

1
Creo
en tu amor infinito
por la vida.
Creo
en el viaje del universo
hacia la perfección.
Yo vivo en tu misterio
y permanezco en Ti.
Lleva mi ser
al centro de tu Ser,
quema mi alma
en el fuego de tu Alma.
2
Como flechas ataviadas
de su propio blanco.
Tú lanzas todas las cosas hacia el bien,
el universo viaja hacia la luz,
nosotros viajamos de Ti mismo hacia Ti.
3
Tú nos llamas a todos
a la fiesta del alma:
Somos los invitados
a la Comunión del Verbo:
amar
por el amor de amar
y ser
por la pasión de ser.
4
Miles de hojas caídas desde el Génesis
me acercan a tus pasos.
Yo voy por el camino
de llegar a ser
y sólo llegaré a ser
si soy contigo.
Y seré contigo en tu alegría.
5
¿A dónde iremos?,
¿a las llanuras o a los mares,
a la ciudades o al desierto?.
No importa.
Toda la tierra es tuya,
toda la tierra es nuestra,
toda la tierra es sagrada.
6
El Mundo que pensaste
no podrá fracasar,
tus hijos
no podrán extraviarse para siempre.
El egoísmo
no podrá vencer al amor.
7
Cristo
de la cosecha
y de la siembra.
Cristo
del pensamiento
y la batalla.
Cristo
del vino
y la vendimia.
Cristo
del ideal
y la palabra.
Cristo
de la esperanza
y de los sueños.
8
Quiero encontrarme
con todos mis hermanos
y descubrirte en ellos,
quiero cargar contigo sus dolores
para que no les pesen tanto.
Quiero alegrarme con sus alegrías
para llevarlas por los caminos del mundo
en mi carreta de versos.
9
Fue una gran noticia
saber que existías.
Eras mi héroe
aunque no te podía ver.
Estabas en todas partes
al mismo tiempo,
te movías de aquí para allá
viéndolo todo.
Y hasta podías volar.
Yo estaba segura de Ti
y daba vueltas
con los ojos cerrados
y los brazos abiertos.
Una vez
abracé una cortina
pensando que eras Tú.
Había dado contigo y la volví a abrazar.
10
Niño mío, niño nuestro,
niño de todos los niños,
compañero de juegos,
adivino tu voz
y tu dulzura,
imagino tu paso
y tu sonrisa.
Y te canto.
11
Te amaba tanto
que no podía dudar
de tu existencia.
12
Cuando tenía cinco años
la gente grande
era muy grande para mí.
Calzaba
los zapatos de mamá,
un sombrero
y capa de tul,
crecía diez centímetros
y seguía siendo pequeña.
Podías estar
en la caja de creyones.
O en cualquier parte.
Jamás sentí que fueras
distinto a mí,
tal vez algo más fuerte.
Yo jugaba contigo
y cabíamos en mi casa de muñecas.
El único de mi tamaño
eras Tú.
13
En nuestra infancia
no conocíamos la palabra tiempo,
ni siquiera
conocíamos el tiempo
y jugábamos
a que éramos eternos.
Y no era un juego.
14
Nos sentábamos Tú y yo
en la escalinata del jardín
y yo te contaba
que quería unos zapatos blancos,
mullidos, aéreos, nuevos.
¿Cómo explicarte
los innumerables motivos zapatunos
que van donde quieren,
ignorantes todavía
del camino hacia la escuela?.
Seguramente.
Tú también soñaste
con unas sandalias nuevas.
Unos zapatos blancos
como barcos de vela
que cruzan los horizontes
y van a correr,
ir a la playa,
pasear contigo
de lado a lado.
Y de pronto,
van a romper a bailar.
15
En las mañanas,
podíamos contar y canter las flores.
Eran cien, quinientas, diez mil,
no lo sé, yo sólo sabía llegar hasta cien.
En las tardes
me asomaba a la puerta
a ver pasar los juegos
con sus niños.
