La Peladera (Parte I)
ltimamente he tenido mucho trabajo en la oficina.
Tanto, que no he podido mantener la práctica de almorzar en mi casa casi todos los
días. Desafortunadamente, las alternativas culinarias que ofrecen rapidez y se
encuentren dentro de mi zona de acción peatonal, son todas de una calidad deplorable.
Entre ellas incluyo a los arcos dorados, dado que el último Mc. Pollo que me comí al
lado de mi computadora, dejó una mancha de grasa en el escritorio de una profundidad
tal, que Mónica (domestica de oficina) no la ha podido quitar todavía. Sin embargo las
acartonadas soluciones alimenticias transnacionales, aunque se han vuelto prohibitivas
por su precio, son mucho mejores que las del sitio donde acostumbraba yo meterme las
balas frías de rigor típicas de un mediodía atareado. Me refiero a la panadería de
enfrente, si, esa panadería genérica que todos conocemos y frecuentamos, muchas
veces porque no nos queda más remedio. Las hay de todas las categorías, pero a la que
me refiero se pierde de vista por lo sucia, desorganizada, mal atendida, hedionda,
ineficiente y asquerosa, en fin una joya digna del peor barrio de Lisboa, ah si me
olvidaba, y cara, más cara que cualquier panadería del encopetado aunque devaluado
este caraqueño. Más cara es aun, tomado en cuenta la calidad de la clientela que
frecuenta esta panadería, la cual seguramente se llama "Brisas de Lusitania" o algo
parecido pero no estoy seguro porque el letrero del nombre esta tapado con mugre.
Hace como una semana me estaba comiendo un "mini lunch" especie de pastelito de
jamón y queso que con la excusa de combinar esos ingredientes, cuesta un 10% más
que un cachito. El mencionado manjar lo estaba enjuagando con una Malta Caracas,
no porque me gustara, sino porque era lo único que estaba frío en el recinto. Una de
las pocas prerrogativas de llevar corbata de seda a este sitio es que se me permitía
consumir enfrente del mostrador y mi crédito era bueno para retrasar el pago hasta una
vez terminado el almuerzo. Cuando iba por la mitad de mi "lunch" (diminutivo técnico
del manjar que consumía) llego un individuo joven, más o menos así como yo, con
pinta de ejecutivo eficiente, así como elegantoso, vistiendo una combinación de gris
y negro, pero eso si, con medias blancas y zapatos tipo "Sebago". Inmediatamente se
quitó los "Rayban" y empezó a tratar de llamar la atención de la mulata barloventeña
que funge de dependienta del área de cachitos y afines
- Mira mi amor,
como no le respondía dijo más duro
- epa, mi vida, mi princesa estoy aquí,
y como todavía la niña, que seguía tostando unos sánduches a los dueños del lugar, no le paro, nuestro
amigo enfadado casi que le gritó
- pero bueno mi reina, ¿que hay que hacer para que lo atiendan aquí a uno?
La muchacha (que en la vida real se llama Nefertiti Alexandra) finalmente
se volteó y le dijo al ejecutivo eficiente
- No soy tu amor, tu vida, tu princesa, y eso sí, mucho menos tu reina, así que respeta
y pide rápido que estoy ocupada.
sin perder la compostura contraatacó
- Ricurita, ¿cuanto vale uno esos sánduches tan buenos que estas tostando,
- éstos son los especiales de la casa y valen quinientos bolos.
sonriendo y señalándome continuó preguntando
- mira belleza, y uno de esos que se esta comiendo el señor, ¿cuanto vale?
- ciento diez,
- ¿y los cachitos?
- cien bolos.
el joven cambiaba el peso de una pierna a otra y mantenía un
balanceo que le daba un aire de nerviosismo escondido o, peor aun, un mal intestinal
incipiente. Continuando su interrogatorio dijo:
- Bueno mi corazón, ¿cuanto vale una canilla de esas grandes?
- son a sesenta y mira vale, ¿vas a comprar algo o no?
bajando un poco la guardia el joven continuó señalando algún sitio detrás del mostrador
- esos panes de allá abajo ... si, los regulados de a veinte bolos ... dame uno de esos, pero eso si, que este bien
quemadito porque no me gustan crudos.
Mientras todo esto sucedía, le di patadas a dos perros que querían parte de mi "lunch",
le di limosna a dos borrachos y a un huelepega, y terminé regalándole el fondito de malta
a un lambucio que me la estaba velando desde que la abrí. Por el otro lado, el encargado (así se hace llamar), ya
mostraba marcadas señales de mal humor, ya que Nefertiti Alexandra, seguramente su
amante, tenía acumulada una cola de clientes insatisfechos que amenazaban con irse
a pedir cachitos de bolsa en el automercado contiguo (el cual creo que se llama
"Oporto, mi paraíso", o algo así). El asunto es que la muchacha, exigiéndole el
prepago de los veinte bolos, le dió el pan al joven, el cual ya en detalle no parecia tan
joven ni tampoco aprecia ejecutivo sino más bien un oficinista con salario regulado,
quien volviendo al ataque increpó
- Azuquita mía, ¿crees que sería mucho pedir que me tostaras este pancito?
la muchacha vié hacia la caja y notó al encargado transmitiendo toda clases
de exclamaciones negativas dirigidas hacia ella y habiendo recibido el mensaje
replicé
-pero bueno chico, ¿no ves que esta plancha es exclusivamente para sánduches?
agarra tu pan y lo tuestas sentándote encima.
Sin perder la compostura y para sorpresa de todos los presentes: la cola de gente
esperando por Nefertiti Alexandra, el encargado, los perros que volvieron y yo, nuestro
hombre exclamó a viva voz,
- ¿Exclusiva para sánduches? no hay problema,
procediendo a meter la mano en el bolsillo del paltó, de donde sacó un cuchillo de
plástico, una lonja de queso amarillo y un pedazo de jamón rebanado grueso (guácala),
realizó una operación de ensamblaje y entregó el flamante sánduche a la muchacha
diciendo,
- Perla del caribe, déjalo en la plancha hasta que se derrita el quesito, que si
no, no me gusta.
Yo, finalmente decidí irme del sitio y pagué al encargado , no sin
antes ver a un ágil felino saliendo del la cocina con su almuerzo (con patas y cola) en
la boca. Esta de más decirles que en realidad no he vuelto a la panadería, aunque de
vez en cuando me encuentro al encargado en el quiosco que se llama "Tormenta de las
Azores" y me dice
-Tiempo que no lo vemos doctor, allá le tenemos sus "lunch" fresquitos.
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