Editorial


Venezuela:
entre Brasil y Colombia

l Presidente de Venezuela hizo recientemente una importante visita a la República Federativa de Brasil. Con este motivo creemos conveniente formular estas consideraciones:

Acercarse a Brasil no debe significar alejarse de Colombia. Sin embargo, si se interpretan las constantes, persistentes y exaltadas declaraciones de varios miembros del gabinete con exclusión del único que debería opinar en esa materia, es decir el canciller Burelli, la dominante es un perpetuo reclamo al gobierno colombiano por hechos, por lo demás reprobables, que ocurren en nuestra accidentada relación vecinal.

Acercarse a Brasil tampoco debe ser visto como un distanciamiento de nuestra relación particular con los Estados Unidos.

Acercarse a Brasil no puede significar el intento anacrónico de restablecer la política de bloques de poder de los años sesenta.

Acercarse a Brasil es una fase necesaria de nuestra política exterior como lo es, desarrollar las relaciones con los países miembros del Caricom, o con los integrantes del Pacto Andino, pero no puede en ningún instante convertirse en una desfocalización de lo que deben ser los objetivos fundamentales de nuestra política exterior.

Colombia está atravesando por una etapa muy difícil de política interna, y lo menos que debería esperarse de un buen vecino, es que no tome cartas en el asunto, porque de hacerlo, pudiera sucederle como aquel, bien intencionado, que quiso intervenir positivamente en un pleito de vecinos y al pasar el tiempo, estos arreglaron sus problemas, pero quedaron enemistados con él para siempre.

La tragedia colombiana debe preocuparnos y la desintegración de nuestras fronteras aún más; sin embargo, la responsabilidad en los hechos que ocurren a todo lo largo de nuestras extensas fronteras, no es de la exclusiva responsabilidad del gobierno colombiano; históricamente ha habido mucha desidia venezolana en el desarrollo y fortalecimiento de nuestras fronteras y eso repercute hoy de manera dramática en la inseguridad que se vive en toda su extensión. No podemos olvidar porque ahora nos convenga, el caso de los garimpeiros.

Los problemas no se resuelven con posiciones airadas, ni por la prensa, ni asumiendo la paternidad del mejor nacionalismo. Los problemas se resuelven a través del diálogo constante, decidido y firme, pero discreto.

Las relaciones de vecindad sólo conciernen a los vecinos; son asuntos por lo general relativamente simples en su solución, pero que se dificultan en la práctica por la alta carga emotiva que lleva implícita el contacto diario.

Las relaciones de vecindad para que sean armónicas y provechosas, deben implicar una buena dosis de inteligencia, comprensión e imaginación, para transformar una situación estática en un modo de evolución civilizado hacia soluciones compartidas de los problemas que puedan generar conflictos.

Un ejemplo de enfoque creativo fue, sin lugar a dudas, el que se adoptó en el pasado cuando se negoció el Tratado de Cooperación Amazónica. Este acuerdo para que pudiera tener vigencia, requería armonizar numerosas y difíciles relaciones de vecindad evitando comprometer las soluciones a reclamaciones territoriales pendientes. Sin embargo, el gobierno venezolano supo llevar adelante una compleja negociación con Brasil, que tuvo éxito porque en ningún momento se perdió de vista la importancia previa de resolver, entre los países miembros del Pacto Andino, aquellos aspectos de la negociación, que de ser manejadas en forma bilateral con Brasil, habrían producido un texto menos conveniente para nuestros respectivos intereses.

Hoy en día parecería que estamos buscando, cada vez más lejos, la solución a problemas cercanos. No estamos predispuestos a una relación positiva con Mercosur y con países como Argentina y Uruguay, pero antes viene el fortalecimiento del Pacto Andino y las relaciones con el Caribe. No hay que olvidar la talla de nuestro país, la ilusión de grandeza es por lo general una mala consejera, y el pretender jugar en términos de igualdad con gigantes, sin ser una versión "aggiornata" del David, puede conducir a lo sumo a una gran desilusión.

Apoyamos resueltamente el acercamiento al Brasil. Pero no ocultaremos, que se trata de buscar resultados a medio o largo plazo. Colombia no es sólo una realidad, sino que es, también una realidad sumamente compleja.



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