Petróleo
Ricardo P. Becerra



Utilicemos a PDVSA

omo es del conocimiento de todos, la industria petrolera nos ha embarcado en un ambicioso plan de inversión con el propósito de elevar la producción petrolera a aproximadamente seis millones de barriles diarios. En el período 1992-1995 este plan de inversión ha sido financiado principalmente con el flujo de caja de la industria. Esta modalidad de financiamiento que incluyó la eliminación del valor fiscal de exportación, ha producido una importante caída en los ingresos fiscales petroleros de 12.4 puntos del PIB en 1992 a 7.9 en 1995, a pesar del aumento en 17% de las exportaciones petroleras en ese mismo período.

Se puede argumentar que esta merma de los ingresos es temporal, y una vez concluidas las inversiones, los ingresos fiscales perdidos serán recuperados con creces. Sin embargo, la pregunta fundamental deberá ser: ¿como hemos financiado esta caída temporal en los ingresos petroleros?

En principio, bajo situaciones normales, la República habría podido acceder a los mercados de capitales internacionales para cubrir el déficit producido por las caídas de los ingresos fiscales, para luego cancelar el servicio de la nueva deuda con los futuros ingresos petroleros. Sin embargo, durante este período, debido a la convulsionada situación política y económica, los mercados de capitales internacionales han permanecido virtualmente inaccesibles. Ante esta situación, hemos tenido que recurrir al endeudamiento interno y a la inflación para financiar el plan de expansión de PDVSA y el déficit fiscal, complicando aún más el panorama económico.

En estos últimos cuatro años se ha realizado un importante esfuerzo en recaudación fiscal no petrolera, aumentando ésta en casi cuatro puntos del PIB a pesar de estar en una economía recesiva (parecido al caso peruano entre 1991-95, que fue facilitado por su impresionante crecimiento económico). Por otra parte, el gasto neto de interés ha permanecido constante como proporción del PIB; partidas como remuneraciones y formación bruta de capital se encuentran en los niveles más bajos de los últimos veinticinco años, y no pueden continuar en estos niveles; todos sufrimos los huecos en la calles, la falta crónica de agua, el bajo nivel educativo y las pestes del cuarto mundo que están regresando a Venezuela.

En estos momentos debemos trabajar en un plan de ajuste coherente con una visión a largo plazo y no debemos caer en errores del pasado. Es fundamental que el Estado y PDVSA trabajen coordinadamente en busca de una manera de financiar los planes de inversiones, para que estos no se lleven a cabo a expensas de la población, y en el corto plazo aumenten los ingresos fiscales petroleros, afectando lo menos posible el crecimiento de la industria petrolera. En este sentido, al obtener mayores y más estables ingresos, el ajuste será menos traumático y se podrán destinar mayores recursos al gasto social y de infraestructura, dándole mayor viabilidad política al plan de ajuste.

Una alternativa a considerar es invitar a nuevos socios a participar en los planes de inversiones de PDVSA (sin incluir los campos marginales). De esta manera, se reduce la presión sobre su flujo de caja y aumenta la recaudación fiscal en el corto plazo sin afectar el crecimiento de la industria. Para esto es importante que PDVSA, como cualquier empresa, declare dividendos.

La importancia de la política de dividendos tiene un gran alcance al hacer más transparente la relación Estado-PDVSA y al facilitar la emisión de acciones que adquirirían los nuevos socios de PDVSA. Venezuela está como alguna familia del Country Club que no tiene que comer pero no vende su casa por razones sentimentales. Al vender la casa, la familia podrá saldar todas sus deudas, comprar un buen apartamento y darle una mejor educación y alimentación a sus hijos, aumentando el nivel de vida y el bienestar de la familia. Los pasivos laborales, los de la seguridad social, la deuda interna y externa y el atraso en obras de infraestructura y de inversión en capital humano son un pasivo muy fuerte que un plan de ajuste de corto plazo no puede cargar solo. Como una empresa quebrada, Venezuela tiene que reestructurar su balance; utilicemos las acciones de PDVSA para cancelar nuestros pasivos. No perderemos nuestro patrimonio como muchos argumentan. Cancelando los pasivos, obtendremos los recursos y la flexibilidad que nos permitirá redimensionar y reestructurar al Estado. Así se podrá transformar en una eficiente y ágil empresa de servicios (educación, seguridad, salud y justicia) con reglas de juego claras, que impulse el crecimiento económico y convierta a Venezuela en un país generador de riqueza, aumentando así nuestro patrimonio.

El problema de Venezuela es estructural y quien lo dude que analice la evolución de la inversión privada, de las exportaciones, del nivel educativo y del crecimiento per capita de los últimos veinticinco años. Somos un país pobre, con un complejo de país rico que nos permite andar desnudos, como el rey del cuento infantil, creyendo que vestimos los más finos ropajes. Al utilizar a PDVSA podremos comenzar a vestirnos.



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