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Reflexión y Acción

Carlos Warter, doctor en medicina, hizo estudios de postgrado en la Universidad de Harvard en educación, psicoterapia transpersonal, y es el autor aclamado de Recovery of the Sacred ('recuperación de lo sagrado'). Nacido en Chile, ha recibido los premios Mensajero de la Paz y Pax Mundi de las Naciones Unidas por su trabajo humanitario.

Cual es le punto de equilibrio entre la reflexión y la acción, se preguntarán ustedes. La reflexión es una acción. Si se hace cuerpo con el individuo, lo transforma, de modo que su vida se convierte en manifestación de la reflexión que lo impulsa. Cada verdadera reflexión profunda toca la fibra vital del sujeto y le produce una sensación de plenitud , y esa reflexión es la reflexión que piensa con TODA la experiencia del sujeto y la integra al servicio del propósito vital.

Reflexión como la palabra lo indica, es acción refleja, consiste en manifestar una noción profunda que produce un reflejo o respuesta a esa manifestación. El pensamiento sin acción, es fantasía. Pero cada acción implica un pensamiento asociado a ella.

En cuanto a desear o anhelar, no es una actividad invariablemente pasiva o negativa. Ocurre que para muchas personas anhelar algo, implica la sospecha de que nunca van a poder conseguirlo, y entonces sí el anhelo se transforma en una esperanza pasiva, que muchas veces es utilizada como justificación de las propias carencias. El deseo es muy importante para pasar al plano de la actividad, el deseo es la carga de estímulo que debe tener una reflexión para manifestarse: la ambición de conseguir logros concretos produce la manifestación. En cambio, la ambición no consumada produce frustración y perpetúa la fantasía de los anhelos.

Una vez que el sujeto aprende a manejar su ambición y sabe que puede manifestarla, hay una verdadera energía, corporal y extracorporal al servicio del objetivo deseado. La fantasía es típica de la persona que no se estima, que no se cree a sí misma. Se pasa el día soñando en todas las cosas que le pasarán mañana, pero que sabe que en realidad no le pasarán jamás. Cree que no se las merece. Por eso prefiere mantenerse en el plano de las ensoñaciones, para así olvidar sus carencias e inseguridades.

La fantasía es querer ser otro, la fantasía nos enajena porque en ella no reconocemos nuestra propia esencia, sino que partimos de una carencia y buscamos ocultarnos en una identidad ajena. La fantasía crea un muro insalvable entre nuestra esencia y nuestro pensamiento.

La acción es servicio, el servicio es consagración. La acción es hacer Algo para enaltecernos, para enaltecer la vida entera. Por eso la acción es liberadora y produce un espacio vital que lleva al sujeto a sentirse libre y unido a sí mismo, en verdadera comunión con sus semejantes.