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Acabo de llegar a Caracas luego de pasar dos deliciosas semanas en la
isla de Barbados, Antillas Occidentales. Sentado ahora en mi oficina y reminisciendo mis
vacaciones, no me queda sino gritarle al mundo que adoro esa isla cada vez más, aunque
una Cocacola valga tres Dólares y el alquiler de los "Jet Sky" más de tres
Dólares el minuto!. Antes de comenzar los cuentos tengo que explicarles que Barbados ha
sido un destino de descanso para mi familia desde los años cuarenta, cuando Ito y Mamama
(mis abuelos maternos), llevaban a sus tres hijos mayores a pasar los veranos en la costa
sur de la isla. Luego, desde 1970, mi mamá y mi papá se dedicaron a llevarnos a mi
hermana y a mi a pasar unos veranos mágicos en la costa oeste de la isla, que
compartíamos con familias similares a la nuestra provenientes de muchos lugares exóticos
del mundo como Venezuela e Inglaterra. Estas
vacaciones recién terminadas representaron el bautizo de mis hijos en la tradición
barbadiense, por lo que espero que mi bolsillo sea bendecido copiosamente ya que todo por
allá cuesta un ojo de la cara y parte de otra. Sin embargo, pienso que la clave de
nuestra felicidad en la isla siempre ha estado ligada a nuestro lugar de estadía, el
famosísimo hotel Settlers Beach. Veintidós casas colocadas en forma de herradura con la
abertura hacia la playa, una piscina pequeña pero cumplidora en el medio y un jardín,
que aunque ahora está siendo objeto de trabajos mayores, transmite una relajante
sensación de naturaleza. Todo esto en un pedacito de playa que en mi opinión, es una de
las mejores del mundo, con su arena blanca de coral, tranquilas aguas azul turquesa y la
multitud de frondosos árboles que ofrecen su pródiga sombra a los bañistas. Sin embargo
hay que estar muy moscas con las matas de Manzanillo, ya que como cualquier margariteño
debe saber, "la sombra del manzanillo es mala y su fruta mata".
Mis primeros recuerdos de la isla están compuestos por una
colección de imágenes difíciles de secuenciar. Me parece que veo claramente a mi
profesora de sky acuático, de la cual no recuerdo el nombre pero llamabamos "la
forzuda". Su cara y actitud eran tan rudas que todos aprendimos a esquiar rápido por
miedo a que nos fuera a pegar si no aprendíamos inmediatamente. De por esa misma época
ha debido ser mi profesora de natación de quién recuerdo pasó horas tratando de
enseñarme a nadar pecho. Miles y miles de veces ha debido repetir lo mismo: - " in -
out - together; in - out - together, etc., etc., etc., etc."- por que la verdad que
todavía hay noches que sueño con las malditas clasesitas. Hablando de clasesitas, nada
se podía comparar a las maravillosas clases de ingles de la magnifica Miss Mimi Sullivan.
Todos lo veranos por más de cinco semanas, tres veces por semana, todos lo venezolanos
íbamos a nuestras lecciones de gramática inglesa barbadiense. Bueno no todos tuvieron
que asistir, ya que como cuando teníamos como nueve años a mi amigo Guillo lo llevaron
el primer día y dijo - Yo no se por que me han traído aquí, si yo hablo perfectamente
ingles .- Su hermana Manina le transmitió esto en el idioma a la Srta. Sullivan, quién
muy sonreida volteó hacia Guillo y le dijo - Wonderful dear, how old are you?. A lo que
Guillo respondió - fácil, very well, thank you-. Por supuesto que todos nos reimos mucho
ya que le tocó quedarse con todos lo demás.
Pero como siempre, él se rió más después ya que luego
de pasar dos semanas sin hacer las tareas no lo mandaron más y mientras nosotros
arrastrábamos los pies a las horas de clase Guillo se dedicaba a tomar unos deliciosos
"fruit punch" que preparaba Fred el barman del hotel. Los años continuaban
pasando y cada Julio el grupo recogía la historia del año anterior como si ninguna otra
cosa hubiera pasado en el medio y Barbados se presentaba como una nueva aventura por
descubrir para todos nosotros.
Al lado del Settlers hay una iglesia anglicana considerada
como una de las más viejas del Caribe ya que data de los mil seiscientos. En su parte
trasera hay un cementerio que ha sido objeto de muchísimos estudios de todos los tipos ya
que tiene una agradable característica: se ha comprobado científicamente que los restos
de algunas de las tumbas anualmente registran movimientos inexplicables, especialmente las
calaveras se voltean boca arriba y boca abajo, sin que nadie hasta el momento haya
presentado una explicación convincente. Por supuesto este cementerio era el lugar
preferido para las penitencias infringidas a aquellos pobres perdedores de cualquier juego
infantil que lleváramos a cabo. La verdad es que cuando yo era chiquito, aunque muy
valiente para las actividades terrenales, las cosas de lo oculto tendían a asustarme
mucho. Por lo que, escudado en una nerviosa actitud superior, siempre lograba con suerte o
con trampa, escaparme de cualquier penitencia relacionada con el famoso cementerio. Sin
embargo, mis amigos decidieron jugarme una mala pasada y me mandaron una nota,
sospechosamente en español, que unos espíritus del cementerio estaban hartos de mí y
que vendrían a buscarme por la noche. Mi hermana era la encargada de preparar el terreno
y avisarles cuando yo estuviera dormido para ellos comenzar con sus ruidos y disfraces
parados debajo del balcón de nuestra casa. Como no me despertaba, mi hermana vio obligada
a despertarme diciendo que unos ruidos la habían asustado. Como todo era tan sospechoso,
con cierta reticencia salí del cuarto y me asomé al balcón pudiendo ver unas masas
blancas moverse de un lado a otro batiendo cadenas y llorando - Andyyyyyyy, te vamos a
llevar - a lo que respondí - Guillo, deberías haber ido a las clases de Miss Sullivan
para saber que los espíritus de Barbados deben hablar in Ingles -. Mis amigos hacían
caso omiso de mis gritos por lo que, en un momento de rabia, agarré una piedra y la
lancé con toda mi fuerza hacia la masa blanca en movimiento. Lo último que oí del
fantasma fue un lastimoso - Coño !!!!-
Cuantas memorias tengo y cuantas más habré olvidado con
el transcurso del tiempo. Yo siempre he creído que el olfato es el sentido que más
recuerdos evoca. Cuando llegué al aeropuerto en este último viaje, luego de tres horas
de avión (no por lo largo, sino por las tres escalas) y el taxi se adentró entre los
cañaverales, el olor de la zafra reciente combinado con el sudor del taxista y un
distante dejo a vainilla de la carretera me hicieron sentir de nuevo en mi casa, en
Barbados.
Como siempre, a continuación me e-mail para sus amables
comentarios:
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