Una semblanza de esta mujer pionera debe incluir, como cualquier
otra, varios aspectos. El primero, su condición de mujer, recordatorip que deja de ser
tautológico cuando se la encuadra temporalmente (el siglo XX ha durado en España
bastante menos de cien años). Pilar Miró fue la primera directoria de la historia del
cine español. Comienza en la década de los 60, en una España franquista, retrasada,
censurada. Adopta ese empuje y ese gesto duro para salir adelante, asimilando modos y
comportamientos de hombre, adaptándose al ambiente para lograr integrarse a él,
masculinizándose hasta un punto en el que la seriedad y la tenacidad inquebrantable se
convertirán en sus principales rasgos exteriores. Flequillo de chico adolescente,
vaqueros, gesto adusto, firmeza, chica de los primeros cine-clubs. Era pura adaptación al
medio, pero no sólo eso. También máscara protectora, parachoques, pantalla de
vulnerabilidad, caparazón que escondía muchas cosas (ahí está su obra), "yo es
que necesito qu me adivinen".
Un segundo elemento determinante fue su delicadísima salud, su
corazón débil. Pilar Miró llevaba décadas luchando por y contra su corazón, que ya
había sido operado muchas veces, corazón metálico, también aquí vale la metáfora del
caparazón de hierro, corazón débil, poderosísimo, valiente, estaba muy acostumbrada a
luchar, a defenderse, a seguir adelante, hasta en los momentos más amargos. Enérgica
defensora de sus ideales hasta la extenuación, mujer tremendamente seria para el trabajo;
"siempre dependeré de unos medicamentos y de unos análisis continuos, y siempre
tendré más deseos que fuerzas, pero moriré con las botas puestas".

El tercer elemento es su independencia , que se proyectó tanto en
el plano profesional (requisito necesario para cualquier tentativa artística) como en el
personal. Como madre soltera y consciente - también pionera en eso -, como cineasta, como
responsable político. La sensación de ausencia que ha provocado su desaparición súbita
ha dado lugar a una reflexión sobre su papel en la sociedad española en los últimos
veinticinco años. Ahora todos se acuerdan, algunos se contradicen . Ahora aflora la
tremenda injusticia que se cometió con ella cuando fue utilizada como objetivo
interpuesto de una bala dirigida a otras personas y fue objeto de una gigantesca campaña
de descrédito personal, anterior y posterior a su dimisión como Directora General de
Radiotelevisión Española. Ahora todo el mundo recuerda que aquel proceso terminó con
una sentencia judicial absolutoria, que no la evitó años de soledad y escarnio público,
precisamente en la época de gran corrupción del Partido Socialista en España, primer e
inocente sacrificada de un hipócrita auto de fe. Dedicó esos años al trabajo-cine,
teatro, ópera - y acabó volviendo al lugar que la correspondía, como mujer influyente y
comprometida.
Ahora todo el mundo se acuerda de su polémico decreto de apoyo al
cine español (1984), que posibilitó, apasionadamente, impulsar el cine nacional, de
autor, con subvenciones anticipadas. Aunque fuera una medida incompleta y fulgurante,
aquel decreto ayudó al cine español a salir de una época de aridez, significó un
verdadero impulso público a la producción de películas, poniendo en marcha una
dinámica fértil cuyos resultados empezaron a verse muy pronto ( que cualquiera repase
los trece últimos años del cine español). Aquellos años de Dirección General de Cine
también potenciaron una real colaboración con el cine latinoamericano, en uno de los
primeros pasos de una alianza insuficientemente consolidada. Luego fue Directora de
Radiotelevisión Española. Ahora echamos de menos esa televisión de calidad, con
preocupaciones culturales y educativas, aquel anuncio que aconsejaba a los niños hacer
otras cosas en lugar de estar toda la tarde frente a la pequeña pantalla. También fue
bajo su mandato cuando se auguró la política de series televisivas de producción
propia, como elemento de protección de la calidad. Eran otros tiempos, sin duda.
Aunque de sus películas ya se habló extensamente en esta revista,
hay que acordarse de que fue ella quien se atrevió a traducir a Lope a lenguaje
cinematográfico,luchando con productores, contra escepticismos, contra nuestra ignoracia,
en un proyecto casi utópico, personalísimo, firme, suicidda. Como tantos otros. Como el
crímen de la cuenca , la última película de la censura , prohibida durante más de un
año en este país ya democrático y constitucional, y cuyo estreno fue un acontecimiento
social, lo recordaba Francisco Umbral en su columna el día siguiente a la muerte: "
toda España era un crímen de Cuenca, acudimos al estreno, en Fuencarral, y volaban las
hostias y los grises porque el viejo romance negro y español, que tú tallaste en cine
sabiamente, estaba lleno de pobres sangrientos, enverdecido de guardias civiles".
Tras atreverse a mostrar tan descarnadamente los puntos negros de la intrahistoria, qué
quedaba ya por cortar. Nunca más se ha vuelto a secuestrar o prohibir una película. Fue
la última.

Lo que debiera permanecer en este texto es la trayectoria personal
de una de esas primeras mujeres luchadoras, duras, implacables, solas - muy solas, que se
echaron al hombro siglos de aislamiento y abrieron un hueco en el manto negro y pesado del
franquismo nacionalcatólico y patriarcal. Pilar Miró es un ejemplo por haber unido a su
vocación artística (el cine, el teatro, los clásicos) el compromiso con la realidad de
su tiempo, que la llevó a participar políticamente, y a opinar siempre, desde su lucidez
nada partidista. Su muerte ha caído como un verdadero golpe en España. Era un modelo a
seguir. En tiempos de indefinición y comodidad ( de mediocridad, en definitiva), Pilar
Miró era un referente contemporáneo de persecución laboriosa y firme del ideal.