Asuntos Política Exterior
Emilio Figueredo



Desempleo y globalización

n la reunión del G7 celebrada en la ciudad de Lille del norte de Francia a finales de marzo de este año, el Presidente Chirac hizo un planteamiento novedoso con respecto al actual ordenamiento internacional. Este sostuvo que, si bien es evidente que los países industrializados deben adaptarse a las exigencias de la globalización y los cambios tecnológicos, también es cierto que estas modificaciones les dan nuevas oportunidades a los países más avanzados para solucionar de alguna manera el problema más grave del fin del siglo, que no es otro que la crisis del empleo 1. Este tema se ha convertido en una de las situaciones con mayor potencialidad de conflicto a nivel mundial estimándose que hay más de 800 millones de personas sin empleo. Si bien el problema en los países en vías de desarrollo puede calificarse de estructural, el asunto es aún más agudo en los países industrializados 2 porque pone a prueba toda la estructura de la seguridad social que se ha venido construyendo laboriosamente desde la segunda mitad del siglo XIX, como una alternativa fundamental para asegurar la paz social 3.

Es evidente que los países desarrollados están atravesando una transformación radical de su respectivas sociedades, y que en algunos casos ese cambio se ha vuelto conflictivo, como lo demostraron los enfrentamientos ocurridos en Francia en diciembre pasado con motivo de la huelga de los empleados públicos. Esta situación llegó a un nivel tal que, para algunos comentaristas de la izquierda ilustrada francesa 4 los enfrentamientos ocurridos a finales del año 1995 en Francia bien podrían representar el inicio de una nueva revolución francesa, o mejor dicho, una reacción contra lo que consideran el período más reaccionario de la historia 5, es decir la reforma ultra-liberal del Reaganismo-Tatcherismo que cubre el período que va desde 1983 hasta 1993. Esta interpretación de los conflictos sociales originados por la modificación del régimen de la Seguridad Social así como por la disminución de las ventajas adquiridas, es identificada por estos intelectuales como un rechazo al liberalismo, al totalitarismo del mercado y a la tiranía de la globalización.

Frente a estos comentarios el Presidente Chirac ha intentado esbozar una tercera vía en la que él asumiría el liderazgo de una nueva dinámica social que debería ser adoptada por todos los países industrializados, es decir, incorporar al fenómeno económico un modelo social en el que se preserve un cierto grado de protección a los trabajadores. El Presidente de Francia no negó que para asegurar un adecuado nivel de empleo se requiera una tasa sostenida y adecuada de crecimiento económico.
En ese punto no parece haber habido discrepancia entre los diversos miembros del G7, todos los países miembros, con la excepción del Japón, practican con mayor o menor rigor, una política de reducción de los déficits presupuestarios. Sin embargo, no pareció existir consenso en lo que se refiere a las acciones que deben adoptarse para favorecer la formación de nuevos empleos ni con respecto a las medidas requeridas para reducir el desempleo, que está alcanzado cifras preocupantes en Europa, en la cual según estimaciones de la OCDE el desempleo para el año 1995 supera el 11% en Francia e Italia y en Alemania se está acercando peligrosamente al 10%, mientras tanto en Inglaterra como en EE.UU. viene bajando,y en el Japón, si bien es cierto que ha subido algo aún está a un nivel muy bajo, es decir en 3,2%.

La mayor divergencia en esta materia consiste en que, tanto para los Estados Unidos como para el Reino Unido, las reglas del mercado deben prevalecer tanto al momento de la contratación del personal como al momento del despido lo mismo que, en la fijación del salario mínimo o en el número de horas de trabajo. Mientras que los europeos continentales y los canadienses se resisten a una desregulación de esas actividades y por lo tanto, consideran que las reglas del mercado no son ni adecuadas ni justas para enfrentar estos asuntos. Para resolver el problema prefieren explorar otras vías tales como: reducir las cotizaciones sociales y los impuestos sobre los salarios y estimular los sectores de la economía más dinámicos y que a su vez puedan tener un impacto benéfico sobre el empleo. Entre estos están los sectores de servicio a las personas y empresas así como también las nuevas tecnologías de la informática 6.