Ya los albañiles
con sus botas de hule
y a los heladeros
con sus carritos de nieve.
Y Tú,
Tú eras todos ellos.
16
Un día de navidad,
yo quise regalarte mis juguetes.
Las muñecas vistieron sus trajes de
seda,
cintas rojas y hebillas de plata.
Y las senté en el salón.
Diez soldados de plomo
lucían sus espadas,
casacas y banderas.
Esperé todo el día
pero tú no llegaste.
Nada valía mi obsequio para Ti.
Me habías ignorado
y exigí explicaciones.
Aprecio tus regalos,
me dijiste,
pero no es suficiente.
Y me pediste el corazón
a cambio del tuyo.
17
Te imagino
pescando en las orillas
del mar de Galilea,
tallando la madera
con tus manos de bosque repartido
y un halo de aserrín
en los cabellos.
18
Eres el panadero universal,
porque repartes pan en las iglesias
y en las panaderías.
19
Dios mío,
Tú siempre tienes la respuesta
cuando yo quiero encontrarla.
20
Creer en Ti
y creer
que formo parte
de tu vida,
o no creer
ni pensar
ni vivir.
21
Siendo infinitamente inocente
cargaste sobre Ti
con todos los pecados.
De tus amigos
y de tus enemigos.
22
Señor,
Tu no estuviste sólo
en tu Pasión,
el hombre lleva siglos
con su dolor a cuestas,
con su sangre a cuestas,
con la muerte a cuestas.
El hombre lleva siglos
muriendo contigo en la cruz.
Y Tú, lirio coronado de espinas,
rosa clavada en el madero,
cáliz derramado en el polvo,
todo el dolor
de los hombres del mundo
se llagó en tus heridas.
Tú eres la Rosa,
la Rosa única,
la Rosa intemporal.
23
Cristo cósmico,
Tu eres el corazón del universo.
24
Padre nuestro
que estás en nosotros.
Bendito seas.
Nosotros
también somos tu reino.
Bendito seas.
25
Madre
del Verbo.
Madre
de la alegría.
Madre
de la entrega.
Madre
del coraje.
Madre
de la tierra.
Madre
de la raza humana.
Madre
de las madres.
Madre
de la libertad.
Madre de la sed,
a que se sacie mi sed
y el amor divino viva en mí
eternamente.
26
La Palabra ere desde siempre.
Y la Palabra es creación.
Y la Palabra es amor.
27
De todos mis tesoros,
la palabra es el triunfo del instante.
La palabra es la flor del pensamiento
y yo florezco toda en mis palabras.
28
Yo amo la luz, la noche y el océano.
La luz
revela el juego de las formas,
la oscuridad de la página en blanco.
La noche,
alta semilla negra de la mañana,
me espera con sus lamparas encendidas
y los libros se alumbran con los sueños.
El océano conduce
todos los puertos a mis playas.
Amo la luz, la noche y el océano.
Me hablan en un lenguaje que se parece
al lenguaje de Dios.
29
Yo quiero cantos para Ti
Que echen a andar por el mundo,
Escritos con palabras de cristal,
De manera,
De fuego transitivo.
30
Para hablarte
no necesito más que la claridad
de una voz que atraviese el universo
y te cante.
Quiero aprender de Ti
el idioma del alma.
31
Si alguien pretende
hacerme creer que no soy libre,
préstame
la transparencia de tu amor
para que mi sangre se embandere,
hasta morir
y resucitar
en la batalla.
32
Si todos los hombres
te escriben un poema
y lo ofrecen al mundo
como lo mejor de ellos mismos,
la tierra será el paraíso del verbo,
las armas,
fusiles de metáforas
y los barcos de guerra,
de acero gramatical.
Nadie se robará la alegría.
No conoceremos el odio
ni la desesperanza.
Los hombres vivirán
como poemas erguidos,
uno para cada hora del espíritu,
uno para cada instante de la vida.
Y el universo
sera un poema interminable.
