Eduardo Mendoza Goiticoa
Un nuevo enfoque para nuestra agricultura
medida que transcurre el tiempo y se agudiza
la crisis que la Nación enfrenta hoy en día, se pone cada vez más de manifiesto la
trascendencia que reviste contar con una agricultura próspera, de alta productividad,
sensatamente programada y eficientemente dirigida, que además de asegurar un
abastecimiento adecuado y asequible a todos los niveles socio económicos, cuente con
calidad y competencia comparativas, suficientes para hacer de la exportación agrícola
renglón muy principal del destino de su producción creciente.
Para lograr tales metas es preciso encarar la temática agrícola con un nuevo
enfoque, que
se caracterice por una planificación adecuada, una gerencia eficaz y una ausencia
absoluta de
improvisaciones nefastas. Así como una utilización integral del acervo tecnológico
con que hoy
se cuenta, tanto en lo profesional y de mano de obra calificada, como de la
infraestructura física
existente, en base a colocarla en niveles de máxima utilización, de excelentes
condiciones de
uso.
Llevar a cabo tales programas trae, como consecuencia,la movilización del
circulante,
creación de nuevos empleos, sustituir importaciones en forma eficiente, garantizar
abastecimiento,
lograr más amplio y mejor uso de la estructura agraria, rescatándola del marasmo en
que se
encuentra, multiplicar las cooperativas de horticultores, que van por buen camino,
expandir la
plataforma tecnológica del país. Rescatarnos a nosotros mismos en función de trabajo
útil,
exitoso y productivo en el mundo agrícola nacional, en marco de eficiencia, de
prosperidad y de
impostergable justicia social.
La puesta en marcha de un programa semejante, con miras a escapar de Los
planteamientos
teóricos y de lanzarse a su pronto y eficaz ejecución precisa que crezca progresiva y
contínuamente, en base a proyectos específicos, que a medida que se vayan
desarrollando, no sólo
cumplan a cabalidad con las metas propuestas, sine que sirvan de ejemplo para otros
sectores agrícolas que
ameritan programas similares, que bien podrían generarse simultánea y
paralelamente.
En este sentido podría escogerse, como un primer paso, el diseño de un plan
maestro para la
producción competitiva de materias primas de origen vegetal, para abastecer a la
industria de alimentos
balanceados, de aceites comestibles de harina de maíz y de textiles, para lo cual es
preciso no sólo conocerlos
a carta cabal, sino saber aprovechar factores básicos en sí mismos y en sus mutuas
interacciones, como es el
caso de los factores ecológicos, técnicos-operativos, sociales, agrícolas, políticos y
financieros.
Tales análisis conducirán a escoger las especies tropicales más propicias para los
fines que se persiguen,
localizar y definir las zonas ecológicas más adecuadas, aumentando así el panorama
agrícola en ambiente
de productividad.
Además, establecer y mantener investigaciones operativas de campo con el fin de
eliminar incógnitas y
apreciaciones subjetivas, que le hacen flaco servicio a temas tan exigentes en su
exactitud, como es el caso de
los costos de producción, rendimiento por unidad de superficie,
productividad, conocimiento de
precios a nivel de campo, márgenes de gastos y atractiva ganancia operativa. Todo lo
cual permite definir
políticas con real conocimiento de causa y efectuar a tiempo las correcciones que sean
necesarias, antes que
generen problemas a veces irremediables o por lo menos sumamente perjudiciales, que
jamás se resolverán en
discusiones bizantinas, donde las apreciaciones subjetivas degeneran en posiciones
irreconciliables.
A corto plaza todo este procedimiento contribuirá a crear polos de desarrollo
regionales, con mejores
condiciones ambientales, más humanas, más
productivas, que permitan establecer agrosistemas vegetales de larga duración, en las
zonas debidamente escogidas,
en base a la tesis de Pedro Cunnill Grau, expuesta en su obra "Opciones Geográficas
de Venezuela".
