Revista Electrónica Bilingue       Nº 6     Agosto 1996
Lina Bo Bardi, una femenina modernidad
Carlos Javier Gómez de LLarena
La modernidad, tema tan explorado ya por la crítica de ahora y otrora, tiene todavia muchos secretos que la siguen manteniendo a la orden del dia en cualquier lugar de discusión, y uno de los mejor guardados tiene que ser Lina Bo Bardi, que bien se puede decir que junto a Eileen Gray conformó el lado femenino de la modernidad. Lina Bo, era una artista completa; una gran capacidad creativa la llevo a trabajar en las más diversas actividades: colaboraciones en peliculas, decorados para opera y teatro, escritura y periodismo, pintura, activismo cultural, diseño de mobiliario, moda, joyeria y arquitectura - una arquitecura cargada de una peculiar sensibilidad humana, opuesta al espíritu maquinista que poseía al modernismo -. Fácilmente se podria afirmar que en ella se encuentra el mayor talento femenino multidisciplinario del siglo XX (mayor que el de Gray, incluso), genialidad que paso por desapercibida durante la superficialidad del movimiento moderno; pero eso no fué lo mas importante de Lina Bo, su verdadero aporte consiste en haber rescatado inteligente y sensiblemente lo que Van Eyck le criticaba a la modernidad: el papel que tiene la arquitectura en relación a la sociedad y al lugar. sociedad y en el lugar.
Durante el crecimiento regional del período moderno, América era terreno fértil para la pronta experimentación conceptual y técnica de la arquitectura, y esta fue una de las principales razones por las cuales las ideas modernistas ansiosamente se importaron de Europa y de norteamérica sin una previa revisión a la realidad latinoaméricana. No obstante, la fascinación que produjo a los europeos el encuentro con la naturaleza ferina de latinoamérica, despertó en mayor o menor grado el pasmo de la impotencia que muchos modernistas quisieron desafiar o idolatrar imponiendo la monumentalidad de la arquitectura sobre la monumentalidad geográfica del selvático continente - como lo haría Le Corbusier con sus venas urbanas desplegadas sobre las sinuosidades de la cordillera carioca. La arquitectura tecnicista la proyectaban con grandeza e inventiva moderna sin considerar las relaciones que sostenía la sociedad latina con su naturaleza o su "monte". A Lina, el contacto con la naturaleza pareciera haberla conmovido desde un principio, ya que fué una de las pocas modernistas que logró comprender ésta y otras relaciones de la sociedad del nuevo continente (quizás por haber vivido en ella). En su arquitectura se encuentra un equilibrio poético - delicado en apariencia pero vehemente en su realidad - entre la parte natural del hombre y la parte humana de la naturaleza.
Si se considera que Lina egresa como arquitecta (1939, en Milan) en mitad del apogeo modernista italiano - saturado por el fascismo de Terragni y el estructuralismo de Nervi - no es de sorprender que su vocabulario arquitectónico se encuentre impregnado de proverbios modernistas. Incluso en la arquitectura de Lina aparecen preceptos del catecismo Corbusieriano: las ventanas corridas, la planta libre, los pilotis, y las paredes blancas conforman el repertorio de su paleta de artista; pero son manejadas con una simpleza y una claridad casi instintivas opuestas a la premeditación racional del modernismo franco-sajón. Esta intuición se evidencia en la Casa de Vidrio (1951, Sao Paulo), una obra peculiar que asemeja una fusión meridional entre la Douglas House de Meier y la Ville Savoie. Con esta casa se puede apreciar su dominio del lenguaje moderno y un aprovechamiento pictórico de la escenografía natural del contexto.
No obstante, Lina no era perniciosamente moderna; en su arquitectura se pueden observar referencias históricas que se escapan del productivismo contemporáneo. Una de sus obras mas desconcertantemente anti-modernas es el Museo de Arte Popular en el Solar do Unhao (1959, Salvador de Bahia), un ejemplo impecable de rehabilitación arquitectónica y diseño urbano con un fuerte contenido histórico y social que es difícil - si no imposible - de apreciar en otros proyectos de la época. El Solar de Unhao, un lugar histórico por excelencia que data del siglo XVI y que sufrió varias transformaciones hasta contener una iglesia, una fábrica, un depósito y un trapiche, debía convertirse en un centro cultural dedicado al arte popular y a la cultura del noreste del Brasil. La intervención en este conjunto fue tan certera y precisa que se hace difícil detectar en una primera observación que se trata de una rehabilitación; el espacio de la plaza se presenta como un fragmento de una historia olvidada, un dej‡-vu colonial que nunca fué. La agudeza urbana e historicista de la Bardi es conmovedora en este proyecto logrando así mantener un respeto a la simplicidad colonial pero con una adecuada actualización espacial al programa.
En la arquitectura de Lina sucede algo parecido a lo que existe en la obra de Alvar Aalto: el espacio adquiere una connotación autónoma de lugar y de sociedad que no se encuentra si quiera germinado en la austeridad funcionalista de Gropius, de Mies o del mismo Lucio Costa. En el proyecto para el Centro Civico Sesc-Pompeia (1977, Sao Paulo), donde tenía que acondicionar unos antiguos galpones de fábrica para contener un nuevo espacio dedicado al esparcimiento y a la cultura, su arquitectura tiene un sentido de compromiso social al que responde honestamente, reconociendo su calidad de medio y no de fin en si mismo - el hecho de que Lina Bo simpatizara con la izquierda debió alimentar sustancialmente su preocupación social al momento de concebir arquitectura -. En el conjunto utiliza materiales tradicionales para darle calidad a los ambientes y la tecnología la expresa humildemente; sin embargo, en él la modernidad no está negada, aparece en medio de toda esta aproximación como un integrante imaginario de la condición humana en este siglo, mas no se le dá un peso tal al tecnicismo como para restarle significancia humana a la obra.
Lina Bo Bardi, sin excesiva retórica acerca del carácter de una arquitectura moderna, logró diagnosticar y reparar con anticipación muchas de las críticas a la modernidad que subrayaron los arquitectos de la tercera generación, reafirmando el pacto social que tiene la arquitectura en obediencia a las exigencias de un contexto tanto fisico como ideologico. En su caso, el contexto fue latinoamérica, y sus propuestas, si bien no hablan por toda la extensión del continente, si encierran una lección importante para la región, que junto al legado de Villanueva, podrían servir de claves para poder elaborar una identidad arquitectónica del lugar y del momento en franca relación con la realidad social. Curioso que haya sido una ciudadana italiana (la tierra ancestral de nuestra civilización) la que le sugiriese a los latinos como ser más latinos y modernos a la vez.
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