La modernidad, tema tan explorado ya por la crítica
de ahora y otrora, tiene todavia muchos secretos que la siguen
manteniendo a la orden del dia en cualquier lugar de discusión,
y uno de los mejor guardados tiene que ser Lina Bo Bardi, que
bien se puede decir que junto a Eileen Gray conformó el
lado femenino de la modernidad. Lina Bo, era una artista completa;
una gran capacidad creativa la llevo a trabajar en las más
diversas actividades: colaboraciones en peliculas, decorados para
opera y teatro, escritura y periodismo, pintura, activismo cultural,
diseño de mobiliario, moda, joyeria y arquitectura - una
arquitecura cargada de una peculiar sensibilidad humana, opuesta
al espíritu maquinista que poseía al modernismo
-. Fácilmente se podria afirmar que en ella se encuentra
el mayor talento femenino multidisciplinario del siglo XX (mayor
que el de Gray, incluso), genialidad que paso por desapercibida
durante la superficialidad del movimiento moderno; pero eso no
fué lo mas importante de Lina Bo, su verdadero aporte consiste
en haber rescatado inteligente y sensiblemente lo que Van Eyck
le criticaba a la modernidad: el papel que tiene la arquitectura
en relación a la sociedad y al lugar. sociedad y en el lugar.
Durante el crecimiento regional del período
moderno, América era terreno fértil para la pronta
experimentación conceptual y técnica de la arquitectura,
y esta fue una de las principales razones por las cuales las ideas
modernistas ansiosamente se importaron de Europa y de norteamérica
sin una previa revisión a la realidad latinoaméricana. No
obstante, la fascinación que produjo a los europeos el encuentro
con la naturaleza ferina de latinoamérica, despertó en mayor
o menor grado el pasmo de la impotencia que muchos modernistas
quisieron desafiar o idolatrar imponiendo la monumentalidad de
la arquitectura sobre la monumentalidad geográfica del selvático
continente - como lo haría Le Corbusier con sus venas urbanas
desplegadas sobre las sinuosidades de la cordillera carioca. La
arquitectura tecnicista la proyectaban con grandeza e inventiva
moderna sin considerar las relaciones que sostenía la sociedad
latina con su naturaleza o su "monte". A Lina, el
contacto con la naturaleza pareciera haberla conmovido desde un
principio, ya que fué una de las pocas modernistas que
logró comprender ésta y otras relaciones de la sociedad
del nuevo continente (quizás por haber vivido en ella). En
su arquitectura se encuentra un equilibrio poético - delicado
en apariencia pero vehemente en su realidad - entre la parte natural
del hombre y la parte humana de la naturaleza.
Si se considera que Lina egresa como arquitecta (1939,
en Milan) en mitad del apogeo modernista italiano - saturado por
el fascismo de Terragni y el estructuralismo de Nervi - no es
de sorprender que su vocabulario arquitectónico se encuentre
impregnado de proverbios modernistas. Incluso en la arquitectura
de Lina aparecen preceptos del catecismo Corbusieriano: las ventanas
corridas, la planta libre, los pilotis, y las paredes blancas
conforman el repertorio de su paleta de artista; pero son manejadas
con una simpleza y una claridad casi instintivas opuestas a la
premeditación racional del modernismo franco-sajón.
Esta intuición se evidencia en la Casa de Vidrio
(1951, Sao Paulo), una obra peculiar que asemeja una fusión
meridional entre la Douglas House de Meier y la Ville Savoie.
Con esta casa se puede apreciar su dominio del lenguaje moderno
y un aprovechamiento pictórico de la escenografía
natural del contexto.
No obstante, Lina no era perniciosamente moderna;
en su arquitectura se pueden observar referencias históricas
que se escapan del productivismo contemporáneo. Una de sus
obras mas desconcertantemente anti-modernas es el Museo de
Arte Popular en el Solar do Unhao (1959, Salvador de Bahia),
un ejemplo impecable de rehabilitación arquitectónica
y diseño urbano con un fuerte contenido histórico
y social que es difícil - si no imposible - de apreciar
en otros proyectos de la época. El Solar de Unhao, un lugar
histórico por excelencia que data del siglo XVI y que sufrió
varias transformaciones hasta contener una iglesia, una fábrica,
un depósito y un trapiche, debía convertirse en un
centro cultural dedicado al arte popular y a la cultura del noreste
del Brasil. La intervención en este conjunto fue tan certera
y precisa que se hace difícil detectar en una primera observación
que se trata de una rehabilitación; el espacio de la plaza
se presenta como un fragmento de una historia olvidada, un dej-vu
colonial que nunca fué. La agudeza urbana e historicista
de la Bardi es conmovedora en este proyecto logrando así
mantener un respeto a la simplicidad colonial pero con una adecuada
actualización espacial al programa.
En la arquitectura de Lina sucede algo parecido a
lo que existe en la obra de Alvar Aalto: el espacio adquiere una
connotación autónoma de lugar y de sociedad que no
se encuentra si quiera germinado en la austeridad funcionalista
de Gropius, de Mies o del mismo Lucio Costa. En el proyecto para
el Centro Civico Sesc-Pompeia (1977, Sao Paulo), donde
tenía que acondicionar unos antiguos galpones de fábrica
para contener un nuevo espacio dedicado al esparcimiento y a la
cultura, su arquitectura tiene un sentido de compromiso social
al que responde honestamente, reconociendo su calidad de medio
y no de fin en si mismo - el hecho de que Lina Bo simpatizara
con la izquierda debió alimentar sustancialmente su preocupación
social al momento de concebir arquitectura -. En el conjunto utiliza
materiales tradicionales para darle calidad a los ambientes y
la tecnología la expresa humildemente; sin embargo, en
él la modernidad no está negada, aparece en medio
de toda esta aproximación como un integrante imaginario
de la condición humana en este siglo, mas no se le dá
un peso tal al tecnicismo como para restarle significancia humana
a la obra.
Lina Bo Bardi, sin excesiva retórica acerca
del carácter de una arquitectura moderna, logró diagnosticar
y reparar con anticipación muchas de las críticas
a la modernidad que subrayaron los arquitectos de la tercera generación,
reafirmando el pacto social que tiene la arquitectura en obediencia
a las exigencias de un contexto tanto fisico como ideologico.
En su caso, el contexto fue latinoamérica, y sus propuestas,
si bien no hablan por toda la extensión del continente,
si encierran una lección importante para la región,
que junto al legado de Villanueva, podrían servir de claves
para poder elaborar una identidad arquitectónica del lugar
y del momento en franca relación con la realidad social.
Curioso que haya sido una ciudadana italiana (la tierra ancestral
de nuestra civilización) la que le sugiriese a los latinos
como ser más latinos y modernos a la vez.
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