Con estas perspectivas es necesario tomar muy en cuenta una serie de iniciativas
valiosas, realizadas por
Fundación Polar y Unellez, por Palmaven, a través de Los Módulos Integrales de
Desarrollo (MIDA), así como
por la Universidad de Oriente, la del Zulia y la Central. Además de Anca, Fundación
Bigott, Asociación de
Ganaderos de Los Andes, horticultores de Mérida, Fusagri, Oficina Técnica Rojas
Gómez y otras de la misma
índole. Un ejemplo digno de destacar es el de Venmaiz, que logró total
abastecimiento de maíz blanco para
la industria correspondiente. Hechos similares están ocurriendo en Avicultura. Este es
el momento para
establecer un fluido sistema de vasos comunicantes, en contraste con el
diálogo de sordos
tan frecuente hasta hace poco. La agricultura, la industria, la banca y el mercadeo,
deben constituir un circuito
integral, donde la suma de tales esfuerzos nos conduzcan a niveles de competencia,
abastecimiento y calidad
fundamentales. En ese campo el Consejo Nacional de Economía podría desempeñar
un papel valiosísimo,
contribuyendo a acelerar ese proceso de acción conjunta y bien coordinada.
Simultáneamente, la presencia activa del Ministerio de Agricultura y Cría es
factor indispensable para dirigir y
complementar ese enfoque
positivo de nuestra agricultura. En recientes declaraciones el Dr. Raúl
Alegrett manifestó que el M.A.C. está haciendo un gran esfuerzo para aumentar la
producción de cereales, oleaginosas
y leguminosas, mediante la
mejora rotunda de los servicios a nivel de campo y una política adecuada
para el mejor desempeño del proceso agrícola.
Sin embargo se aqudiza la situación agrícola del país, no por razones de
idiosincrasia, sino por el
tratamiento que a ese sector se le ha dado a través del tiempo. Dadas las premuras que
estamos viviendo,
valdría la pena por un instante olvidarse de los errores cometidos y enfocar el
desarrollo agrícola de la
República con base en una serie de coyunturas sumamente positivas, que hasta ahora
no existieron. En efecto,
el acervo tecnológico actual es excepcional, nunca antes Venezuela contó con
semejante situación.
Al respecto basta mencionar que se cuenta con híbridos de maíz amarillo y de
maíz blanco con
rendimiento por hectárea que oscilan entre 6.000 y 8.000 kilos; sorgos que alcanzan
6.000 kilos por unidad de
siembra; girasol con 47 a 52% de aceite y hasta 1.500 kilos por hectárea; semillas de
soya producidas en el
país, con rendimientos de 3.000 kilos. En ocumo se podría
garantizar 40 toneladas y en yuca quedó en la tradición el rendimiento de
25 toneladas, pues hoy está entre 50 y 70 toneladas por hectárea.
Por otra parte el mercado internacional de cereales, leguminosas y oleaginosas
vive un alza espectacular,
que favorece de manera definitiva a nuestra producción agrícola, a tal punto que,
manteniendo los aranceles
actuales, pero eliminando medidas para arancelarias, tales importaciones no afectarían
en absoluto la
colocación del total de nuestra producción en nuestro mercado interno y ello sin tomar
en cuenta la ventaja que
para la industria significa comprar en bolívares y no en dólares, tanto para su flujo de
fondos como para la
balanza de pagos de la República. Así como la creación de cientos de miles de nuevos
empleos.
Venezuela es un importador tradicional de fuentes vegetales de proteínas y de
hidratos de carbón, en
la forma de soya, trigo, maíz y sorgo. Hasta ahora los precios, CIF puerto venezolano,
de esas materias primas,
han sido inferiores a los precios oficiales establecidos para el producto nacional. De allí
las medidas
proteccionistas vigentes.