33
Señor,
que todas nuestras palabras sean
a semejanza de tu Palabra.
34
Si nuestros esfuerzos se perdieran
en el vacío de la muerte,
el mundo sería un lugar
poblado de fantasmas
y habitaríamos en el reino de las sombras
La belleza,
un laberinto de espejos transitorios.
Todo sería inútil.
Perdidos en el tiempo,
la vida sería un viaje
de la nada a la nada.
35
La muerte es sólo el cuerpo
que se va de paseo por el mundo
con su familia vegetal
hasta el final del tiempo
en la hora de la resurrección.
Y Tú eres
la resurrección
y la Vida.
36
Y cuando se agotan todas las respuestas
ante la pregunta de la muerte,
sólo hay una respuesta:
¡Oh feliz muerte!
37
Cada segundo
la muerte
se va muriendo de tanto morirse.
Y llegará la hora
en que desesperadamente sentirá
el ansia de vivir.
Y la muerte se morirá
enamorada de la vida.
38
Señor,
un día te dije:
amo la poesía
casi tanto como te amo a Ti.
Y Tú me contestaste:
Yo soy la poesía.
Entonces, me di cuenta
de que te amaba más a Ti.
39
Dios,
te amo por los prodigios
de tu pensamiento.
Y aún te amo más
por la ternura
y la grandeza de tu amor.
40
Hay un instante
entre el atardecer y la ternura
en el que el tiempo se va lejos de mí
y doy gracias al tiempo
por haberse marchado
y dejarrne
en la eternidad
por algunos instantes.
Así
me voy acostumbrando.
41
Quiero vivir
prisionera de tu Libertad.
Hoy dejé el libro abierto
y he ido a buscarte,
lo inmortal me llama.
42
Si el dolor me venciera,
Tú vendrás.
Tú me lo prometiste.
43
Tú escribes la historia
de la eternidad
y nos invitas a escribir contigo
la historia del tiempo.
Yo tengo que escribir mi parte
Conozco tu mensaje del amor,
pero si tienes algo más que sugerirme...
¡Qué estoy diciendo!
No hay nada más.
44
Aquí la gente está muy triste
porque se ha ido la Madre Teresa
y yo tenía tanta ilusión
de que leyera mis versos.
Pídele, por favor
que los lea ahora.
Que no me espere.
Que se aprenda aunque sea uno,
para que al encontrarnos
me lo recite.
45
Yo quiero tener mis libros en el cielo
aunque sé que me prestarás los tuyos,
están subrayados por mí
y tienen mis notas.
Por eso, desde ahora te pido
que cuando al final del tiempo
transformes todas las cosas
y te las lleves al paraíso,
no te olvides de mis libros.
46
Señor,
te ruego que leas mis versos.
Cuando nos veamos
lo primero que haré
sera preguntarte:
¿los leíste?
47
Un día
te llamé y te llamé
y no me contestaste.
Hasta a los ángeles
les pregunte por tí.
Después supe
que te habías ido a ver
el nacimiento de una estrella.
La próxima vez
invítame.
Yo quiero ir contigo
¡no te vayas sin mí!
48
Señor,
no le temo al día
en que me tenga que ir.
Me gustará viajar,
sobre todo si Tú mismo me aguardas.
Si estás muy ocupado
envía a alguno de tus angeles.
Podría ser el más pequeño,
yo no soy nadie importante.
Pero soy tu hija.
49
Al llegar al paraíso exclamaré:
¡yo sabía que yo era de aquí!
50
-¿Qué me traes?,
me preguntarás.
- Te traigo mis versos.
51
Señor,
antes de terminar este canto
te quiero escribir una carte,
para que me la contestes
en esta misma página,
claro, si estás de acuerdo.
Mi Señor:
te amo, te amo, te amo, te amo,te amo,
y mientras más lo digo, más te amo,
Carmen Cristina
Te dejo espacio suficiente
para que me escribas lo que quieras.
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