Siglo
XXI
Elsa Cardozo de Da Silva



Neoliberalismo con populismo

a generosidad de un colega puso en mis manos un interesantísimo trabajo cuya tesis central es que el neoliberalismo y el populismo no son fenómenos contrapuestos, de modo que citando como evidencias ostensibles los casos del gobierno de Fujimori en Perú, de Salinas en México y de Menem en Argentina ha estado surgiendo una nueva manifestación de populismo: el populismo liberal.
Kenneth M. Roberts ( "Neoliberalism and the Transformation of Populism in Latin America. The Peruvian Case", World Politics 48, Octubre 1995: 82-116 ) comienza por objetar la definición según la cual el neoliberalismo y el populismo representan prácticas económicas contrapuestas. Para ello divide su argumento general entres componentes fundamentales: una revisión de concepciones y una definición del populismo junto a una caracterización del populismo liberal, por contraposición al "clásico". Creo que estas ideas merecen ser consideradas desde América Latina especialmente en lo que nos toca desde Venezuela, porque considero que aún nos domina la turbulencia política, económica y social, y siguen estando presentes elementos tradicionales de la vía populista que construimos en la transición hacia la modernidad, en medio de la caída de regímenes oligárquicos y la adopción de estrategias de industrialización substitutiva.

Cuatro concepciones. Roberts comienza por revisar las cuatro grandes concepciones sobre el populismo. Nos recuerda como desde la perspectiva histórica y sociológica se enfatiza lo característico de las coaliciones sociopolíticas multiclasistas (coaliciones populistas) que caracterizaron desde el inicio el proceso de industrialización en Latinoamérica. Luego está la perspectiva económica, que tiende a mirar los componentes de indisciplina fiscal, intervención del Estado en la economía a través de políticas redistributivas en respuesta a las demandas de gratificaciones económicas de las masas. Sigue la perspectiva en la que el fenómeno se asocia a un discurso ideológico que propone la contradicción entre "el pueblo" y " el bloque en el poder ". Finalmente cita la concepción política, centrada en la movilización de las masas por líderes que subordinan o simplemente saltan las formas institucionales de agresión y mediación.

En referencia a estas perspectivas, Roberts nos propone que el populismo no puede ser reducido a un fenómeno ligado a una etapa particular de la historia; ni entendido como necesariamente vinculado a políticas estatistas, expansivas, y redistributivas; ni como una relación directa entre líderes personalistas movilizadores y masas heterogéneas de seguidores. No se trata de eliminar el concepto ni de ignorar prácticas recurrentes de populismo; en cambio se trata de revisarlo y enriquecerlo para interpretar la realidad latinoamericana posterior a la aplicación de los programas de ajuste económico.

Una redefinición. De todas las perspectivas revisadas surge una redefinición del populismo, vale decir, de sus cinco elementos nucleares: a. Un patrón de liderazgo político personalista y paternalista, más no necesariamente carismático; b. una coalición política multiclasista y heterogénea, concentrada en los sectores subalternos de la sociedad; c. un proceso de movilización política "desde arriba hacia abajo" que o bien pasa por encima de los mecanismos institucionalizados de mediación, o los subordina a la relación directa del líder con las masas; d. una ideología amorfa o ecléctica, caracterizada por un discurso que exalta a los sectores subalternos y que tiene contenidos antiélites y "antiestablishment"; e. un proyecto económico que utiliza métodos redistributivos o clientelares para crear las bases para el apoyo de los sectores populares.

Así descritas, estas propiedades permiten ampliar el concepto e identificar manifestaciones del fenómeno en un ambiente distinto al que caracterizó al "populismo clásico".

El populismo liberal. Con las reformas económicas emprendidas desde mediados de los ochenta, cambiaron muchos de los elementos en los que se sustentaba el modelo populista que Roberts llama "clásico": la reducción del Estado y las implicaciones que para la disciplina y el control fiscal tuvieron las políticas de reestructuración; la redistribución "de abajo hacia arriba" que éstas supusieron como efecto de la reducción de salarios y el aumento del desempleo; el papel central atribuido a decisores tecnocráticos para aislar el Estado de presiones y tensiones que habrían de ser resueltas por la lógica y dinámica del mercado; el debilitamiento de formas clásicas de organización tales como los partidos políticos tradicionales y las organizaciones sindicales.

No obstante ese nuevo contexto, el populismo ha mutado a la forma de populismo liberal en medio de la turbulencia política, social y económica creada por los programas de apertura. Así se ha manifestado claramente en Perú, México y Argentina, bajo las siguientes condiciones :
a. Las circunstancias que precedieron los ajustes y las que se plantearon con su aplicación debilitaron los canales institucionales clásicos de agregación y articulación de intereses, y dejaron el camino abierto para la relación directa líderes-masas.
b. El efecto no cabe duda del peso que líderes específicos han venido desempeñando en la puesta en marcha de programas de corte neoliberal, ni de la necesidad que tienen aquéllos de construir una base de sustentación en la opinión pública en los sectores populares. Para ello la apertura económica permite desarrollar políticas más electivas y orientadas o sectores específicos, de modo que en palabras de Roberts- "un proyecto neoliberal en el macro nivel puede ser compatible no sólo con estilo de liderazgo populista, sino con medidas económicas populistas en el micro nivel".

Sano y salvo. La argumentación de Roberts permite destacar dos cosas del mayor interés teórico y práctico: que el neoliberalismo y populismo contienen asombrosas compatibilidades (de modo que quizá estamos presenciando no el final, sino la transformación del populismo ... y del neoliberalismo) y que el populismo es una "tendencia perpetua" donde quiera que las instituciones políticas sean débiles, cosas importantes para pensar habiendo aún tanto camino por recorrer en la definición de estrategias y políticas para adaptarnos de la manera más sana posible a las transformaciones globales.



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