismo año a la Confederación
de Estados Alemanes. Su hermano Antonio reinó desde 1827 hasta 1836, cuando ascendió al
poder Federico Augusto II, quien se mantuvo entre Prusia y Austria hasta su muerte en
1854.
Nota 3
Cronografía de Hahnemann.
Hahnemann l Meissen, 10 de abril de 1755. París, 2
de julio de 1843. 87 años, 4 meses.
12 a. 1767. Escuela Provincial -Director, doctor
Mueller.
Latín, griego, francés y alemán. Asistente al
director. Trabajo final, disertación: "La maravillosa conformación de la mano del
hombre".
20 a. 1775. Universidad de Leipzig (gratuita).
Su padre le da 20 ducados (200 francos de oro). Pasa
los años oyendo opiniones fuera de moda y teorías sin verificación. No se habla de
Harvey (circulación de la sangre), ni de la anatomía de Vesalio, ni de la electricidad
de Galvani (1771), ni de la escuela de Boerhaave (Leyden).
22 a. 1777. Se va a Viena como timonel de una balsa.
En tres semanas desembarca en el Danubio.
Carta de recomendación para el Doctor Quarin,
Hospital de la Misericordia. El doctor Quarin le da permiso de llamarse médico.
2. semestre: consejero médico y bibliotecario del
señor von Brueckental, gobernador de Transylvannia en Hermannstadt.
23a 1778. ¡Va en carroza! No puede aprender
equitación, renuncia y se devuelve a la Universidad de Erlangen, cerca de Nuremberg.
24 a. 1779. Doctor en Medicina.
Va a Hettstedt, cerca de Halle, en la ribera del
Wipper. Aplica la untura aprendida:
Ambar gris contra los sabañones; jarabe de
colchicaria contra el asma; Senna, aloe, calomel y ricing contra la constipación; baños
de pasta de mostaza contra el dolor de cabeza; potasa y pasta de Viena para los cauterios;
tisana de avena contra los vértigos; polvos de muérdago para las metrorragias; raíz de
heléboro para los melancólicos; y sangrías.
26a. 1781. Dessau. Residencia del Duque de Anhalt-
Dessau .
Recuerda la enseñanza de Stahl (animismo y
flogisto) "Theoria Medica Vera". (Animismo: El alma, principio de la vida y la
salud. Flogisto: calor natural que da la vida).
Paul Barthez de Montpellier crea el
"Vitalismo". Mesmer crea el mesmerismo por el "magnetismo". John
Brown, escoces, se cura la gota comiendo de todo y bebiendo alcohol. (Priestley descubre
la composición del aire, oífgeno y nitrógeno, para Lavoisier, quien acaba con la
teoría del flogisto).
Trabaja en la Farmacia de Maure con el boticario
Haeseler.
27a 1782. Obtiene la plaza de Médico Comunal en
Gommern. Ve usar la "máquina giratoria" para calmar a los locos. Traduce a
Demachys: "L'Art de fabriquer des produit chimiques".
Se casa con Henriette Haeseler.
28a 1783. Nace su hija Henriette.
Dresden. Substituye al viejo doctor Wagner. Escribe
"Envenenamiento por Arsénico" y "Tratado sobre los perjuicios contra el
calentamiento por el carbón".
31a 1786. Nace Federico.
33a. 1788. Wilhelmina (Guillermina).
Conoce a Lavoisier en el Hotel de Polonia, quien
habla del oxígeno en la química de la combustión.
34a 1789. Leipzig. Escribe "El amigo de la
salud".
35a 1790. Traduce en la pobreza al escocés Cullen:
"Polvo de la quinina o cinchona. Polvo de los Jesuítas".
37a 1792. A través del Becker, el editor del
periódico "Anzeigen" (el Monitor), el duque de Sajonia-Coburgo, lo nombra
director de una nueva casa de alienados en Georgenthal, cerca de Gotha.
Escribe en el número 78 del "Anzeigen der
Deutschen" (El monitor de los alemanes) un artículo contra el doctor Lagusius,
médico del finado Emperador de Austria, Leopoldo II.
41a 1796. Se mudan a Koenigshutte.
El "Journal de la medicina práctica" del
profesor Hapeland publica en Ieva: "Un nuevo principio sobre las virtudes curativas
de las substancias medicinales con algunas consideraciones sobre los métodos empleados
precedentemente".
43a 1798. Jenner publica sus resultados de la vacuna
contra la viruela.
Desde 1796 hasta 1823. Hahnemann se propone:
a) Estudiar una substancia hasta determiner con
certeza la enfermedad artificial que provoca según las dosis en un organismo sano.
b) Estudiar los efectos de esa substancia en tal o
cual enfermedad, simple o complicada.
44a 1799. Hamburgo.
45a 1800. Moelln, cerca de Lübeck. Peregrinación
de pueblo en pueblo.
49a 1804. Torgau, a villas del Elba. Exito.
50a 1810. Organon.
51a 1811. Leipzig.
64a 1819. Metternich prohíbe la homeopatía.
66a 1821. Consejero particular del Duque Fernando de
Anhalt-Koethen.
73a 1828. "Doctrina y tratamiento homeopático
de las enfermedades cr6nicas".
75a 1830. Muere Henriett.
76a 1831. "La forma de propagación del cólera
asiático".
79a 1834. 8 de octubre, Melanie d'Hervilly.
80a 1835. 18 de enero, se casan.
7 de junio, a París. 261, rue de Saints-Pères.
Puede ejercer en Francia por decreto real del 21 de agosto de 1835.
81a 1836. 29 de julio. Asiste a la inauguración del
Arco de Triunfo y el Obelisco de Luxor en la plaza de la Concordia.
87a 1843. 2 de julio. Muere de una vieja afección
bronquial primaveral
1 Vervaime, Edmon. Un certain Hahnemann. Editions Universitaires.
París, 1962.
Nota 4.
La ley de la Semejanza.
26. "Este fenómeno se funda unicamente en la
ley natural de la homeopatía, ley desconocida hasta el día, aunque se haya tenido alguna
vaga sospecha de ella, y aunque en todos tiempos haya sido el fundamento de toda curación
verdadera, a saber, que una afección dinámica, en el organismo viviente, se extingue
de un modo duradero por otra más fuerte, cuando está, sin ser de la misma especie que
ella, se le asemeja mucho en cuanto al modo de manifestarse " 1 .
Hemos visto más arriba cómo las dos leyes
fundamentales del arte de curar fueron establecidas en el Corpus Hipocraticum en el siglo
V a. C como Similia Similibus Curentur y Contraria Contraribus Curentur. Pero
Hahnemann era un práctico apasionado que quiso hacer énfasis en la primera, a pesar de
que, en algunos parágrafos de su Organón incita a usar las virtudes de la segunda2. Por
ejemplo, en el parágrafo 228 dice: "Al maníaco furioso se opone la calma y la
sangre fría de una voluntad firme e inaccesible al temor"; y en el parágrafo 208
dice: "No se olvidará tampoco de investigar si la disposición de espíritu y el
modo de pensar del enfermo ponen obstáculo a la curación, si es menester imprimirles
otra dirección, favorecerlos o modificarlos".
Sin embargo, hemos escrito en otra parte3, que la
fricción crea consciencia y estas aparentes contradicciones de Hahnemann sirven para
darnos cuenta de la realidad coexistencial de la antinomia de estos dos principios.
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