Pero en este caso, en este año, nos encontramos con que por una parte Las
perspectivas de mayor
competitividad de la agricultura nacional son mejores que nunca y la tendencia en el
mercado internacional es
de un alza extraordinaria, precisamente en soya, trigo, maíz, sorgo y girasol.
Por primera vez en muchos años, la proyección de esos renglones agrícolas
importados es de una
capacidad de competencia muy inferior. Por lo tanto se podría aplicar la tesis del
gradualismo al sector
agrícola, en el sentido de suspender las medidas para arancelarias de los renglones
mencionados,
suspensión del control de precios en los insumos correspondientes y en Los productos
terminados, como
sería el caso de leche, cerdos, pollos y huevos, aceites, harina de maíz y algodón.
Para lo cual se podría pensar en establecer el programa siguiente, para el ciclo
agrícola 1996-1997, que
incluiría:
1. Obligación de la agroindustria de satisfacer el total de sus requerimientos,
basados en compras de
la producción nacional, a los precios convenidos.
2. Libertad de importar durante el año lo necesario para cubrir cualquier déficit
en Los renglones
correspondientes, mediante entrega total de los dólares necesarios para dichas
importaciones.
3. Argentina y Brasil cuentan con una industria de maquinaria agrícola muy bien
desarrollada, cuya
importación es imprescindible para modernizar nuestro parque de maquinaria
agrícola. Por lo tanto, es
imprescindible establecer en su redacción actual las cláusulas correspondientes del
convenio Aladi vigente.
5. Elaborar de inmediato los programas de siembras de invierno, de norte y de
verano, de: arroz, maíz,
sorgo, raíces y tubérculos, así como de soya, caraotas, frijoles y quinchoncho.
6. Propiciar los contratos triangulares de compra de la cosecha, mediante convenios
directos entre el
agricultor, la industria y la banca, unido al uso de los certificados de depósito,
almacenando en silos públicos
o privados, sea de las empresas o de terceros, que tengan carácter de almacenes
generales de depósito.
Considerar la conveniencia de:
a) Incluir en Los contratos Los servicios de asistencia técnica, informática y de
recopilación de datos a nivel
de campo, para determinar costos de producción.
b) Cancelación de la compra de la cosecha mediante emisión de certificados de
depósito, con lo cual
el agricultor prácticamente cobra de contado. Este sistema permite que la empresa
contrate de inmediato con
dicho almacén general de depósito la adquisición mensual de sus requerimientos en
esas materias primas,
mejorando así su flujo de fondos, además de la posibilidad de obtener con tales fines
créditos a 60, 90 ó 150
días, descontando la banca dichos certificados en el Banco Central de Venezuela.
Una proyección a corto plazo de lo hasta aquí propuesto tiene características tan
positivas, que
justifican el riesgo de ponerlas en práctica.
La experiencia acumulada, el acervo tecnológico existente, la calidad
humana de esa población, Las coyunturas posibles de compaginar y los recursos con
que se cuenta, permiten
vislumbrar a corto y a mediano plazo un camino cierto y recto de solución adecuada
para ese cúmulo de problemas
agrícolas que no podemos permitir que cambien el rumbo de nuestras vidas,
cualesquiera que sean los sacrificios
que hayamos de afrontar.
El éxito de ese desarrollo agrícola factible, es básico para poner en práctica las
opciones geográficas
de Cunnill Grau, es decir, la ocupación productiva y soberana del territorio nacional,
crear más de 300.000
empleos directos, hacer positiva la balanza comercial agrícola, crear un antídoto eficaz
contra la economía
informal y la aglomeración inmisericorde de gentes en nuestras ciudades, fortalecer la
identidad nacional por
la satisfacción del éxito logrado y del más alto nivel de vida.
De ser así, culminaremos bajo el lema del General Córdova: "a paso de vencedores",
como en
Ayacucho, caso contrario nos esperaría la derrota de la Batalla de La Puerta a manos
de Boves el Urogallo.
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