Chirac, por su parte, rechazó tanto el enfoque de los EE.UU. de desregulación de los mercados como el sistema europeo del empleo garantizado, e invitó a los demás miembros del —club— a adoptar una — tercera vía— para resolver la crisis del empleo. Sin embargo, es de observar que no fue muy preciso en la definición del contenido de su propuesta, se concentró más bien en criticar la falta de seguridad en el empleo en EE.UU. y en afirmar que la flexibilidad en el mercado del trabajo había conducido a un ajuste salarial hacia abajo pero, no dejó de admitir que, a pesar de que la legislación europea protege el derecho al trabajo, la tasa de desempleo sigue estando muy alta. El Presidente francés señaló además que uno de los impactos negativos de la globalización de la economía es que ésta parece venir asociada a un mayor desempleo, inseguridad en la permanencia en el trabajo y una mayor pobreza.

Los norteamericanos discreparon severamente de Chirac y afirmaron que Europa no logrará reducir el desempleo de más del 11% a menos que desregule tanto el mercado de trabajo como el de los productos, introduciendo un mayor grado de competencia y una reducción de los monopolios estatales... Ronald Brown, el recientemente fallecido Secretario de Comercio, le indicó a Chirac que había que comparar simplemente los resultados. Afirmó que los nuevos empleos creados en Estados Unidos en 1995 fueron en un 60% —high-quality and high-wage jobs— 7.

Una conclusión que puede sacarse de la reunión de Lille es de que si bien los dirigentes europeos están convencidos de que la crisis del empleo en Europa está generada por un mercado de trabajo rígido y por elevados costos de nómina no existe en ellos la voluntad política para enfrentar reformas impopulares y mucho menos enfrentarse a los poderosos sindicatos.

Una de las ideas esbozada por Chirac, que afortunadamente fue rechazada por los alemanes, fue la de vincular las negociaciones comerciales en el marco de la OMC con los niveles y condiciones laborales a nivel global. De haber sido aceptado ese criterio habría constituido una penalización adicional para los países en desarrollo.

Este reciente debate ocurrido en la última reunión del G7 tiene mucho que ver con las discusiones que está llevando a cabo el gobierno de Venezuela con el Fondo Monetario Internacional y con los ajustes macroeconómicos que está emprendiendo el gobierno del Presidente Caldera. El problema del desempleo en Venezuela es muy grave, se estima que éste estaría cerca de los dos dígitos, además se tiene poca información sobre la magnitud de la economía informal.

El ajuste macroeconómico produciráen una primera fase, un efecto contractivo hasta tanto la economía del país se adecue a las nuevas reglas. Sin embargo, es necesario profundizar las reformas más allá de la liberación del cambio y de las tasas de interés. Es necesario atacar frontalmente el problema de la seguridad social en Venezuela y la necesidad de crear tantos los fondos de pensiones como las sociedades de capitalización, sólo así se crearan condiciones objetivas que promuevan la generación de nuevos empleos. El sector privado debe transformarse en un pivote fundamental de la modernización del país y como lo afirmó recientemente Eduardo Fernández —es necesario hacer desaparecer de la Constitución venezolana el concepto del Estado empresario— y para ello se requiere de un cambio de mentalidad y no simplemente de un ajuste temporal para salir del trance. Si la solución que se busca en base a los acuerdos con el FMI está orientada fundamentalmente al equilibrio de las cuentas fiscales y no hay un norte claro sobre cual es la orientación que debe dársele al Estado venezolano y a la economía del país, es probable que no se logre superar las causas que han producido una situación crítica en la productividad de las empresas venezolanas y, por ende en las condiciones que permitan mejorar las condiciones del empleo tanto de manera cualitativa como cuantitativa.

1.- Vease en este Número el trabajo de Vilma Petráah, Cambios tecno-economicos y democracias presionadas .
2.- Robert Reich . The work of Nations. Knopff. New York p58 y ss. 1991.
3.- Pierre Ronsanvallon. Le nouvelle question sociale. Editions du Seuil. París. 1995
4.- Erik Izraelewicz . La premiere revolte contre la mondialisation. LeMonde 7/12/95 y Claude Julien. La grende revolte francaise contre l'Europa liberale. Le Monde Diplomatique 01/96
5.- Ignacio Ramonet . La Chispa. El Pais (Madrid) 12/95.

"La sociedad no exite, solia decir Margaret Thatcher, aplaudida por los ultraliberales (de derecha) y de izquierda euroeos. Lanzados en la mayor ofensiva social desde mayo de 1968, los ciudadanos de Francia estáan demostrando la falacia de tal aforismo. Seis años después de la caida del muro de Berlín, este movimiento popular, por su amplitud y su fuerza, desmiente también las afirmaciones de aquellos que anunciaron a bombo y platillo el fin de la historia"

6.- Le Monde. 2/4/96
7.- Herald Tribune. 2/4/96



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