La Política Informática para el cambio
a historia económica reciente - política económica
hiperexpansiva en el primer gobierno del Presidente Pérez, devaluación a partir de
1983, recesión a fines de esa década y luego desde 1992, programa de ajustes
económicos en 1989, y planes varios de organización económica en el segundo
gobierno del Presidente Caldera- indica que la opinión de los públicos no fue
adecuadamente preparada, para percibir y tratar de entender los cambios intentados
o introducidos.
Si bien las estructuras, políticas y acciones económicas son las que
condicionan el proceso comunicacional, no es menos cierto que una estrategia
comunicacional de soporte a cualquier cambio de política económica puede ayudar
a que ésta pueda ser percibida, e incluso comprendida y eventualmente aceptada por
algunos públicos o grupos de interés común.
En un momento de gran escepticismo, de confusión por el mal manejo de las
políticas económicas, por la falta de coherencia y la continua discordia que se
observaba entre los miembros del gabinete económico, el Presidente Rafael Caldera
hizo una presentación ante el país, largamente esperada, en la cual dio anuncios que
implicaban una clara rotura con buena parte de lo que se venía haciendo.
Pudiera pensarse en una versión de la NPE, la nueva política económica de
Lenín cuando tuvo que cambiar y dar marcha atrás, que justificó con la estrategia de
dar dos pasos adelante y uno hacia atrás, sólo que en este caso, de lo que se trata es de
dar pasos hacia adelante, hacia la modernización de la economía venezolana, en
concordancia con el resto de las economías del mundo, sin volver atrás.
El problema -fuera de la bondad en sí de las medidas anunciadas y de las
que quedaron implícitas- que asumió y buscó resolver el Presidente Rafael Caldera,
era de credibilidad, es decir de la falta de la necesaria credibilidad en los mercados
nacionales y extranjeros hacia la economía venezolana.
Si no se modifica el clima de opinión, para crear confianza en la economía
del país, de nada valdrían las medidas de ajuste, y a la vez, sin un conjunto adecuado,
coherente, integral de políticas y medidas, es vana ilusión pretender lograr
credibilidad.
La credibilidad de la comunicación se asume que depende en buena medida
de la fuente o emisor del mensaje. El problema principal del comunicador es inducir a
la audiencia a que acepte el contenido del mensaje que quiere transmitir. En su obra
" Communication and Persuasion " (Carl L.
Hovland, Irving L. Janis y
Harold H. Kelley, Yale University Press. 1968) consideran que la tendencia del
individuo a aceptar las conclusiones propuestas por un comunicador dependerán, en
parte en la percepción que se tenga de ese comunicador, que tan informado o
inteligente es, y cuales son sus intenciones.
En ese discurso ante el país, que marcó un cambio de políticas económicas,
el Presidente Caldera enunció las nuevas medidas económicas, en forma directa,
explícita, y argumentó el porque de las mismas tratando de ser balanceado, en cierta
manera presentando tanto los costos como los beneficios de las mismas para la
población. Algunos políticos pidieron que el Presidente hiciera un mea culpa. Ello en
verdad no agregaría mayor cosa a la credibilidad en tanto que los anuncios de medidas
que serán duras para la población, hablaron por si sólos.
Tal como lo dijera el Ministro de Cordiplan, Teodoro Petkoff, días antes de
los anuncios presidenciales, al ser cuestionado por un periodista, precisamente por la
falta de credibilidad, de incoherencias constantes, de marchas y contramarchas, de
anuncios que se quedaban en el papel, en verdad sobraban las palabras, los hechos
hablarían. Y el Presidente al exponer el nuevo giro de la economía, en sus grandes
rasgos, retomó el camino de la credibilidad que había perdido la política
económica.
Si bien el contenido del discurso presidencial significó una ruptura con
discursos anteriores -y desde luego, con los esquemas y planes económicos ejecutados
o a medio andar- lo cierto es que la mayor parte de los medios de comunicación venía
insistiendo en la necesidad de la adopción de medidas económicas de las que se
califican como ortodoxas, así que existía un clima de opinión favorable a que se
tomaran decisiones, para corregir el rumbo de la economía.
Por supuesto, algunos de los comentaristas y columnistas que contribuyen a
formar tendencias de opinión, ahora tomarán partido en contra de las medidas que
ellos argumentaron a favor, pero ese es un riesgo sobre su propia credibilidad, sobre su
papel de orientadores cambiantes.
Curiosamente algunas de las medidas propuestas en los medios, por
columnistas y entrevistados de diversos sectores, ya habían sido enunciadas en el
primer plan, presentado por el Ministro Asdrúbal Baptista, pero que no fue ejecutado.
Una de ellas era la apertura petrolera que incluía la venta de acciones destinadas al
pago de las prestaciones sociales de los trabajadores del Estado.
Anunciar la aplicación de medidas severas, de fuerte ajuste para la
economía familiar, trae normalmente una reacción entre la población con varios
grados de rechazo. Minimizar las críticas, hacer que se entiendan las razones y se
acepten las mismas, es prueba de la efectividad del discurso, y de la credibilidad que se
tenga. Por supuesto, la efectividad comunicacional, tal como lo sostiene James Paul
Yarbrough ("A model for the analysis of receiver responses to
communication", Iowa State University, 1968) es siempre un asunto de gradación,
nunca se logra a la perfección.
En un entorno de desconfianza, reacciones adversas en medios financieros
y económicos, la efectividad comunicacional, y el grado de credibilidad, vienen por el
lado de la generación de expectativas favorables, de cambios de actitud y opinión.
Anunciadas las medidas, su aplicación es lo que permite que exista concordancia con
el discurso y de ese modo que se refuerce la credibilidad
Al día siguiente del discurso presidencial del 15 de abril se inició una
campaña que más bien ha sido moderada, financiada por PDVSA, para destacar que
el aumento en el precio de la gasolina, era justo. Y al contrario de lo que ocurrió en
1989, esta vez no hubo alteraciones del orden, ni al día, ni a la semana siguiente, lo cual
por supuesto no es ninguna garantía de que en el camino se presenten protestas
violentas por diversos motivos, pero al menos en la fase de lanzamiento de las nuevas
políticas, del cambio de rumbo, no hubo conflictos masivos.
A medida que el programa económico funcione, necesariamente se tendrán
que adoptar otras decisiones fundamentales, para que en el mediano y largo plazo el
programa económico pueda sostenerse, básicamente reformar el sistema judicial y
transformar el sistema educativo por completo.
El costo de no hacerlo atenta contra la credibilidad del propio programa
económico.
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