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Petkoff:
el Comunicador desde la Gran Manzana

esde Nueva York, en el Consejo de las Américas, escuchamos a un Petkoff inspirado y mesurado dirigirse a una sala rebosante de representantes de las principales bancas de inversión con sede en Wall Street. Su discurso fue claro, conciso y en más de una ocasión con una buena dosis de humor. Trazó en gruesas pinceladas una versión optimista de la Agenda Venezuela en la que dejó bien claro el carácter irreversible de los ajustes macro-económicos y la decisión firme del Presidente Rafael Caldera de seguir adelante por ese camino, sin que el costo político lo detenga.

Dijo Petkoff que la gente se ha empezado a dar cuenta que en Venezuela está pasando algo, que los cambios anunciados se efectuaron sin engañar a nadie y por lo tanto no hubo la impresión en los venezolanos de haber sido víctimas de una emboscada. Reconoció que los venezolanos han aceptado las duras medidas, así como sus consecuencias, con serenidad, resignación y con una buena dosis de comprensión.
Si bien admitió que algunas concesiones eran inevitables rechazó de manera enfática el retorno a una política de subsidios.

Aclaró que la Agenda Venezuela no es un plan, sino un Programa para abatir la inflación y crear un entorno macroeconómico que permita el crecimiento y desarrollo de la economía del país. Señalo que el aspecto fiscal era la columna vertebral del programa y que el objetivo primario era reducir el déficit fiscal de un 8% a un 2% en el 96 y a 1% en el 97.

Reconoció que estos ajustes servirían para poco sino se emprende al mismo tiempo una serie de reformas indeclinables entre las cuales señalo, la reforma del impuesto sobre la renta, la reducción de la burocracia nacional, la reforma del poder judicial y la aceleración en el programa de privatizaciones. En este último incluyo además de las ya conocidas, la privatización de Sidor para 1997. Es interesante observar que no hizo ninguna referencia a la privatización del sector petrolero ni del petroquímico.

También se refirió in extenso al problema de la seguridad social en Venezuela y señalo a ese respecto que el Presidente Caldera estaba convencido de la necesidad de reformar el sistema de calculo de las prestaciones. Pero ello requería obtener antes una base mínima de acuerdo entre los empresarios y los sindicalistas que permitiría modificar la ley respectiva. Dejo traslucir que si los dirigentes sindicales impedían un acuerdo, el gobierno estaría dispuesto a llevar los términos de la reforma gubernamental ante el propio sector laboral.

Otro tema que trato largamente fue la reestructuración del sistema financiero del cual reconoció su fragilidad, reconociendo que a pesar de ella, este había podido soportar, mejor de lo previsto, los ajustes hasta ahora efectuados. Califico a parte del sistema financiero venezolano como pre-capitalista e incluso utilizo la expresión "medieval" para definir su eficiencia.

Ratifico que ya habían llegado a un acuerdo con el FMI y que el proceso estaba en las etapas internas del Fondo y estimaba que en 6 semanas se firmaría el acuerdo. Expresó que desde el punto de vista de balanza de pagos, el acuerdo con el Fondo no era necesario, sin embargo, su utilidad era obvia ya que aseguraba la credibilidad del programa de ajustes y una ayuda técnica muy necesitada. Además, el acuerdo introduciría un elemento de supervisión, indispensable para reforzar la disciplina local, elemento clave para que cualquier proceso de ajustes tenga éxito.

Para culminar su discurso hizo una invocación bíblica al recordar que Dios hizo al mundo en seis días y que por lo tanto no se le podía pedir al gobierno que hiciera milagros. Termino con una frase ya mencionada en anteriores ocasiones: "Estamos mal, pero vamos bien". Puede decirse que tanto el tono como el contenido del discurso cayeron bien. Quedan, sin embargo, algunas dudas sobre la viabilidad de la Agenda Venezuela.

Afortunadamente para el gobierno, Petkoff ha demostrado sensatez, moderación y equilibrio, por lo que, sin pretenderlo, se ha convertido en su Gran Comunicador. Por ejemplo, durante esta reunión del Consejo de las Américas y ante la pregunta que hizo un director de la Banca de inversión Morgan Greenfell, en el sentido de expresar dudas sobre la viabilidad de la Agenda Venezuela sí se mantiene al mismo tiempo un anclaje de las tasas de cambio con tasas de interés negativas, Petkoff supo torear la respuesta, de forma que no se hicieron presentes las fricciones que se generaron días atrás en Caracas entre estos banqueros y el Ejecutivo nacional. En efecto, la polémica en la cual cayó el gobierno con motivo del informe mensual del Morgan, publicado días atrás por el diario El Nacional y en el cual se hacían señalamientos críticos a la economía venezolana, se había constituido en una muestra del bajo umbral de tolerancia del gobierno y una prueba más de su falta de capacidad para verificar y analizar información, ya que el referido informe fue elaborado y publicado antes de que el gobierno adoptara las recientes medidas de ajuste macro económico. Por lo demás, estas medidas fueron comentadas favorablemente en el siguiente informe mensual de los banqueros.
Este tipo de polémica entre el gobierno y los inversionistas no es auspicioso para un país que pretende recobrar su posición crediticia internacional. En este contexto, hay que resaltar que lo del Morgan no es un hecho aislado como lo demuestran las muy duras expresiones hacia Lehmans' Brothers empleadas por el gobierno al referirse a los términos del contrato que esta banca tiene suscrita con el Fondo de Inversiones para la venta de las acciones de CANTV. También vale destacar la tensa relación que se mantiene con los socios japoneses de VENALUM, quienes reclaman sus derechos contractuales ante un intento de desconocimiento de ellos por parte de algunos funcionarios del Ejecutivo, quienes pretender disfrazar el principio de preferencia del Derecho Mercantil que los asiste, como un deleznable privilegio de veto.

El gobierno debería reflexionar sobre este punto. No bastan las palabras, por lo demás bien expresadas, del super ministro Petkoff. Y es que sus colegas de gabinete y el Presidente Caldera deben a la vez entender que la salida a la crisis pasa necesariamente por el diálogo y no precisamente el de sordos, sino aquel en el cual se puedan admitir sin irritación las criticas o las observaciones necesarias para retrazar el camino de la confianza.



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